Nicolás: Respete para que le respeten
Hoy, en el ambiente calichoso en que el venezolano ha sido subsumido,
gracias a la derrota múdica del 7-O, la falta de juguetes y perniles –flotan en
los puertos, a la espera de que la estatal mixta cubano-venezolana que maneja los terminales se organice
y descargue los contenedores que los acarran- la prensa da como nota de primera
página la declaración de Nicolás Maduro, quien exigió en nombre del pueblo venezolano, respeto a la vida del presidente de la
República, Hugo Chávez.
Añade el ex bus driver el
siguiente juicio de valor: Dirigentes de
la derecha venezolana utilizan el tema de la salud del Presidente Chávez para
crear matrices y desmoralizar al pueblo.
Bueno, señor Nicolás, como aún me considero pueblo y si lo que usted llama izquierda es esa desgracia de régimen que nos desgobierna, me declaro de derecha y le exijo como ciudadano venezolano y conforme a su aún no derogada Carta Magna democrática que,
antes de pedir respeto por su superior, me respete a mí primero.
Quien aseveró públicamente que el que le conté, señor Nicolás, había viajado a
Cuba para someterse a un tratamiento
hiperbárico no fue algún representante de la casi extinta derecha
venezolana, sino el propio partido de gobierno.
Ayer Milagros Socorro recordó, en su columna dominical, la puesta en
servicio de una cámara hiperbárica en Barinas, por la cual pagaron 16 millones de
bolívares fuertes, según el gobernador de la entidad y
hermano del enfermo para quien usted solicita respeto.
En la página 138 de la Revista
Estampas de El Universal, del
23-10-12, figura un anuncio, cuyo contenido copio:
Cámaras hiperbáricas
Oxigene su salud y
preserve su vida
Diabetes mellitus y sus complicaciones: pie diabético
Quemaduras e infecciones severas
Osteomielitis refractaria
Retardos en la cicatrización y consolidación de
fracturas
ACV isquémico
Esclerosis múltiple y parálisis cerebral
Migraña y anemia severas
Enfermedades producidas por el deporte
97 patologías más
Al final del texto, da una dirección –en la urbanización San Bernardino
de Caracas-, y un teléfono para solicitar citas.
La lista de males que ataca la hiperbólica rememora la figura mítica
del intriuctor de jarabes curalotodo las ferias de antaño:
sífilis, infertilidad, caída del cabello, lepra, tuberculosis. Las líneas
finales de la promoción de este producto mialogroso aseguraban: ... evita la tifoidea, ¡y sirve pa´lo que sea!
Entonces, señor Nicolás, ¿quién crea las matrices? ¿El profesor
Adán Chávez, gobernador de Barinas? ¿La empresa Hiperbáricas de Venezuela? ¿O
los voceros del PSUV, que sin reflexionar ni un segundo, echaron a correr la
bola del tratamiento hiperbárico, creyendo que todos somos tan escasos e
ignorantes como parecieran serlo los militantes del castro comunismo en
Venezuela?
La saga de una historia que revive Venezuela
Lo que me conduce a otra disquisición, aparejada a la anterior.
En su momento, vi la saga de El
planeta de los simios.
Y la volví a ver, para descubrir a qué mono
personificaba mi pariente político, el ingeniero Héctor Soucy –sí, el mismo del
programa gastronómico de Globovisión, Así
cocina Soucy-. Amigos comunes me convencieron de que no lo iba a
identificar, pues a Héctor, por lo feo que es, lo habían contratado en Hollywood
para ahorrarse el maquillaje. Malas lenguas. Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?
Acabo de ver en cable el inicio de la otra saga, El origen del planeta de los simios.
Y me trajeron a la mente los furibundos
ataques del profesor Aristóbulo Istúriz contra una supuesta discriminación
racial en Venezuela, práctica que sólo existe en su afiebrada especulación, y cuyo
salto al proscenio se explica porque el citado docente, ahora con
biyuyos –según sus allegados- no sólo quiere la Gobernación de
Anzoátegui, sino la Presidencia de la República; en caso de que la hiperbárica
no funcionara tan bien como se publicita, y el comandante del señor Nicolás pasara el páramo en escarpines.
De ahí que, empleando eslóganes del Blackpower,
de moda en el decenio de los ochenta del siglo pasado –¡estos comunistas,
siempre tan actualizados!-, Aristóbulo haya hecho aprobar ua Ley donde se prohíbe
llamar monos a las personas de
colores serios, y decirles negros
–esto último no lo sé, pues no tengo tiempo para leer pendejadas- en vez de afro descendientes.
A lo mejor Aristóbulo lograría que los dueños del patio, los
hermanitos Castro Ruz, más discriminadores que el propio KKK, se avengan
a tener un procónsul a un caballero subido de tono.
Mas quiero hablar bien de los monos, pues sabiamente entrenados,
pudieran transformarse en los militantes perfectos que el Che Guevara
idealizara en el perfil nietzscheano
del Hombre nuevo.
Esa manera caótica, anárquica, en la cual aman vivir los comunistas
venezolanos –corrupción, bandas armadas haciendo de las suyas, motociclistas
burros y una Caracas hedionda a basura,
ñoña y orines-, puede ser definida como un tiradero
de gorilas.
Quien haya leído algún texto sobre la vida de estos mamíferos, sabe que estos simios –a diferencia de otras especies- no recogen ni
tapan sus excretas, comen y tiran los desperdicios por doquier y se desplazan
sin orden ni concierto a través de la selva, su hábitat natural.
La diferencia entre los monos de allá y los de acá no estriba,
únicamente, en que aquéllos vivan en una jungla de árboles y éstos en una de
cemento.
La diferencia no es que los humanos sean más bonitos, o, estéticamente,
más apreciados mientras más se distancien del físico sus primates africanos.
La diferencia es la capacidad de evolucionar que tiene el homo sapiens, esa
chispa de divinidad observada por filósofos como José Ortega y Gasset: Dios nos dejó a medio camino entre bestias y
dioses.
La capacidad de hacer música, literatura, plástica, ciencia, tecnología.
La habilidad de amar, de formar familias, de criar hijos e instruirlos esperando
que sean mejores que uno.
Lo demás es lo de menos. El origen del planeta de los simios, que es
donde ahora se mueve Venezuela.
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