miércoles, 14 de octubre de 2020

 Los cárteles en Venezuela


 

Luis García Planchart




Sede de la Real Compañía Guipuzcoana frente al Puerto de La Guaira

 Los vascos, el primer cártel

 

Al estudiar la Historia de la Colonia en Venezuela infiero que la cartelización del país y su aparejada corrupción se inició con la Real Compañía Guipuzcoana (1730–1785), a quien Felipe V le entregó la Capitanía General el monopolio de la Capitanía General de Venezuela para que se cobrara una deuda que la Corona tenía pendiente.

En términos coloquiales, Felipe le regaló un vasto territorio para que los vascos escogieran sus productos, pagaran lo que quisieran por ellos y les exportaran a  España para su venta exclusiva al mayor y detal.

Este cártel fue el modelo de sociedad mercantil del Siglo XVIII hispánico.

Se creó con el capital más elevado de la época, constituyó la compañía anónima que más duró durante el Siglo XVIII, y manejó 150 mil toneladas de mercancías, muy por encima de otros emprendimientos como el de Barcelona, La Habana y Manila, que no fueron más allá de las 6 mil.

Esta modalidad de sociedad no la inventaron los españoles sino los traficantes de esclavos franceses y holandeses, quienes comenzaron con el contrabando de extracción del añil, la melaza y el tabaco barinés, tras dejar sus cargamentos humanos en las Antillas Neerlandesas para que fueran subastados.

El desempeño de los vascos fue rechazado no sólo por los contrabandistas extranjeros, sino por toda Venezuela, con protestas y conspiraciones como las del zambo Andresote (1730–1733), apoyado por hacendados y comerciantes de los valles de Yaracuy y los holandeses; y el Motín de San Felipe (1741), iniciado por el Cabildo, y seguido por las manifestaciones violentas de los granjeros, comerciantes y pisatarios; así como la insurrección de Juan Francisco de León (1749), donde participaron los mestizos, mulatos y libertos, quienes fueron armados por los hacendados de Barlovento. 

La revuelta de Juan Francisco de León obligó a la Corona a tomar cartas en el asunto, no sólo por su naturaleza insurreccional sino porque la Guipuzcoana no le había rendido la debida cuenta de sus ingresos, y, desde 1741, tampoco le había entregado réditos a sus accionistas.

A los directores se les acusó de pagar comisiones por debajo de la mesa, y el Rey le ordenó a una Junta General, convocada al efecto en San Sebastián, que pesquisara estos negocios sucios y aplicara a sus responsables severas medidas.

Empero, Manuel de las Casas, gobernador de la Provincia de Caracas y Juez Arbitrador de la Guipuzcoana, justificó a los corruptos, afirmando que Su Majestad no ignoraba esta deshonestidad, ya que había enviado a los vascos a “hacer la América” con salarios que ni siquiera cubría sus necesidades más elementales, mientras que en las Vascongadas les habían prometido que iban a regresar a España con dos, cuatro y ochocientos mil pesos fuertes. Finalmente, de las Casas declaró que no hallaba cómo resolver esta situación.

El cártel de Euskadi sentó así las bases actuales de nuestra sociedad, al dejar muy claro:

1.    Que nuestra Provincia era una sociedad rentista y monoproductora, en su caso de cacao, que era el fruto de mayor valor;

2.    Que los bienes no suplidos por la Corona, como los esclavos, habría que comprarlos a los contrabandistas;

3.    Que los contrabandistas no sólo introducían recursos inexistentes en el país, sino que extraían otros de gran valor, como el tabaco de Barinas;

4.    Que, si los nativos de esta tierra querían prosperar, no les quedaba otra que apegarse al poder y lamerle las botas al chivo que más meara, para que éste se dignara a compartir con él las sobras de su festín.

 

El Cártel Petrolero



 

 

Logotipo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo

El segundo cártel que dominó a Venezuela fue el petrolero.

Aunque la que ya era República, Venezuela se libró del influjo de las petroleras mientras  éstas se despedazaban entre sí por la conquista de mercados.  Gracias a lo cual dispusimos de una larga  y aparente independencia, matizada por  hechos como los que un venezolano no podía hacerse rico sin tener que aceitar a los funcionarios; y que la competencia despiadada entre las petroleras  cometiera atroces delitos para preservar sus intereses, como el magnicidio del Teniente Coronel Carlos Delgado Chalbaud, Presidente de la Junta de Gobierno (13 de Noviembre de 1950), a manos de conspiradores patrocinados por la Standard Oil Company, que codiciaba  las nuevas concesiones que el Primer Magistrado le entregaría a la Shell para “equilibrar la balanza de nuestra dependencia económica”.[1]

Cuatro años más tarde, en 1956, la Guerra del Sinaí hizo que la Standard Oil y otras petroleras estadounidenses, así como la British Petroleum y la Royal Dutch Shell se cartelizaran. Posteriormente, durante el régimen de libertades que sustituyó a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, los mayores productores de crudo del mundo formaron su propio cártel, la OPEP, y comenzó otra guerra, la de los precios petroleros, que duró hasta fecha muy reciente, cuando el presidente Donald Trump declaró que Estados Unidos se había liberado de su independencia de los combustibles fósiles, y, con ello, del chantaje petrolero.

 

El Cártel de los Soles

 

 

 

Pablo Escobar Gaviria, cuya metodología fue copiada por el Cártel de los Soles

En el ínterin, en Venezuela se mantuvieron incólumes los pilares sobre los cuales se había erigido la Real Compañía Guipuzcoana, y una vez que el Cártel de la OPEP perdió su poder, y el sistema de partidos fue derrocado en vísperas del nuevo milenio por el incruento golpe comicial de Hugo Chávez, surgió el nuevo holding, el Cártel de los Soles, hecho a imagen y semejanza del Cártel de Medellín que liderara Pablo Escobar Gaviria hasta su muerte (1993).

La organización de Escobar Gaviria llegó a manejar el 80% del tráfico mundial de cocaína, hizo que los gobiernos democráticos de Colombia se arrodillaran a sus pies y mató a centenares de colombianos, muchos de ellos víctimas inocentes de su vesania.

El problema del Cartel de los Soles, es que resultó ser aún peor que el de Medellín o cualquiera de los narcocárteles mexicanos…

Porque, pese a todo, Escobar era patriota, y quienes dirigen el Cártel de los Soles entregaron el país, su soberanía y recursos a los cubanos, chinos, rusos, turcos… “a ver, ¿quién da más?”.

Porque nunca Escobar llegó a ser Presidente de Colombia, ni creo que los alguno de los bandidos aztecas llegue a serlo en México.

Porque, en 20 años de predominio del Cártel de los Soles, ha habido 300 mil asesinados violenta e impunemente en Venezuela.

Porque el poder detrás del poder del narcotráfico (me refiero supra cárteles como el Foro de Sao Paulo y el Club de Bildenberg), apoya, directa o indirectamente al Cártel de los Soles, lavando su dinero, fabricando sus precursores y apalancando a los partidos comunistoides empoderados o por empoderarse en fecha próxima.

Porque los estadounidenses se rehúsan a ejercer su rol de gendarmes necesarios del planeta, con lo cual decretaron la prematura muerte del Imperio Americano[2].

Porque el Nuevo Imperio Global, que pudiera ser China, no inspira confianza ni siquiera a sus propios ciudadanos, quienes prefieren poner sus ahorros en dólares.

Porque la pandemia del conavid/19, lo único que ha logrado es domesticar a la raza humana como si fueran canes, y prepararla psicológicamente para la pandemia económica que se nos avecina.

Por eso me temo que los cárteles en Venezuela seguirán vigentes per sécula seculorum.

 

[1] Tal como se afirma en el ensayo “Aves de rapiña sobre Venezuela” (1972), publicado por la Universidad de California, escrito por el Rector de la Universidad Santa María, doctor Juan Bautista Fuenmayor.

[2] Las excusas resultan, en estos casos, absurdas. Pese a que las FFAA de EEUU son mercenarias, los gringos declaran que no quieren ver más muertos y que no están de acuerdo con pelear guerras por países que no son el suyo. ¿Podría alguien imaginar que esta excusa hubiera sido esgrimida cual los imperios Británico, Español o Francés llegaban a su apogeo?

martes, 29 de septiembre de 2020

  




El Patíbulo Mediático

 

Luis García Planchart



 

Dadas la anarquía y el caos desatados por la pandemia, llega un momento en el cual quienes escribimos, o bien porque les pagan por hacerlo o bien porque lo hacemos por amor al arte, nos toca concentrarnos en lo que sabemos y dejarle a los demás el manejo de sus experticias. Lo cual no quiere decir que los comunicadores no podamos difundir los hallazgos y sucesos habidos en cualquier rincón del planeta; todo lo contrario, es parte del oficio. Pero sí tenemos que actuar éticamente, como lo prescribe el manual de Columbia University, confirmando al menos con una fuente, dando las dos versiones sobre el mismo tema y respondiendo a las preguntas qué, cómo, cuándo, dónde, a quién, por qué y para qué.

 

Lo digo, porque algunos colegas, que tienen bozales de arepa o se creen dueños de la verdad , se han convertido en relés de mitos y leyendas, elaborados con la peor fe en  los laboratorios globales de guerra sucia.

 

Y ya que la pandemia, desde el punto de vista mediático, es a mi entender una guerra, y bien sucia, por cierto, “la verdad es su primera víctima”. Esta frase memorable fue acuñada por dos personas, el senador estadounidense Hiram Johnson (1917), y al parlamentario británico Arthur Ponsonby en su libro de: Falsehood in Wartime – Propaganda Lies of the First World War -–“Falsedad en tiempos de guerra – Mentiras propagandísticas de la I Guerra Mundial – (1928).

 

Ponsonby cita casos concretos de las añagazas bélicas como una supuesta fábrica de cadáveres de los cuales se extraían aceites de los soldados muertos, una niña francesa violada por 100 soldados germanos, un combatiente canadiense crucificado, los pormenores del hundimiento del vapor “Lusitania” por actos terroristas y más de treinta fake news, combinadas con las mentiras de los gobiernos y parlamentos europeos, sus informes manipulados, los tratados por debajo de la mesa, las fotografías manipuladas y un sinfín de otros trucos, algunos de ellos bien palurdos, pero con la fuerza suficiente para producir la ira de las masas. Así el autor demuestra cómo los políticos y periodistas integran una santa alianza que obliga a la gente a pensar cómo ellos quieren que lo hagan.

 

Una versión transnacional y transcultural de las fake news

 

En la actualidad, la mayoría de los medios de los países democráticos fijaron sus líneas editoriales en pro del socialismo.

 

En la Unión Europea y Estados Unidos, a los políticos de derecha, o simplemente, de centro, se lesniega el acceso a los espacios más visible, se les descalifica o, simplemente, se soslaya lo que ellos digan y contradiga la “historia oficial”, que hace tiempo dejó de ser nacional, y que ahora es trasnacional y transcultural.

 

A Donald Trump, por ejemplo, su versión sobre quien fabricó y esparció el coronavirus le ha valido cualquier cantidad de ataques de personas que nunca fueron periodistas, pero sí son sociales y pantalleros, y se han colocado al tope de la pirámide informativa, casi siempre sin saberse expresar y hasta desconociendo lo que dicen tan alegremente.

 

La verdad objetiva es que Trump, al referirse al covid/19 como “virus chino” tiene toda la razón”.


Copio en su haber el pensamiento de Peter H. Diaminds, ingeniero espacial y aeronaítico y médico cirujano, graduado en MIT y Harvard, así como fundador y CEO de al menos cinco grandes emprendimientos en Silicon Valley:  "Hay una nueva generación de biohackers que utilizarán la ingeniería genética para iniciar empresas asombrosas"dice Andrew Hessel, copresidente de Biotecnología de la Singularity University y un elocuente defensor del movimiento DIY-bio de hoy. “Al mismo tiempo, sin embargo, a medida que la tecnología se vuelve más fácil de usar y más barata de acceder, los ataques biológicos y los piratas informáticos son inevitables”.

 

Las afirmaciones de Diaimins fueron publicadas en el 2016. Hoy, la tecnología para el bioterrorismo es mucho más barata. Las máquinas de secuenciación y síntesis de ADN están al alcance de cualquiera que pargar por un carro de segunda mano. Además, algunas secuencias de nucleótidos son muy contagiosas y mortales, como los del Ébola y la influenza de 1918, que mató a más de 50 millones en todo el mundo, y que ahora  se ofrecen online.

 

 “El cosmólogo y astrónomo británico Lord Martin Rees cree que el peligro es tan grave que en 2002 hizo una apuesta de 1.000 dólares con la revista Wired de que para el año 2020, un caso de error biológico o terror biológico habrá matado a un millón de personas", citaba hace cuatro años Diaminds.

 

Por su parte el Dr. Larry Brilliant, quien dirigió el equipo de investiagadores que erradicó exitosamente la viruela y quien ahora dirige el Fondo de Amenazas Mundial, enfocado en las pandemias y el bioterrorismo, resumió sus temores el Wall Street Journal (2015): "La ingeniería genética de los virus es mucho menos compleja y mucho menos costosa que la secuencia del ADN humano. Las armas bioterroristas son baratas y no necesitan de laboratorios enormes ni apoyo gubernamental. Son las armas de destrucción masiva de los pobres". Brilliant creía en la inmediatez de un ataque bioterrorista, proveniente de los gobiernos totalitarios de Asia o de los narcocárteles mexicanos.

 

El pánico mediático

 

Los terroristas ni siquiera tienen que crear un virus para causar un daño terrible: “El frenesí mediático generalizado en torno al virus H1N2/Influenza, aterrorizó en tal grado al público 2009 que indujoa las farmacéuticas a desperdiciara miles de millones fanricando vacuna, las cuales a la larga resultaron ineficaces. El miedo y la ignorancia pueden conducir a respuestas sociales reactivas y disruptivas con consecuencias en el mundo real, aunque el agenteque las provoca no sea tan dañino, ya que solo la amenaza biológica puede conducor a catástrofe económica, social y psicológica colectiva”.

 

Pareciera ser que, en el caso de covid/19, sus autores no sólo lo crearon, sino que también lo esparcieron y desarrollaron la histeria a través de la hegemonía mediática que poseen en el mundo entero, desde las naciones–estado donde no hay prensa libre sino propaganda política, hasta los medios cuyas líneas editoriales trazan sus dueños o concesionarios, o escriben los fablistanes sembrados como topos por el poder detrás del poder.

 

¿Cuál es la verdadera pandemia?

 

Se ha dicho que alimentar a los hambrientos es el objetivo doble  de la justicia social y la caridad cristiana. Pero, aparentemente, los cristianos y los socialistas vienen fracasando miserablemente,  pues, según las Naciones Unidas, 925 millones de personas carecen actualmente de un mínimo ingreso para comer. 

 

Si se comparan las cifras de la mortalidad por mengua con las del coronavirus, que alcanzará a poco más del millón a finales del presente año, la diferencia resulta abisal.

 

Si en el mundo 1 de cada 7 personas se muere de hambre,  la pandemia no es el coronavirus sino el hambre. Cada año mueren 10,9 millones de niños, la mitad por problemas relacionados con la desnutrición. En los países en desarrollo, 1 de cada 3 niños presenta retraso en el crecimiento como resultado de la falta de ingesta de alimentos.

 

La deficiencia de yodo es la causa principal de retraso mental y daño cerebral; la falta de Vitamina A, mata a un millón de bebés anualmente. Y aquí es donde estamos hoy, ahora mismo, antes de que la población mundial aumente en miles de millones, antes de que el calentamiento global reduzca las tierras cultivables, antes –es decir– que un problema ya inauditable se convierta en inmanejable. Y, por supuesto, estas son las verdades políticamente incorrectas, las que nadie quiere oir y las cuales son decapitadas diariamente en el patíbulo mediático.

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

Opinatico sin oficio: La xenofobia bolivarianaLuis García Planchart(Com...

Opinatico sin oficio: La xenofobia bolivarianaLuis García Planchart
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: La xenofobia bolivariana Luis García Planchart (Comentarios sobre, “La mala imagen de Venezuela”, artículo de Gloria Cuenca publicado en “El...

La xenofobia bolivariana

Luis García Planchart


(Comentarios sobre, “La mala imagen de Venezuela”, artículo de Gloria Cuenca publicado en “El Pitazo”)


Hola, Gloria:


No puede entenderse la idiosincrasia de un país si sólo se la conoce al vuelo o sin  salpimentarla con un poco de antropología

Dice Rafael mi hermano que, “Colombia es un rompecabezas regional, a cuyas piezas sólo las une su odio común contra Bogotá”, y esto resulta más que cierto.


En el bockbuster Netflix, "El robo del siglo", se evidencian como en ninguno los regionalismo en Colombia. Además de su excelente narrativa, es una excelsa pieza de antropología.

Si vas a Valledupar, la tierra del vallenato, nada hay más parecido a un venezolano que la gente de allá.

Si visitas Villavicencio, la única diferencia entre su joropo y el nuestro es que los lugareños añaden al trío "arpa, maracas y buche”, la guitarra.

Sin dejar a un lado a Cartagena y sus aledaños, cuyas cachifas han demostrado su mimetización total con Caracas; ni la las riberas norsantanderiano y tachirense, donde las únicas diferencias de gran gochilandia son palabras como “almacén” por “tienda” i “vestido” por “flux”.

Bogotá es súper bolivariana

Aún así, en esa Colombia híper regionalizada, Bogotá es súper bolivariana.

No como aquí, donde le pusimos Bolívar a la moneda nacional, para devaluarla en porcentajes a los cuales jamás se llegó en la Alemania pre nazi con el Reich Mark, y que se considera como una de las causas que ocasionó la victoria comicial de Hitler en 1933, y la II Guerra Mundial, a partir de 1939.

En Caracas, Bolívar sólo ha servido para que Chávez profanara su tumba y le robara un hueso, al cual le incrustó una “pepa ‘e zamuro” para prevenirse del mal de ojo, y, asimismo, para que todos los tiranos y dictadorzuelos que hemos sufrido hablan más paja que la que pudieran yantarse todos los Plateros del mundo

En cambio, en Bogotá, Bolívar es venerado.

Su plaza es la más extensa dedicada al Libertador en el mundo entero.



Plaza Bolívar de Bogotá, la mayor del mundo


Está rodeada de los edificios públicos más importantes de la ciudad, y tanto la vivienda que ocupó en la capital de Colombia como la de San Pedro Alejandrino, al piedemonte de la Sierra Nevada de Santa Marta, son mantenidas con exquisito cuidado.

Sus guías turísticos cuentan la historia tal como aconteció, y no como la tergiversa el imbécil que me tocó cuando visité la casa natal en Caracas, hace un par de años, quien quiso hacerme creer que Bolívar había sido pionero del comunismo, casa de la cual se robaron la verdadera espada de Bolívar. 

En Bogotá conocí al presidente de la Sociedad Bolivariana, y me admiré por su empeño en contarle a los universitarios y a los escolares la trascendencia de Bolívar en la emancipación de su país, al punto que, el año pasado, hubo más estudiantes bogotanos que fueron a revivir las hazañas del Pantano de Vargas que los que visitaron las playas del Caribe.

A Perú no lo liberaron Bolívar ni San Martín

A Perú no lo liberó Bolívar, sino mi ascendiente, el general Antonio José de Sucre, tras una negociación del Libertador con San Martín, patrocinada por la francmasonería.

San Martín estaba ya "hasta las pelotas de guerrear", como se lo confesó a uno de sus biógrafos, y, en realidad desconocía cómo hacerlo en Los Andes, ya que sus batallas (desde que comenzó como oficial en Noráfrica contra los bereberes) habían sido en plano.

Bolívar tuvo que quedarse en Ecuador, buscando el dinero que el Congreso de Colombia, el cual presidía, le negaba para armar y alimentar a sus ejércitos, y de erradicar de Pasto al último bastión realista.

Las xenofobias andinas son “regionofobias”

Además, los oficiales peruanos jugaban apostaban a ganador, y esperaban ver a quien, finalmente, sentaría sus reales en el Palacio del Virrey de Lima. Aunque la Plaza Bolívar limeña no es tan grande como la de Bogotá, tampoco es más pequeña que la Plaza de San Martín. Y ambas se comunican por un bello paseo, los jirones, donde están las casas coloniales y los balcones más hermosos del Perú. 



El Jirón Junín y los balcones de Lima


Ecuador es casi tan regionalista como Colombia. Las expresiones, "¡Serrano hijo´e puta!" y "¡Guayaco, negro e´mierda!"; no denotan, precisamente, una gran tolerancia, sino que expresan absoluta xenofobia. No sólo Manuelita Sanz era quiteña, sino que el general Juan José Flórez, quien separó a Ecuador de la Gran Colombia, y que fuera su primero, quinto y séptimo presidente (por elecciones o cualquiera de los procedimientos que entonces se aplicaran allá), nació en Puerto Cabello, en Venezuela.

Tampoco los panameños ni son ni parecen ser angelitos caídos del Cielo. En Congreso Anfictiónico realizado en Panamá, a finales del Siglo XUX, sólo sirvió para que los políticos hablaran huevadas, y nada de lo que Bolívar soñaba siquiera quedara en el tapete.

Cuando uno repasa la historia, querida hermana Gloria, se da cuenta que esas famosas reuniones, seminarios y convenciones sólo permiten ganar tiempo y pasarla bien a sus asistentes, como ocurre con lasque fueron  entabladas por la supuesta oposición venezolana  para sacar a Maduro.

La xenofobia actual de nuestros vecinos andinos se corresponde con la migración masiva e inesperada de venezolanos, dispuestos en su mayoría a hacer los trabajos que los lugareños no saben o quieren hacer (como, por ejemplo, recoger los cadáveres de los muertos por covid/19 en Guayaquil y enterrarlos en una fosa común).Y también a la inmunda propaganda anti-migratoria y difamatoria de los miembros del foropaulismo internacional, cocinada en los laboratorios de guerra sucia de Buenos Aires, Caracas, La Habana y Madrid por los demonios del narcoterrorismo y la narco político.

Un beso, TQM.


viernes, 21 de agosto de 2020

 ¿Por qué me volví negacionista?

Luis García Planchart

 

Si me dicen que el Sol, que por el ciclo

describir un gran círculo se mira,

camina en torno de él con raudo vuelo,

¿como sé que la Tierra es la que gira

sobre sus mismos polos, sin recelo?

Digo que lo que dicen es mentira,

aunque la vista así lo represente:

¿Por qué? Porque el discurso lo desmiente.

 

José Batres Montufar[1], Las falsas apariencias

 

Todos a la una contra Miguel Bosé



Negacionismo es un sustantivo que viene del inglés denial, y define la acción al declarar algo como incierto, en su primera acepción. En su segunda acepción, describe el acto de rechazar algo exigido o deseado por un tercero.

 

En español, el nombre tiene varias connotaciones, algunas de ellas muy negativas como en Chile, donde al negacionismo se le considera como un delito contra los Derechos Humanos, y está severamente penado por la Ley. Según el Diccionario de la RAE, negacionismo es una actitud que consiste en la negación de hechos históricos recientes y muy graves que están generalmente aceptados

.

Según El Periódico de España, mucha gente se pregunta qué pasa con Miguel Bosé, quién no participó el domingo pasado en la multitudinaria manifestación en contra de las medidas sanitarias contra el covid 19.

 

Vaya valiente –escribió el medio–: Se quedó en su casa esperando a que la gente se contagiara. Lo de Bosé se agravó, porque El Mundo publicó su foto con tapabocas, y la remitió a las redes sociales donde algunos seguidores afirmaron que está chorreado, tras la muerte de su mamá, quien falleció por las secuelas del coronavirus.

 

El implacable bozal de arepa impuesto a los periodistas que les obliga a seguir a pie juntillas la línea editorialen Antena 5 –en España, será bozal de pan de trigo– la cogió con Bosé, acusándole desde perturbado mental hasta premudo, pues ya su voz no vale ni una peseta.

 

Combatir al covid 19 con recetas medievales

 

Comentado lo cual, me sumo al negacionismo, una forma concreta de decir no me lo creo, por ejemplo, sobre la eficacia de la metodología empleada por las autoridades de la salud para combatir a esta influenza y supuesta objetividad con que medios informan sobre la pandemia.

 

No me lo creo pues, según Aristóteles, no puede haber dos verdades de signo contrario, una de ellas tiene que ser falsa.

 

Para Wikipedia, cuarentena proviene del italiano –quaranta giorni–, un término que, a su vez, proviene del latín –quadraginta–, cuatro veces diez, con origen religioso y que comenzó a usarse con los pacientes y bienes sospechosos de portar la peste bubónica durante la pandemia de Venecia del siglo XIV.

 

Dicho de otra manera, la mejor manera pareciera ser que la medicina del Siglo XXI ha encontrado hasta ahora para combatir al covid 19, ¡es siguiendo una receta de hace 8 siglos! Pero, además, muy mal aplicada, puesto que no es lo mismo 40 días de cuarentena que más de cinque mesi, acabando de paso con el empleo y los ahorros de 58 millones de hogares en el mundo entero… por ahora.

 

Si a usted, hoy por hoy, le dijeran que la sífilis debería tratarse con arsfenamina –salvarsán–, asociada al mercurio y el bismuto, utilizados hasta 1943, al introducirse la penicilina, ¿cuál sería su reacción? No me lo creo. ¿Y por qué sí cree en recetas medievales para detener al coronavirus?

 

Nacho Girón, periodista de CNN Radio en Buenos Aires, asegura a los telespectadores de CÑN que la solución para (sic) la maldita pandemia, es la vacuna, pero… ¿cuál vacuna? No ciertamente la que se inoculó voluntariamente el doctor Elmer Huerta, su colega y asesor médico de la televisora –probablemente el modelo MSV, por las siglas de Microsoft Vacune–,    espera resultados para fines de año, con lo cual la vacunación masiva sólo será posible, ¡recién a fines del 2021!

 

La primera vacuna de la historia, la antivariólica, fue descubierta por el médico inglés Edgard Jenner (1796) y prevenía contra la viruela; al observar que en los establos de su pueblo los ordeñadores resultaban inmunes al devastador padecimiento, al infectarse las manos heridas con las pústulas infectadas de las mamas de las vacas.

 

La segunda generación de vacunas tuvo que esperar hasta la década de 1880, cuando Louis Pasteur, quien lanzó sueros que inmunizaban contra el ántrax aviar y el cólera. Para comprobar la efectividad de la vacuna antiantráxica, Pasteur hizo un audaz y brillante experimento público en su granja de Pouilly-le-Fort. 

 

Como podemos deducir, el otro mejor recurso contra el covid 19 es propalando en todas las redes de las ondas hertzianas la vacunación masiva, descubierta hace 400 años.

 

La teoría de lo absurdo, según Camus y Sandrini

 

Ante la pandemia que todos sufrimos, bien por la enfermedad pone sus efectos colaterales –que son los menos, tomando en cuenta que la población humana excede los 7 mil millones y los muertos no llegan a 700 mil– o porque el virus nos está destrozando los bolsillos y acabando con muchos de nuestros mejores sueños  –como nos pasa a la inmensa mayoría–, vale la pena recordar la reflexión que el filósofo francés Albert Camus hace en su novela La Peste sobre el sentido de la existencia cuando se carece de Dios y de una moral universal. Camus enfatiza la idea de que, al fin y al cabo, el ser humano carece de control sobre nada, la irracionalidad de la vida es inevitable y la peste –en nuestro caso, la pandemia– es el absurdo.

 

Al lado de la obra de Camus –y posiblemente inspirada en ella– se estrenó, en 1963, la película argentina, La cigarra no es un bicho, interpretada por Luis Sandrini. La acción transcurre en un ambiente reducido, dentro de un albergue por horas –que es como llaman allá a los moteles donde se reúnen las parejas para echar unos polvos–. Aunque el argumento de La Peste es macro y sucede en Orán, la capital de Argelia, la ciudad más fea del mundo –según su mismo autor–, la narrativa de La cigarra concluye según la misma teoría del absurdo del filósofo galo, pues los buenos esfuerzos de los protagonistas terminan en la nada: la chica, a quien quieren salvar y que es la única prostituta del elenco, termina volviendo a su antiguo oficio, que es su inevitable modus vivendi.

 

Mi propia "negaciolista"

 

Sin tener ninguna empatía o simpatía por Miguel Bosé, pues no comparto sus preferencias sexuales ni soy su fan, salgo en su defensa desde mi humilde medio. Y añado una pequeña lista a los no me los creo.

 

No me lo creo que Venezuela vaya a salir de abajo dialogando con los capitostes del régimen o en una inminente elección, con toda la falta de transparencia del CNE y sus mecanismos de fraude automatizado

 

No me lo creo que la campaña difamatoria contra el Rey Emérito de España, Don Juan Carlos I, provenga del resentimiento de su ex amante, Corinna Larsen. Tengo casi la certidumbre íntima que se trata de un plan para cargarse la monarquía –y con ella la democracia–, orquestado por el chavocomunismo internacional, cuyo representante más evidente –pero no único– es Pablo Iglesias, (a) El Coletas.

 

No me lo creo que la mayoría de los medios estadounidenses aúpen a los candidatos demócratas y destaquen cualquier hecho que perjudique al presidente Donald Trump se deba a un verdadero sentimiento en pro de la democracia de la Unión. Creo que resulta, más bien, una alianza –a veces hasta contra natura– para seguir imponiendo el curso que Obama le impuso a su gestión, favoreciendo a la izquierda global, y, especialmente, al foropaulismo latinoamericano.

 

Y por muchos otros no me los creo que tengo entre pecho y espalda, me es fácil responder a la pregunta, ¿por qué me volví negacionista?

 

 



[1] Poeta guatemalteco (1809–44), pionero del realismo en la poesía hispanoamericana.

miércoles, 5 de agosto de 2020

El ocaso de nuestra cultura

Luis García Planchart

 

 


El óleo "La tertulia del café Pembo", de José González Solana, pertenece al Museo de Arte 

Contemporáneo de Madrid, y es un retrato de la Generación del 98 de escritores españoles.

En Caracas, las peñas literarias más famosas fueron  La República del Este, en Sabana 

Grande, y las de la Cafetería del Ateneo de Caracas.


Por desacuerdo sobre los derechos de autor entre la organización Azcárraga y los herederos de Roberto Gómez Bolaños, tras 50 años de exhibición, la teleserie “El chavo del 8” saldrá del aire. Nota de prensa del 31 de julio de 2020.

 

… si Juanito Santa Cruz no hubiera hecho esa visita, esta historia no se habría escrito. Se hubiera escrito otra, eso sí, porque por doquier que el hombre vaya lleva consigo su propia novela; pero ésta no. Benito Pérez Galdós: Fortunata y Jacinta.

 

 


"¿Por qué no te callas?"

 

Imagino a Alfredo Coronil Hartman recogiendo los pedazos de productos culturales que aún quedan en Venezuela para poder armar el Papel Literario del diario El Nacional cada domingo. Para legárselo, ¿a quién? Ya El Nacional no existe –al menos en su versión física–, por lo cual no hay posibilidades de estructurar una hemeroteca, en el estricto sentido del vocablo, con su titánica labor.

 

Tampoco existe la Venezuela que Alfredo y yo conocimos en nuestras mocedades. Casi 300 mil cubanos –que nunca habían visto una represa, ni comido completo, ni tenido acceso a las libertades de expresión e información, ni conocido leyes sobre la propiedad, ni manejado empresas petroleras en sus putas vidas– invadieron a Venezuela, a través del puente aéreo que Hugo Chávez y Fidel Castro tendieron entre Caracas y La Habana, y destruyeron al país.

 

El comandante venezolano, con su ignorancia supina, yque le valió de parte del hoy huido Rey Juan Carlos el famoso: ¿Por qué no te callas...? El comandante cubano con el resentimiento social de haber sido el bastardo de Lina Ruz y Mateo Castro, y el existencial de de la derrota que le infringió el ejército democrático de Rómulo Betancourt en su frustrada invasión a Machurucuto.

 

El fin justifica los medios

 

El historiador francés Patrick Boucheron, quien se autodefine como un historiador de la Edad Media de edad mediana, explora la relación entre dos contemporáneos ilustres, Leonardo da Vinci y Nicolás Maquiavelo, en una prosa cargada de poesía, donde prescinde de las citas al pie de las páginas y otros academicismos.

 

Boucheron nos transporta a la ciudad de Siena en el siglo XIV, y nos obliga a mirar los frescos de Ambrogio Lorenzetti. Estas sorprendentes pinturas esconden, pero también evidencian, qué difícil es hacer un gobierno republicano, y cuán precaria resulta su existencia contra el autoritarismo, cuando el fin justifica los medios. Así, las imágenes de una época y un lugar remotos anticipan los avatares del presente, descrito por Jesús Petit Da Costa como una IV Guerra Mundial, cuyo teatro operativo es Venezuela.

 

Concuerdo con Petit en que hay IV Guerra Mundial en marcha, y que se inició en Venezuela, no ahora si no en 1959, con las intentonas golpistas de El Porteñazo y El Carupanazo. Guerra que continuó con el plan de Fidel para exportar su putrefacta revolución a Iberoamérica, aceptada como la única forma de acceder al poder por el Partido Comunista de Venezuela. Perfeccionada en las cárceles del gobierno de Betancourt, con la comunización de Chávez y otros oficiales quienes, décadas más tarde, intentarían derrocar a Carlos Andrés Pérez; y terminada con el triunfo de la dictadura militar comunista, a finales del Siglo XX.

 

La hegemonía cultural del comunismo

 

Mientras las ratas se adoctrinaban en prisión, contra la cultura venezolana se tejía una conjura invisible pero altamente eficaz. Comenzó como supuesta rebeldía contra de los intelectuales burgueses, segím el modelo de hegemonía cultural instaurado en Francia, tras la II Guerra Mundial, por Jean–Paul Sartre y Simone de Beauvoir; modelo que implicaba apoderarse de los medios de comunicación social, y convertirlos en instrumentos de propaganda comunista. Víctimas de esta soterrada guerra fueron, entre otros, los escritores Albert Camus, Louis Ferdinand Céline y Vintila Horia; así como numerosos artistas que tuvieron que desterrarse o dedicarse a otros oficios para subsistir.

 

No voy a comentar de qué manera los topos se adueñaron de imprentas y se incrustaron en las nóminas de las escuelas de comunicación social, periódicos, radioemisoras y televisoras de Venezuela. Pero aquí los enemigos de clase fueron todos los intelectuales, desde Simón Bolívar en lo adelante, cuyas cartas se escondieron para propagar la versión de Chávez de que El Libertador era comunista. 

 

Recomiendo sobre la metodología de las fake news el desgarrador relato biográfico de mi apreciada amiga y colega, la doctora Gloria Cuenca, intitulado De regreso de la revolución, donde en un acto de mea culpa demuestra por qué ningún comunista puede ser creyente ni periodista,  sólo ateo y propagandista; y cómo para el comunismo el fin –que no es otro más que apoderarse y mantenerse en el poder–, justifica los medios.



 

El elitismo de origen y desempeño de nuestro idioma

 

Los camaradas de aquí aseveraban que nuestra cultura era elitista. Sí, lo era. ¿Y qué? El español, el segundo idioma más hablado en el planeta, también lo es, por su origen y desempeño.

 

Desde que salió el Quijote hasta principios del siglo XX, los dos novelistas más grandes de España fueron, como lo sostiene Dámaso Alonso, Miguel de Cervantes y Benito Pérez Galdós. Quizás por eso la Inquisición nunca dejó popularizar la alfabetización, porque conocimiento es poder. O, tal vez, porque el Castellano fue el único idioma moderno que no nació por generación espontánea, sino fabricado por los príncipes mozárabes, cuando los levantinos no eran los decadentes a terroristas de hoy, y lanzaban innovaciones maravillosas como la cámara oscura, la notación decimal y El jardín perfumado, obra maestra de erotismo y sexología

 

La cultura oficial del régimen castro–madurista se caracteriza por eliminar todo escrito –e incluso pintura o película– comprometedor. Una de las acciones al respecto la inició Diosdado Cabello, retirando de las bibliotecas bajo su jurisdicción las obras de Andrés Eloy Blanco, Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos, para transformarlas en papel toilette. Ahora no siquiera pudiera hacerlo, porque las fábricas de papel toilette, expropiadas por su régimen, quebraron, y limpiarse el trasero es un lujo como sucede en Cuba.

 

Aunque mal de muchos, consuelo de tontos, quienes quieren hacerse nuevos amos del orbe, y cuentan para ello con la histeria mediática de la pandemia del coronavirus –una forma poco disimulada de domesticar a la Humanidad–; la desaparición del Chespirito de centenares de millones de televisores del mundo es una muestra macro de lo que pasó en Venezuela con la Radio Rochela y Radio Caracas TV. Lo que inmortalizó Carlos Vives en otro producto cultural, La gota fría

¿Qué cultura va a tener un indio chumeca como Lorenzo Morales? ¿Qué cultura va a tener si nació entre cardonales?

 

Muera la culturaabajo la inteligencia, no sólo fue solo un decir del general franquista Millán–Astray, sino el objetivo cumplido de esta plaga inmoral que desgobierna a Venezuela. Por lo que, Alfredo, menuda tarea te toca cosiendo tu colcha literaria de retazos.