lunes, 28 de marzo de 2016

Auge y miseria de una leyenda urbana

Tu destrucción se gesta en la codicia
de esta sed, toda tacto, asoladora,
que deshecha, no viva, te atesora
en el nimio caudal de la noticia.
Te miro ya morir en la caricia
de tus ecos, en esa ardiente flora
que, nacida en tu ausencia, la devora
para mentir la luz de tu delicia.
Pues no eres tú, fluente, a ti anudada.
Es belleza, no más, desgobernada
que en ti porque la asumes se consuma.
Es tu muerte, no más, que se adelanta,
que al habitar tu huella te suplanta
con audaces resúmenes de espuma
José Gorostiza
I
Carlos Raúl Hernández es un opinático de oficio que se ha hecho fuerte en El Universal, tras la venta de dicho periódico a una empresa de maletín en España, negociado que aún investiga la justicia ibérica, pues los compradores, presuntamente, compraron a éste y otros medios para lavar dinero procedente del narcotráfico en Venezuela.
No es que Hernández nos escribiera antes en El Universal. Lo viene haciendo desde hace décadas. Lo que sucede es que, cuando sus colegas fueron echados por la nueva administración, o renunciaron por vergüenza profesional, el fablistán se quedó y acentúo su agresión contra los opositores al régimen castro comunista que no concuerdan con la línea editorial. Hace dos o tres domingos los denominó: Intelectuales mentecatos. Analicemos su descalificación
1.    Intelectual es quien se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad, y comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando cierto estatus de autoridad ante la opinión pública como creador o mediador, para defender propuestas o denunciar injusticias concretas, además de difundir o propagar ideologías y realzar valores (Wikipedia).
2.    Mentecato es un adjetivo que describe a alguien de escaso entendimiento o juicio. Un mentecato, por lo tanto, es una persona tonta, poco inteligente o privada de razón. Proviene de la yuxtaposición latina “mente captus”, traducible como “tomado” o “privado de mente”, es decir, con la mente capturada o presa y que no es, por tanto, capaz de emplearla con normalidad. Mentecato, por lo tanto, es sinónimo de tonto, necio, idiota, estúpido cretino. Implica, cuando menos, un insulto o de, al menos, una palabra agresiva y despectiva (DRAE, entre otras fuentes) .
¿Qué es lo que tanto mortifica a Hernández para crear una frase falta de coherencia que hace dudar hasta de su propia cordura? ¿A un Hernández que tan cuadrado estuvo con el revocatorio apañado por James Carter y César Gaviria que legitimara a Chávez tras el Paro Cívico 2012-2013, que lo había llevado groggy contra las cuerdas? ¿A un Hernández que felicitaba dominicalmente a la MUD cuando no  parecía pegar una y, más bien, se quedaba muda frente al sacrificio de 70 manifestantes que protestaban contra el oprobioso gobierno del ilegítimo neogranadino?
II
Como me enorgullezco de pertenecer a la legión de intelectuales mentecatos  despreciada por Hernández y los amos de la rotativa que publica sus  desvaríos, voy a intentar comprender qué le pasa a este caballero.
La mayoría siempre supo hacia dónde iba Chávez y hacia donde va Maduro, y creyó que, en algún momento, merced a la voluntad divina Dios o a una Mano peluda, terminarían estrellados.
La viabilidad de Chávez y Maduro sólo han posibles sido gracias a la ignorancia supina y masiva del pueblo, no sólo del que los respalda sino también al quienes los han adversado los adversa y se han lavado las manos.
Al déficit del liderazgo opositor y la mediocridad oficialista, corresponde un lumpen intelectual que abarrota los cargos administrativos y obtiene las más codiciadas canonjías: las del Ejecutivo, los demás poderes (con excepción de la Asamblea), las gerencias públicas y sus contratos. Los narcosoles, bolichicos y boliburgueses.
Una descripción exacta del comportamiento boliburgués aparece en La nueva clase, escrita por el ex vicepresidente yugoslavo Milovan Djilas (1957), donde desenmascara la podredumbre moral del régimen comunista de Josip Broz Tito. La publicación de esta obra Occidente le costó a Djilas 10 años de reclusión en las mazmorras penitenciarias de Belgrado.
A Chávez/Maduro no los han sostenido únicamente La chequera que camina por América Latina, el lobby petrolero de Estados Unidos, los tarifados de Hollywood, el apoyo panfletario de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique  o las infelices declaraciones de algunos trasnochados izquierdistas europeos, quienes desestiman a Iberoamérica y la consideran como paisajes donde se veranea, se negocian comisiones bajo la mesa o se satisfacen perversiones sexuales, mas nunca hay para qué tomarla en serio.
Chávez y Maduro se levantaron desafiantes sobre esa dilatada laguna de la desinformación colectiva, infinitamente más extensa que Camaguán en invierno. Y encubrieron con ella su propia superficialidad y limitaciones, aderezadas con una retórica incongruente. Como aseguraba Arturo Uslar Pietri, Chávez es de una ignorancia delirante. Y eso que le faltó escuchar a Maduro como presidente.
III
La imagen pública de Chávez se construyó manipulando y distorsionando a un pueblo inculto y desprovisto de identidad nacional: Las personas de bajo nivel cultural, que constituyen la masa de telespectadores, tienden a tomar partido por las ideas o personajes cuya imagen luce triunfadora…, lo cual se denomina Bandwagon effect.  El éxito mediático de Chávez basó en el modelo de poder (Modellmakt): Quien salta a la palestra pública con ideas y conceptos agresivos y novedosos, determina la pauta a seguir por sus competidores, los que caen en el juego estratégico del enemigo, a veces inconscientemente y otras no tanto.
Fue un traje hecho a la medida de Chávez, no de Maduro, que ocupó originalmente el supuesto nicho de la exclusión social, logrando que sus opositores se enredaran en la maraña y reaccionaran automáticamente contra su discurso oficialista, sin analizarlo y evaluarlo previamente.
Al proceder así, equivocada y persistentemente, los adversarios de Chávez fueron percibidos como débiles, inconsistentes e incongruentes y, de paso, le otorgaron el modelo de poder en bandeja de plata.
El discurso de Chávez nunca se centró en el contenido sino en su presencia, autoridad y carisma, expresados de una manera y con un estilo devastadores. Carlos Blanco, uno de los articulistas políticos más sagaces del país, hoy también excluido de El Universal, puso el dedo en la llaga de la verborrea chavista: El discurso opositor luce, a veces, similar al del régimen. No se trata de traiciones, sino de la asimilación del discurso ajeno en el propio, como por contagio, debido al efecto de la dominación ejercida. El Gobierno habla por su propia boca y por varios de los que se le oponen que, carentes de discurso, apelan al que tiene popularidad. El razonamiento es sencillo: Si Chávez es popular y de este lado se quiere comunicar con el pueblo, nada más natural que adoptar visiones extremas del Comandante. 
Chávez unió el Bandwagon effect y el Modellmakt a la Teoría de la espiral del silencio (Elisabeth Noelle-Neuman), quien categoriza la Humanidad como animales sociales, marcados por un temor genético profundo al aislamiento, y por lo tanto carentes del valor necesario para vivir en soledad. Para ella: El ser humano es muy sensible y reactivo a las ideas en boga, las que ascienden en espiral y, asimismo, a las que pasan de moda o descienden: Si se siente que una opinión asciende, será expresada con toda franqueza. Si se siente que desciende, se la reserva.
Fue la razón por la cual la oposición fue quedando sin argumentos, pues, Cuando una idea o una ideología predomina en los medios, la disidencia se calla y se repliega sobre sí misma.
Los ademanes de Chávez transmitían mensajes muy claros a los espectadores: Gestos muy amplios y dramáticos, alto volumen, dicción perfecta, no se queda callado… Saludo cercano, pero rápido, de tres palmadas. La primera significa, ¡qué bueno que estés aquí; la segunda, te reconozco; la tercera, abandona mi espacio pues hay mucha gente y si podrían creer que te estoy traspasando mi poder. Un abrazo de frente significaba compromiso con el receptor; de lado, calidez. La personalidad de Chávez llegó a hablar mediante su corporalidad.
En la aurora del régimen chavista, los principales medios internacionales adoraban  esta gestualidad. John Lee Anderson, de la revista The New Yorker vino expresamente a construir un perfil de Chávez.  El Financial Times destacó a un corresponsal de primera en el país, Andy Web Vidal; lo mismo hicieron The Washington Post (Scott Wilson) y The Wall Street Journal  (Marc Lifsher).  Los medios locales también mordieron el cebo y aún recios adversarios a Chávez, como Teodoro Petkoff y Rafael Poleo, apostaban a que su gobierno tendría un final feliz, un sofisma que hizo demasiado daño.
Como le sucedió a Mussolini, Hitler y Stalin, Muerto el perro se acabó la rabia.
La resonancia cognitiva del ciudadano de a pie no devino de la paranoia mediática creada por Chávez, si no de los cobres y otros favores que les entregó.
La alternativa democrática no vino de la agudeza de la oposición tolerada, si no de la persecución política, convertida en terrorismo judicial, contra Leopoldo López, Manuel Rosales, Carlos Ortega. Del desmantelamiento físico y  presupuestario de la Alcaldía de Caracas y el nombramiento de Jacqueline Farías, para amarrarle las manos a Antonio Ledezma. Del acoso contra los ex gobernadores Henrique Salas Feo y César Pérez Vivas. De la negativa a extenderle salvoconducto a Nixon Moreno, quien finalmente debió huir de ella y pasar a la clandestinidad  al enterarse de que los camisas rojas planeaban un atentado contra su vida.
Venezuela no es Cuba, aunque cada día se le parece más, ni  Maduro es Chávez, aunque quisiera ser como él. A Juan Vicente Gómez se le temía y respetaba.  Marcos Pérez Jiménez infundía pavor.
Según Manuel Caballero: Chávez nunca inspiró miedo ni respeto, pues nunca actúa de frente ni se responsabiliza por sus propias decisiones. Amenazaba, simplemente, y después les dejaba el “trabajo sucio” a los fiscales, jueces y grupos militares y mafiosos afectos. Tampoco al pueblo le intimidaban su Fuerza Armada y Milicia, pues percibe a estos contingentes como organizaciones con fines de lucro, a cuyos negociados sólo les faltaría legitimarse con  alguna sentencia que el TSJ aprobase.
IV
Lo que aterran al hombre y la mujer comunes son problemas más concretos, urgentes y cotidianos: la escasez de alimentos básicos y medicinas para su sustento y salud, la inflación galopante. Que sus hijos deserten de la educación o sus hijas sean violadas por algún guapetón de barrio. Perder sus empleos porque la empresa privada donde laboran baje su santamaría, o porque algún chivato les denuncie como enemigos del régimen. Morir en un atraco, un robo, un secuestro, un cruce de disparos entre colectivos, el hampa común, los cuerpos de seguridad o grupos paramilitares como La Piedrita; triste destino de más de 125 mil personas, contabilizadas hasta el tercer trimestre del 2015, en crímenes violentos ocurridos desde 1998.
Es el miedo de cada día, no a lo desconocido, sino a lo observado cuando salen y regresan a sus hogares, encienden sus radios y televisores, escuchan en bocas de amigos, vecinos y familiares. Es un largo metraje de terror que nunca termina, ni siquiera al dormir, pues sigue como pesadilla.
El miedo es un sentimiento, en otras palabras, forma parte del hardware o software de arranque del ser humano. Hay muchas maneras de superarlo, pero la más efectiva, por automática, proviene del instinto de la supervivencia: Hasta la bestia más mansa lanza un zarpazo cuando se ve acorralada.
El juego-miedo, desarrollado en Venezuela por más de 17 años, tiene dos polos: El acorralamiento (económico, político, jurídico, social, delictivo) y La dosificación de la muerte para los enemigos del proceso. El 11-A hubo 19 víctimas fatales y más de un centenar de heridos, ninguno de ellos militar. Fue una orden implacable del Sombrerero Loco, personaje clave de Alicia en el País de las Maravillas: ¡Qué le corten la cabeza! ¿A quién? A sus enemigos, a  los que no piensan como él. Si se quedara solamente en la narrativa de Lewis Carrol, no habría por qué preocuparse. Pero lo que sucede por estas calles no es ficción, sino  una bestial realidad que supera cualquier fantasía.
Henry Ramos Allup, Presidente de la Asamblea Nacional, declaró ante la atribulada periodista Carla Angola y su acongojada teleaudiencia, conmovidas hasta los tuétanos por la abominable sentencia de la jueza Marjorie Calderón contra los comisarios y policías criminalizados por el Estado como responsables de las bajas del 11-A, que: Los dirigentes de oposición tenemos que caminar con pies de plomo, para evitar que se les tildara de golpistas en los corrillos internacionales.
Me habría gustado ver a Charles De Gaulle o  Leonardo Ruiz Pineda si algún dirigente opositor, durante los gobiernos de Pétain o Pérez Jiménez, les hubieran sugerido, como propone ahora a los venezolanos Carlos Raúl Hernández, ofrecer la otra mejilla, tras haber sufrido una avalancha de balas, perdigones y lacrimógenos.
Aún Mohandas Karamchand Gandhi, pionero del pacifismo en el Siglo XX, tuvo que cargar con el karma de más de 650 mil muertos antes de concretar su sueño independentista. Y él mismo murió abaleado, en 1948, víctima del fundamentalismo.
V
La resonancia cognitiva como arma ideológica se sustanció en un documento de amplia difusión al inicio del régimen: La reunión de circunstancias y hechos favorables al actual tránsito pacífico no quiere decir que esta coyuntura sea eterna e inmutable. El tránsito pacífico o violento de la revolución depende de factores objetivos y no exclusivamente de la voluntad de la dirección revolucionaria. La vieja política cohabita con la V República, pero no la acepta voluntariamente, es una cohabitación forzada por su derrota y debilidad, por su actual inferioridad de fuerzas. La vieja política genera constantemente contrarrevolución para desestabilizar el proceso de cambio. Nadie puede jurar que los viejos factores de poder no sean tentados por la desesperación y la aventura, lo que obligaría a la dirección revolucionaria a enfrentarlos en otros terrenos. 
De ahí viene la famosa frase: ¡Vienen por mí!  Y la actitud ambigua de Chávez cuando Raúl Castro le pillara en flagrancia, a comienzos del 2009, conspirando con los defenestrados y auto criticados Felipe Pérez Roque y Carlos Lage, según aseguró el ex Canciller mexicano Jorge Castañeda a la Revista Newsweek.
En cuanto a la disonancia cognitiva para fracturar a la oposición, Alberto J. Vollmer, perteneciente a una de las más antiguas, distinguidas y pudientes familias venezolanas, sostiene: Los robos y atropellos perpetrados contra el patrimonio nacional, [...] no lo han sido sólo en materia económica, sino que hemos permitido que nuestro patrimonio moral haya sido vulnerado en forma significativa. Los miles de millones de bolívares que se robaron miles de pícaros, a quienes todos conocemos en Venezuela, son nada en comparación con el deterioro sufrido por el país en su tesoro ético, heredado de nuestros libertadores y mantenido por las generaciones anteriores. Se ha [...] permitido que se haya robado y despojado a la confianza, a la esperanza, a la cultura y a todos los demás valores de nuestra tradición y nacionalidad... 
Horacio Martínez complementa tal concepto: En la disonancia cognitiva interviene el factor Romeo y Julieta. La tragedia ocurre porque Capuletos y Montescos se oponen a su relación. Los amantes, en fuerte compensación a dicha oposición, rompen las reglas y valores, y tal acción les cuesta la vida. Lo que pudiera ser enunciado como una Ley de Newton psicológica: a una fuerza dada, se le opone otra de igual magnitud y dirección divergente, o, dicho de otra forma, una reactancia psicológica. La moraleja del drama consiste en que, cuando la persuasión fracasa no solamente dejan de pasar cosas, sino que, a veces, se producen conductas opuestas y de igual intensidad a las propuestas, cuyos resultados son catastróficos. 
León Festinger sostiene que en la mente toda persona puede distinguirse conocimientos o cogniciones, esto es, todo lo que sabe sobre sí misma, su conducta y circunstancias; y que algunos de estos elementos pudieran ser contradictorios, no sólo lógica sino psicológicamente.
Ofrece el ejemplo de que si sé que el semáforo debe ser respetado, al saltarme la luz roja estoy contraviniendo mi propio compromiso. A estas contradicciones Festinger, las denomina disonancias cognitivas. Cuando se presentan, el individuo se obliga, para su propia protección,  a minimizarlas: No le pares, al fin y al cabo, ¿quién no se salta un semáforo? Esta elaboración implica un cambio en su conducta, si es posible. Y si no lo es, lo cual ocurre en muchos casos, le induce a modificar sus conocimientos, o la revaloración de las mismos.
Para Dick Morris, romper un compromiso es como renunciar al alcohol: Quien lo hace, enfrenta un conflicto permanente entre su sed interior y la obligación de abstenerse. Por eso, el que quiera reposicionarse deberá luchar contra la conformidad y la rutina, y afirmar su determinación de abrir una nueva senda.
VI
La tercera pata sobre la cual el régimen castro-narco-madurista se afianza es la corrupción. Sin normas ni tribunales que penalicen a los corruptos de manera contundente, eficaz y ejemplar, o que sólo se activen contra los disidentes del régimen, tampoco existe presión social para que los chavistas se porten bien, y más bien priva lo que el poeta Juan Liscano llamó Instinto al botín.
En tal entorno, el fetichismo del oro se impone sobre cualquier considerando, la sociedad se muestra totalmente permisiva ante al comportamiento antiético y, más bien, lo considera parte de su idiosincrasia: El crimen sí paga; no me den, pónganme donde haiga; en este gobierno, el que no roba es un pendejo.
Ortega y Gasset no sólo reivindica a los valores éticos, sino que los considera perennes: Parece lo más verosímil que sea el dinero un factor social secundario, incapaz de inspirar la gran arquitectura de la sociedad. Es una de las fuerzas principales que actúan en el equilibrio de todo edificio colectivo, pero no es la musa de su estilo tectónico. En cambio, si ceden los verdaderos y normales poderes históricos -raza, religión, política, idea-, toda la energía social vacante es absorbida por él […] el dinero no manda más que cuando no hay otro principio que mande.
De ahí que los comunistas venezolanos hayan logrado, en un porcentaje significativo de la población, la ruptura definitiva con el compromiso ético y la consistencia o validación del mismo que la sociedad venezolana estableciera desde sus inicios republicanos, gracias entre otras perversiones, a la oferta implícita de enriquecimiento e impunidad para los que estén con el proceso.
Esto se  evidencia dramáticamente en la formación de mega-carteles oficialistas y mafiosos, los cuales se reparten todo lo que el país produce, lícita e ilícitamente:
1.    El más peligroso es el de Los soles, que, según la DEA, maneja la droga y las aduanas. A él se le atribuye la muerte del periodista Orel Zambrano, director de Radio América y columnista del periódico Notitarde, asesinado por un sicario en un centro comercial de Valencia (16/01/2009). Zambrano investigaba las conexiones entre los militares, los boliburgueses y los sicariatos en Carabobo, especialmente el deceso de Francisco José Larrazábal Álamo, abaleado el 5 de enero del 2009 en su haras San Francisco. También se le atribuye a la organización la iniciativa que terminó por centralizar los puertos y aeropuertos provinciales, para encubrir y proteger las fechorías que allí se cometen en la importación de víveres, denunciada por el gobernador Salas Feo, y el tráfico de estupefacientes.
2.    El más notorio es el llamado Dollar Today, convertido en noticia pública internacional por al juicio celebrado en Miami contra el director de Venoco, Franklin Durán, durante el cual actuaron como testigos los también indiciados Guido Antonini Wilson y Moisés Kaufman, y los escándalos del Stanford Bank y Rosemont Corporation.
3.    Otros carteles se ocupan de la industria, la propiedad urbana y la propiedad rural. O sea,  del resto.
Nadie puede expresarle abiertamente sobre estos temas, ni aún en privado, pues pudiera ser que alguno de sus interlocutores sea compinche de estos sindicatos criminales.

El problema es que, como vaticina la gaita La grey zuliana: Acabaron con la plata/ y se echaron a reír,/pero les puede salir/el tiro por la culata. Porque en el aire se huele que ya pasó el auge y comenzó la miseria de Chávez, una leyenda urbana.

domingo, 27 de marzo de 2016

De la democracia a la Tanatocracia

Y yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca…

Jorge Luis Borges
El libro, la lectura constituyen un
servicio público esencial para la
democracia

Gianni Vattimo
I
El karma que pagamos los venezolanos es la ignorancia: …Un Pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción: la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia, de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil: adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la Libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia. Semejante a un robusto ciego que instigado por el sentimiento de sus fuerzas, marcha con la seguridad del hombre más perspicaz, y dando en todos los escollos no puede rectificar sus pasos…
En Fahrenheit 451, Ray Bradbury visualiza a una sociedad futurista, cuyos bomberos no apagan fuegos sino queman libros. Se trata de una cruda crítica al macartismo, impuesto a los estadounidenses la década cincuenta del siglo pasado, cuando la búsqueda de un mundo feliz era el objetivo único, las opiniones políticamente incorrectas debían ser suprimidas y la prosperidad constituía el valor social supremo.
Según la Unesco, los volúmenes existentes en las bibliotecas públicas de un país deberían equivaler al número de sus pobladores.
En Venezuela, con más de 30 millones de habitantes, sólo hay 5 millones de libros, y van en descenso.
Entre 2007 y el 2008, el teniente Diosdado Cabello, gobernador castro comunista del Estado Miranda, ordenó limpiar las bibliotecas de 62.226 títulos.
En Carora, población agroindustrial del Estado Lara –que por más de 80 años mantuvo contra la corriente un diario local-, la alcaldía roja eliminó 300 libros. Igual sucedió en toda la geografía nacional, conforme al testimonio de Virginia Betancourt, ex Presidenta de la Biblioteca Nacional, quien debió proveer nuevamente a la Biblioteca de Guatire con las obras completas de su progenitor, el ex Presidente Rómulo Betancourt, extrañadas de los estantes por órdenes superiores.
Adriana Villanueva añade a lo anterior: No sólo las bibliotecas, librerías estatales y las ferias de libro están a la merced del proceso. Gracias a que los libros ya no están en la lista de prioridades de Cadivi, las librerías están desiertas, sobreviven con pasados inventarios, editoriales nacionales, con los libros más económicos que se consiguen en el mercado de habla hispana -en su mayoría best seller repudiados por quienes satanizan el capitalismo- y algunos libros importados con dólar del mercado paralelo tan costosos que sólo bolsillos holgados pueden adquirir.
La  reactancia a la lectura no es exclusiva de los pobres. ¡Qué va…! Hace algún tiempo, en una revista publicitaria, el director general de una televisora declaró Que no tenía tiempo para leer.
Escuché más de una vez excusas similares, y se me intenta vender el argumento de que ahora la gente lee por Internet. ¿Y cómo saben dónde o qué buscar?, ¿y cómo encuentran los temas de su interés, si no es leyendo?
Si quienes ocupan la cima de la Pirámide de Maslow no quieren leer, ¿qué queda para quienes sólo pueden limitarse a solventar sus necesidades fisiológicas o higiénicas?
El tema de la  ignorancia se empleó para descalificar a los mandatarios venezolanos, como, por ejemplo, José Antonio Páez y Juan Vicente Gómez. De Páez se dijo que carecía de cultura y refinamiento, poseía escasas luces y hablaba vulgarmente, aún en la compañía de las damas distinguidas. ¿Cómo sr podía creer en semejantes estupideces, cuando Páez dirigió una empresa agroindustrial en Argentina, cantó ópera en el Carnegie Hall de Nueva York y escribió su autobiografía?
A Gómez le llamaron analfabeta. Sin embargo, los estudios que siguió en Bucaramanga equivaldrían hoy a los de una Licenciatura en Administración Comercial. Gómez redactaba de puño y letra sus Mensajes a la Nación, como me lo demostró Pedro Manuel Arcaya, su Ministro del Interior y, asimismo, corrector de estilo.  Ni Páez ni Gómez fueron personajes sin instrucción y, muy al contrario, dejaron más que evidencias de un conocimiento superior al de la mayoría de sus congéneres.
III
En Venezuela los chavo maduristas se manifestaron más prácticos que los nazis a la hora de acabar con las lecturas ideológicamente peligrosas, y, en lugar de hacer hogueras con los temas prohibidos, los convertían en papel higiénico, hasta que las fábricas, expropiadas y comunizadas, dejaron de producir.
De manera que, según la jerga militar, los textos terminan sus días yendo Al frente o a la retaguardia. El proceso industrial les convierte en pulpa está expresamente cuestionado por el Protocolo de Kyoto, pues merma la capa de ozono. Pero aquí pareciera importarle a pocos que sus descendientes terminen sobreviviendo en un invernadero, no conozcan los glaciares de la Sierra Nevada y mueran de cáncer en la piel.
Entre las obras destruidas por Cabello se encontraba El Principito de Antoine de Saint-Exúpery, que no fue ningún oligarca sino un extraordinario explorador de los cielos, un valeroso aviador quien, pese a su minusvalía, murió combatiendo contra el III Reich. Un embajador ex oficio de Francia, a quien Venezuela le debe su primera aerolínea de bandera. Desde luego, para conocer la biografía de Saint-Exúpery, el narco teniente habría tenido que haberla leído.
El Estado sólo imprime adoctrinamiento ideológica y obras laudatorias a Chávez y su proceso, como los ladrillos de Eva Bollinger, del ex Comisario Político de la Cultura, Farruco Sexto, o del ex Fiscal General de la República, Isaías Rodríguez.
Lo poco de pensamiento libre que circula se debe a esfuerzos increíbles, como los de la empresa privada El Nacional, que publica libros de bajo costo sobre la historia del país, ensayos, finanzas, cocina, biografías y hasta discos compactos temáticos sobre el jazz y la música clásica, comercializándolos como fascículos. Mientras los textos apologéticos al régimen duermen el sueño de los injustos en las Librerías del Sur, la red de ventas oficialista, el grueso de los lectores se pelea en las exposiciones por los títulos que no ha podido conseguir: Me falta el 12 de The Economist, me quedé sin el CD de Brahms, mi mujer me mata si no llevo el Tomo 14 de gastronomía.
La situación descrita se corresponde con una realidad particular: no hay dólares para libros ni para papel que no sea el de periódico, controlado por la oligopólica estatal Alfredo Maneiro. Hay que importarlos con dólares Cúcuta o dólares SICAD, eufemismo empleado para definir el mercado negro de divisas que maneja Pdvsa, desde marzo de 2009, evidenciado gracias a escándalos de gran monta como el affaire de Rosemont Financial de Massachusetts, donde el indo venezolano Rama K. Vyasulu, arrestado en Miami, fuera acusado por la DEA del lavar 900 mil dólares del narcotráfico, y la bancarrota del Stanford Bank de Antigua, arca preferida por los bichitos para depositar sus ahorros.
IV
El término bichitos proviene de La Bicha, que es como Chávez llamaba a la Constitución de Venezuela. Describe a esa nueva clase o boliburguesía que rompe los récords latinoamericanos en ventas de la cadena española de tiendas Zara, bebe escocés de  25 años, ocupa las clases ejecutivas de los vuelos internacionales, compra de contado viviendas de lujo y se desplaza en Hummer y  otros vehículos de alto precio.
Sobre la quiebra del Stanford Bank, se calculó entonces entre 80 y 300 mil dólares estadounidenses el promedio depositado por cada cliente venezolano, sumas que multiplicaron centenas de veces las cantidades asignadas por Cadivi para gastos en exterior: cinco mil dólares hasta el 2008 y  dos mil quinientos a partir del 2009, per cápita y por año. Estas cifras se quedaron centesimales con los escándalos recientes de Andorra y Suiza.
El proyecto de Chávez puede ser considerado como una Rebelión de las masas: Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar su derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera. Como se dice en Norteamérica: ser diferente es ser indecente. La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, debe ser eliminado (José Ortega y Gasset).
O Cultura de la gota fría, según un vallenato popularizado por Carlos Vives: ¡Qué cultura, qué cultura va a tener/ un indio chumeca como Lorenzo Morales/ ¡Qué cultura va a tener…/ si nació en los matorrales…!
El pecado de Maduro no fue nacer en los matorrales, sino haberse quedado en ellos. Lo que acá se conoce como: Llevar el rancho adentro, en el cerebro.
De ahí que aquí sea aplicable el reverso de un famoso dicho: Este gobierno tiene el pueblo que se merece. Y también la dirigencia apropiada, según la satiriza el columnista Karl Crispín: Uno de los momentos más lúcidos Nicolás Maduro como Canciller fue cuando propuso unos cursos de cultura general para los asambleístas. ¡Qué de lagunas habría encontrado para haber sugerido tamaña propuesta que sospecho nunca se llevó a cabo. Porque de haberse hecho no se estarían cometiendo los dislates con que nuestro Poder Legislativo nos viene azotando [...] Definitivamente, no es fácil hacer concordar sujetos y predicados. Y si hay complementos, ¡qué enredo! De cuánto nos habríamos librado de haberse escuchado aquellas sabias palabras…
La destrucción de la llamada cultura burguesa no se limita al reciclaje de textos políticamente incorrectos o a la asfixia financiera contra los libreros y las editoriales independientes.
Pese a que los espectadores venezolanos pagaron en el 2008 dieciséis de los 40 millardos de bolívares destinados al cine nacional (bajo la forma de Impuesto de Lujo a la boletería), no se produjeron filmes ni en cantidad ni con calidad suficientes para justificar la subvención, según reveló Tulio Hernández: Apenas han transcurrido dos años de su apertura y ya puede decirse con certeza que la Villa del Cine es un fracaso. De cuatro producciones realizadas, incluyendo Miranda de Luis Lamata --se dice que la más costosa película del cine nacional- ninguna ha permanecido más de un mes en cartelera de las salas comerciales. El caso extremo es Comando X, que no resistió ni siquiera una semana, a pesar de que se trata de una película para burlarse groseramente de los venezolanos de oposición.
Quiénes han trabajado en la Villa cuentan, en voz baja por si acaso, que el lugar parece una comedia de equivocaciones. Películas que se extravían una vez concluidas. Otras que es necesario rodarlas de nuevo porque la imagen quedó fuera de foco. El edificio fue inaugurado cuando ni siquiera los baños estaban terminados, como sucedió durante el rodaje de El Caracazo. Las instalaciones tienen defectos técnicos, y hubo que remendarlos porque el ruido de la cercana autopista de Guarenas perturbaba las grabaciones. Y, para colmo de males, por órdenes del dadivoso Hugo Chávez, Danny Glover se quedó 18 millones de dólares para realizar un solo film extranjero; es decir, una cifra equivalente a lo que Cenac gasta en 3 años para financiar 15 filmes venezolanos.
Es la intención oculta que también ha privado en la confiscación del Ateneo de Caracas, la expulsión del ballet capitalino del Teatro Teresa Carreño y la dedicación casi a tiempo completo de este centro cultural y el Teatro Municipal al proselitismo castro comunista.
V
A los medios masivos independientes, Chávez les preparó una suerte similar a la sufrida por RCTV, cuyas frecuencias de transmisión, equipos e instalaciones confiscó en un atraco a mano armada.
El plan de Chávez no fue copiar el Formato pravda de los medios cubanos. El vocablo ruso pravda se traduce como verdad al español, pero el periódico comunista era tan mentiroso, que los rusos optaron por darle un significado opuesto. En la URSS, pravda era sinónimo de mentira. Si un alguien llegaba curdo a casa y la mujer preguntaba: ¿Te pasaste de tragos?; el aludido respondía, Pravda!
La televisión cubana alterna soporíferos discursos con recetas en base a hierbas y cáscaras de huevos para mitigar el hambre sempiterna y excusas endémicas por el incumplimientos de la planificación.
La actitud de miles de televidentes cubanos, que escaneaban las frecuencias VHF para sintonizar Telemartí, recuerda a la de los vecinos del emblemático barrio El Carpintero de Petare, que optaron por un sistema básico de TV pagada, pese a que 35 dólares mensuales representan un porcentaje importante de sus ingresos, a fin de seguir sus telenovelas, programas deportivos y musicales, sin las frecuentes irrupciones de Maduro y otras amenidades producidas por el Ministerio del Poder Popular para la Desinformación y el Cinismo.
El proyecto con el resto de la televisión y radiodifusión de antena libre no difiere mucho del modelo implantado por Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana durante su larga tiranía.
Trujillo fue uno de los mayores sátrapas del siglo pasado. Inauguró su mandato con el genocidio de más de 30 mil haitianos,  para aterrorizar a sus conciudadanos. Logró un hermético control social e institucional. El empresariado, los militares, la Iglesia y la mínima cotidianidad estaban en sus manos, gracias al espionaje, la escuela y la vía comunicacional. En este último campo, fue el primer autócrata en desarrollar al máximo la televisión como caja de resonancia de su oprobioso régimen.
Presionó hasta la abdicación a los medios opositores, y creó otros para la tarea apologética. Al momento de ser ajusticiado, la República Dominicana contaba con 3 periódicos, 36 radioemisoras y 2 televisoras. Los contenidos giraban en torno al dictador y su gobierno. Había sólo 2 mil telerreceptores, y los radioescuchas eran constantemente vigilados para evitar que sintonizaran el exterior.
Pese a que el 70% de la población carecía de electricidad, desde el Palacio Radio Televisor La Voz Dominicana, que operaba una televisora, dos radioemisoras, un cabaret-casino y la única academia para formar locutores y talento artístico: se difundían 24 horas de programación, con equipos de tecnología punta y potencias que desbordaban hacia el resto del Caribe y el norte de Sudamérica. Únicamente se irradiaban comerciales de las de Trujillo o de sus amigos y sostenedores, los cuales difícilmente podían sufragar la inversión, el mantenimiento y el costo de funcionamiento del emporio comunicacional.
¿Qué llevó a Trujillo a invertir descomunales e irrecuperables sumas en La Voz Dominicana? Quizás la equivocada pero persistente idea que, dominando a los medios, dominaba un  país.
Empero, el prototipo trujillano nunca murió. Fue copiado por Fidel Castro en Cuba y reeditado por el general Juan Velasco Alvarado en Perú (1971), además de repotenciado por Chávez en Venezuela con los satélites, la televisión por cable, la Ley Resorte y las emisoras comunitarias.
En el caso peruano, la Guardia de Asalto de Velasco tomó la totalidad de las instalaciones radioeléctricas del Perú, mediante un decreto que expropiaba el 51% del capital social de las televisoras y el 25% de las radioemisoras.
Genaro Delgado Parker, dueño y fundador de Panamericana Canal 13, la estación de mayor rating, rechazó la medida y se expatrió con su familia, en un autoexilio que se prolongaría por 8 años. Durante ese años, Panamericana fue manejada por la OCI, ente gubernamental, y Telecentro, también controlado por la dictadura.
El rating de la TV se fue en picada, y los peruanos colmaron las salas de cine y las librerías públicas mientras duró la dictadura militar castro comunista.
VI
Se conocen tres revoluciones industriales:
1.    La primera, o Revolución del Carbón y la Máquina de Vapor
2.    La segunda, o Revolución del Petróleo y la Electricidad
3.    La tercera, o Revolución del Silicio y las Redes Sociales
Durante la segunda, los nazis (apoyados en principio por El poder detrás del poder de las corporaciones trasnacionales) aplicaron la eutanasia para liberarse de los minusválidos, los judíos, otras razas consideradas como subhumanas y los opositores políticos.
María Teresa González Cortés (De mysterio mortis) relata que, cerca de Auschwitz, en la pared de hormigón de una escuela, fue hallada una botella contentiva de un singular mensaje: un manuscrito, fechado el 9 de septiembre de 1944, con los nombres, números y nacionalidades de siete prisioneros, cuyas edades iban de 18 a 20 años. La idea de dichos condenados es que alguien pudiera, algún día, saber que ellos vivieron, padecieron y sucumbieron en esos guetos que eran los campos de concentración.
La funcionalidad de los guetos nazis inspiró a otros gobiernos, durante la Guerra Fría, a reproducir estos modelos para extenderlo a sus estados. Iberoamérica fue una región ideal para el proyecto. Así surgieron las villas miseria de Argentina, las favelas de Brasil y los ranchos de Venezuela.
La próxima etapa, incubada y acelerada por la Revolución del Silicio, fue la creación de países guetos, de los cuales Haití y muchos otros países forajidos o fallidos en África y el Levante, son ejemplos claros.
Ahora bien, vale la pena preguntarse, ¿qué es un gueto, qué es un Estado gueto?
Voy a dar una definición propia: Un territorio, reducido o extenso, donde sus residentes no pueden, no saben o no quieren trabajar. Como sucede con los pedigüeños que creó Chávez y que, al presente, Maduro ya no puede mantener. Pero, que asimismo, moran en todos nuestras naciones.
En tales lugares priva, sobre todo, la tanatología, como ciencia que estudia los efectos que provoca la muerte. Dado que la tanatología inspiraba la política eugenésica de los líderes del nacismo, no cabe duda que la iniciativa de los jóvenes prisioneros de Auschwitz, al dejar sus nombres sepultados para la posteridad, era alimentar su sed de inmortalidad. Y, como asevera González Cortés: Desde el latido de unas vidas que por la fuerza eran apagadas, recogieron entre sus querencias más íntimas el anhelo no sólo de traspasar los muros carcelarios de la muerte, sino de romper los diques del tiempo.
La cuestión de la vida (sin que nadie lo esperara hace dos años) se ha convertido en la prueba verdadera para nuestra clase política dirigente, que se aferra (conforme a las instrucciones de La Habana) a la cultura de la muerte y que se basa en un modelo económico caracterizado por el descarte del capital humano en beneficio del poder bancario y financiero.
De allí las leyes que
atentan contra la garantía de la identidad naciona pues consideran que el no es el delincuente si no la sociedad que debe ser castigada por los crímenes cometidos-
¿Cómo preservar la vida de un pueblo partiendo de la base de que asesinar es un derecho, como lo pregonaba Chávez, y lo aúpan la Fosforito y Maduro? Si se deja matar a los más débiles y desarmados, ¿cómo no a ser ejecutado quien, por pensar diferente, se le considera una carga molesta, personal y políticamente hablando?
Y si se acepta con las manos cruzadas el cambio de Democracia a Tanatocracia, por miedo a que el porcentaje de muertos suba un poco más entre los manifestantes que intentan, desarmados pero no pacifistas, acabar con el determinismo impuesto por el Foro de Sao Paulo, que Dios se apiade del alma del venezolano.

sábado, 26 de marzo de 2016

La suerte de los pingüinos
Luis García Planchart
¿Quién no mira al sol cuando anochece?
¿Quién no ve al cometa cuando estalla?
¿Quién no escucha la campana cuando tañe?
¿Quién desoye su sonido que lo traslada fuera de este mundo?  
Ningún hombre es una isla.
Cada uno es una pieza, la parte del todo.
Si el mar se lleva pedazo de tierra, toda Europa queda reducida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna hombre es una isla
La muerte de cualquiera te  afecta, porque está unido a toda la humanidad-
Por eso, no preguntes nunca, ¿por quién doblan las campanas?
Doblan por ti.
John Donne
I
Todos somos culpables de que Maduro se haya empoderado. Parafraseo así el título de la carta póstuma del periodista cubano Miguel Ángel Quevedo, redactada horas antes de descerrajarse la cabeza de un tiro, donde aseguraba que su generación le había tendido la cama a los Castro.
Quien rechace su responsabilidad en nuestro proceso degenerativo, que lo haga calladamente, pero no pretenda aducir inocencia o ocultar su responsabilidad bajo el inmaculado manto de una vestal griega.
Cuando pienso Leopoldo López y a sus esposa Liliana, enfrentados a sus hostigadores como lo hiciera Cristo hace más de dos milenios, no puedo menos que admirar su valentía, deplorando simultáneamente su noble intención, pues hoy no cabe el martirologio, sino del cierre de filas y la concentración de energías para resolver esta vaina de una vez por todas.
A los judíos del gueto de Varsovia les tomó 10 años reaccionar contra el oprobioso y  macabro final que les esperaba en los campos de exterminio. A los chilenos, 17 salir de Pinochet. ¿Cuánto tiempo habrá que esperar para que el venezolano reaccione y comprenda que las campanas doblan por él mismo?
Democracia, tal como se vive EEUU y la Unión Europea, nunca hubo en Venezuela. Como la calificara Arturo Uslar Pietri, se trataba de Un régimen de libertades, contaminado por el capitalismo estatal (el gobierno como gran empleador, manufacturador y proveedor de servicios turísticos) y el control férreo de precios e importaciones, desde el whisky hasta los automotores.
Durante los gobiernos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, se suspendieron varias veces las garantías constitucionales por la lucha antiguerrillera, y se ilegalizaron los partidos de la izquierda radical.
En el primero de Caldera, se allanó y cerró por un largo período la Universidad Central, aunque después se decretara la amnistía para pacificar a la República.
La Gran Venezuela de Pérez acabó con el sueño de la clase media venezolana de un hogar por familia, al eliminar el crédito hipotecario fijo al 8 y 12% anual; y destruyó, de paso, la capacidad mediadora de la banca privada, a la cual le resulta desde entonces mucho más rentable enriquecerse con bonos y papeles del Estado que con el honesto ahorro de los trabajadores. Hoy tenemos bancos como poderosos, pero estamos huérfanos de viviendas.
Al inaugurar su mandato presidencial, Luis Herrera Campins dijo: Recibo un país hipotecado. Al finalizarlo, lo dejó peor que antes, con una moneda devaluada que sigue cayendo por un barril sin fondo, y con un control de cambio del cual la nación no ha podido liberarse, pese a haber contado con numerosas oportunidades y recursos para deshacer sus entuertos.
En el segundo gobierno de Pérez, se produjeron El Caracazo y los golpes del 4-F y el 9-N, así como la defenestración del gocho. El mismo Pérez aseguró: Les di de comer y me rompieron el plato vacío en la cabeza. En el segundo gobierno de Caldera, se amnistiaron los oficiales y civiles golpistas de 1992, y se les restituyó su habilitación política.
Caldera se cruzó de brazos, en 1994, mientras el Banco Latino y diez de las instituciones financieras más grandes del país caían en bancarrota. Frente a casos similares, la aún frágil democracia chilena invirtió más de 7 mil millones de dólares para respaldar a los depositantes, y el gobierno español cargó con el muerto del Banco Banesto, no sin antes enjuiciar y enviar a presidio al responsable del gigantesco fraude, Mario Conde, ex presidente de la institución.
Cuando por fin Caldera intervino, la gente había perdido sus ahorros, el país sufría de una espantosa fuga de divisas y la fe en el sistema financiero estaba acabada. Pero no hubo ni un solo detenido. Gustavo Gómez López, ex presidente del Banco Latino, huyó del país, y sólo  enfrentó la inconveniencia de tener que renovar su pasaporte venezolano ante un consulado dominicano en Suiza. Hoy Gómez López ha vuelto al país, y, supuestamente, se especializa como testaferro en la compra de medios para ponerlos al servicio de los carteles del narcotráfico y el contrabando de extracción.
A través de esta simple operación, que le tomó menos tiempo que cobrar un cheque por taquilla en alguna de sus antiguas oficinas, pudo proseguir su vida en entera libertad e impunidad. Es que, a diferencia de Robin Hood –quien robaba a los ricos para ayudar a los pobres-, Venezuela ha estado plagada de Hood Robin, que actúan exactamente al contrario.
El Pacto de Punto Fijo terminó por colapsar en 1999, merced a la exclusión de los marginales, alejados de todos los beneficios del capitalismo moderno (asistencia social, salud y educación pública de calidad y acceso al sistema jurídico). A ellos sólo les tocaban las sobras que, como a perros hambrientos, les tiraban los inquilinos de Miraflores. Las cuales resultaron a la larga insuficientes en función a su distribución y cuantía, pues habían sido percibidas por los beneficiarios como Derechos adquiridos, que debían ir, pero no fueron,  in crescendo; o, al menos, indexados a la imparable y galopante inflación .
II
Diez años antes del fallido golpe del 4-F, Hugo Chávez fue captado y adoctrinado por la extrema izquierda. Desde entonces, comenzó a planificar su asalto al poder. Los oficiales superiores toleraron la evidente conspiración de Chávez y otros comecates, oficiantes de la liturgia del Samán de Güere, para atemorizar a los presidentes de turno, y conseguirle beneficios extras a su gremio.
A diferencia de Fidel Castro, Chávez no engañó a nadie. Los biógrafos y sus discursos revelan, desde un principio, las malas intenciones: más que comunistas, estalinistas; más que marxistas, fascistas; más que revolucionarias, populistas.
A Chávez lo tildaron de loco, pero es indudable que en todo líder carismático hay grandes dosis de megalomanía y sadomasoquismo.
Dijeron que no había superado el curso de Estado Mayor, olvidándose de que Betancourt y Pérez tampoco fueron académicos. Se focalizaron en su mestizaje, como si acá el 90% de los pobladores no fuesen hijos de las veinte mil leches multiplicadas por tres. En fin, le subestimaron, lo cual constituyó un error político mortal.
Chávez no fue siquiera creativo al destruir lo que restaba del puntofijismo. Empleó las mismas estrategias y tácticas de Rómulo Betancourt, que a Acción Democrática le depararon más de cuatro décadas de poder real.
Cada vez que aparecía en televisión, insultaba o amenazaba a alguien en particular. Al día siguiente, los medios, aún independientes y beligerantes, se colmaban de ofimáticos de oficio, respondiéndole a Chávez en sus mismos o aún peores términos, con lo cual no hacían más que servirle de resonadores a sus mensajes.
Durante la infeliz y efímera actuación de la Descoordinadora Democrática, caso omiso hicieron sus dirigentes a las recomendaciones de los asesores estadounidenses, quienes insistían en la indiferencia como la mejor vía para quebrar la estrategia de Chávez. El presidente -afirmaban los gringos- es como el tío Ramón, alguien con quien carga toda familia: manirroto, vulgar, dicharachero. Responderle su terreno, donde se maneja a la perfección, es engancharse, caer en un juego que no pueden ganar, pues desconocen las reglas o porque, sencillamente, no hay reglas…
A diferencia de los Castro, Chávez fue un cobarde. El 4-F, después de que los oficiales a su mando cumplieron con las misiones previstas, se quedó a buen resguardo en el Museo Militar, a unos pasos de Miraflores, y se rindió ante las fuerzas leales al gobierno. El 11-A del 2002, tras haber sido defenestrado por un movimiento cívico militar, cuyo reinado duró 48 horas, los videos le mostraron como un cachorrito asustado, pidiéndole quienes le atendían antiácidos y cigarrillos. Escondido bajo la sotana de Rosalío Cardenal Castillo Lara.
III
La madrugada del 4 de Febrero de 1992 moraba en el quinto sueño, cuando, abruptamente, mi mujer me despertó y me dijo:
-¡Ahí tienes tu golpe de Estado!
Medio dormido y legañoso me senté a ver las desvaídas imágenes de Venezolana de Televisión y a escuchar las declaraciones de Carlos Andrés Pérez y Eduardo Fernández. Lo demás ni vale la pena recordarlo.
Pero mi esposa estaba equivocada. Ni el de Pérez fue mi gobierno, ni el de Chávez mi golpe. No voté por Pérez, pero tampoco por Chávez. Fueron, en mi opinión, las dos caras de una misma moneda. Quienes llamaron en el pasado inmediato loco a Chávez, llamaban en el olvidado ayer Locovén a Pérez. Ambos fueron elegidos por el pueblo, con el auxilio de tecnologías electorales de punta: Acta mata voto, Smartmatic mata acta.
Según un viejo eslogan de Cerveza Polar: El pueblo nunca se equivoca.  Es una gran falacia. El pueblo italiano le dio 5 de los 7 millones de posibles votos a Benito Mussolini en 1924, en la Península donde surgió la Civilización Occidental. El pueblo alemán eligió masivamente a Adolf Hitler en 1933, en la nación donde nacieron Juan Sebastián Bach, Ludwig Van Beethoven y Emmanuel Kant. El pueblo moscovita veló, multitudinariamente y con infinita pesadumbre, el cadáver de Joseph Stalin en marzo de 1959, mientras las tropa elite del Ejercito Rojo, convocada para reprimir una posible insurgencia, se quedaba con las ganas.
Los yerros de los electores venezolanos, no importa si fueron por omisión o comisión, signaron las victorias comiciales de Pérez y Chávez. Pérez terminó abandonando el poder con una condena por peculado, entre las pifias de la multitud. Así también pudiera acabar Maduro, la mascota de Raúl Castro, vencido por la crisis económica, la escasez y la violencia que no puede controlar.
Las distinciones entre el castro chavismo y la llamada IV República no son muchas; una de ellas, el manager escogido. A Pérez lo asesoró Pedro Tinoco, hasta que enfermara de cáncer y pasara a mejor vida. Chávez escogió como primer mentor a Luis Miquelena. Después, adoptó a Fidel Castro, quien, según piensan algunos, aceleró su agonía para trasladar el poder a su cachorro neogranadino.
Las semejanzas entre Chávez y Pérez fueron tantas que sólo pasan inadvertidas en Venezuela, sucursal de la desmemoriada Macondo: la viajadera, la pasión por Fidel, la adopción del capitalismo de estado como modelo improductivo, la afición por las marchas y trotes -Ese hombre sí camina…-, la atracción por los países, colores y costumbres del Tercer Mundo, su odio a la metrópoli o porfirismo; vocablo original de Porfirio Díaz, presidente mexicano, quien no le construyó una sola obra pública a la capital de su nación, esperando que feneciera de mengua.
Díaz percibía al DF como una mujer seductora, malvada, que le chupaba su hombría. Así dejó que se desmoronara, como le ha pasado a Caracas en los mandatos de Pérez, como ha sucedido con La Habana y como lo consiguieron los gobiernos de Chávez y Maduro. He ahí el Estado Vargas, que se ha quedó casi como lo dejó el deslave de 1999, y cuyo único pecado fuera formar parte del Área Metropolitana hasta la IV República.
Pero hubo una diferencia abismal entre Pérez, Chávez y Maduro: mientras el primero fue siempre un demócrata, los dos últimos han sido autócratas.
IV
La Caracas y el país que conocí como niño, adolescente y joven adulto ya no existen. Una urbe y una nación que se recorrían a pie, sin temor a ser asesinado por un par de zapatos. La población de menores recursos se proclamaba Pobre pero honrada.  Pueblo arriba y pueblo abajo rumbeaban, desprejuiciadamente, en las ferias y otras festividades cíclicas.
Había siempre  espacios abiertos para las discusiones inteligentes y las ideas hermosas. Nadie se resentía porque alguien tuviese aspecto de musiú, hablara con acento o mascullara el español. Todo eso se lo llevó por las astas la revolución maldita, no de un plumazo sino de varios, como las normas afro racistas propuestas por el ex gobernador de Anzoátegui y actual Vicepresidente Aristóbulo Istúriz.
Venezuela era entonces el resultado de un proyecto no escrito, según el cual los padres habían luchado para que sus hijos viviesen mejor, ¡y lo estaban logrando!
Los planificadores y ejecutores habían construido con sus propios planes, brazos y recursos, puentes sobre el Apure, el Orinoco y el Lago de Maracaibo; represas hidroeléctricas en el Caroní y Santo Domingo; teleféricos en Caracas y Mérida; refinerías y petroquímicas en Carabobo y Zulia.
Los obreros alcanzaban palmarés mundiales de productividad en tan industrias modernas y competitivas como las acerías, el ensamblaje automotriz y la farmacología.
Los ganaderos habían vencido a la fiebre aftosa, y desarrollado dos razas tropicales de alto rendimiento: Carora y Perijá.
Los agricultores recogían ajonjolí, algodón, arroz, duraznos, sorgo y fresas; a la par de los cultivos tradicionales.
Los médicos habían saneado el medio ambiente y algunos, como Baruj Benacerraf y Humberto Fernández Morán, logrado premios científicos tan prestigiosos como el Nobel y el Galinka.
Los militares habían derrotado a la subversión interna y liquidado al Ejército Cubano en Machurucuto.
La población venezolana crecía todos los años, no solo demográficamente sino en estatura e inteligencia, gracias a su integración genética y a una mejor y más sana alimentación.
El gobierno de Raúl Leoni perdía las elecciones por sólo 20 mil votos y le entregaba el poder al candidato opositor sin aspavientos. Así era Venezuela… tu país, ¡un país para querer!
 Ese mundo entró en agonía con el populismo de Carlos Andrés Pérez, en 1974, y terminó de fallecer con el estalinismo de Hugo Chávez Frías y su sucesor Nicolás Maduro, a partir de 1999. Empero, como afirma Pedro Ouspensky: Lo importante del pasado no es lo que fue, sino lo que pudo haber sido. Lo importante del futuro no es lo que será, sino lo que pudiera ser.
Quienes sobrevivimos y recordamos al país de ayer, nunca perfecto pero sí mucho más feliz que el de hoy, estamos obligados a desenredar el sebucán en que es la Venezuela actual.
No se trata de volver a lo malo del pasado, a la propuesta de Chávez y Maduro, sino de regresar al futuro. No todos los disidentes poseen en la actualidad el vigor, el valor o la claridad de hace 17 años. Pero, como pasa con la división del trabajo, hay plazas disponibles que cada quien puede y debe llenar, según su talento y disponibilidad.
Las opciones al lavarse las manos ahora son subsumir al país en el Mar de la Felicidad, por veinte, treinta cuarenta años más, o hasta que los tranquilizantes sean ineficaces para mantener la apariencia de cordura oficialista.
O el destierro, nunca amable ni fácil, y mucho menos ahora, con una depresión global en marcha. O acabar como una singular colonia de pingüinos que anida, idore tempo, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y cuyos miembros se tornan en vigilia  para otear constantemente el horizonte por si logran distinguir la silueta de la Antártica, el hogar que perdieron para siempre.