lunes, 13 de febrero de 2017

¡Al ladrón! … ¡al ladrón!

Época fue de grandes redenciones:
El mundo de dolor estaba henchido
y en Gólgota, en sombras convertido,
se hallaban en sus cruces tres ladrones.
A un lado, en espantosas contorsiones,
se encontraba un ratero empedernido;
en el otro, un ladrón arrepentido,
y en medio el robador de corazones.
De luto se cubrió la vasta esfera;
Gestas, el malo, se retuerce y gime;
Dimas, el bueno, su dolor espera.
Y el otro, el de la luenga cabellera,
que sufre, que perdona y que redime,
se robó al fin la humanidad entera.

Enrique Alvarez Henao:  Los tres ladrones



“Si por pobre me desprecias, yo te concedo razón…”

Ayer Maduro le dijo a Henri Falcón que la MUD le desprecia por carecer sangre azul. En el programa Los domingos con Maduro señaló que falcón, durante sus 16 años como alcalde, lo hizo bien; sin embargo en sus 8 años como gobernador lo ha hecho muy mal. Henri, se fue para donde no tenia que irse, termino secuestrado por la derecha fascista y sifrina.
Al expresarse públicamente como lo hizo, Maduro demuestró que es un racista, pues, según el DRAE, al racismo se le define como–: Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive. Asimismo, su acción política también es racista, pues en enmarca como –también según el DRAE–: Ideología o doctrina política basada en el racismo.
Además de racista, Maduro también admitió ser un resentido social.
El resentimiento social proviene de un rencor profundo. ¿Hacia quién? ¿Hacia qué? Hacia Lorenzo Mendoza, Marcel Granier. Hacia quien tenga la tez blanca o los ojos azules –no la sangre, pues quien la posea de ese color, está embalsamado, como los estuvieron Stalin y Lenin–. Hacia cualquiera a quien pueda consuiderársele como victimario.
La doctora Sonia Viéitez Carrazoni relata en su artículo, La psicología del rencor, una fábula que  dramatiza claramente esta situación–: Dos hombres, víctimas ambos de injustas sentencias, compartieron celda en prisión durante varios años, soportando todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, se encontraron bastante tiempo después. Uno de ellos preguntó: – ¿Te acuerdas de los carceleros? – No, gracias a Dios, ya lo olvidé todo – contestó – ¿Y tú? – Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas – respondió el otro. Su amigo lo miró unos instantes, y luego afirmó: – Lo siento por ti. – Si eso es así, significa que aún te tienen preso (Revista Psicología – 04/02/2013).
Viéitez describe al rencor así: Es un sentimiento de enfado profundo y persistente; un resentimiento arraigado que desequilibra y enferma el cuerpo y la mente. El origen del rencor puede deberse a varias razones: insulto, abuso de confianza, engaños, ofensas, maltratos. El resentimiento se va acumulando hasta que finalmente se convierte en deseo de venganza.
Ivelisse Villegas, columnista del Listín Diario de la República Dominicana, asegura que–: El resentimiento social se manifiesta entre quienes asumen una actitud de frustración, odio, impotencia, rencor y rechazo hacia actos que, en la mayoría de los casos provienen de los poderes establecidos, públicos, sociales o  familiares.
ivelisse.villegas@listindiario.com
César Cuello Nieto, sociólogo y director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, explica que el resentimiento social surge de diferentes maneras–: A veces, escuchamos y vemos personas que se expresan y actúan de una forma agresiva ante lo que, según ellos, ha dado lugar a que su vida no sea como la desean. Ahí entra el resentimiento individual.
Según Cueto, el resentido pudo haber sido victimizado, pero su conciencia se desarrolla un condenado injustamente y, en algunos casos, se aprovecha esa circunstancia para actuar anárquicamente, como rechazo hacia todo lo que cree sea causa de su situación–: Si alguien cree que su pobreza se debe a que los ricos no le han permitido ascender socialmente, o tener a una vida más digna, inculpa a los aristócratas, oligarcas, ricos.
Cueto cree que el resentido social se detecta por su falta de estímulo, baja autoestima, carencia de metas propias, negación de la realidad, estigmatización y condenación de quienes han logrado el éxito por esfuerzo propio.  El resentimiento está presente en aquéllos que fueron dañadas a temprana edad, y que ya de adultos arrojan sus frustraciones sobre una sociedad inocente. Hay muchos resentidos si porque la concentración del poder y riqueza está en pocas manos.
El resentimiento social no desaparece con dádivas o paternalismo; eso no cura la enfermedad; al contrario, la reproduce y agrava, porque a un resentido, aunque se regale de todo, sigue siendo, psicológicamente, un inútil e inconforme. Al final, se sentirá atrapado y seguirá odiando y rechazando a quien considere culpable de su penuria y degradación humanas.
La salida no es convertir en limosnero al resentido. Lo correcto es educarlo en valores, pues no se trata de que la pobreza genere resentimiento; sino de que manera se asume dicho status. Por eso no todo pobre es un resentido. Como se decía en mi Venezuela de niño y adolescente: Somos pobres pero honrados.
La sicóloga clínica Verónica Guzmán Franco confirma que en una sociedad altamente desigual, en la que lo más importante son los bienes materiales, es muy fácil convertirse en un resentido, pues las exigencias económicas y el afán de poder, principalmente, no van de la mano con el poder adquisitivo de la mayoría–. A largo plazo, crea sentimientos de envidia, celos e inconformidad, los cuales son frecuentes en los resentidos, quienes consideran que la vida es injusta con ellos. No entienden cómo otros consiguen lo que ellos no.

“¡Caiga quien caiga!”



De ahí que el lumpen intelectual que respalda al régimen de Maduro y que respaldó al de Chávez, sigan alimentándose con el sofisma de que, la única manera de acceder al poder y atesorar riquezas, es desacatando las leyes burguesas y saqueando la botija del Tesoro.
Por eso también, frente al alud de acusaciones desatadas en América Latina por la Cantata en Re Mayor de Marcelo Odebrecht, Maduro ha declarado que los implicados en Venezuela irán presos. Lo cual me recuerda al griterío en tumulto del arrancador de joyas quien, al emprender su veloz escape con las alhajas en la mano, va gritando–: ¡al ladrón... al ladrón!; para facilitar su escape.


martes, 7 de febrero de 2017

Elogio a la pobreza como política institucional

Es un secreto a voces: Si la humanidad se propusiese como objetivo que todos tuviésemos la calidad y estilo de vida del llamado sueño americano, en el supuesto negado de que la población no creciera más allá de 8 millardos de habitantes, se necesitarían los recursos naturales de 5 planetas como la Tierra para poderlo lograr.

La receta árabe: Repartirle a todos por igual



Emir de Dubai: De 5 a 10 mil dólares mensuales sin hacer nada a sus súbditos

En otras palabras, acabar con la pobreza mundial resulta ilusorio, elevar el ingreso de los pobres sólo es posible en EEUU y algunos países del Primer Mundo, así como en naciones tribales como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes, donde una porción significativa de los beneficios petroleros se reparte igualitariamente entre sus ciudadanos por el mero hecho de serlos, y sin demandar contraprestaciones a cambio. Hablo hablando de sumas mensuales que oscilan entre 5 y 10 mil dólares estadounidenses per cápita.

La receta sueca: El modelo de Bernardotte

En la Unión Europea la inclusión social es diferente. El Estado actúa según el modelo creado por Jean-Baptiste Bernadotte, coronado Rey de Suecia y Noruega como Carlos XIV, y que puede resumirse así–: Tanto mercado cuanto sea posible, tanto Estado cuanto fuere necesario.
Bernardotte fue plebeyo en su infancia, revolucionario durante sus mocedades y mariscal de Francia justo al perder el bozo. Hizo que le eligiesen Rey en su nación adoptiva, y creó uno de las naciones socialmente más equitativas y tecnológicamente más avanzadas del mundo.
Suecia fue, por siglos, un Estado militarista, ocupado en conquistar tierras vecinas, hasta que el ejército ruso de Alejandro II conquistó Umeå, a 150 millas de Estocolmo, derrotó a los descendientes de Eric El Rojo y les hizo firmar una paz infamante, que incluyó la pérdida de Finlandia y de las islas Aland, habitadas por suecos desde tiempos inmemoriales.
El responsable del desaguisado fue Gustavo IV, un monarca chauvinista, avaro y supersticioso, que consideraba la Revolución Francesa como un insulto moral, proscribió a los enciclopedistas e identificó a Napoleón como El Anticristo.
El reyecito no comprendió que, al haberse mudado la capital imperial de Moscú a San Petersburgo y fundarse Kronstad sobre el golfo de Finlandia, Pedro el Grande había colocado el filo de su espada sobre la yugular sueca.
Visto su pobre desempeño, el alto mando defenestró a Gustavo IV, en 1809, y colocó en el trono a su tío, Carlos XIII, un anciano sin hijos.

Napoleón destierra a Bernardotte

En 1809, Napoleón envió al exilio dos de sus cortesanos más queridos y temidos: Paulina -–su hermana–, ninfómana incurable cuyos escarceos eran la comidilla de todo París, y Bernardotte, empeñado en moverle el piso.
Bernardotte nació en Pau, Francia, en 1763. Napoleón le ascendió a general, en 1804, y, posteriormente a mariscal. Se destacó como estratega en Austerlitz, Austria, en 1805, donde obtuvo el título de Príncipe de Pontecorvo. Venció a los prusianos, en varias batallas, entre 1806 y 1807.
Bernardotte arribó a Suecia el mismo año de su destierro. La anomia política generada por la destitución de Gustavo IV facilitó –mas no puede explicar– su ascenso meteórico al poder, pues, a finales de 1810, ya era Ministro de la Guerra, y, en 1818, fue coronado Rey.
Durante su breve período como príncipe heredero, se negó a implicar a Suecia en los planes de Napoleón contra Gran Bretaña. Después, combatió a sus propios paisanos y les venció en Leipzig, en 1813. Obligó a Dinamarca a cederle Noruega, en 1814. Para derrotar a Napoleón, se alió con los rusos. Después de vencer al Mariscal Ney –su maestro en el arte de la guerra– en Leipizig, en 1813, lejos de regresar a París, se fue a Copenhague, donde volvió a imponerse sobre los franceses en 1814.

Gobierno oligárquico, próspero y pacífico… ¡de inclusión social!


Jean-Baptiste Bernadotte, fundador de la nueva dinastía sueca

Su reinado fue próspero y pacífico. Fundó de la familia real sueca Bernadotte, en compañía de su cónyuge, la Reina Desirée –hija de un próspero comerciante marsellés–. Hizo un gobierno oligárquico, conservador, de derecha; pero pacífico, tolerante y de gran progreso para la mayoría de sus conciudadanos.
No se inspiró para nada en la Revolución Francesa ni en el reparto de tierras a los pobres –medida que acabó con la productividad agropecuaria y causó hambruna endémica en Francia, el país con la capa de humus más profunda del planeta–; sino que se basó en la Revolución Industrial, que duplicó la esperanza de vida y le brindó la medicina, el transporte y el confort de hoy.
En 1822 decretó la gratuidad y obligatoriedad de la educación, extendida hasta la universidad, pero sólo para quienes mantuviesen promedios de excelencia –mientras menos inteligente o más flojo fuera el alumno, más pagaba por su instrucción–. Captó a los mejores científicos y humanistas de Europa, instalándoles en Upsala, la primera ciudad universitaria del mundo. Para enfrentar a la subversión, reenfocó su prioridad en el auxilio social, creando el Estado de bienestar, una política que se mantiene hasta hoy y ha sido adoptada por el resto de los miembros de la Unión Europea.
Estas iniciativas no sólo le ofrecieron a Suecia ciencia y tecnología para el  futuro, sino que la hicieron una de las naciones más avanzadas del mundo, donde prevalecen desde entonces la justicia, la democracia y el respeto a los derechos humanos.
A la muerte de Bernardote, le sucedió su hijo, Oscar I quien, motivado por el gap generacional, fue hechizado por las sirenas del liberalismo. Oscar cerró las cooperativas artesanales y agrícolas y las reemplazó por cámaras de industria y comercio, permitió la libre importación y disminuyó los gravámenes al comercio, creó el IVA y decretó la economía de mercado.
Entre 1866 y 1900, la aplicación a ultranza del economicismo generó una estanflación pavorosa, cuya consecuencia directa fue el éxodo de 850 mil jóvenes –1/5 de la población total–, que migró para subsistir, especialmente a EEUU. Tras casi un año de confrontaciones, Oscar rectificó y enderezó el rumbo económico.
A comienzos del siglo XX, Suecia volvió al boom y, pese a que la crisis de los años treinta la afectó, fue uno de los primeros países en salir de ella, gracias a su neutralidad, autosuficiencia alimenticia, demanda mundial por sus inventos, patentes y productos de alta calidad y democracia modelo
.
El milagro sueco

Pese a que sólo cuenta con poco más de 500 mil cuadrados e extensión – la mitad de Venezuela– y menos de 9 millones de habitantes, Suecia ha desarrollado durante el Siglo XX inventos, innovaciones y cultura a granel. La siguiente lista una pequeña parte de dicho legado:
Ciencia
Escala de temperatura del sistema métrico decimal, Anders Celsius; Dinamita – TNT– Alfred Nóbel; taxonomía de las especies, Carl von Linné; Bioquímica de los alimentos, Theodor Svedverg; exploración, clasificación mineralógica  y levantamiento topográfico del Ártico, Nils Nordenskiold; radiotelefonía y telecomunicaciones,  Lars Magnus Ericsson.
Artes


Grupo Abba: Cool–pop para el mundo

Música popular, Grupo Abba; dirección cinematográfica; Ingmar Bergman; actuación, Greta Garbo, Ingrid Bergman y Max von Sydow; literatura, Astrid Lindgren y Selma Lagerlöf.
Deportes
Björn Borg, Stefan Edberg y Mats Wilander, tenistas; Ingemar Stenmark, Gunde Svan, esquiadores; Sven Göran Eriksson y Gunnar Nordahl, futbolistas.
Tecnología


Prototipo lancha Lexus 2017, con patas marinas Penta Volvo

Brazo que transforma cualquier motor en marino, motores de la NASA para la exploración del espacio Volvo, turbinas y estándares de mantenimiento para la aviación civil y la flota militar de la NATO, Volvo; carros que ruedan 300 mil kilómetros sin rectificación y motores que funcionan con hidrógeno, Saab; muebles modulares de teca, IKEA.
Gastronomía
Aguardientes 100% libres de tóxicos – aquavit y vodkas –; Absolut; el buffet que se sirve en todo el mundo –smörgåsbord o plato nacional sueco–, barbacoa –inspirada en el asado de los asaltantes de caminos–; piscicultura de salmones, truchas, lisas y arenques para su producción; elaboración y conservación de carne de cerdo.
Asimismo, lanzamiento de los Premios Nóbel, la liberación sexual femenina y la igualdad de oportunidades de trabajo por género.
Si Jean-Baptiste y su esposa, la Reina Desirée –hija de un comerciante marsellés de textiles– doquiera se encuentren, pudieran regresar al ahora, conocer a sus descendientes y ver lo que Suecia ha logrado, con tan poca gente y a tan breve plazo, se llenarían de orgullo y gozo, recordando como la mejor decisión del Mariscal fue envainar la espada, haciendo el amor y no la guerra.

El inservible y bochornoso populismo



Evita y Juan Domingo: Precursores de Hugo Rafael y Nicolás

En lugar de hacer como los árabes y los suecos, la Inquisición y los movimientos marxistas y populistas, decidieron mantener el oprobio y la vergüenza de la pobreza para adquirir poder y atesorar riquezas.
A tal efecto los jesuitas, insignes docentes y catequizadores, fueron expulsados de España y sus dominios coloniales por negarse a esclavizar a los aborígenes y considerarlos como súbditos del Rey de España. La Inquisición sólo permitió en América que los españoles y criollos encumbrados tuvieran acceso a la educación.
En la URSS, más allá del primero y segundo niveles, la formación superior se dividió en dos categorías: una, científica y tecnológica, reservada a la élite conformada por los hijos de los militantes comunistas más destacados; otra, para desarrollar comisarios y propagandistas políticos. La ciencia y tecnología soviética se consagró, después de 1945, a la invención y fabricación de recursos para liderar la carrera armamentista a EEUU.
Otros populistas, como los latinoamericanos, crearon una población gigantesca de pedigüeños que, a su vez, promovió el éxodo campesino y la formación de villas miserias en los márgenes metropolitanos. Así surgió el fenómeno antropológico y sociológico del marginal, sin familia, sin ley y con exigua o ninguna educación. Eva Perón consiguió el apoyo para su movimiento, el justicialismo, y para su marido, entre los descamisados. Hugo Chávez hizo lo mismo para su Socialismo del II Milenio –o comunismo de la IX Internacional, o Foro de Sao Paulo– invitando a los marginales a robar para obtener lo que necesitaban y, una vez en el poder, echándoles los restos del festín de la cúpula . Además, tuvo el tupé de asegurar, mientras él y su familia se llenaban los bolsillos a reventar con el saqueo a la botija, que, según el cristianismo–: Ser pobre es bueno, ser rico es malo.
Creo que, en estos momentos de cambio, es preciso que revisemos los conceptos de culpabilidad con los cuales nos criaron. Sobre todo el de la bondad de la pobreza. Ser pobre no tiene nada de bueno, es una indignidad, una debilidad extrema la cual se aprovechan quienes quieren empoderarse rápidamente, llámense religiosos o demagogos. Desde aquí, rechazo y denuncio al elogio a la pobreza como política institucional.



miércoles, 1 de febrero de 2017

Cuando un burro rebuzna, los demás se callan
(como Carta abierta a Carlos Alarico Gómez)

Como en un teatro de marionetas
buscan la teta para mamar:
generales, coroneles,
sinvergüenzas que no quieren trabajar.
Bandera tricolor
que en Venezuela está,
¡abajo el continuismo,
viva la legalidad!

Canción anónima  de la Guerra Federal




Federavén: Los generales triunfantes

Hola, Carlos.
Perdona que apele a ti por este medio.
Eres el historiador con quien mayor afinidad siento. Además, fuiste mi compañero profesor universitario por casi 10 años, estás graduado en Comunicación Social, presides la Sociedad de Escritores de Venezuela y organizas estupendas conferencias, tanto en el auditorio del Urológico San Román como en la Escuela de Enfermería de San Bernardino: eventos en los cuales se incluyen, algunas veces, conciertos e intérpretes memorables.
Te invito a ocuparte de Ezequiel Zamora, quien surgió durante la única guerra civil y también la más costosa en pérdidas humanas para Venezuela: más de 175 mil bajas – campesinos en su mayoría– en una nación con menos de 50 años de independencia, que no llegaba a los dos millones de habitantes. Guerra por demás injusta, innecesaria e insensata, en una nación empobrecida por la Independencia, diezmada por la malaria y otras enfermedades tropicales, con una merma de 2/3 de su población desde el primer decenio del Siglo XIX.
Desde luego, 175 mil personas abatidas parecen una cifra bien modesta hoy, cuando en el 2016 y según las ONG Foro Penal y Observatorio Venezolano de la Violencia, que cuentan y suman de víctimas caídas en atracos, hurtos y ajustes de cuentas, en el país superamos los 500 mil homicidios durante 18 años de régimen chavo-madurista; un total equiparable a de los fallecidos en Hiroshima y Nagasaki durante el bombardeo nuclear con el cual el presidente Harry Truman puso fin a la II Guerra Mundial.
Al pedirte, como amigo y profesional enfocarte en el guerrero que hiciera su debut, presentación y despedida en la Batalla de Santa Inés, te ruego lo hagas con pies de plomo –no sólo en sentido literal–, pues el inquilino temporal de Miraflores va a demandar al diputado Henry Ramos Allup, considerando su declaración de ayer sobre Zamora como un ataque grotesco, grosero y asqueroso, ya que el régimen pareciera haber decidido nominar al líder liberal a partir de hoy como uno de los próceres de la nación, quizás por encima del propio Bolívar y su maravillosa cohorte de 1810.
Lo que sigue no lo escribo para ti, que te lo sabes de memoria, sino para el resto de mis seguidores.
El 24 de enero de 1846, una turba de liberales  invade el Congreso Nacional de Venezuela. Los colectivos de entonces dejaron allí muertos a los diputados José Antonio Salas, Juan García y Francisco Argote; así como a los ciudadanos Julián García, Manuel Alemán y Santos Michelena,  a quienes apuñalearon. El Presidente Monagas llegó al hemiciclo cuando se recogía los cadáveres.
Posteriormente, se condenó a la pena de muerte, entre otros, a Ezequiel Zamora, llanero y partidario del liberalismo. Antes de ser ejecutado, se le conmuta la pena y, más adelante, se le da libertad plena. Zamora se queda, mansito, esperando su oportunidad por ahora.


Ezequiel Zamora: Debut, presentación y despedida

La historia le describe como un personaje de pocas luces, pero con una gran capacidad para comunicarse con la gente de pueblo abajo, lo cual lo proyectó en la Guerra larga o Guerra de los cinco Años, donde se enfrentaron los conservadores y liberales en la Venezuela del siglo XIX.
A los primeros se les llamaba impropiamente oligarcas, no porque realmente lo fueran –según José Gil Fortoul, había oligarcas en ambos partidos– , sino porque  oponían, entre otras medidas, al voto de los analfabetas y promovían la liberación de los esclavos –la cual Zamora adversaba tenazmente–.
Los liberales proclamaban ideales de libertad –mas no para los esclavos– e igualdad. Además, reclamaban la autonomía de las provincias entre sus reivindicaciones principales.
El primer enfrentamiento, la Batalla de Santa Inés (10/12/1859) terminó en victoria para los  liberales, capitaneados Zamora. Fue un resultado que les permitió extender su  el dominio sobre los llanos y preparar el avance hacia el centro del país. En dicha batalla peleó Maisanta, no el de la lista, sino el pariente de Chávez.
En seguimiento de la ofensiva, las tropas liberales bloquearon San Carlos en enero de 1860. El asedio duró una semana, y terminó con la muerte de Zamora y un elevado coste militar para su ejército. Por lo puede inferirse, la carrera de Zamora fue más bien corta. Tras su deceso, Juan Crisóstomo Falcón se acercó a Valencia  para ocuparla, en lo cual falló, por lo que huyó al Estado Apure.
En 1860, en la Batalla de Coplé, la suerte se viró a favor de los conservadores bajo el mando de León Febres Cordero. El error del general merideño fue desaprovechar la retirada masiva de los liberales, sin infringirles mayores bajas ni apoderarse de sus armas, bestias y pertrechos.
Falcón dividió a su ejército en guerrillas para que operaran en varias regiones del país, y se encaminó, primero a Colombia y luego a otros países del Caribe, solicitando dinero, insumos y refuerzos. La guerrillas no funcionaron nada bien, y en varias oportunidades combatieron en contra las propias tropas liberales. ¿Se te parece en algo, Carlos, esta porción del pasado venezolano, a los pleitos entre los colectivos y las fuerzas armadas del régimen narco comunista?
Pese a todo, el ejército liberal, ocupando y saqueando hatos, practicando el abigeato, el robo de bienes, la violación y reparto de tierras a mansalva, comenzó a crecer y a nutrirse con nuevos prosélitos, apertrechados con el armamento y otros recursos conseguidos por Falcón, quien ya había regresado en julio de 1861.
Donde hubo guerra, muchas hectáreas de tierras productivas quedaron calcinadas o simplemente se abandonaron por falta de mano de obra. La Federación destruyó la economía agropecuaria, pues actúo sobre todo en los llanos, centro de la ganadería venezolana. La producción agropecuaria cayó a niveles aún menores a los de finales de la Independencia, al perderse más de 7 millones de reses.
Las exportaciones se fueron al subsuelo, y la deuda externa se incrementó en casi 159 millones de pesos, equivalentes hoy a unos US$ 10 millardos. La zona andina, que se había liberado de los combates, pudo así desarrollar los cultivos de café y el algodón como recursos alternos para el comercio internacional.
Finalmente, en diciembre de 1862, el gobierno y la oposición sostuvieron infructuosos diálogos de paz. Empero, la hecatombe económica desatada por la guerra, aunada a los triunfos finales de los liberales, obligaron al gobierno a buscar una solución negociada, consagrada en el Tratado de Coche, en abril de 1863.
Al analizar los resultados de la Federación, José Gil Fortoul asevera–:
Digamos, por último (mirando ya al futuro para ver cómo se prolongan los errores o desgracias del pasado), que la libertad pública garantizada bajo las presidencias de Vargas y Soublette, la cual nunca se fundamentó sobre bases sólidas, fue disminuyendo, desapareciendo en ocasiones, lo mismo durante la oligarquía liberal exclusiva (1848 a 1858), que en tiempos de la alianza de liberales y conservadores (1858 a 1861), en su aditamento de dictadura (1861  a 1863); y ello pasó pese a las leyes con reformas tan radicales como la emancipación de los esclavos, la abolición de la pena de muerte por delitos políticos y el sufragio universal.
La evolución social y económica continuó siendo muy lenta, a veces retrógrada, sin duda porque la oligarquía, tanto conservadora como liberal, preocupada especialmente por cuestiones  de  doctrinarismo  político, desdeñó la obra previa de transformar la Constitución en lo  social, corrigiendo sus hereditarios defectos del régimen colonial y curando sus vicios crónicos; y no vio por tanto, que la libertad antes que una fuerza iniciativa es una resultante, una consecuencia de  la vida nacional, cuando ésta se siente ya empoderada por una población  numerosa, próspera por el comercio y la industria, fecunda por las ideas y enseñanzas que el libro, el periódico y la escuela derraman a diario sobre todas las clases sociales, dueña de la explotada riqueza de su territorio, consciente de su capacidad para labrarse a sí misma un porvenir[1].



"¡Sáquenme de aquí!"–: pareciera implorar Platero

No quiero, Carlos, hacer este texto demasiado largo. Pero sí recalcar la importancia de que gente como tú, en esta aciaga hora de la República, actúen para salvarla. Aunque sea como guerreros de escritorio, categoría de la que me enorgullezco.
La Revolución Cultural de Mao Zedong se inició hace ya tiempo en Venezuela. Comenzó con la toma y ocupación del Ateneo de Caracas y el sometimiento de las obras de artes plásticas al quid pro del Comisario, digo, Ministro de la Cultura antes de su envío a concursar al exterior. Está plasmada en los libros de Primaria, redactados por ideólogos cubanos. Y, al final, los escritores no contestes terminarán como en Pekín y La Habana, apaleados y emplumados.
Piénsalo, Carlos, pues hemos escuchado un rebuzno, y–: Cuando un burro rebuzna, los demás se callan.


[1] José Gil Fortoul: Historia Constitucional de Venezuela (Tomo II), P. 314–315, Editorial Las Novedades, Caracas, 1942.