miércoles, 25 de enero de 2017

Un ciego que nos enseñó a releer y reescribir


La sencillez y elegancia del idioma español
Jorge Luis Borges desbrozó nuestro lenguaje literario de su formato churrigueresco, un estilo anacrónico que apenas permitía entrever la trama de las novelas o el contenido de los ensayos a través de una innecesaria catarata de imágenes y metáforas.
Al hacerlo, nos devolvió la sencillez del los autores del Siglo de Oro, quienes escribían para que los entendiera todo el mundo y no únicamente los mecenas, públicos y privados, quienes subvencionaban a los intelectuales de moda, a cambio de alabanzas impresas.
Permitió, por tanto, que surgiera una camada de brillantes plumas en Hispanoamérica, de diversas e incluso opuestas tendencias, como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, pero con el común denominador de lo coloquial, lo elegante y lo sintético en la expresión escrita.
A su vez, estos discípulos del nuevo idioma forzaron a los lingüistas a admitir que, por lo menos, existían dos normas del español moderno: la castellana, hablada por una minoría en el Norte, el Centro de la Península Ibérica y las Islas Baleares; y la meridional, hablada por el resto –cerca de 600 millones– desde Andalucía hasta la Patagonia. Dicho de otra manera: demostraron que la norma meridional no sólo era válida sino también correcta y culta; y que podíamos reír sin vergüenza sobre narrativas y diálogos como el de Los Tres Mosqueteros, los cuales para nada se vinculaban con nuestros entornos, su gente y sus vivencias diarias.
A diferencia de Martín Alonso, cuyo Manual de escritor es obra básica para oficiantes, o del Académico de la Lengua, Humberto Hernández Hernández, Doctor en Filología y Catedrático de Universidad de La Laguna, promotor y compilador del subversivo Diccionario Clave y, ¿para qué olvidarlos?, de Bello y Cuervo; Borges, más que con libros de texto, brinda acceso a la gramática y el estilo del español de uso en una obra, pequeña por extensión y grande por intención, la cual podría ser definida con el título de uno de sus mejores cuentos: El jardín de los senderos que se bifurcan.


El día de la raza
Al mestizaje americano, la revolución, antropológica, cultural y genética más importante viuvida hasta ahora por la globalidad, Borges, en la Historia universal de la infamia, lo describe en 1.021 magistrales caracteres–:
En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas y propuso al emperador Carlos V la importación de negros, que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. A esta curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en París por el pintor oriental D. Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental D. Vicente Rossi, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la Guerra de Secesión, los tres mil trescientos millones gastados en pensiones militares, la estatua del imaginario Falucho, la admisión del verbo linchar en la decimotercera edición del Diccionario de la Academia, el impetuoso film Aleluya, la fornida carga a la bayoneta llevada a cabo por Soler al frente de sus Pardos y Morenos en el Cerrito, la gracia de la señorita de Tal, el moreno que asesinó Martín Fierro, la deplorable rumba El Manisero, el napoleonismo arrestado y encalabozado de Touissaint Loverture, la cruz y la serpiente en Haití, la sangre de las cabras degolladas por el machete del papaloi, la habanera madre del tango, el candombe.
No hay afirmación ideológica, compromiso político o juicio crítico en la vida de Lazarus Morell, el antihéroe de su relato. Hay, sí, una descripción cinematográfica con imágenes atropelladas que le angustian, pues no logra estructurarlas, como suele suceder frente a un intrincado crucigrama. Reconoce, con humildad, su ineptitud para comprender un proceso apenas iniciado, donde 500 años son únicamente una gota en el océano de la temporalidad humana.


“Me duele una mujer en todo el cuerpo…”

Como los filósofos griegos, lo que no descifra lo transforma en mitos. Pero la mitología no es rechazo, sino aproximación. Aprende otros lenguajes –hasta el sajón, ¡por Dios!– para apreciar mejor al suyo, no para menospreciarlo. Escribe poemas en inglés, mas nunca los traduce; no hay contradicción en ésto, es un regalo para Beatriz Webster, una amiga muy querida–:
The big wave brought you.
Words, any words, your laughter; and you so lazily
and incessantly beautiful. We talked and you
have forgotten the words.
Sobre ella –dicen sus críticos– escribe en El amenazado: Es el amor. Tendré que ocultarme o huir. Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única [...] Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo [...] Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la esperanza y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. [...] El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.
Viaja para conocer, nunca para migrar. Por eso, a raíz de sus desavenencias con el régimen de turno y  cuando le amenazan con exiliarlo, disipa sus temores con la siguiente afirmación–: Me iré a vivir a la República Oriental del Uruguay, la más parecida a Argentina que conozco.
A diferencia de akgunos de sus compatriotas, Borges no le vuelve la espalda a los Andes, ni le molesta la biodiversidad que forma el crisol de las razas de Ibeoamérica, ni se siente jamás forastero en tierra extraña. Detesta al racismo y, en general, a todos los ismos, que en vez de unir desunen a la Humanidad. Por eso proclama, con valentía, en la nación donde el antisemismocontaba con el apoyo oficial–: Hablar del “problema judío” es postular que los judíos son un problema; es vaticinar (y recomendar) las persecuciones, expoliación, balazos, degüellos, estupros y la lectura de la prosa del doctor Rosenberg.

Ama la pampa y a Martín Fierro, pero también adora a su metrópolis. A él se debe el afecto que sienten los bonarenses por el cementerio de La Recoleta, no por las esculturas —verdaderas obras de arte— ni por el linaje de los difuntos cuyos restos allí descansan, sino porque sus ánimas en pena lo han convertido en lugar de reunión predilecto, un fenómeno que atrae, irresistiblemente, a los médiums, los poetas y al ciudadano común, quienes les piden milagros cotidianamente.


Al tango lo inventaron en un burdel
En Historia del tango afirma que el género musical no es folclore, pues los gauchos no se acompañaban con bandoneón ni contrabajo, y que, según le consta a un tío suyo, dicho género musical nació en un burdel de Buenos Aires. Escandaliza a mucha gente, pero la anécdota tiene altísima probabilidad de ser cierta pues el teatro y las serigrafías, las expresiones más excelsas del arte japonés, vieron la luz en los ukiyo o zonas de tolerancia, pues eran éstos los únicos lugares del Imperio donde se permitía que se desencadenaran las pasiones sin cortapisas, y son ellas las únicas que promovían el florecimiento de la genuina creatividad.
El inglés culto nace con Shakespeare, el italiano con Dante, el castellano con Cervantes; pero la poesía constituye la esencia y la fragancia de un idioma. Machado y Lorca rimaban. Al día siguiente, las lavanderas, los serenos y hasta los niños de Granada y Madrid repetían sus estrofas enteras.
“Por sus frutos los conoceris…”
Agún alma desviada me reclamó en cierta oportunidad mi admiración hacia Borges, asegurando entonces que el escritor militaba en la derecha. Me encanta que me lo hayas dicho, pues no me había percatado de ello –le comenté–. Tu comentario lo único que ha logrado es elevar su estatura en el afecto que por él profeso. Si hay algo a mi parecer totalmente despreciable en su país es la “izquierda”, donde, después de los miles de “desaparecidos” por los régimenes de la Legión Cóndor, Cuba siguió manteniendo relaciones excelentes con los gobiernos de turno. Me quedo con los derechistas Arturo Uslar Pietri, en Venezuela, y Mario Vargas Llosa, en el Perú.
Aunque, insisto con las palabras del Mateo, el evangelista, que al escritor y al artista en general, hay que juzgarlo por sus obras–: Mateo 7:15 (Lc. 6.43) Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.
¿Quién recuerda siquiera una simple cuarteta de cualquier rock latino? Sin embargo y, lamentablemente, la poseía es la escritura menos vendible de la industria cultural: un bestseller poético no pasa en España de 2 mil ejemplares; un tiraje normal no excede de 200 ó 500. Por eso también es importante un poeta llamado Jorge Luis Borges.

El poema de los dones
Al quedarse ciego, Borges es designado Director de la Biblioteca de Buenos Aires, y le dicra a su compañera de vida el Poema de los dones:
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche...
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca...
Palabras simples, rima clásica, contenido que llega al alma de cualquier invidente. Es el mismo lenguaje de Espronceda, Quevedo y Lope; de Andrés Eloy, Darío y Neruda. Ninguno de ellos resultó un cortesano cómodo, pues los poderosos aman la adulancia, con la misma compulsión con que detestan la irreverencia.
Escribir poemas constituye un acto irreverente y hasta indecente, pues implica mofarse de lo que está en boga. En esta época hiperutilitarista, ¿para qué perder tiempo escribiendo algo que no produce dinero? Pero los grandes poemas son como el cariño verdadero: ni se compran, ni se venden, y todos los amamos, aunque no estemos dispuestos a admitirlo públicamente.

Borges se aprovechaba de las estaciones invernales para editar sus poemas, e introducirlos, solapadamente, en los sobretodos emperchados en los cafés del barrio La Boca. Sabio consejo que seguiría Andrew Carrol, quien distribuyó, gratuitamente, más de 300 mil libros de poemas desde 1993, en los supermercados, gasolineras y moteles de EEUU. Para Borges y Carrol su misión y visión están muy claras–: La poesía nos ayuda a aminorar el ritmo y a concentrarnos en aquello que en verdad importa. Por eso y por mucho más Borges fue un ciego que nos enseñó a releer y reescribir.

martes, 24 de enero de 2017

La fábula del alcatraz y el cachalote (o del Concorde y el Tupolev–154)

La muerte del alcatraz
Un atardecer, desde la playa La Caracola, contemplé como un alcatraz oteaba la superficie del mar rielante, en procura de algún pez. A poco –pensé– divisó la ebullición plateada del cardumen, la cual debió lucir ante sus ojos como un hervidero de larvas multicolores. Tomó altura, y se lanzó en picada sobre sus presas.
Esperaba verlo emerger del agua, victorioso, con su pico botando espuma, del cual una que otra sardina escaparía a un destino fatalmente digestivo. Pero así no pasó. El fondo del mar devolvió a la superficie la caricatura de lo que, segundos antes, había sido un poderoso predador. Su cadáver se me parecía a un papalote de Ipanema, el cual, tras amarizar violentamente, acabara descoyuntado, desarmado y deshilachado.
¿Qué le pasó al pájaro? ¿Cómo falleció? ¿En pleno vuelo? ¿O sería, acaso, al tocar el agua? Nadie me supo dar la respuesta exacta.
En otra ocasión, en las riberas del Golfo de Santa Fe, vi agonizar a un cachalote. Fue su muerte totalmente improductiva, pues los lugareños no supieron que hacer con el cadáver. Eran, sí, pescadores, pero de meros, pargos o sierras. Carecían de las herramientas y de los conocimientos adecuados para extraer y procesar el preciado aceite de ballena, o el aún más valioso ámbar gris, fijador por excelencia de la perfumería francesa de lujo. La carne de ballena les habría parecido dura, grasienta, poco apetitosa. Ignorarían, seguramente, cómo curtir su piel para elaborar amuletos, techos o zapatos. Por lo cual, el animal se pudrió, hubo que rociarlo de gasoil y prenderle fuego, a fin que no contaminara el ambiente. Ardió por días y noches enteras, como una tea inmensa que se veía a la legua.
¿Qué hacía un cachalote en el Golfo de Santa Fe? ¿De qué murió? Dijeron que había chocado con un ferry, de los que navegan entre Puerto La Cruz y Punta de Piedras. Mas ninguno supo, a ciencia cierta, lo que aconteció.


El avión que sólo tuvo éste accidente (y no fue culpa suya ni de los pilotos)
En mi fábula el Concorde representa al alcatraz y el Tupolev–154 al cachalote. El primero –gloria de la tecnología anglofrancesa– fue concebido para minimizar el estrés del jet set, reduciendo en tres horas el vuelo trasatlántico. El segundo –gloria de la aeronáutica soviética– fue diseñado para competir con el Boeing 727. Las dos aeronaves fueron fabricados con la sapiencia y los recursos del milenio pasado.
Ambas glorias tecnológicas se encuentran, hoy, desfasadas: la mayoría de los viajeros internacionales no pudo pagar el doble por vuelos más cortos, el Concorde dejo da fabricarse y el último vuelo comercial se estrelló a poco de despegar en Orly, tras pisar un cascarón de aluminio dejado en la pista por otro aeroplano.
Los franceses y los británicos se fueron lisos de la tragedia del Concorde. Ni siquiera tuvieron que inculpar a los neumáticos. Responsabilizaron, en cambio, al servicio de limpieza del aeropuerto, que dejó la placa metálica tirada en medio de la pista, como si fueran las tapas que Hidrocapital deja abiertas en las calles de Caracas.
Para los 168 turistas alemanes que viajaban en un largo periplo de placer a Sydney, no hubo condecoraciones ni actos de pública contrición. Tampoco recuerdo haber visto a los estadounidenses rasgándose las vestiduras, cuando perdieron dos de sus submarinos nucleares.


El avión que mató a 889 personas
El último Tupolev Tu-154 en desplomarse, el 25 de diciembre del 2016, contaba con 33 años de servicio en la aviación militar rusa.  Según la lista de pasajeros publicada por el ministerio de Defensa, el avión transportaba a 65 miembros del Ensamble Aleksándrov, conocido por sus giras en el extranjero bajo el nombre de coro del Ejército Rojo. Entre ellos su director, Valeri Khakhilov. Iban a Siria para celebrar Nochevieja con los soldados rusos desplegados en el país en respaldo al régimen del presidente sirio Bashar al Asad, aliado de Rusia. En el aparato también viajaban 9 periodistas de las cadenas de televisión Pervy Kanal, NTV y Zvezda, dos altos  funcionarios y la responsable de una organización caritativa muy conocida en Rusia, Elizavéta Glinka. Esta última, conocida como doctora Liza, llevaba medicamentos para el hospital universitario de Latakia.
Según Giovanni Magi, experto aeronáutico de la agencia Euronews–:  El Tupolev154 fue el principal motor de la aviación civil y del transporte militar durante los años de la URSS y los primeros tras la caída del telón de acero. Los numerosos accidentes en los que ha estado implicado siempre estuvieron relacionados con el factor humano, el pilotaje o el mantenimiento, o con el uso demasiado intensivo del avión. Sólo en los últimos 15 años se contabilizan más de una decena, todos ellos con muertos. Veamos los principales: (3/7/2001) Un Tupolev–154 se estrella cerca de Irkustk, en Siberia, 145 muertos. (4/10/2001)  Tres meses más tarde otro avión igual se estrella en la ciudad de Adler, cerca de Sochi, 78 personas fallecen. (12/2/2002 ) En el suroeste de Teherán se estrella otro igual, 117 fallecidos. (22/08/2006). Accidente en Donetsk, Ucrania, las 170 personas que en él viajaba viajaban mueren. (15/07/2009) Un Tupolev–154 que se desplazaba Teherán y Ereván se estrella al norte de Irán, sus 168 pasajeros, y los miembros de la tripulación, perecen. (10/04/2010) El presidente polaco Lech Kaczynski y altos funcionarios del país, en total 96 personas pierden la vida en un Tupolev–154. (4/12/2010) Un aterrizaje forzoso en Moscú causa la muerte de 2 personas y decenas de heridos. (1/1/2011) Hay tres muertos tras el incendio de un Tupolev–154 durante su despegue.


El avión que, al estrellarse, rompió el rating en la televisión española
Pero no sólo los Tupolev tienen su historia. Un Yakolev se estrelló en Turquía, cerca del aeropuerto de Trebisonda, el 26 de mayo de 2003, con 75 personas a bordo. El pasaje lo formaban 62 militares, quienes regresaban a España tras cuatro meses y medio de misión en Afganistán y Kirguistán; todos ellos fallecieron junto a doce tripulantes ucranianos y un ciudadano bielorruso. Fue la peor tragedia del Ejército español en toda su historia en tiempo de paz. La conmoción en España fue de tal magnitud, que el funeral de Estado en Torrejón de Ardoz, dos días después del siniestro, contó con la presencia de los reyes y el príncipe de Asturias, y fue retransmitido en directo por las cadenas de televisión, se convirtiéndose en el programa de mayor rating desde hacía varios años –2 millones 539 mil televidentes (36,1 % del share)–.
El Gobierno español declaró luto oficial desde por dos días. Se abrieron 6 procesos judiciales a raíz de la tragedia, cuatro en España y dos en Turquía. Hoy en día, después de 12 años, los deudos han obtenido un reconocimiento de que el accidente ocurrió debido al mal estado del avión, circunstancia de la que ya habían advertido en numerosas ocasiones los militares a sus mandos, a pesar de lo cual el avión realizó el vuelo con tan fatal desenlace.

Los helicópteros rusos que caen como aguacates maduros
Tampoco por ahora pasa nada en Venezuela, donde los helicópteros rusos se caen como aguacates maduros, y los cazabombarderos de la misma procedencia chocan entre sí; sin que nadie opine ni investigue seriamente estos casos.
La del alcatraz es otra historia. Tras la democratización de los vuelos, iniciada en 1950, nos hemos acostumbrado a mirar a los aviones como autobuses voladores; de ahí la marca Airbus, con la cual se identifican los productos de una de las empresas aerospaciales  más conocidas.
No sólo los percibimos a las aeronaves como aerobuses, sino que, a los viajeros, nacionales e internacionales, nos tratan como si fuéramos usuarios de colectivos, o peor: ¿Usted recuerda su último viaje a Miami, en misery class, durante alguna alta temporada? Por eso, morirse dentro una avión, que estalla o se estrella, implica una probabilidad estadística, pequeña, pero cierta, para millones de seres humanos. Pero no pasa lo mismo con los submarinos nucleares o los jet supersónicos, pues son modalidades de transporte reservadas sólo a las elites militares y civiles del planeta.


El cazabombardero que choca con sus semejantes

Para la humanidad casi todo es entretenimiento, y de la pantalla saca héroes, monstruos y moralejas. La naturaleza, sin embargo, envía señales trascendentes, implícitas en fábulas como la del  alcatraz y el ballenato. Pero poco nos gusta reflexionar sobre estas claves y, mucho menos, intentar descifrar su oculto sentido.