sábado, 16 de febrero de 2013

La economía, ¡imbécil!


Introducción
Decidí publicar el siguiente ensayo en mi blog para contribuir a crear una conciencia sobre la economía entre mis seguidores, ya que a diario escucho las burradas más increíbles a través de los medios, dichas por políticos, opináticos y funcionarios de cualquier rango, elegidos e ilegítimos.
Mientras este alud de paja sirve de cortina para tapar la realidad, cada día el venezolano es más pobre y tiene que hacer odiseas para satisfacer sus necesidades básicas, las que figuran al pie de la pirámide de Maslow.
Si hay algún error, les agradezco a mis lectores que lo corrijan y me envíen su reporte.
Ser rico es malo, ser pobre es bueno… a lo mejor fue cierto
Considero como inventor del sustantivo economía en su acepción actual a Adam Smith, pues antes de la publicación de su libro Sobre la riqueza de las naciones, en 1776, sólo se hablaba de riqueza, y ricos eran los países y las personas que atesoraban oro y plata.
Hoy, cuando alguien siente que le meten la mano y le sacan el dinero del bolsillo –y no son ni los cónyuges ni los atracadores sino el gobierno-, recuerda la célebre respuesta de Bill Clinton al ex presidente George Bush sobre por qué iba a ganar las presidenciales: Es la economía, ¡imbécil!
¿Qué quería definir Clinton por economía? ¿Qué creía el candidato demócrata que andaba muy mal en su país?
1.     La extracción, producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios.
2.     La forma de satisfacer las necesidades con recursos, renovables o no, pero generalmente escasos
3.     La manera en la cual individuos y grupos sobreviven, prosperan y funcionan.
Como Inglaterra y los ingleses carecían en el Siglo XVI de colonias que produjeran metales nobles y a España les sobraban, Inglaterra y sus súbditos eran pobres y España y los suyos ricos. O, al menos, esa era la creencia generalizada en aquellos tiempos.
Los estrategas insulares fracasaron intentando nivelar la balanza con la piratería y la guerra, actividades, sin embargo, donde personajes como William Morgan alcanzaron gran rango y prestigio.
Morgan, a quien su padre envió a trabajar como esclavo a Barbados, con apenas 18 años, para pagar una deuda; terminó sus días con el título de Caballero del Imperio, destilando ron en una finca cercana a Montego Bay y como gobernador vitalicio de Jamaica, gracias al asalto de numerosas naves hispanas y a sus amoríos con Elizabeth I, la Reina Virgen, según comentaron entonces las malas lenguas.
Pero tanto la guerra como la piratería eran procesos poco productividad y muy costosos, pues toneladas de oro y plata se perdían en el fondo del mar y  miles de vidas se perdían inútilmente en el empeño.
El éxito de Smith fue haber expuesto y desarrollado una serie de recomendaciones prácticas para que sus paisanos se apoderaran del tesoro español, sin derramar sangre
Esa fórmula mágica consistía en fabricar bienes de consumo, apetecibles para los habitantes del Reino Católico, masivamente, y comercializarlos en puntos de ventas a los cuales pudiesen acceder, directamente o a través de intermediarios.
  Así Smith sentó las bases del capitalismo o modo productivo que sustituyó al mercantilismo, incorporando además novedosos conceptos al lenguaje coloquial: la plusvalía o valor agregado por la mano de obra a la materia prima, el mercado y el consumidor.
Como sucede con todos los economistas, las propuestas de Smith eran muy contradictorias. Por una parte, estimulaban la codicia, un pecado capital: La apelación al egoísmo logra el bienestar general, la empatía con el egoísmo del otro. El dame lo que necesito y tendrás lo que deseas, así como la identificación de las necesidades del prójimo son las mejores formas de satisfacer las necesidades propias.
  Por otra parte, basaban su eficacia en un estricto apego a la Ley, la Democracia y la Ética: El capitalismo sólo funciona si la legalidad que lo regula está formada por normas justas, equitativas, que respeten la libertad, y sobre todo, si éstas se cumplen.
Ley de Hierro Salarial
Fascinado por la lectura de las obras de Smith, David Ricardo, escribió Principios de Economía Política y Tributación (1817), enfatizando que el principal problema económico era precisar las leyes que regulan la distribución.
 Aportó la noción de ventaja competitiva, fundamento del libre comercio, y amplió la noción de división del trabajo, sugerida por Smith y opuesta al proteccionismo estatal.
 Sostuvo que el déficit fiscal no afectaba a la demanda agregada, y que la decisión de los gobiernos sobre si financiarse con impuestos o endeudamiento, no resolvía sus crisis financieras.
Por supuesto, esta afirmación de Ricardo, editada sólo 7 años después del 19 de abril de 1810, ha caído en los oídos sordos de casi todos los presidentes de Venezuela, con excepción de los generales Juan Vicente Gómez, Isaías Medina Angarita y Marcos Pérez Jiménez, quienes no se endeudaron. O, al menos, no lo hicieron con empresas o gobiernos extranjeros, pues creían que, al hacerlo, mermaba la soberanía nacional.
 Ricardo creía que el salario real permanecía siempre cercano al nivel de subsistencia del trabajador, aunque se le indexara periódicamente. Es la llamada Ley de Hierro Salarial, y se inspiró en los pronósticos pesimistas de Thomas Malthus.
Y es la que le aplica al 70% de los trabajadores el gobierno castro-chavista, al anunciar cada 1º de mayo un incremento salarial muy por debajo de los índices anuales de la devaluación y pérdida del poder adquisitivo de la moneda local.
Los desacuerdos entre los teóricos marxistas comienzan con Smith y Ricardo, pues para los primeros existió supuesto paraíso, perdido en la noche de los tiempos. Un camino, al que llaman genéricamente socialismo que, de haberse seguido, habría conducido a crear una sociedad más libre, equitativa y justa.
La revolución maluca
Demás de la francesa, durante el Siglo XIX hubo otra revolución, la Industrial, democrática, incruenta y progresista, originada en las teorías de Smith y Ricardo, la cual potenció un mejoramiento dramático para un gran porcentaje de la Humanidad.
  Antes de este cambio socioeconómico, en el Reino Unido, la carne era privilegio de los nobles, la grasa manjar de los guerreros y el cereal dieta obligada de los pobres. Al poner lípidos y prótidos al alcance popular, la leyenda Matusalén se hizo realidad, pues la esperanza de vida saltó de 30 a 70 años, ¡duplicando la longevidad tras casi 20 milenios!
  A este proceso se deben conceptos como sindicalismo, seguridad social y derechos humanos, desconocidos previamente; aunque el  primer centenario de la Revolución Industrial no se caracterizara por la justicia social.
Empero, aún en esos días,  la situación del campesino no era mejor que la del obrero, pues su suerte dependía de los caprichos del terrateniente, y moraba en un entorno brutal, aislado, ignorante y sin servicios; en lucha permanente por la mera subsistencia.
La población creció exponencialmente gracias a una mayor variedad y disponibilidad de productos: analgésicos, antibióticos, anticonceptivos, computadoras, detergentes, fertilizantes, insecticidas y televisores; millones de ítems que proveen mejor calidad y estilo de vida para un porcentaje cada día mayor de personas.
He ahí la otra gran brecha con el marxismo, pues, como aseguran Joseph Heath y Andy Potter en Rebelarse vende – El negocio de la contracultura (2005): Por desgracia, la clase obreras resultó de lo más decepcionante. En vez de conspirar para derrocar al capitalismo, los trabajadores querían beneficios más altos, como sueldos más altos y seguros médicos.
Es la razón por la cual cada vez que los comunistas se apoderan de un estado, crean sus propias centrales obreras y gremios profesionales, y prohíben las huelgas. Así sucedió en la URSS, Cuba y Venezuela.
  La implosión comunicacional
La Revolución Industrial transformó a la prensa, el principal medio de comunicación social conocido, en un espacio público para el intercambio de información, literatura y opinión, motivó la alfabetización de las masas y dio origen a la publicidad, la cual se convertiría en catalizadora del proceso producción-consumo.
Esta implosión no se limitó a las naciones más desarrolladas, sino que se expandió al resto del planeta.
En 1839, apareció en Lima, que contaba entonces con sólo 50 mil almas, El Comercio, decano del diarismo en Sudamérica y actual líder comunicacional de la región, gracias al conglomerado de empresas que  surgieron bajo su sombrilla.
Al periódico lo fundaron dos antiguos enemigos: Manuel Amunátegui, chileno, oficial que luchó la Independencia al servicio de la Corona Española, y Alejandro Villota, argentino quien lo hizo como granadero en el ejército del General José de San Martín.
Años más tarde, El Comercio fue adquirido por la familia Miró-Quesada, de origen panameño, que aún lo posee.
Desde sus comienzos, El Comercio fue un acérrimo defensor de las libertades de expresión e información, al punto de permitir la publicación de remitidos contra su línea editorial… ¡siempre que se los pagaran!
Esta política asombró al intelectual chileno Félix Vicuña, exilado en Perú, quien describió al medio como: Un diario de cuatro páginas, con un mil ejemplares de circulación y que se ahorra los salarios de los redactores, pues son los anunciantes quienes escriben por ellos...
El inventor de la publicidad
En 1878 el comodoro James Walter Thompson, ex combatiente de la Guerra de Secesión de Estados Unidos, vendió su fragata mercante, y con el producto de esta operación adquirió acciones en algunas publicaciones de Nueva York.
Además, pagó 500 dólares por las acciones de una sociedad mercantil, que fundada  catorce años antes y cuyo objeto era la compra de espacios publicitarios al mayor y su reventa al detal.
Comenzó a ofrecer páginas fraccionadas al comercio local, con la adición de textos seductores e ilustraciones atractivas, reservándose un 15% de comisión. Así nació el negocio que hoy se conoce como publicidad.
El triunfo global de la publicidad
Décadas después, el matrimonio de Helen y Stanley Reasor, convirtió la modesta compañía del Comodoro Thompson en la primera empresa globalizada del mundo, al proclamar como su filosofía la igualdad de los trabajadores, independientemente del género; y de los consumidores, indistintamente de su raza, origen, sexo, nacionalidad, religión o ubicación geográfica-.
Los Reasor basaron su visión corporativa en el conductismo, teoría recién lanzada por el doctor John Watson, quien creó la Psicología como ciencia al desestimar el alma y optar por la conducta como el objeto de su estudio.
En 1925 Watson sostuvo que frente a los mismos estímulos, todos los humanos reaccionan de manera similar, postura que lucía herética frente al racismo en boga, practicado con particular ensañamiento contra los judíos en Europa y los negros en Estados Unidos. Empero, gracias al concepto watsoniano de la igualdad, la publicidad pudo desarrollarse de manera democrática y policlasista.
Pero los Reasor dieron un paso más allá en pro de los derechos humanos, al ofrecerle trabajo y salarios dignos a las mujeres de su época.
A sus ejecutivas, la competencia las denominaba, peyorativamente, las monjas de Reasor, refiriéndose a la formalidad de su atuendo y la circunspección en su trato, pues en la Norteamérica de aquellos tiempos se menospreciaba la presencia femenina en los cargos  gerenciales.
Estas acciones combinadas lograron que, en 1930, James Walter Thompson Company –JWT- operara, exitosamente, 40 oficinas fuera de Estados Unidos. El éxito de los Reasor indujo a otros competidores a abrir filiales en las ciudades donde JWT lo había hecho previamente.
Proletarios del mundo… ¡uníos!
Kart Marx, holandés de origen y descendiente de rabies, apátrida y ateo al final de su vida, testigo y víctima de la primera gran recesión económica del capitalismo, ocurrida en Europa a partir de la década de los treinta del Siglo XVII  –la cual trajo consigo graves enfrentamientos y cruentas revoluciones como los ocurridos en Suecia (1848) y Francia (1871)-.  
Profundamente persuadido de que algo andaba muy mal en el sistema, sobre todo respecto al trabajador, a quien le consideraba sometido permanentemente a la  alienación y enajenación, publicó El Capital (1867), y posteriormente edita numerosos escritos donde critica acerbamente los modelos políticos, económicos y sociales imperantes.
Marx concebía el desarrollo económico como una superposición de capas o modos de producción, secuencia iniciada en las civilizaciones antiguas con la esclavitud, proseguida con el feudalismo en la Edad Media, el mercantilismo en la Edad Moderna y, en su época, el capitalismo.
Preveía la sustitución del capitalismo por el imperialismo, o la indispensable conquista, dominación y explotación de los países no industrializados por las potencias coloniales; y el reemplazo de este último por el comunismo, un mundo feliz donde cada trabajador sería compensado según sus necesidades.
Por otra parte, basado en el pensamiento de Friedrich Hegel (1770-1831), quien planteaba que, frente a cada propuesta o tesis surgía una contrapuesta o antítesis, y que de la confrontación de ambas  nacía una síntesis, cuyo contenido recogía lo mejor de las partes en disputa y le añadía una nueva cualidad.
Marx concluyó que el final del capitalismo se hallaba en su propia e insalvable contradicción pues, mientras la producción era colectiva, el reparto de los beneficios resultaba individual, privilegiando a la burguesía o clase dominante.
Elaboró fórmulas para acelerar los cambios por él deseados: la lucha de clases, las condiciones dadas o prerrevolucionarias, la internacionalización de la revolución comunista, la transición del capitalismo al comunismo –el socialismo y la dictadura del proletariado-, entre muchas otras.
Al anterior conjunto retórico, se le conoce como Materialismo Dialéctico, y constituye uno de los tres pilares del marxismo-leninismo, socialismo científico o comunismo a secas.
Con el apoyo de Federico Engels, su mecenas y coautor en  algunas obras, recomendó opciones para sustituir instituciones claves de la burguesía: la familia, la propiedad privada y el Estado. Engels analizó dichos temas (1891), comparándolos con las costumbres de grupos tribales de la Polinesia.
Curiosamente, Marx no anticipó que su revolución se impondría en las naciones menos desarrolladas, sino en las industrializadas.
Aunque simpatizaba con el campesinado irlandés, le recomendaba concentrarse en la guerra separatista y no en la revolucionaria, pues, según él, Irlanda no estaría madura para el comunismo hasta que agotara la etapa capitalista.
Este segundo grupo de reflexiones es llamado Materialismo Histórico, y es el segundo pilar de la ideología analizada.
La guerra revolucionaria
Empero, la revolución no se produjo en las formas ni en los espacios anticipados por Marx. Fracasó en Inglaterra, insignia del industrialismo, y triunfó  Rusia, cuyo modo productivo era semifeudal-. Fracasó en Japón, la más avanzada nación asiática; y triunfó en China, una de las más atrasadas. Fracasó en  España, donde los comunistas llegaron al poder por elecciones; y triunfó en Cuba, una colonia hispana hasta 1902.
La metodología más eficaz para asaltar el poder ha sido La guerra revolucionaria de León Trotsky; abjurado comunista, expatriado de la URSS y asesinado en México por órdenes del tirano rojo José Stalin.
La guerra revolucionaria fue empleada, exitosamente, por Mao Zedong en China, Ho Chi Min en Vietnam y Fidel Castro en Cuba; pero no tuvo igual efecto en Irlanda del Norte, cuya insurgencia terminó por acogerse a la pacificación e incorporarse al sistema;  las FARC en Colombia, que, con más de medio siglo de lucha se han convertido en una guerrilla menguante, que vive de la extorsión, el secuestro y el narcotráfico; y la ETA en España, prácticamente derrotada por la democracia española, y cuyas escasas acciones terroristas gozan del repudio mundial, nacional e, incluso, de la mayoría vasca.
Marx llamó a Bolívar cobarde, brutal y miserable
Karl Marx califica la epopeya de Simón Bolívar como una ilusión colectiva y describió su personalidad como la del canalla más cobarde, brutal y miserable.
Estos epítetos aparecen en una carta dirigida a Engels y fechada el 14 de febrero de 1858. Allí aseveraba que: Bolívar era famoso gracias a la fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar.
Esta misiva fue publicada en la Revista Dialéctica de Buenos Aires por Aníbal Ponce (1936), y se convirtió en la postura oficial del comunismo argentino y otros marxismos del Cono Sur.
Además, la explotó el populista Juan Domingo Perón como campaña gubernamental de propaganda para descalificar la gesta de Bolívar y realzar la de San Martín. La diatriba terminó, irónicamente, cuando el derrocado ex presidente Perón, inició su largo ostracismo en Caracas, cuna del Libertador.
Cuando el perro muerde a su amo…
Antonio Gramsci (1891-1937), político, pedagogo, filósofo y teórico marxista italiano, en relación con el triunfo comunista en Rusia, publicó en la Revista Avanti (1917) el siguiente editorial: La revolución bolchevique es la revolución contra El Capital de Carlos Marx. El Capital sostenía la fatal necesidad de que en Rusia se formase una burguesía, se iniciase una era capitalista, se instaurase una ciudadanía occidental. Si los bolcheviques reniegan ahora de algunas afirmaciones de El Capital, no lo hacen de su pensamiento inmanente y vivificador, sino que admiten tácitamente que Carlos Marx  estaba contaminado con incrustaciones positivistas y naturalistas.
En la década de los sesenta del siglo pasado, Ernesto Che Guevara, Ministro de Planificación del régimen cubano, aseguraba que el cambio sólo sería posible con la creación de un hombre nuevo, logrado a través de la enseñanza- aprendizaje del socialismo. Este ciudadano ideal no debería desear riquezas o placeres, sino sólo estar al servicio del Partido, la Revolución y el Pueblo.
Charles Betelheim, economista y miembro prominente del Partido Comunista Francés le replicó que sus conceptos coincidían peligrosamente con los de Friedrich Nietzsche –adoptados por el nazismo para justificar el Holocausto y la esclavitud de las razas inferiores durante la II Guerra Mundial- y que no era posible cambiar la naturaleza humana.
Guevara murió en 1967, sin probar su teoría, aunque su foto en alto contraste se convirtió en icono global de todas las rebeldías y rebeldes desde entonces.
La crítica más contundente contra la economía marxista estriba en su fracaso rotundo en China, Europa Oriental, Vietnam y la Unión Soviética, inmensos territorios sometidos a su influjo durante decenios, y que debieron adoptar la el modo capitalista de producción para desarrollarse, comerciar y competir con el resto del mundo.
La mano peluda
La segunda recesión económica global o Gran Depresión se inició el 29 de octubre de 1929, con la fractura de la Bolsa de Nueva York.
A causa de ella y a escala planetaria, millones de seres humanos perecieron prematuramente o padecieron hambre y enfermedades relacionadas con la desnutrición, como la pelagra y el escorbuto, cuyas fases terminales se asemejan a las del sida y el cáncer.
Durante el horror económico de Gran Depresión, afloraron las más bajas pasiones y se desató la explotación más inicua del hombre por el hombre. Lo que pasó en Estados Unidos fue dramáticamente relatado por John Steinbeck en Las uvas de la ira, novela con la cual logró el Premio Putlizer (1940) y el Nobel de Literatura (1962), y cuya versión cinematográfica obtuvo siete nominaciones a los Premios de la Academia y dos Oscar (1940).
En los tiempos recesivos gobernaba a Estados Unidos el Ingeniero Herbert Hoover, cuya hoja de vida había sido intachable: comenzó como minero y terminó con una de las mayores fortunas del planeta y negocios en los cinco continentes.
Proyectaba una personalidad pública envidiable, lograda  al arbitrar y planificar de la reconstrucción europea tras la I Guerra Mundial. Aunque autodidacta, había crecido hasta poder traducir al inglés obras técnicas como Res Metallica. Manejaba eslóganes propagandísticos, contundentes y convincente, pues aludían a su currículo como: La riqueza está a la vuelta de la esquina y todos podemos ser millonarios.
Sin embargo, Hoover se convirtió en prisionero del dogma liberal, según el cual a largo plazo, la mano invisible del mercado lo resolvería todo. Falacia engendrada a su vez en la falsedad de que la Economía funciona como la Naturaleza, y que sus crisis –a semejanza con las tormentas del Caribe, los tsunamis del Océano Indico o las erupciones volcánicas del Pacífico- no pueden ser previstas ni, mucho menos, controladas de manera alguna.
Al negarse a actuar y aterrorizado por turbamultas enardecidas que pedían su cabeza -Hang. Hoover! Hang. Hoover! (¡Ahorquen a Hoover! ¡Ahórquenlo!)-, al Presidente no se le ocurrió otra cosa que enterrar la cabeza como un avestruz. En su caso, escondiéndose en un bunker bajo la Casa Blanca, apertrechado con armas y bastimentos e invocando el milagro de la mano invisible, que para él se transformó en una mano peluda.
Durante tan pésimo desempeño, se llegó a dudar que la democracia tuviese futuro, pues nunca como entonces la tentación totalitaria estuvo a punto de cautivar tantos prosélitos, como lo hizo en efecto en Europa Occidental y como -cautivados o cautivos- se impuso férreamente en las tierras sembradas de cadáveres de José Stalin. 
La Gran Depresión fue una de las causas básicas del próximo conflicto global,  una guerra con cien millones de bajas y pérdidas económicas incalculables, que destruyó ciudades completas como Dresde, Hiroshima y Nagasaki, éstas dos últimas hasta los cimientos y malditas por el polvo radiactivo.
A largo plazo, todos habremos muerto…
Para vencer a la Gran Depresión, el 4 de marzo de 1933 Franklin Delano Roosevelt fue electo Presidente de EEUU, con apoyo del 62% de los votantes.
Sus promesas básicas integraban el programa New Deal, donde les pedía a los estadounidenses que reaccionaran como si los hubiese invadido una potencia extranjera.
Por eso, solicitó y pudo obtener amplios poderes para reorganizar la Economía y generar millones de empleos, apoyándose en ayudas y créditos blandos focalizados a la agricultura y la cría, la construcción de infraestructura y la protección ambiental. Asimismo, intervino y controló estrictamente la banca y sus operaciones financieras.
Al desatar el nudo gordiano de la recesión  y ganar las batallas claves de la II Guerra Mundial, Roosevelt fue ampliamente reconocido por su pueblo, quien volvió a votar por él en 1940 y 1944, habiendo sido ésta la única vez que un presidente estadounidense fuera electo para un tercer período.
Mas su precaria salud le impidió terminar el último mandato y falleció en 1945, no sin antes haber convertido a su nación en la primera potencia del mundo.
Roosevelt basó su  estrategia en la Macroeconomía de John Maynard Keynes.
Pese a que Keynes fue un genio natural en la teoría y praxis económicas, al punto de recuperar rápidamente su fortuna tras haberla perdido durante el crack de 1929, desempeñarse exitosa y sucesivamente en la Tesorería Colonial y la Secretaría de Hacienda del Reino Unido, brillar como empresario teatral, profesor de la Universidad de Cambridge y parlamentario en la Cámara de los Lores; nunca gozó del aprecio de los defensores del libre mercado ni de sus adversarios marxistas, ni en la Gran Bretaña ni en Estados Unidos.
En el primer caso, pues sus creencias implicaban un insulto constante contra el dogma liberal. En el segundo, porque su teoría desmentía la dialéctica de la revolución proletaria, que había triunfado en Rusia, parecía estar a punto de hacerlo en España y aspiraba a conseguirlo en Alemania y Estados Unidos.
Aún en medio de la más pavorosa recesión, los cultores del liberalismo se negaban al intervencionismo estatal, insistiendo en que la mano invisible del mercado, a largo plazo, lo arreglaría todo. A ellos, Keynes los desbarató con una frase lapidaria: A largo plazo, todos habremos muerto…
Los ciclos de la Macroeconomía
Basado en las crisis y guerras económicas del Siglo XIX, especialmente en la estanflación sueca –una mezcla abominable de súper inflación y cero crecimiento-, debida la nación escandinava perdió a más de un tercio de sus pobladores, quienes huyeron de la miseria, la hambruna y el desempleo, Keynes publicó, en rápida secuencia: Tratado sobre Probabilidad (1920), Tratado sobre la Reforma Monetaria (1923) y Tratado sobre el Dinero (1930).
En pleno auge recesivo, Keynes complementó sus investigaciones con la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936), la crítica más contundente contra el laisser fait, laisser passé (dejar hacer, dejar pasar) del liberalismo económico. En ella, desentrañaba el funcionamiento del capitalismo, diagnosticaba sus males actuales y futuros y proponía las terapias más adecuadas.
Keynes no concebía al capitalismo como capa superpuesta o declinante del devenir histórico sino como un proceso dinámico, equiparable al de un organismo vivo y, en consecuencia, sometido a constantes variaciones, a las cuales consideraba fisiológicas o normales; en contraste con las fijaciones, a las que estimaba como patológicas o anormales. A las variaciones las denominó ciclos económicos, y las caracterizó de la siguiente manera:
1.     Prosperidad, cuando aumentan la producción, las ventas y los precios de los bienes de consumo masivo.
2.     Liquidez, o momento en el cual los consumidores ahorran más y compran menos.
3.     Recesión, caracterizada por incremento en el desempleo, así como el cierre de establecimientos comerciales y fabriles.
4.     Recuperación, o punto en el cual los consumidores recuperan la confianza.
Keynes atribuía los ciclos y anticiclos, o bien a la disminución en el consumo, o bien a la disminución en la inversión.
1.     La disminución en el consumo aparece cuando los precios se elevan tanto durante la prosperidad que los compradores se retiran del mercado. Fue lo sucedido antes el crack de 1929 y lo que pasó en el 2008, en este último caso, merced a la llamada burbuja inmobiliaria o sobreprecio en las propiedades y especulación sobre el valor de sus hipotecas.
2.     La disminución en la inversión acontece cuando las empresas incorporan tanta capacidad productiva que crean una sobreoferta de bienes sin demanda, escenarios ocurridos en las recesiones menores de 1970, 1997 y 2001.
3.     Los ciclos se cierran con la recuperación, pues los precios bajan hasta el punto que los consumidores regresan al mercado, o hasta que los gobiernos aceleran este resultado promoviendo la demanda, tal como lo hiciera Roosevelt en Estados Unidos.
Hoy nadie discute la existencia los estos ciclos, sino su duración.
El mejor homenaje recibido por Keynes en vida, además de la confirmación de sus hipótesis durante la práctica rooseveltiana, fue el reconocimiento de B.F. Skinner, uno de los grandes pensadores del Siglo XX, quien afirmó: John es la persona más inteligente que jamás haya conocido.
Muchos piensan que se repiten cada 3 ó 4 años. Nikolai Kondratiev, economista ruso, considera que las grandes depresiones aparecen cada 50 ó 54 años, y asevera que no son nada nuevas, pues dichos fenómenos ya habían sido registrados en las crónicas de las civilizaciones antiguas: Las siete plagas de Egipto, las vacas flacas y las vacas gordas.
El consumismo es malo…
A Keynes se le critica que centra sus estudios en el consumo y la inversión –induce al consumismo-, el control de la moneda –propugna el monetarismo- y desestima el rol de la Ley de la Oferta y la Demanda –promueve el intervencionismo.
La última de estas observaciones no es cierta, pues Keynes prevé la recuperación de los mercados mediante incentivos para incrementar la demanda de los consumidores –pleno empleo, precios reales, animación productiva-
La segunda sí lo es, pero no de la manera segada como quiere presentársela –jugando a la devaluación o a la reevaluación de la moneda-, sino con patrones universales de comparación que sustituyan al oro. La tercera es verdadera pero, ¿quién dijo que el consumismo es malo?
Persuadir a alguien para que mejore su estilo y calidad de vida no constituye una maldad, sino un estímulo a su progreso.
Quienes más férreamente se opusieron al consumismo fueron políticos como Luis Echeverría, ex presidente de México –hoy procesado por la Corte Suprema de por la masacre estudiantil llamada La noche de Tlatelolco (1968)-, quien sostenía que (sic), Televisa incita a la gente de menores recursos a abandonar la inocente bondad de su pobreza.
Estimaba Echeverría, como lo hicieran entonces y como persisten en hacerlo ahora otros gobernantes, que la televisión es subversiva y resulta mejor ponerle un parado a tiempo, antes que los pobres se conciencien sobre su injusta condición e intenten darle vuelta a la tortilla.
En 1961 Vance Packard inquiría: ¿Hacia dónde vamos, bajo las presiones que tratan de tornarnos más manirrotos, imprudentes e irreflexivos en nuestros hábitos de consumo? ¿Cuál es el impacto que esta presión a favor del derroche ejerce sobre Estados Unidos, y sobre la conducta y el carácter de su pueblo?  
Después del 11 de septiembre de 2002, la respuesta fue clara y precisa, pues, con las Torres Gemelas también se desplomó la crítica esencial al consumismo.
En los días subsiguientes, la lección aprendida fue que la globalización opera como un gigantesco centro comercial, y que su parálisis, aunque sólo sea por poco tiempo, ocasiona terribles consecuencias: caída de bolsas, quiebra de empresas y pérdida de millones de puestos de trabajo en el mundo entero.
Kelly Evans define este fenómeno como la paradoja del ahorro:
Mientras los despidos y los cierres de comercio azotan a su población, los Capp esperan que la reciente frugalidad les sirva para superar la crisis. Pero tal ahorro, adoptado en toda la extensión de Estados Unidos, es causa de que la recesión prosiga.
Tras un maratón de compras que duró décadas, los estadounidenses, finalmente, ahora ahorran más y gastan menos, justo en el momento en el cual la Economía necesita su dinero con mayor urgencia.
Generalmente, adquirir sólo lo que se necesita es provechoso, tanto para el consumidor como para el sistema.
De esta manera el ahorro actúa como una reserva de capital, y puede ser empleado para financiar inversiones, lo cual mejora la calidad de vida de la nación. Pero durante el período recesivo, la reducción en el consumo agrava la crisis:
La semana pasada Goldman Sachs predijo que el índice individual de ahorros crecerá entre un 3 y un 5% en el 2009, el gasto –en consecuencia- se contraerá y el Producto Interno Bruto se reducirá proporcionalmente […]  Cuando gente como los Capp colma las arcas de los bancos de Boise, Idaho –una ciudad que vive de la del hardware para informática y del comercio-, con depósitos que hicieron crecer la captación de ahorros en más de un 26%, pese a su sacrificio, lo que realmente logran son más cierres y más desocupados.
Hoy la mayoría comienza percibe que el consumismo no sólo es útil y pertinente, sino indispensable para la prosperidad colectiva; y que también puede ser un catalizador para la reinserción de quienes se encuentran social e injustamente excluidos .
Mientras más sube el barril, más se empobrece la gente…
Esta regla no la proclamó por algún político o economista, sino dos de los empresarios estadounidenses estelares del momento: Donald Trump y Robert Kiyosaki.
En su libro, Queremos que seas rico (2007), prevén el colapso actual, la quiebra del sistema de salud público –Medicare- en EEUU y la imposibilidad de que la gente de la tercera edad –los baby boomers o nacidos a partir de 1946- puedan subsistir decentemente con sus  planes de jubilación.
Trump y Kiyosaki atribuyen este proceso a la ignorancia económica del ciudadano común, atizada por mitos como que los pobres van al Cielo y los ricos al Infierno y a la percepción de que la Bolsa es una lotería o casino.
Proponen, como remedio, la difusión de la educación financiera: No vendemos pescado, asesorías, ni le decimos a nadie en qué invertir. Somos maestros, Queremos que aprendas a ser rico, a manejar tu propio dinero y a convertirte en tu propio analista financiero. Queremos enseñarte a pescar…
Kiyosaki, autor del best-seller Padre rico, padre pobre y creador del juego Cashflow (Flujo de caja), sostiene que la misión espiritual del individuo es enriquecerse, para así poder ayudar a los demás y  cambiar la tristeza por alegría.
Establece un paralelismo entre la subida de los precios del crudo y el empobrecimiento de la clase media global, y visualiza su figura como la de un reloj de arena, donde el cuello se cierra sobre la clase media, dejando un gran espacio para los pobres y un espacio menor –pero de volumen considerable- para los ricos.
Afirma que el alza petrolera ni siquiera  favorece a las grandes mayorías de los países productores, sino a sus minorías gobernantes.
Por su parte, Trump revela que el dólar se ha devaluado desde Breton Woods en proporción casi idéntica al incremento de la onza de oro. Y sostiene que la vivienda familiar no es un activo, sino un pasivo, pues no produce beneficios sino gastos.
Ambos concuerdan en que ninguna nación puede sobrevivir sin su soberanía alimenticia ni prosperar sin armonizar las relaciones entre el trabajo, la producción y el consumo. Como puede observarse, no se trata de la opinión de extremistas de izquierda, sino la predicción de dos príncipes empresariales.
El capitalismo desaparecerá cuando no produzca más beneficios…
En una reunión de futurólogos, realizada en Buenos Aires a comienzos del Milenio, Alvin Toffler profetizó que, para el 2025 y a menos que hubiera una catástrofe global, 70% de la Humanidad escaparía del círculo de la pobreza.
Basaba su pronóstico lo basaba en el crecimiento de la clase media en países altamente poblados como China –más 1.300 millones de habitantes- e India –más de 1.050 millones y una proyección de 2.400 para mediados del Siglo XXI-.
 Empero, éstas no serían buenas nuevas para muchos países del Tercer Mundo, a menos de que modificaran radicalmente a sus economías.
Andrés Opeheimer (2007) destacaba la confuciana respuesta del premier chino Deng Xiaoping sobre la contradicción aparente entre el comunismo y el capitalismo: No importa el color del gato, con tal que cace ratón.
Décadas antes (1976), Jean Françoise Revell, pensador y Académico de la Lengua Francesa, aseguraba que, si bien el capitalismo no es social, tampoco es antisocial, pues bajo su manto se han logrado las grandes conquistas de la clase obrera. 
Es en este sentido Barack Obama intenta enrumbar la economía de su país y la del todo el mundo. Su prioridad son las familias y no las empresas, a menos que éstas se plieguen al cambio social proyectado. Su estrategia es abaratar el costo energético, deslastrándose del yugo de los exportadores de crudo:  British Petroleum y Petrobras instalan súper ingenios azucarero en  Norteamérica y Brasil para la producción masiva de etanol.
La decisión clave de Obama está en dónde seguir colocando la ayuda, si en la banca que produjo el colapso o en industrias que, como las automotrices, no sólo son emblemas del poderío estadounidense, sino que, asimismo, generan millones de empleos  a escala planetaria.
El recientemente finado Domingo Maza Zavala, ex Presidente del Banco Central de Venezuela y ex profesor de Economía de la UCV, no creía que hubiera alternativa actual para el capitalismo.
Pese a su formación marxista, Maza Zavala respondió a la pregunta ¿Cuándo desaparecerá el capitalismo?: Cuando deje de ser rentable. Y añadió un comentario adicional, cargado de picardía: El modo de producción esclavista desapareció en Venezuela cuando los dueños de las haciendas  se percataron de que era más barato pagar salarios que mantener esclavos…

viernes, 8 de febrero de 2013

Ponerse alpargatas, pues lo que viene es joropo


Hay personas que les gusta arrastrarse sin tener por qué...
Morella Baptista Guevara, refiriéndose a la adulancia del Maestro José Antonio Abreu frente al régimen que desgobierna a Venezuela
La actuación de un tanque ruso
La periodista y escritora cubana Lissette Bustamante, residente en Miami,  afirma en novela más conocida, Jineteras (2003): Raúl Castro actúa como un tanque ruso. Se para al comienzo de la calle, y contempla por un rato largo la agitación de la cuadra. Después, arranca y acaba con la manifestación a sangre y fuego.
La conducta detectada por Bustamante parece ser la imperante ahora en Venezuela, pues su obra, aunque narrativa, resulta casi autobiográfica al revelar la naturaleza íntima de su relación con el ahora virtual presidente de este país, Raúl Castro, dado que el sobrevenido electo para el cargo, pese a su característica locuacidad mediática, lleva 61 días sin decir ni pío, con excepción de epístolas  caligráficamente muy dudosas y relatos de extrema cursilería de los muchachos de mandados quienes, supuestamente, se reúnen con el postrado en su lecho habanero.
De manera que el tanque ruso ha iniciado su ofensiva a la machimberra, a ver si se puede ordenar el despelote al que ha mutado la revolución bolivariana por la ignorancia, ineptitud y mala fe de la nomenclatura castrocomunista venezolana en cochupancia con la gigantesca corrupción y dedicación casi a tiempo completo de una porción significativa de la oficialidad al comercio ilícito de alimentos, armamento, gasolina, divisas, drogas y medicinas, a través de los aeropuertos, puertos y alcabalas que manejan con los cubanos. Despelote al cual también ha contribuido la voracidad de los socios foropaulistas del continente, y los partidos filocomunistas de Europa.
A pesar de esta tendencia degenerativa, que lleva inexorablemente al caos y a la implosión social, el régimen ha logrado mantenerse gracias a su esencia populista y a la carencia de identidad nacional de vastas masas populares, procedentes de países vecinos, a las cuales el yacente dotó de cédulas, pero no les hizo acudir a una sola clase de Historia de Venezuela.
A lo mejor, hizo bien, porque si les hubiese obligado, tendrían una versión del devenir parecido a la olla que publicara hace años el Chino Manrique en El Diario de Caracas sobre el gobierno de Raúl Leoni, la cual, a principios de esta semana, repitieron Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, durante la presentación el supuesto esqueleto de un joven guerrillero de Bandera Roja, asesinado con cientos de patriotas más a finales de los sesenta del siglo pasado.
Agonía y muerte del más grande emperador
Pero hay una buena parte de la población y, asimismo, de los milicos, que no se tragan la farsa montada para tapar el estado de salud del comandante por el eje Caracas-La Habana; y han decidido raspar la otra olla a full chola. Por si acaso. Según un guión conocido desde hace milenios, empleado durante la gravedad, la agonía y el deceso del Rey Zheng, el más grande de todos los emperadores:
No podía encontrar sosiego ni felicidad, razón por la cual ordenó que sus cortesanos escribieran poemas el auténtico hombre inmortal, que debían cantarse a diario. Pero esto no produjo resultado positivo alguno.
Sus temores se hicieron mucho más intensos en los últimos días su vida. Uno puede figurárselo: el hombre de la nariz ganchuda, ojos oblicuos y apenas visibles, yendo noche, de un pabellón a otro, a toda prisa, ocultándose para no ser visto por los espíritus malignos y temiendo que alguien pudiera atentar contra su vida, cambiando de alojamiento a medianoche para un lugar más apartado y tranquilo. Y después, por la mañana, regresando a palacio y dando órdenes a diestra y siniestra con su desagradable voz de  chacal.
Un día regresaron unos magos a los que había enviado en búsqueda en la hierba de la vida eterna, y le informaron que no la habían podido conseguir, pues unas ballenas les habían impedido desembarcar en la isla donde crecía.
El emperador se hizo a la mar, y se ubicó, armado con una ballesta, en el castillo de proa. Mató a un gran pez, expresando que con tal sacrificio castigaba las ballenas que le impedían acceder a la hierba de la vida eterna.
De nuevo en tierra, enfermó., y murió en e! viaje de regreso,  lejos de su Imperio. El círculo de sus colaboradores -entre ellos su hijo menor-, decidió mantener en absoluto secreto la defunción .
Cada día se llevaba la comida al palanquín imperial. Se fingían reuniones y conferencias políticas. Del palanquín imperial, seguían saliendo normas y edictos uno de los cuales, se ordenaba el destierro y sui suicidio del príncipe heredero, y así lo hizo, aunque con ciertas vacilaciones.
Era verano y hacía mucho calor. El viaje de vuelta a casa duró mucho.  Dado que e! hedor que emanaba del palanquín no pudo ocultarse más,  y amenazaba con descubrir la impostura, el canciller ordenó a un carro con pescado en salazón, que apestaba de manera infernal, que lo siguiera. Así regresó a palacio el Primer Emperador Qin, con aspecto nada nada de mayestático,  y con el respeto que no podía entender dada su condición de difunto.
 Venezuela no es China ni Cuba
Mas sucede que Venezuela no es China ni tampoco Cuba. Y que Raúl, aunque más malo que Guardajumo, tampoco es Satanás, sino un demonio menor, un íncubo o un súcubo. Entonces, ¿en qué y por qué se equivoca Raúl al ordenar mano dura contra los insubordinados, especial pero no exclusivamente los de Primero Justicia?
Yerra porque ha recibido mensajes equivocados, especialmente de parte de la MUD. Ramón Guillermo Aveledo trata a estos sicofantes del hamponato como si fuesen honestos dueños de equipos de béisbol profesional. Lo que en el deporte organizado le dio buenos frutos, en el país desorganizado tuvo que ser visto por Raúl como un mensaje equívoco.
Según recomendaba el Ingeniero Enrique Rodríguez Escalona, un buen amigo cubano en el exilio: No puedes enseñarle impunemente el trasero a nadie, pues lo próximo que querrá hacer es metértelo…
La MUD, al haber aceptado todas las trampas y abusos del dictador y sus compinches, desde los tiempos en los cuales se llamaba Coordinadora Democrática, le ha mostrado el culo al desgobierno en innumerables oportunidades.
Por lo eso, Raúl se ofende cuando Henrique Capriles protesta –quien para el cubano forma parte del sistema-, contra la injerencia del gobierno de los tiranosaurios Castro en Venezuela. Raúl se indigna, y les ordena a Tintan y su carnal Marcelo que castiguen a Primero Justicia, pues nadie lo va a bajar de donde está montado, hasta que no acabe lo que hace.
Raúl no ha ganado ni una puta guerra en su vida
Pasa que Raúl es un pésimo estratega, derrotado en todas las guerras que emprendió el Siglo XX como Ministro de la Defensa en Angola, Bolivia, Unión Sudafricana y Venezuela. Acostumbrado como está a jinetear impunemente, como buen alcahuete que es de la URSS y la izquierda caviar que medra en los estados del Primer Mundo, el autoproclamado general Castro no percibe el aroma a insurrección popular que se respira en el entorno, y que ha comenzado a manifestarse como violencia entre los consumidores ante la escasez de medicinas y productos básicos.
Antes de despachar arroz, harinas de maíz o trigo, azúcar, café, pollos, lavaplatos, jabones de tocador y margarina, por ejemplo, Mercal y los supermercados que sirven a los barrios populares de La Vega y Montalbán, los proveedores deben convocar a la Guardia, para evitar que la gente se faje a golpes o saque navajas en las interminables colas. Esta misma conducta de violencia, aunque en menor grado, se observa en establecimientos donde concurren personas de clase media, como los ubicados en La Florida, La Campiña y Chacaíto.
Dado que la campaña contra el acaparamiento no ha pegado ni entre los más fanatizados chavistas, que el comprador desabastecido cambie el sujeto de su rabia del vecino al gobierno es cuestión de días u horas.
Y la cartilla de racionamiento a la cubana, iniciada como mercados de prueba en los surtidores de Táchira, Zulia y Mérida para evitar el contrabando de extracción de combustibles –cuando todos saben por allá que dicho tráfico lo  manejan los uniformados verde oliva, en combinación con los faracos-, no podrá ser extendida a otros rubros y entidades del país, como estaba previsto para el presente trimestre.
La anomia en el liderazgo
Hay un vacío de liderazgo en el establishment chavismo-MUD.
Se notó entre los gobernantes durante el acto pre carnavalesco donde Winston Vallenilla jaló bolas a granel –en compensación, le nombraron presentador del Kino Táchira-, con el atuendo elegido por Diosdado Cabello, el Millán Astray venezolano, quien concibe al caudillismo como hereditario, y bien podría haber dicho en su discurso lo que el fascista general hispano dijera frente a Don Miguel de Unamuno: ¡Muera la intelectualidad traidora! ¡Viva la muerte! También, pertenece a esta situación generalizada de falta de discernimiento la grosera respuesta de Nicolás Maduro a una chica de 15 años, quien le pide aplique las indulgencias que otorga la Constitución a su papá, Iván Simonovis, preso político del régimen desde hace más de una década, quien se pudre en los inmundos calabozos del Sebim.
En cuanto a la oposición tolerada, colaboracionista o tonta útil, la situación no puede ser más triste, insulsa y desmovilizadora: Hay un solo camino, y es la vía pacífica.
A la otra oposición, la radical, le pasa lo mismo que le pasaba a la aristocracia francesa durante el Régimen de Terror que sucedió a la Revolución: O está escondida o muerta. Con excepción de algunos que hacen foros, otros que escribimos donde podemos y los menos, que hacen campañas de preventa, promocionándose como candidatos.
Por eso, hay que ponerse alpargatas, pues lo que viene es joropo. No del Rey Zheng, sino ya usted sabe de quién. Para los ceremoniales a propósito de usted sabe qué. Y para todo lo que acontezca después, pues, pese a la gestión del general antes mentado para atarlo todo bien, deseos no empreñan. Ni sus órdenes, aparentemente, tampoco.

viernes, 1 de febrero de 2013

Siempre habrá Venezuela


La conquista de Iberoamérica por el Foro Sao Paulo
El 24 de julio de 1993, en la clausura del IV Encuentro del Foro de Sao Paulo, Fidel Castro fijó los objetivos de dominio y conquista de las naciones iberoamericanas que hoy se cumplen en Venezuela y otros países vecinos.
El primero de tales objetivos fue la integración económica, mas no en el esquema de la Unión Europea o Estados Unidos. Ni siquiera dentro del sueño bolivariano, sino en el marco del estalinismo, con un tirano comunista y títeres en los cargos burocráticos de los países satelizados, por la buena o por la mala:
Ya quisiera Europa, que pasó 5 siglos guerreando entre sí, tener las cosas en común que tenemos los latinoamericanos y los caribeños; sin embargo, trabaja por la integración, trabaja por la unidad, y sabe que no podría competir con Japón si no se integra, sabe que no podría competir con Estados Unidos si no se integra, sabe que no podría desempeñar ningún papel en el mundo si no se integra.
¿Qué menos podemos hacer nosotros y qué menos puede hacer la izquierda de América Latina que crear una conciencia en favor de la unidad? Eso debiera estar inscrito en las banderas de la izquierda. Con socialismo y sin socialismo. Aquellos que piensen que el socialismo es una posibilidad y quieren luchar por el socialismo, pero aun aquellos que no conciban el socialismo, aun como países capitalistas, ningún porvenir tendríamos sin la unidad y sin la integración.
La desestimación de la ley el orden “neoliberales”
El segundo gran objetivo ordenado a sus acólitos, entre ellos el comandante golpista Hugo Chávez Frías, fue la desestimación de la ley y el orden neoliberales, comenzando por los organismos multilaterales:
No podemos permitir que las Naciones Unidas se convierta en un instrumento del hegemonismo mundial de Estados Unidos, no podemos permitir que las Naciones Unidas se convierta en un instrumento del imperialismo de Estados Unidos, y ya saben ustedes la influencia que tiene ese país, que controla el Banco Mundial, el Banco Interamericano, el Fondo Monetario Internacional, montones de instituciones de crédito. Lo sabemos por experiencia.
El final de la guerra revolucionaria
Con el eufemismo de llamar socialismo a un método económicamente improductivo, políticamente anacrónico, supresor de los derechos humanos y absolutamente represivo; Castro instruye a sus siervos sobre el qué hacer como tercer objetivo:
…. Teníamos que saber distinguir entre lo que debíamos hacer para salvar la patria, la Revolución y las conquistas del socialismo, y lo que debíamos hacer para perfeccionar el socialismo. Y nosotros sabremos cumplir esos deberes. Haremos lo que sea necesario hacer para salvar la patria, para salvar la Revolución, para salvar los principios del socialismo; pero lo que hagamos lo haremos en orden, porque lo que queremos es salvar y no destruir, y si para salvar hay que destruir, preferimos que nos destruyan junto a lo que hemos hecho, junto a lo que hemos creado.
La última parte del párrafo es una crítica directa a la guerra revolucionaria predicada, emprendida y predicada por el Che Guevara, un reconocimiento a la posibilidad de acceder al poder por la vía electoral –tal como sucedió en la truncada experiencia de Salvador Allende- y una advertencia a los militares golpistas venezolanos del 4F.
La Habana es Moscú, Castro, Stalin
En el cuarto objetivo, Castro localiza la dirección política de la Internacional Comunista –conocida ahora como Foro de Sao Paulo- en La Habana, y la centraliza en su persona:
Los tiempos son muy difíciles, pero tengo la más absoluta convicción de que con el valor y la inteligencia de nuestro pueblo y con la solidaridad de ustedes, que de forma tan espontánea y tan generosa se ha expresado en esta reunión, el pueblo cubano, en el que tendrán ustedes el más firme y leal compañero de lucha, sabrá luchar, sabrá cumplir con su deber y sabrá llevar adelante su propósito de salvar la patria, la Revolución y las conquistas del socialismo. Digo conquistas porque hoy no podemos hablar del socialismo puro, ideal, perfecto con que soñamos, porque la vida nos obliga a concesiones.
La adopción del populismo como metodología castro-comunista
 En otras intervenciones, Castro ha hablado del 80% de los pobres que conforman la población iberoamericana, de cómo costear el populismo  –no lo llama así, pero la pedigüeñería y el estado clientelar han sido las constantes del comunismo cubano- y se refiere, específicamente, a las maderas de Brasil, el petróleo de Venezuela ya un lugar desconocido entonces para muchos llamados el Cagúan, supongo refiriéndose entonces a lo que, en 1998. sería la zona de distensión, zona de despeje de San Vicente del Cagúan o, simplemente, el Cagúan, donde los funcionarios del presidente Andrés Pastrana discutirían con las Farc, como lo hacen ahora con los de Santos, el supuesto final de las actividades de una  guerrilla que controlaba el narcotráfico y parte de la narco producción de Colombia, Bolivia y Perú.
El quinto objetivo es la reiteración de la vocación colonialista de los comunistas, con prescindencia del territorio, que junto a la soberanía y el gobierno, caracterizan la soberanía de los estados nacionales. Además, señala que, para pagar el costo de su revolución, necesita del petróleo –no precisamente del subsuelo cubano, sino de cualquiera que lo tenga en las cercanías:
La revolución se paga con el petróleo de Venezuela
¿Qué es eso de tener que cuadricular el territorio nacional e invitar a las transnacionales a que exploren y perforen en nuestro suelo en busca del petróleo que necesitamos para sobrevivir? ¿Es acaso el socialismo que queríamos? Pero como sabemos que para construir el socialismo hace falta la patria, hace falta la Revolución, preservar la patria y la Revolución es preservar las mejores conquistas y preservar las esperanzas del socialismo.
Por informar sobre estos pormenores, en numerosos foros y publicaciones extranjeras y en los pocos medios nacionales que accedieron a hacerlo –entre ellos, El Diario de Caracas, que lo hizo a instancias mías se publicaron sus escritos completos, siendo yo su Subdirector-, Alejandro Peña Esclusa, presidente de la ONG Uno América, fue detenido en su casa el 12 de julio de 2010, acusado de terrorismo y, supuestamente guardar relación con otro imputado del régimen, Francisco Chávez Abarca.
Antes de su detención, Peña Esclusa había denunciado en un video  difundido a través de Internet la evidencia falsa que estaba plantando en su contra la seguridad del Estado, a petición expresa del G2 cubano.
En Marzo 29 de 2011, Indira de Peña Esclusa y otras esposas de los presos políticos logró su liberación por razones humanitarias el 20 de julio del mismo año. Empero, escarmentado, impedido judicialmente de declarar a la prensa y fuertemente afectado por las dolencias que se le desarrollaron en las mazmorras del Helicoide, Peña Esclusa perdió el impulso que le había llevado a enfrentarse a la satrapía cubana; que había sido realmente el propósito de la estación repetidora castro-comunista insertada como un sarcoma en Venezuela
Hoy, cuando EEUU ha llegado a un grado absoluto de pajudez en sus relaciones internacionales, al entregar su patio trasero o backyard, sin disparar un cartucho de salva, a la oprobiosa tiranía de los Castro; cuando los uniformados venezolanos, a quienes se les paga y deja actuar en negocios lícitos e ilícitos de cualquier cuantía para que defiendan la soberanía, callan o se  arrodillan ante los sátrapas caribeños y sus muchachos de mandados de acá; cuando Raúl se quita la careta en la reunión de la CELAC-Unión Europea, y habla y predica en nombre de Venezuela; hoy, amigo y amiga lector y lectora, es bueno recordar a Peña Esclusa y otros tantos que se han sacrificado, esperando que, como aseveraba Miguel Ángel Capriles: Siempre habrá Venezuela.