Para los políticos, la guerra es un juego como el de dominó, con variables limitadas: sin cacho nace el becerro, triste orejón pata e´perro, partida ganada no se tranca.
Para los militares, la paz representa un estado anormal y temporal entre dos guerras.
Para los fabricantes de armas, sus intermediarios y los bancos que les financian, los conflictos bélicos son negocios redondos.
Si se asumen estas tres reglas básicas y se despoja al discurso de belicistas y pacifistas de su evidente barniz de hipocresía, es posible entender –no aceptar- la opción del menú que Chávez les ha lanzado a sus conciudadanos y al resto del mundo en el affaire de Colombia.
Lo importante del pasado no es lo que fue, sino lo que pudo haber sido; lo importante del futuro no es lo que será, sino lo que pudiera ser – acota el matemático y psicólogo ruso Peter Ouspensky.
Si Adolfo Hitler hubiese desaparecido por cualquier causa, antes del 1º de Septiembre de 1939, hoy quizás sería recordado como uno de los grandes prohombres de la historia germana. Porque, hasta que las FFAA tudescas no atravesaron el río Vístula, las democracias occidentales se calaron al Führer y su III Reich, convencidas como estaban de que la cosa no era contra ellas sino contra la URSS.
Lo de la superioridad aria no les molestaba en demasía, y hasta honorables instituciones como la Fundación Rockefeller patrocinaban en Alemania experimentos genéticos con seres humanos que no se habrían podido realizar en Estados Unidos. Y en cuando al problema judío, la Europa hasta la década de los treinta del siglo pasado era un vasto territorio donde existía antisemitismo generalizado, como ocurría en la Rusia zarista, donde los hebreos eran la sopa y pagaban el pato de todos los infortunios habidos y por haber en los pogromos. El único país que, sin integrarlos, convivía con ellos pacíficamente era Polonia.
De manera que la derrota de Hitler no comenzó con la Operación Barbarrosa ni el desembarco en Normandía, sino con el asalto a Polonia. Fue en ese momento cuando Alemania, Francia y, en cierta manera, Estados Unidos, comprendieron que el cabo vienés no sólo hablaba duro y golpeado, sino que actuaba de acuerdo a un plan expansionista muy bien articulado, y estaba dispuesto a llevarse por los cachos a los que se le atravesaran, fuesen quienes fuesen y contaran con los recursos que contaran.
¿Por qué Hitler y Stalin ordenaron invadir a Polonia? Porque no los quedaba otra que hacerlo, ya que, históricamente, Polonia había derrotado tanto a los caballeros teutones como a la caballería cosaca, y tenía años tratando de integrar una gran y extensa nación con Lituania y Ucrania.
Los oficiales estudian Historia, especialmente aquellos capítulos donde florecen las guerras –que son muchos, por desgracia-, e intentan aplicar estrategias y tácticas del pasado a modelos del futuro. Los militares son históricos, como también lo son los socialistas, puesto que su ideología concibe como uno de sus soportes al Materialismo Histórico, desarrollado por Carlos Marx y Federico Engels a finales del Siglo XIX. Algún lector pensará que la Historia pasó de moda, apoyándose en la interpretación equivocada y probablemente superficial e inconclusa del texto de Francis Fukuyama, El fin de la Historia y el último de los hombres.
Por eso, como afirma el Episcopado Venezolano, se nos ponen los pelos de punta al escuchar las amenazas del Comandante en Jefe de la República Bolivariana contra Colombia, pues pese a lo que muchos articulistas y periodistas sientan o piensen al respecto y a las cifras de repulsa que Datanálisis ha acopiado recientemente, Polonia era para Hitler lo que Colombia es para Chávez: el gran obstáculo a su proyecto expansionista.
Que Chávez haya decidido adelantar el capítulo colombiano por cualquier razón –incluso por motivos electorales- no implica que el escenario no estuviese contemplado en su agenda. Lo estuvo desde que su gobierno, inspirado en las decisiones del Primer Foro de Sao Paulo, declarara que la narcoguerrilla no era enemiga de Venezuela -como si lo era la oligarquía colombiana- y que los responsables de todo lo malo que ocurría en las fronteras comunes eran los paracos, a quienes atribuyó más tarde un vínculo no probado ni demostrable con el presidente Álvaro Uribe.
Quien no crea que el presidente venezolano está dispuesto a llevar su plan siniestro, hasta las últimas consecuencias, sigue subvalorándolo.
Es posible que ahora si se prendan otras lucecitas de alarma, y que las democracias del Siglo XXI le pongan un parao a esta situación, antes de que se desaten los demonios. Sin embargo, ahora es la hora de los perros de la guerra.
jueves, 12 de noviembre de 2009
viernes, 6 de noviembre de 2009
El diablo suelto
La última vez que conversamos con el ahora gobernador del Táchira, César Pérez Vivas, fue durante un encuentro inesperado en un Centro Comercial de Boleíta. Andábamos acompañados del profesor Julio Blaumann Coronil, y terminábamos de almorzar en uno de los restaurantes de comida rápida que allá están instalados.
Blaumann y Pérez Vivas, el último de ellos con la mayor vehemencia, atacaban la posición de los abstencionistas de oposición durante las elección de los diputados a la Asamblea Nacional, y achacaban a ésta todos los males de aquel momento. Nosotros por nuestra parte, aunque admitíamos haber votado en todas las jornadas desde 1958 – salvo en la de la Constituyente, pues no nos hallábamos en Caracas para la fecha-, entendíamos la postura de quienes promovían la no concurrencia a dicho evento, por dos razones básicas: porque se trataba de una estrategia interesante para descolocar a Chávez, la cual hubiera funcionado con un seguimiento proyectado a la deslegitimación del caudillo; porque podría haberse manejado a nivel de calle para exponer las trampas del CNE, sus tragaperras y el viciado REP.
Lamentablemente, les decía a mis interlocutores, no se hizo ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Los abstencionistas dogmatizaron su propuesta, transformando en artículo de fe lo que no pasaba de ser una situación adecuada al momento, y nada o poco pudieron lograr para desvelar los intríngulis del sistema electoral.
Pero Pérez Vivas iba mucho más allá. Hablaba, con gran optimismo, sobre sus posibilidades de conquistar el afecto de los votantes tachirenses, y de que Venezuela recuperaría el camino democrático, a corto plazo, a través de la solución electoral. Ante lo cual nosotros, escépticos, le aseverábamos: Un gobierno como éste no pierde elecciones.
A la luz de este recuerdo y de lo que sucedería más tarde nos deja estupefactos que Chávez, su cúpula gorila-burguesa y su jaula de focas arremetan contra Pérez Vivas, llevando las cosas al punto de una guerra con la República de Colombia –una situación prebélica, como la define el ex presidente neogranadino Ernesto Samper-, para deshacerse del incómodo democristiano que, según ellos, ha sufrido una mutación en sus pocos días al frente de la magistratura andina. Le acusan de ser jefe y protector de los paramilitares infiltrados en el Táchira, de recibir instrucciones del Imperio y de estar preparando el terreno para una futura acción –que incluiría el magnicidio- desde las bases yanquis de la vecina nación.
Todo lo cual sería anecdótico y argumental si sucesos y hechos no fueran llevando este conflicto a un punto de no retorno.
Los amigos y familiares de casi una treintena de venezolanos actualmente secuestrados por narcoguerrilleros colombianos tienen la certeza de que no sólo son paramilitares los autores materiales e intelectuales de tan horrendos crímenes, sino redes ilícitas que operan impunemente en dos tercios del territorio tachirense y amplias zonas de Apure, Barinas y Zulia, y se movilizan a su antojo en el resto del país, gracias a la actitud alentadora y protectora del gobierno revolucionario. Nos referimos a los faracos, los elenos y esa metástasis del ELN que es el FBLN. Así lo han declarado en innumerables oportunidades a los medios nacionales e internacionales.
Los abogados del general Raúl Isaías Baduel amenazan con prender un ventilador que bañará escatológicamente a Raimundo y a todo el mundo, pues el dinero supuestamente malversado por el ex ministro de la Defensa durante su gestión estuvo destinado a la inteligencia, defensa y seguridad del Estado, especialmente en las áreas limítrofes. Piden que las audiencias no sean públicas, para salvaguardar dicha información.
Las autoridades policiales, judiciales y del Ministerio Público se rehúsan a accionar en contra de los peculados denunciados por los alcaldes y gobernadores de oposición contra sus predecesores, especialmente en el Táchira.
El sicariato se ha convertido en la forma más efectiva, rápida y económica de solventar las contradicciones jurídicas en Venezuela: no sólo a nivel pasional sino político, no sólo a nivel de las clases pudientes sino de las menos favorecidas. Y los tanatorios no se dan abasto para realizar las autopsias cotidianas a las víctimas de una guerra no declarada pero igualmente letal: ¡Con Chávez manda el hampa!
Mientras tanto, Chávez sigue despilfarrando dólares entre sus compinches del exterior, regalando desde cazabombarderos hasta plantas eléctricas. Hay un valsecito criollo cuyo título pudiera resumir esta hecatombe: El diablo suelto.
Blaumann y Pérez Vivas, el último de ellos con la mayor vehemencia, atacaban la posición de los abstencionistas de oposición durante las elección de los diputados a la Asamblea Nacional, y achacaban a ésta todos los males de aquel momento. Nosotros por nuestra parte, aunque admitíamos haber votado en todas las jornadas desde 1958 – salvo en la de la Constituyente, pues no nos hallábamos en Caracas para la fecha-, entendíamos la postura de quienes promovían la no concurrencia a dicho evento, por dos razones básicas: porque se trataba de una estrategia interesante para descolocar a Chávez, la cual hubiera funcionado con un seguimiento proyectado a la deslegitimación del caudillo; porque podría haberse manejado a nivel de calle para exponer las trampas del CNE, sus tragaperras y el viciado REP.
Lamentablemente, les decía a mis interlocutores, no se hizo ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Los abstencionistas dogmatizaron su propuesta, transformando en artículo de fe lo que no pasaba de ser una situación adecuada al momento, y nada o poco pudieron lograr para desvelar los intríngulis del sistema electoral.
Pero Pérez Vivas iba mucho más allá. Hablaba, con gran optimismo, sobre sus posibilidades de conquistar el afecto de los votantes tachirenses, y de que Venezuela recuperaría el camino democrático, a corto plazo, a través de la solución electoral. Ante lo cual nosotros, escépticos, le aseverábamos: Un gobierno como éste no pierde elecciones.
A la luz de este recuerdo y de lo que sucedería más tarde nos deja estupefactos que Chávez, su cúpula gorila-burguesa y su jaula de focas arremetan contra Pérez Vivas, llevando las cosas al punto de una guerra con la República de Colombia –una situación prebélica, como la define el ex presidente neogranadino Ernesto Samper-, para deshacerse del incómodo democristiano que, según ellos, ha sufrido una mutación en sus pocos días al frente de la magistratura andina. Le acusan de ser jefe y protector de los paramilitares infiltrados en el Táchira, de recibir instrucciones del Imperio y de estar preparando el terreno para una futura acción –que incluiría el magnicidio- desde las bases yanquis de la vecina nación.
Todo lo cual sería anecdótico y argumental si sucesos y hechos no fueran llevando este conflicto a un punto de no retorno.
Los amigos y familiares de casi una treintena de venezolanos actualmente secuestrados por narcoguerrilleros colombianos tienen la certeza de que no sólo son paramilitares los autores materiales e intelectuales de tan horrendos crímenes, sino redes ilícitas que operan impunemente en dos tercios del territorio tachirense y amplias zonas de Apure, Barinas y Zulia, y se movilizan a su antojo en el resto del país, gracias a la actitud alentadora y protectora del gobierno revolucionario. Nos referimos a los faracos, los elenos y esa metástasis del ELN que es el FBLN. Así lo han declarado en innumerables oportunidades a los medios nacionales e internacionales.
Los abogados del general Raúl Isaías Baduel amenazan con prender un ventilador que bañará escatológicamente a Raimundo y a todo el mundo, pues el dinero supuestamente malversado por el ex ministro de la Defensa durante su gestión estuvo destinado a la inteligencia, defensa y seguridad del Estado, especialmente en las áreas limítrofes. Piden que las audiencias no sean públicas, para salvaguardar dicha información.
Las autoridades policiales, judiciales y del Ministerio Público se rehúsan a accionar en contra de los peculados denunciados por los alcaldes y gobernadores de oposición contra sus predecesores, especialmente en el Táchira.
El sicariato se ha convertido en la forma más efectiva, rápida y económica de solventar las contradicciones jurídicas en Venezuela: no sólo a nivel pasional sino político, no sólo a nivel de las clases pudientes sino de las menos favorecidas. Y los tanatorios no se dan abasto para realizar las autopsias cotidianas a las víctimas de una guerra no declarada pero igualmente letal: ¡Con Chávez manda el hampa!
Mientras tanto, Chávez sigue despilfarrando dólares entre sus compinches del exterior, regalando desde cazabombarderos hasta plantas eléctricas. Hay un valsecito criollo cuyo título pudiera resumir esta hecatombe: El diablo suelto.
sábado, 31 de octubre de 2009
El terrorismo internaútico.
En un reciente artículo sobre los problemas que enfrenta el dólar estadounidense frente al euro y otras divisas emergentes, Sarry Eichengreen, profesor de Economía y Ciencia Política de la Universidad de Berkeley, reconoce la importancia de la blogósfera en la orientación pública sobre los temas más candentes de la actualidad, o sucesos en pleno desarrollo, como diría algún presentador televisivo.
Este boom de los blog como fuentes de información primaria obedece no sólo al desarrollo de la Red y su popularización entre la gran mayoría pensante del planeta, sino, asimismo, al monopolio que, durante más de un siglo, ejercieron los medios unidireccionales en la formación de matrices de opinión, donde privaba la línea editorial fijada por sus dueños y controlada férreamente por los directores y jefes de redacción e información. Monopolio que se consagró legalmente en algunos países como el nuestro, en los cuales, para poder escribir y publicar, había que graduarse de Comunicador Social, colegiarse en el gremio respectivo y tener mucha suerte.
Al desarrollarse Internet y sus opciones, la opinión pública se abrió como un abanico antes impensable, y los internautas comenzaron a seguir y favorecer a quienes redactaban y relataban situaciones en las cuales se veían reflejados de alguna manera. Quienes se inclinaban por la pornografía, verbigracia, fueron los primeros y mayores favorecidos, ya que un alud de fotografías, videos y solicitudes alimentan hoy sus más lujuriosas expectativas.
Una secretaria ejecutiva de Nueva York consiguió centenares de miles de seguidores, con la publicación cotidiana y sucesiva sus experiencias sexuales con los hombres –según ella, sus fotos y videos- provistos de los mejores penes y traseros de la Gran Manzana.
Más adelante le tocó a la política. Gracias a Internet, un periodista de Sao Paulo, pasó del desempleo crónico a la riqueza súbita al convertirse en el más importante orientador político de Brasil.
Venezuela no ha sido inmune a la blogomanía, y Noticiero Digital es el precursor de otros espacios similares.
El problema es que, como sucedía y sucede también en los medios unidireccionales, lo que en los blog se escribe no es cierto: Los humanos seguimos escribiendo y leyendo con las vísceras y no con la razón, por lo cual, cualquiera que se sienta agraviado o afectado por alguna situación en particular, puede desfogar sus iras y resentimientos, convirtiendo la maledicencia en palabras electrónicas, y empleando a estas últimas como proyectiles contra personas a quienes responsabilizan por sus malestares. Con el agravante de que, a diferencia de la prensa convencional, en Internet no hay derecho a réplica ni individuo o corporación responsable por difamación.
Es el caso de Pedro Alejandro Lava, profesor de Derecho Romano de la Universidad Santa María, contra quien uno de sus alumnos emprendió recientemente una campaña por Twitter y Facebook, acusándolo de homófóbico, con copias de lo denunciado a la Asamblea Nacional, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de la Mujer. Para curarse en salud, la USM decidió cesar en sus funciones al docente (El Nacional, Ciudadanos, Página 3, 28/10/09).
Lo peor de todo es que el profesor Lava no ha dicho en clases nada que no hayan estudiado y publicado extensamente sexólogos como William Masters y Virginia Johnson, Janet Shibley y Octavio Giraldo Neira, entre otros. Citamos a los primeros: En el Levítico –Antiguo Testamento- se prohíbe categóricamente la homosexualidad… Más adelante, añaden: Sin embargo, en la antigua Grecia, se dio una tolerancia, e incluso un fomento de ciertas formas de homosexualidad masculina. Eran corrientes las relaciones entre adultos y adolescentes púberes, por lo general en un contexto educativo donde el varón adulto se ocupaba de la formación ética e intelectual de su pupilo… Atribuyen Master y Johnson esta costumbre a la poca estima que la sociocultura helénica hacia la mujer.
Pero –según Neira- las cosas cambiaron en la sociedad matriarcal romana, donde el coito anal era denominado, despreciativamente, amor griego,. Es tan cierta la afirmación del sexólogo caleño que Suetonio, en su Vida de los doce Césares, urde un mito sobre Cayo Graco Tiberio, a quien acusa de haberse retirado a Capri para entregarse a las orgías más desenfrenadas con niños, a quienes llamaba, mis pequeños peces. Lo cual no pasa de ser una mentira vil, ya que la huida de Tiberio de Roma se debió a tres fallidos intentos de magnicidio, organizados por su esposa Julia, a quien debemos considerar pionera de Asocuaima.
Conforme a la referida nota de prensa, el Decano de Derecho de la USM considera que el profesor Lava fue suspendido por hacer mal uso del aula como tribuna y porque los temas como los que trató en clase están fuera del contenido programático. ¡Cómo se nota que el doctor Inocencio Figueroa nunca fue alumno de un romanista como Sebastián Artiles, quien, para evitar que su materia se transformara en un ladrillo y sus clases en conciertos de bostezos, salpimentaba sus cursos con incisos nemotécnicos como la historia de Tiberio, ya que de él escuchamos por primera vez el chisme! Además, ¿adónde queda entonces la libertad de cátedra, a merced de un alumno que pregunta si tiene o no derecho a ser homosexual?
Toda esta polémica sería ejemplificante si estuviese enmarcada dentro de los parámetros del academicismo, la cultura y la inteligencia. Pero es obvio que los destinatarios del mensaje denuncia hecho por presumible y ofendido gay están bien alejados de tales confines. Más bien, su reclamo por presuntos derechos humanos violados huele a politiquería de la más baja ralea. Y se equipara con las del crítico o musiquete de cuarta categoría que, también recientemente, la ha cogido contra Dudamel y la Orquesta Sinfónica Juvenil, acusándolos de propagandistas globales al servicio de Chávez. Parece ser que ahora entramos en una nueva etapa de la comunicación antisocial, a la cual podemos denominar como terrorismo internáutico.
Este boom de los blog como fuentes de información primaria obedece no sólo al desarrollo de la Red y su popularización entre la gran mayoría pensante del planeta, sino, asimismo, al monopolio que, durante más de un siglo, ejercieron los medios unidireccionales en la formación de matrices de opinión, donde privaba la línea editorial fijada por sus dueños y controlada férreamente por los directores y jefes de redacción e información. Monopolio que se consagró legalmente en algunos países como el nuestro, en los cuales, para poder escribir y publicar, había que graduarse de Comunicador Social, colegiarse en el gremio respectivo y tener mucha suerte.
Al desarrollarse Internet y sus opciones, la opinión pública se abrió como un abanico antes impensable, y los internautas comenzaron a seguir y favorecer a quienes redactaban y relataban situaciones en las cuales se veían reflejados de alguna manera. Quienes se inclinaban por la pornografía, verbigracia, fueron los primeros y mayores favorecidos, ya que un alud de fotografías, videos y solicitudes alimentan hoy sus más lujuriosas expectativas.
Una secretaria ejecutiva de Nueva York consiguió centenares de miles de seguidores, con la publicación cotidiana y sucesiva sus experiencias sexuales con los hombres –según ella, sus fotos y videos- provistos de los mejores penes y traseros de la Gran Manzana.
Más adelante le tocó a la política. Gracias a Internet, un periodista de Sao Paulo, pasó del desempleo crónico a la riqueza súbita al convertirse en el más importante orientador político de Brasil.
Venezuela no ha sido inmune a la blogomanía, y Noticiero Digital es el precursor de otros espacios similares.
El problema es que, como sucedía y sucede también en los medios unidireccionales, lo que en los blog se escribe no es cierto: Los humanos seguimos escribiendo y leyendo con las vísceras y no con la razón, por lo cual, cualquiera que se sienta agraviado o afectado por alguna situación en particular, puede desfogar sus iras y resentimientos, convirtiendo la maledicencia en palabras electrónicas, y empleando a estas últimas como proyectiles contra personas a quienes responsabilizan por sus malestares. Con el agravante de que, a diferencia de la prensa convencional, en Internet no hay derecho a réplica ni individuo o corporación responsable por difamación.
Es el caso de Pedro Alejandro Lava, profesor de Derecho Romano de la Universidad Santa María, contra quien uno de sus alumnos emprendió recientemente una campaña por Twitter y Facebook, acusándolo de homófóbico, con copias de lo denunciado a la Asamblea Nacional, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de la Mujer. Para curarse en salud, la USM decidió cesar en sus funciones al docente (El Nacional, Ciudadanos, Página 3, 28/10/09).
Lo peor de todo es que el profesor Lava no ha dicho en clases nada que no hayan estudiado y publicado extensamente sexólogos como William Masters y Virginia Johnson, Janet Shibley y Octavio Giraldo Neira, entre otros. Citamos a los primeros: En el Levítico –Antiguo Testamento- se prohíbe categóricamente la homosexualidad… Más adelante, añaden: Sin embargo, en la antigua Grecia, se dio una tolerancia, e incluso un fomento de ciertas formas de homosexualidad masculina. Eran corrientes las relaciones entre adultos y adolescentes púberes, por lo general en un contexto educativo donde el varón adulto se ocupaba de la formación ética e intelectual de su pupilo… Atribuyen Master y Johnson esta costumbre a la poca estima que la sociocultura helénica hacia la mujer.
Pero –según Neira- las cosas cambiaron en la sociedad matriarcal romana, donde el coito anal era denominado, despreciativamente, amor griego,. Es tan cierta la afirmación del sexólogo caleño que Suetonio, en su Vida de los doce Césares, urde un mito sobre Cayo Graco Tiberio, a quien acusa de haberse retirado a Capri para entregarse a las orgías más desenfrenadas con niños, a quienes llamaba, mis pequeños peces. Lo cual no pasa de ser una mentira vil, ya que la huida de Tiberio de Roma se debió a tres fallidos intentos de magnicidio, organizados por su esposa Julia, a quien debemos considerar pionera de Asocuaima.
Conforme a la referida nota de prensa, el Decano de Derecho de la USM considera que el profesor Lava fue suspendido por hacer mal uso del aula como tribuna y porque los temas como los que trató en clase están fuera del contenido programático. ¡Cómo se nota que el doctor Inocencio Figueroa nunca fue alumno de un romanista como Sebastián Artiles, quien, para evitar que su materia se transformara en un ladrillo y sus clases en conciertos de bostezos, salpimentaba sus cursos con incisos nemotécnicos como la historia de Tiberio, ya que de él escuchamos por primera vez el chisme! Además, ¿adónde queda entonces la libertad de cátedra, a merced de un alumno que pregunta si tiene o no derecho a ser homosexual?
Toda esta polémica sería ejemplificante si estuviese enmarcada dentro de los parámetros del academicismo, la cultura y la inteligencia. Pero es obvio que los destinatarios del mensaje denuncia hecho por presumible y ofendido gay están bien alejados de tales confines. Más bien, su reclamo por presuntos derechos humanos violados huele a politiquería de la más baja ralea. Y se equipara con las del crítico o musiquete de cuarta categoría que, también recientemente, la ha cogido contra Dudamel y la Orquesta Sinfónica Juvenil, acusándolos de propagandistas globales al servicio de Chávez. Parece ser que ahora entramos en una nueva etapa de la comunicación antisocial, a la cual podemos denominar como terrorismo internáutico.
martes, 27 de octubre de 2009
Los pañitos calientes
Hace poco más de un mes fueron velados los restos mortales del general Alfredo Monch en el Cementerio de La Guairita. A quien fuera alto y distinguido oficial del Ejército Venezolano se le negaron los honores militares correspondientes a su rango, y su sepelio se llevó a cabo sin pena ni gloria. La pena que el régimen imperante le impuso a Monch, aún después de su fallecimiento, fue haber sido el comandante de las tropas que derrotaron El Porteñazo, el tercer y más grave golpe militar que afrontara el recién instaurado gobierno de Rómulo Betancourt, el 6 de Junio de 1962.
Según la Página Web www.fav-com: El Porteñazo, fue la más dura y sangrienta de todas las insurrecciones armadas que ha tenido el país en su historia, que costó centenares de vidas y causó un trauma nacional. Fue una situación muy delicada, la Base Naval y prácticamente toda la ciudad de Puerto Cabello estaban totalmente tomadas por unidades rebeldes apoyadas por elementos civiles de extrema izquierda en una lucha encarnizada y fraticida de dos días de duración.
El Porteñazo fue antecedido de dos insurgencias de un mismo origen: el matrimonio contra natura de militares que se sentían desestimados tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez e izquierdistas que no quisieron o pudieron adaptarse al régimen de libertades democráticas, y prefirieron en cambio alzar la bandera de la Revolución Cubana, tal como les había indicado su máximo líder Fidel Castro en un mitin celebrado en Caracas en 1959: Venezuela está llena de Sierras Maestras…
La citada página Web asienta: Nunca se supo exactamente la cifra de muertos de esta rebelión. Muchas de las victimas fueron sepultadas en fosas comunes sin actas de defunción y lo único que los identifica es una cruz, cuya placa se lee: 2.6.1962, Recuerdo de los caídos. El gobierno dio la cifra de 80 muertos, entre civiles y militares. Sin embargo, los estimados extra-oficiales dan aproximadamente más de 300 victimas fatales e igual número de heridos.
Tras los fallidos alzamientos, según asienta el almirante Iván Carratú Molina, Fidel Castro apoyó logística y militarmente a un precario movimiento insurreccional en Venezuela, conocido como Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, inicialmente comandadas por el capitán Manuel Ponte Rodríguez y el teniente coronel Juan de Dios Moncada Vidal, ambos involucrados en los golpes de 1962.
Ponte Rodríguez se convirtió en embajador ex oficio de las FALN y asiste en esa condición a varias reuniones en África, Europa y Latinoamérica. El liderazgo militar de las FALN fue reemplazado por fichas del Partido Comunista Venezolano, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y nutrido por jóvenes estudiantes entrenados en Cuba según el modelo guevarista de la Guerra Tricontinental contra el Imperio y la exportación del modelo cubano a Iberoamérica.
Betancourt derrotó militarmente las conjuras de La Guaira, Carúpano y Puerto Cabello, la invasión de Machurucuto por tropas cubanas y sobrevivió al intento de magnicidio financiado por el sátrapa Rafael Leonidas Trujillo. Sus sucesores en la Primera Magistratura triunfaron sobre las apetencias castrocomunistas y, para 1976, lograron pacificar al país.
Sin embargo, perdieron la batalla más importante, la depuración política de las FFAA, pues el morbo marxista se ocultó prodigiosamente en las estructuras más recónditas de la institución castrense, esperando –como se dice en lenguaje maximalista- que se dieran las condiciones.
Alberto Garrido asegura que la nueva estrategia marxista de las FFAA ya estaba decidida en 1977: Se instaló el Frente Militar de Carrera, para coordinar el trabajo de las células en los distintos componentes. En el Ejército se formaron, con Hugo Chávez, el Comité de Militares Bolivarianos, Patrióticos y Revolucionarios, el Ejército Bolivariano y luego el MBR-200. Pocos militares, entre ellos Chávez, sabían de la existencia del cerebro ordenador de la conjura, Douglas Bravo. Toda la teoría revolucionaria estaba servida para los jóvenes oficiales, su elaboración le había llevado a la dirigencia guerrillera, para ese momento, más de tres lustros. Hasta Alí Primera era símbolo del PRV.
A esta inexplicable falta de visión política de la dirigencia y la oficialidad democráticas –o, tal vez, conchupancia de algunos de sus más relevantes protagonistas-, se unió una campaña mortal de desprestigio de las instituciones existentes, de la cual –como afirmara el editor Miguel Ángel Quevedo en su nota de suicidio, todos fuimos culpables-.
Las autoridades de las principales universidades del país decidieron despolitizarlas, los medios de comunicación se cebaron sobre los mínimos errores de los gobiernos de turno, éstos dejaron de venderle al ciudadano de a pie las ventajas de vivir en libertad.
Sólo algunas voces se alzaron en defensa de la Venezuela posible y deseable. Arturo Uslar Pietri, Renny Otolina, Pedro Tinoco. El doctor Tinoco, de su propio peculio, becó a los mejores graduados la laUCAB y la UCV para que se especializaran en politología en el exterior. Renny pagó con su vida el intento de acceder a la Presidencia de la República. A Uslar se le premió el suyo con el ostracismo político y la humillación de llamarle profeta del desastre.
No, la antipolítica no puede ser definida como el aborrecimiento hacia los partidos puntofijistas, sino como el epílogo de una sociedad que le volteó la espalda, simultáneamente, a la necesidad de perfeccionar su sistema democrática, por encima de cualquier otra consideración, y al peligro de la insurrección castrocomunista –endémico en América Latina-, a la cual derrotó militar pero no políticamente.
Una sociedad que se caracterizó por derroche descarado, la superficialidad intelectual y la satisfacción a ultranza del alma plutoniana que desea placeres y bienes, en desmedro del alma que razona y el pathos.
Ayer escuchamos a nuestro querido maestro de posgrado, Domingo Maza Zavala, afirmando que el año 2010 sería crucial para Venezuela en todos los sentidos, con inclusión del económico. Que los venezolanos pudiéramos voltear la tortilla si actuamos con inteligencia, decisión y valor. Pero que no serían los momentos para los pañitos calientes.
Según la Página Web www.fav-com: El Porteñazo, fue la más dura y sangrienta de todas las insurrecciones armadas que ha tenido el país en su historia, que costó centenares de vidas y causó un trauma nacional. Fue una situación muy delicada, la Base Naval y prácticamente toda la ciudad de Puerto Cabello estaban totalmente tomadas por unidades rebeldes apoyadas por elementos civiles de extrema izquierda en una lucha encarnizada y fraticida de dos días de duración.
El Porteñazo fue antecedido de dos insurgencias de un mismo origen: el matrimonio contra natura de militares que se sentían desestimados tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez e izquierdistas que no quisieron o pudieron adaptarse al régimen de libertades democráticas, y prefirieron en cambio alzar la bandera de la Revolución Cubana, tal como les había indicado su máximo líder Fidel Castro en un mitin celebrado en Caracas en 1959: Venezuela está llena de Sierras Maestras…
La citada página Web asienta: Nunca se supo exactamente la cifra de muertos de esta rebelión. Muchas de las victimas fueron sepultadas en fosas comunes sin actas de defunción y lo único que los identifica es una cruz, cuya placa se lee: 2.6.1962, Recuerdo de los caídos. El gobierno dio la cifra de 80 muertos, entre civiles y militares. Sin embargo, los estimados extra-oficiales dan aproximadamente más de 300 victimas fatales e igual número de heridos.
Tras los fallidos alzamientos, según asienta el almirante Iván Carratú Molina, Fidel Castro apoyó logística y militarmente a un precario movimiento insurreccional en Venezuela, conocido como Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, inicialmente comandadas por el capitán Manuel Ponte Rodríguez y el teniente coronel Juan de Dios Moncada Vidal, ambos involucrados en los golpes de 1962.
Ponte Rodríguez se convirtió en embajador ex oficio de las FALN y asiste en esa condición a varias reuniones en África, Europa y Latinoamérica. El liderazgo militar de las FALN fue reemplazado por fichas del Partido Comunista Venezolano, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y nutrido por jóvenes estudiantes entrenados en Cuba según el modelo guevarista de la Guerra Tricontinental contra el Imperio y la exportación del modelo cubano a Iberoamérica.
Betancourt derrotó militarmente las conjuras de La Guaira, Carúpano y Puerto Cabello, la invasión de Machurucuto por tropas cubanas y sobrevivió al intento de magnicidio financiado por el sátrapa Rafael Leonidas Trujillo. Sus sucesores en la Primera Magistratura triunfaron sobre las apetencias castrocomunistas y, para 1976, lograron pacificar al país.
Sin embargo, perdieron la batalla más importante, la depuración política de las FFAA, pues el morbo marxista se ocultó prodigiosamente en las estructuras más recónditas de la institución castrense, esperando –como se dice en lenguaje maximalista- que se dieran las condiciones.
Alberto Garrido asegura que la nueva estrategia marxista de las FFAA ya estaba decidida en 1977: Se instaló el Frente Militar de Carrera, para coordinar el trabajo de las células en los distintos componentes. En el Ejército se formaron, con Hugo Chávez, el Comité de Militares Bolivarianos, Patrióticos y Revolucionarios, el Ejército Bolivariano y luego el MBR-200. Pocos militares, entre ellos Chávez, sabían de la existencia del cerebro ordenador de la conjura, Douglas Bravo. Toda la teoría revolucionaria estaba servida para los jóvenes oficiales, su elaboración le había llevado a la dirigencia guerrillera, para ese momento, más de tres lustros. Hasta Alí Primera era símbolo del PRV.
A esta inexplicable falta de visión política de la dirigencia y la oficialidad democráticas –o, tal vez, conchupancia de algunos de sus más relevantes protagonistas-, se unió una campaña mortal de desprestigio de las instituciones existentes, de la cual –como afirmara el editor Miguel Ángel Quevedo en su nota de suicidio, todos fuimos culpables-.
Las autoridades de las principales universidades del país decidieron despolitizarlas, los medios de comunicación se cebaron sobre los mínimos errores de los gobiernos de turno, éstos dejaron de venderle al ciudadano de a pie las ventajas de vivir en libertad.
Sólo algunas voces se alzaron en defensa de la Venezuela posible y deseable. Arturo Uslar Pietri, Renny Otolina, Pedro Tinoco. El doctor Tinoco, de su propio peculio, becó a los mejores graduados la laUCAB y la UCV para que se especializaran en politología en el exterior. Renny pagó con su vida el intento de acceder a la Presidencia de la República. A Uslar se le premió el suyo con el ostracismo político y la humillación de llamarle profeta del desastre.
No, la antipolítica no puede ser definida como el aborrecimiento hacia los partidos puntofijistas, sino como el epílogo de una sociedad que le volteó la espalda, simultáneamente, a la necesidad de perfeccionar su sistema democrática, por encima de cualquier otra consideración, y al peligro de la insurrección castrocomunista –endémico en América Latina-, a la cual derrotó militar pero no políticamente.
Una sociedad que se caracterizó por derroche descarado, la superficialidad intelectual y la satisfacción a ultranza del alma plutoniana que desea placeres y bienes, en desmedro del alma que razona y el pathos.
Ayer escuchamos a nuestro querido maestro de posgrado, Domingo Maza Zavala, afirmando que el año 2010 sería crucial para Venezuela en todos los sentidos, con inclusión del económico. Que los venezolanos pudiéramos voltear la tortilla si actuamos con inteligencia, decisión y valor. Pero que no serían los momentos para los pañitos calientes.
lunes, 26 de octubre de 2009
La Revolución de la Ignorancia (y II)
En la entrega anterior, publicamos algunas reflexiones de Arturo Uslar Pietri sobre el destino futuro de Venezuela si no integraba a los desarraigados que medran en sus villas miseria.
Este porvenir se cumplió fatídicamente con la ascensión al poder de Chávez en 1998, y nos condujo inevitablemente a una situación mucho más grave que la sufrida por Cuba durante cinco décadas, en primer lugar porque Fidel ya no manda en allá sino acá y Raúl, provisto de un cerebro bien lúcido, está dispuesto abordar –como lo hicieran China y Vietnam- el tren del capitalismo salvaje.
Al insurgir Chávez contra las instituciones en 1992 y 1999, selló la muerte de la venezolanidad como República basada y enmarcada en valores humanistas y su soberanía política y económica, porque los boliburgueses y las focas que acompañan al caudillo practican la cultura de los antivalores: astucia en lugar de inteligencia, corrupción en lugar de probidad, charlatanería en lugar de diálogo, grosería en lugar de semántica, facilismo en lugar de trabajo, autoritarismo en lugar de democracia.
Algunos opináticos de oficio culpan de esta involución a los peores días de la posguerra civil que hubo en Venezuela tras la Independencia a lo que llaman la antipolítica, esto es, al rechazo generalizado de los venezolanos contra los partidos de la IV República, cuyos sucesores cuentan actualmente con la repulsa –según las encuestas más recientes- del 89% de los electores potenciales. Añaden que, si queremos salir de Chávez, estamos obligados votar por los candidatos que ellos elijan, según los métodos que escojan y en operativos que van desde las primarias –controladas por un CNE rojo rojito- hasta consensos realizados entre gallos y medianoche –a espaldas de la opinión pública-. Dicho de otra manera, que nos traguemos sus negociados como si fueran aceite de ricino, y les firmemos un cheque al portador y en blanco. Caso contrario, que nos atengamos a las consecuencias: Come gallina o muere arponeado.
Esta petición no es nueva. Se la plantearon a Venezuela Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba en 1958. Ninguno de los líderes estudiantiles u opositores que habían cargado en sus espaldas la resistencia contra la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez pudo colocarse en algún puesto relevante en los tres gobiernos que se alternaron a partir de ese año. Fabricio Ojeda, que era la cabeza de la Junta Patriótica, terminó su existencia colgado en un oscuro calabozo del Palacio Blanco. ¡Suicidio! –decretó el oficialismo. ¡Homicidio! –aseguraron sus simpatizantes de la izquierda. Y así se quedó todo, como siempre.
Uslar afirma que nunca se dio una verdadera democracia en 40 años del Pacto de Punto Fijo, sino un régimen de libertades. De las cuales estuvieron excluidas, hasta el último y caótico mandato de Carlos Andrés Pérez, las libertades económicas a través del perverso mecanismo de los controles de precios.
Caldera, el segundo y último presidente puntofijista, aseguró que en sus manos no se perdería la República. Pero hizo todo lo contrario de lo que había predicado: en vez de reformar la Constitución la dejó como estaba, en vez de aprobar la Ley de Partidos la engavetó, en vez de reflotar la banca dejó que los ahorristas cargaran con los muertos y los pillos financieros se pusieran a salvo, en vez de esperar que los tribunales condenaran formalmente a los golpistas de 1992 y amnistiarlos luego –si ese era su deseo o compromiso- los liberó y, subsecuentemente, les habilitó para que participaran en los próximos comicios.
Pero no fueron sólo Caldera y Pérez los responsables del desastre que se profundizó y adquirió características grotescas a partir de 1998, aún cuando es cierto que, en ambas elecciones y reelecciones, cubrieron casi el 50% del régimen de libertades. Raúl Leoni, Luis Herrera y Jaime Lusinchi también fueron responsables en buena medida de la tragedia nacional. De manera que aquí no hubo inocentes, pese a la excusa del Presidente Lusinchi: ¡La banca me engañó…!
Por eso, el tema de la política y la antipolítica no puede ser el considerando exclusivo para el rescate republicano. Es uno de los ítems, pero no el más importante. Se requiere un proyecto de país y un proceso de transición.
Uslar señala, en el libro citado, que en el Siglo XXI tres países latinoamericanos llegaran al desarrollo económico. Dos naciones escalan ya esa pirámide: Brasil y Chile. Otras tres naciones se disputan el cupo restante: Colombia, México y Perú. En todos los casos citados, hubo proyectos y transiciones, los cuales fueron elaborados por las Universidades y no importados del exterior.
Si seguimos navegando en el Mar de la Felicidad –nadie se engañe que vamos a Cuba, ¡esto es Cuba!-, la culpa no será de los ni-ni, los guarimberos o la sociedad civil, sino del eterno enemigo de Venezuela: la ignorancia. Y sólo con la Universidad en la revolución será posible derrotar a la Revolución de la Ignorancia.
Este porvenir se cumplió fatídicamente con la ascensión al poder de Chávez en 1998, y nos condujo inevitablemente a una situación mucho más grave que la sufrida por Cuba durante cinco décadas, en primer lugar porque Fidel ya no manda en allá sino acá y Raúl, provisto de un cerebro bien lúcido, está dispuesto abordar –como lo hicieran China y Vietnam- el tren del capitalismo salvaje.
Al insurgir Chávez contra las instituciones en 1992 y 1999, selló la muerte de la venezolanidad como República basada y enmarcada en valores humanistas y su soberanía política y económica, porque los boliburgueses y las focas que acompañan al caudillo practican la cultura de los antivalores: astucia en lugar de inteligencia, corrupción en lugar de probidad, charlatanería en lugar de diálogo, grosería en lugar de semántica, facilismo en lugar de trabajo, autoritarismo en lugar de democracia.
Algunos opináticos de oficio culpan de esta involución a los peores días de la posguerra civil que hubo en Venezuela tras la Independencia a lo que llaman la antipolítica, esto es, al rechazo generalizado de los venezolanos contra los partidos de la IV República, cuyos sucesores cuentan actualmente con la repulsa –según las encuestas más recientes- del 89% de los electores potenciales. Añaden que, si queremos salir de Chávez, estamos obligados votar por los candidatos que ellos elijan, según los métodos que escojan y en operativos que van desde las primarias –controladas por un CNE rojo rojito- hasta consensos realizados entre gallos y medianoche –a espaldas de la opinión pública-. Dicho de otra manera, que nos traguemos sus negociados como si fueran aceite de ricino, y les firmemos un cheque al portador y en blanco. Caso contrario, que nos atengamos a las consecuencias: Come gallina o muere arponeado.
Esta petición no es nueva. Se la plantearon a Venezuela Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba en 1958. Ninguno de los líderes estudiantiles u opositores que habían cargado en sus espaldas la resistencia contra la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez pudo colocarse en algún puesto relevante en los tres gobiernos que se alternaron a partir de ese año. Fabricio Ojeda, que era la cabeza de la Junta Patriótica, terminó su existencia colgado en un oscuro calabozo del Palacio Blanco. ¡Suicidio! –decretó el oficialismo. ¡Homicidio! –aseguraron sus simpatizantes de la izquierda. Y así se quedó todo, como siempre.
Uslar afirma que nunca se dio una verdadera democracia en 40 años del Pacto de Punto Fijo, sino un régimen de libertades. De las cuales estuvieron excluidas, hasta el último y caótico mandato de Carlos Andrés Pérez, las libertades económicas a través del perverso mecanismo de los controles de precios.
Caldera, el segundo y último presidente puntofijista, aseguró que en sus manos no se perdería la República. Pero hizo todo lo contrario de lo que había predicado: en vez de reformar la Constitución la dejó como estaba, en vez de aprobar la Ley de Partidos la engavetó, en vez de reflotar la banca dejó que los ahorristas cargaran con los muertos y los pillos financieros se pusieran a salvo, en vez de esperar que los tribunales condenaran formalmente a los golpistas de 1992 y amnistiarlos luego –si ese era su deseo o compromiso- los liberó y, subsecuentemente, les habilitó para que participaran en los próximos comicios.
Pero no fueron sólo Caldera y Pérez los responsables del desastre que se profundizó y adquirió características grotescas a partir de 1998, aún cuando es cierto que, en ambas elecciones y reelecciones, cubrieron casi el 50% del régimen de libertades. Raúl Leoni, Luis Herrera y Jaime Lusinchi también fueron responsables en buena medida de la tragedia nacional. De manera que aquí no hubo inocentes, pese a la excusa del Presidente Lusinchi: ¡La banca me engañó…!
Por eso, el tema de la política y la antipolítica no puede ser el considerando exclusivo para el rescate republicano. Es uno de los ítems, pero no el más importante. Se requiere un proyecto de país y un proceso de transición.
Uslar señala, en el libro citado, que en el Siglo XXI tres países latinoamericanos llegaran al desarrollo económico. Dos naciones escalan ya esa pirámide: Brasil y Chile. Otras tres naciones se disputan el cupo restante: Colombia, México y Perú. En todos los casos citados, hubo proyectos y transiciones, los cuales fueron elaborados por las Universidades y no importados del exterior.
Si seguimos navegando en el Mar de la Felicidad –nadie se engañe que vamos a Cuba, ¡esto es Cuba!-, la culpa no será de los ni-ni, los guarimberos o la sociedad civil, sino del eterno enemigo de Venezuela: la ignorancia. Y sólo con la Universidad en la revolución será posible derrotar a la Revolución de la Ignorancia.
domingo, 25 de octubre de 2009
La Revolución de la Ignorancia
En una extraordinaria colección de ensayos, escritos durante un decenio y publicados en 1981 bajo el título de Educar para Venezuela, Arturo Uslar Pietri reflexiona como si analizara la realidad actual de Venezuela y no la temporalidad durante la cual los redactó. Lo que reafirma su cualidad de visionario y alecciona sobre que los males del presente no se sembraron en 1992 o 1999 sino en ese pasado ni tan lejano.
Asevera Uslar:
Quien recorre las barriadas pobres, que cercan de miseria nuestras ciudades de reciente y mal empleada riqueza petrolera, encuentra a un gran número de personas, mayoritariamente jóvenes, que literalmente no tienen nada que hacer pues carecen de alguna habilidad que les capacite para emplearse. Son puros y simples braceros, a veces con algunos años de inútil bachillerato a cuestas, condenados a vegetar en la miseria y la inactividad.
A veces surge alguien que piensa que el problema de estas barriadas es la vivienda o el subsidio económico, sin percatarse de que son desplazados de la actividad económica, víctimas de una pobreza sin esperanzas, del abandono familiar y la vulgaridad en un entorno poblado de las más chabacanas y corruptoras incitaciones: el ocio degradante, la viveza, que es la escuela primaria del delito, la sexualidad prematura convertida en repugnante experiencia, la promiscuidad, el cinismo, el ruin aprendizaje de las artes del pícaro y el logrero, el delito como acción y superación, el desempleo, el vicio y el cínico envejecimiento prematuro de quienes nada esperan y en nada creen.
Los más de ellos a los dieciocho años tienen que detestar el medio social en que nacieron, y antes de los veinticinco se sienten fracasados. Han oído repetidamente las promesas políticas que nunca se cumplen, han tocado vanamente en muchas puertas sin encontrar colocación, han ensayado muchos simples menesteres temporeros y se refugian en una actitud desafiante o cínica, o se van detrás del hombre que los invita al sacrificio, poniéndoles un arma en la mano, para ir a ofrendar su vida por una vida más digna y una sociedad más justa.
Esta situación afecta a más de la mitad de la población venezolana. Muchos de ellos no conocen padre y carecen de vida familiar. Han nacido en los tugurios de la pobreza, hijos de ignorantes mujeres abandonadas, que no están ni mental, ni moral, ni socialmente preparadas para sostener, educar y alimentar a un número desproporcionado de hijos, a quienes el Estado salva de la muerte infantil, pero no de la miseria y de la desadaptación social.
Los que hoy conocemos como marginales y caracterizamos, independientemente de su temporal bienestar económico –debido al carné político o a los azares de la fortuna-, como que llevan el rancho en la cabeza, integran la masa de seguidores duros del Presidente Chávez. Éste, a su vez, ha construido su poder político en base a los antivalores de la sociedad venezolana: la vulgaridad, la hipocresía del doble discurso, el pájarobravismo, la corrupción como norma de gobierno y el crimen organizado o no.
Lo que ha logrado Chávez, en diez años, es convertir al desarraigo y a los desarraigados en una nueva identidad nacional, que nada tiene en común con los valores históricos de la venezonalidad. En otras palabras, quienes no comulgamos con este nuevo ideal somos realmente unos apátridas, no sólo porque el Comandante en Jefe le entregó la soberanía política a Cuba y la económica a Brasil, sino porque la República se nos fue de las manos en el instante en el cual permitimos que se abriera el grifo indiscriminado de la inmigración no selectiva y dejamos que las barriadas se colmaran de materia prima para el actual desgobierno chavista.
Más adelante, Uslar sostiene que existe una diferencia abismal entre hacer la revolución en la Universidad o la Universidad en la revolución. Asevera que las grandes revoluciones han sido las hijas del saber, y que desestimarlo es uno de los más graves errores. Se enfoca particularmente en la Reforma, la Revolución Francesa y la Revolución Rusa. Sobre esta última señala:
La Revolución Rusa es hija de la más exigente universidad alemana, de la más alta ciencia universitaria del siglo XIX. Cuando el soviet de Petrogrado toma el poder, lo que hace es escribir el capítulo final traducido a los hechos de lo que había sido fundamentalmente un proceso de la inteligencia y la disciplina universitarias. Si los hombres como Marx hubieran pensado que había que hacer la revolución en la universidad paralizándola y obstaculizándola porque ella representaba al reaccionario rey de Prusia, no hubieran creado el marxismo, no hubieran echado las bases sobre las cuales se hizo el gran movimiento revolucionario del siglo XX.
Hete aquí otra gran distinción entre el sistema chavista y las verdaderas revoluciones. Erasmo de Rótterdam, Martín Lutero, los Enciclopedistas y el mismo Carlos Marx eran hombres de luces, que hicieron la Universidad en la revolución. Los chavistas civiles que hoy ostentan portentosos cargos administrativos y demuestran permanente incompetencia gerencial, fueron en su mayoría atorrantes y tirapiedras que intentaron destruir el orden académico haciendo la revolución en la Universidad. Y sus jóvenes militantes siguen por el mismo camino.
Todo este desolador panorama, sin embargo, resulta esperanzador en sí mismo. Porque si algo hay repetivo en la Historia es que ninguna causa, justa o injusta, es viable ni perdurable si es conducida por ignorantes. Y la revolución chavista no es otra cosa que una Rebelión de las Masas, una Revolución de la Ignorancia. Por eso, la salvación y el futuro de la República de Venezuela está –como siempre ha estado- en la Universidad, y no en los cuarteles ni los partidos políticos.
Asevera Uslar:
Quien recorre las barriadas pobres, que cercan de miseria nuestras ciudades de reciente y mal empleada riqueza petrolera, encuentra a un gran número de personas, mayoritariamente jóvenes, que literalmente no tienen nada que hacer pues carecen de alguna habilidad que les capacite para emplearse. Son puros y simples braceros, a veces con algunos años de inútil bachillerato a cuestas, condenados a vegetar en la miseria y la inactividad.
A veces surge alguien que piensa que el problema de estas barriadas es la vivienda o el subsidio económico, sin percatarse de que son desplazados de la actividad económica, víctimas de una pobreza sin esperanzas, del abandono familiar y la vulgaridad en un entorno poblado de las más chabacanas y corruptoras incitaciones: el ocio degradante, la viveza, que es la escuela primaria del delito, la sexualidad prematura convertida en repugnante experiencia, la promiscuidad, el cinismo, el ruin aprendizaje de las artes del pícaro y el logrero, el delito como acción y superación, el desempleo, el vicio y el cínico envejecimiento prematuro de quienes nada esperan y en nada creen.
Los más de ellos a los dieciocho años tienen que detestar el medio social en que nacieron, y antes de los veinticinco se sienten fracasados. Han oído repetidamente las promesas políticas que nunca se cumplen, han tocado vanamente en muchas puertas sin encontrar colocación, han ensayado muchos simples menesteres temporeros y se refugian en una actitud desafiante o cínica, o se van detrás del hombre que los invita al sacrificio, poniéndoles un arma en la mano, para ir a ofrendar su vida por una vida más digna y una sociedad más justa.
Esta situación afecta a más de la mitad de la población venezolana. Muchos de ellos no conocen padre y carecen de vida familiar. Han nacido en los tugurios de la pobreza, hijos de ignorantes mujeres abandonadas, que no están ni mental, ni moral, ni socialmente preparadas para sostener, educar y alimentar a un número desproporcionado de hijos, a quienes el Estado salva de la muerte infantil, pero no de la miseria y de la desadaptación social.
Los que hoy conocemos como marginales y caracterizamos, independientemente de su temporal bienestar económico –debido al carné político o a los azares de la fortuna-, como que llevan el rancho en la cabeza, integran la masa de seguidores duros del Presidente Chávez. Éste, a su vez, ha construido su poder político en base a los antivalores de la sociedad venezolana: la vulgaridad, la hipocresía del doble discurso, el pájarobravismo, la corrupción como norma de gobierno y el crimen organizado o no.
Lo que ha logrado Chávez, en diez años, es convertir al desarraigo y a los desarraigados en una nueva identidad nacional, que nada tiene en común con los valores históricos de la venezonalidad. En otras palabras, quienes no comulgamos con este nuevo ideal somos realmente unos apátridas, no sólo porque el Comandante en Jefe le entregó la soberanía política a Cuba y la económica a Brasil, sino porque la República se nos fue de las manos en el instante en el cual permitimos que se abriera el grifo indiscriminado de la inmigración no selectiva y dejamos que las barriadas se colmaran de materia prima para el actual desgobierno chavista.
Más adelante, Uslar sostiene que existe una diferencia abismal entre hacer la revolución en la Universidad o la Universidad en la revolución. Asevera que las grandes revoluciones han sido las hijas del saber, y que desestimarlo es uno de los más graves errores. Se enfoca particularmente en la Reforma, la Revolución Francesa y la Revolución Rusa. Sobre esta última señala:
La Revolución Rusa es hija de la más exigente universidad alemana, de la más alta ciencia universitaria del siglo XIX. Cuando el soviet de Petrogrado toma el poder, lo que hace es escribir el capítulo final traducido a los hechos de lo que había sido fundamentalmente un proceso de la inteligencia y la disciplina universitarias. Si los hombres como Marx hubieran pensado que había que hacer la revolución en la universidad paralizándola y obstaculizándola porque ella representaba al reaccionario rey de Prusia, no hubieran creado el marxismo, no hubieran echado las bases sobre las cuales se hizo el gran movimiento revolucionario del siglo XX.
Hete aquí otra gran distinción entre el sistema chavista y las verdaderas revoluciones. Erasmo de Rótterdam, Martín Lutero, los Enciclopedistas y el mismo Carlos Marx eran hombres de luces, que hicieron la Universidad en la revolución. Los chavistas civiles que hoy ostentan portentosos cargos administrativos y demuestran permanente incompetencia gerencial, fueron en su mayoría atorrantes y tirapiedras que intentaron destruir el orden académico haciendo la revolución en la Universidad. Y sus jóvenes militantes siguen por el mismo camino.
Todo este desolador panorama, sin embargo, resulta esperanzador en sí mismo. Porque si algo hay repetivo en la Historia es que ninguna causa, justa o injusta, es viable ni perdurable si es conducida por ignorantes. Y la revolución chavista no es otra cosa que una Rebelión de las Masas, una Revolución de la Ignorancia. Por eso, la salvación y el futuro de la República de Venezuela está –como siempre ha estado- en la Universidad, y no en los cuarteles ni los partidos políticos.
martes, 20 de octubre de 2009
¡Así es el Maní!
El mayor antivalor del país –afirma uno de mis hermano- es la matraca, pues ella se ajusta al ciclo biológico del ciudadano: el primer martillazo lo recibe al nacer, cuando sus padres deben bajarse de la mula para conseguir la partida de nacimiento; y el último al fallecer, cuando las empresas de pompas fúnebres se activan para enterrarlo o incinerarlo dentro de la cronología estipulada. Un venezolano o venezolana mayor de 50 años carece de la memoria necesaria para recordar cuántas veces ha sido extorsionado durante su existencia, oficial u oficiosamente, o calcular el monto de estos hechos de tracto sucesivo.
La matraca en Venezuela no discrimina por clases o grupos socioeconómicos, no diferencia edades, géneros, simpatías o ideologías. Es, por decirlo de alguna manera, pluralista y democrática.
Hay matraqueros de todos los niveles: desde los cuidadores de carros hasta los capos de la narcoguerrilla colombiana, pasando por los cobradores de peajes y vacunas y los gestores de todo tipo –que son una suerte de clase media legitimada y socialmente aceptada-. Incluso en los operativos de cedulación y suministro de alimentos a costo reducido, medran individuos que no van a cedularse ni a comprar, pero sí a vender sus puestos salidores en las colas que suelen formarse en dichos eventos.
Como se trata delitos de extorsión, mezclado con la corrupción siempre in crescendo, los millones de víctimas no tienen alternativas, o brincan o se encaraman. Y encaramarse implica someterse a procesos humillantes e infamantes, sobre los cuales ni siquiera Franz Kafka pudo haber atisbado dentro de su esencia o naturaleza, y cuyo final termina, implacablemente, en pérdida de tiempo y gasto mayor del dinero inicialmente solicitado.
En nuestro vecindario vive un sujeto a quien llamaremos Maní. Viste los colores rojo rojitos, vocifera –casi siempre embriagado- las consignas más elementales de la revolución bolivariana, arremete verbalmente cuando pierde el control etílico a los pacíficos y desarmados habitantes de la zonas, amenaza a los viejos con quitarles sus pensiones y otras menudencias por el estilo. Maní, además, constituye una especie de espía o informante del régimen, está en conocimiento de quienes le son afectos –una mayoría de los vecinos- y quienes desafectos –una minoría, que responde a los cacerolazos nocturnos con tiros de 9 mm y canciones de Alí Primera a todo volumen-.
El negocio primario de Maní es la explotación de los indigentes. Estos llegaron a la zona atraídos por el oropel de Pdvsa, y allí se quedaron, esperando las sobras del festín de Baltasar. Hurtan los contenedores de basura, abren las bolsas en busca de todo lo reciclable o comestible y, en su desesperación y ruina moral y física, rompen los vidrios de los automóviles parqueados en las calles, no para robar sino para expresar sus sentimientos. De lo poco que consiguen, hurtando, mendigando o escarbando, Maní recibe su porcentaje.
Pero Maní, a quien la dictadura le ha regalado una vivienda y un salario mensual, no es un caso único ni de excepción en esta Tierra de Desgracia.
La carretera que conduce desde Maracaibo hasta La Raya, o frontera del Zulia con la Guajira es testigo mudo de otra matraca colectiva, a la cual se somete a los colombianos residentes en Venezuela cada vez que visitan a sus familiares en la vecina república. Hay más de diez alcabalas móviles en la vía, y en cada una de ellas el viajero neogranadino debe abonar un promedio de diez bolívares fuertes, un total de 200 mil bolívares de los viejos –si tomamos en cuenta el pasaje Maracaibo-Maicao que es de 100 mil-. Adivine usted, querido lector, quienes se benefician de ese negocio ilícito, a la ida y a la vuelta. Sí, los mismos hombrecitos verdes cuyo honor no se divisa y cuyos líderes tanto aman al Comandante en Jefe y tan dispuestos están a arriesgar sus vidas, arremetiendo contra manifestaciones pacíficas de ancianos y estudiantes con gas del bueno y perdigones.
No creamos, ni por un segundo, que los maníes y hombrecitos verdes de este país surgieron con la llamada V República. El problema viene de lejos, de la Colonia, y se instauró después de la Independencia, cuando los recolectores oficiales de impuestos fueron sustituidos por asaltantes de caminos y delegados de los caudillos que sumieron a Venezuela en una cruenta, interminable y empobrecedora posguerra civil que duró más de un siglo. Pero que el problema sea viejo no excluye el imperativo de que la nueva clase dirigente que surja tras los inevitables cambios del futuro se vuelva a cruzar de brazos ante la matraca y repita la frase: ¡Así es el Maní!
La matraca en Venezuela no discrimina por clases o grupos socioeconómicos, no diferencia edades, géneros, simpatías o ideologías. Es, por decirlo de alguna manera, pluralista y democrática.
Hay matraqueros de todos los niveles: desde los cuidadores de carros hasta los capos de la narcoguerrilla colombiana, pasando por los cobradores de peajes y vacunas y los gestores de todo tipo –que son una suerte de clase media legitimada y socialmente aceptada-. Incluso en los operativos de cedulación y suministro de alimentos a costo reducido, medran individuos que no van a cedularse ni a comprar, pero sí a vender sus puestos salidores en las colas que suelen formarse en dichos eventos.
Como se trata delitos de extorsión, mezclado con la corrupción siempre in crescendo, los millones de víctimas no tienen alternativas, o brincan o se encaraman. Y encaramarse implica someterse a procesos humillantes e infamantes, sobre los cuales ni siquiera Franz Kafka pudo haber atisbado dentro de su esencia o naturaleza, y cuyo final termina, implacablemente, en pérdida de tiempo y gasto mayor del dinero inicialmente solicitado.
En nuestro vecindario vive un sujeto a quien llamaremos Maní. Viste los colores rojo rojitos, vocifera –casi siempre embriagado- las consignas más elementales de la revolución bolivariana, arremete verbalmente cuando pierde el control etílico a los pacíficos y desarmados habitantes de la zonas, amenaza a los viejos con quitarles sus pensiones y otras menudencias por el estilo. Maní, además, constituye una especie de espía o informante del régimen, está en conocimiento de quienes le son afectos –una mayoría de los vecinos- y quienes desafectos –una minoría, que responde a los cacerolazos nocturnos con tiros de 9 mm y canciones de Alí Primera a todo volumen-.
El negocio primario de Maní es la explotación de los indigentes. Estos llegaron a la zona atraídos por el oropel de Pdvsa, y allí se quedaron, esperando las sobras del festín de Baltasar. Hurtan los contenedores de basura, abren las bolsas en busca de todo lo reciclable o comestible y, en su desesperación y ruina moral y física, rompen los vidrios de los automóviles parqueados en las calles, no para robar sino para expresar sus sentimientos. De lo poco que consiguen, hurtando, mendigando o escarbando, Maní recibe su porcentaje.
Pero Maní, a quien la dictadura le ha regalado una vivienda y un salario mensual, no es un caso único ni de excepción en esta Tierra de Desgracia.
La carretera que conduce desde Maracaibo hasta La Raya, o frontera del Zulia con la Guajira es testigo mudo de otra matraca colectiva, a la cual se somete a los colombianos residentes en Venezuela cada vez que visitan a sus familiares en la vecina república. Hay más de diez alcabalas móviles en la vía, y en cada una de ellas el viajero neogranadino debe abonar un promedio de diez bolívares fuertes, un total de 200 mil bolívares de los viejos –si tomamos en cuenta el pasaje Maracaibo-Maicao que es de 100 mil-. Adivine usted, querido lector, quienes se benefician de ese negocio ilícito, a la ida y a la vuelta. Sí, los mismos hombrecitos verdes cuyo honor no se divisa y cuyos líderes tanto aman al Comandante en Jefe y tan dispuestos están a arriesgar sus vidas, arremetiendo contra manifestaciones pacíficas de ancianos y estudiantes con gas del bueno y perdigones.
No creamos, ni por un segundo, que los maníes y hombrecitos verdes de este país surgieron con la llamada V República. El problema viene de lejos, de la Colonia, y se instauró después de la Independencia, cuando los recolectores oficiales de impuestos fueron sustituidos por asaltantes de caminos y delegados de los caudillos que sumieron a Venezuela en una cruenta, interminable y empobrecedora posguerra civil que duró más de un siglo. Pero que el problema sea viejo no excluye el imperativo de que la nueva clase dirigente que surja tras los inevitables cambios del futuro se vuelva a cruzar de brazos ante la matraca y repita la frase: ¡Así es el Maní!
domingo, 18 de octubre de 2009
La 92ª víctima de un virus no peligroso
Ciertamente los soviéticos llegaron a desarrollar durante las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado tecnología bélica de avanzada, especialmente en lo referente a la industria aeroespacial y fabricación de armas de destrucción masiva. Sin embargo –y pese a la exagerada promoción que se les hizo-, los tanques y otros vehículos nunca fueron tan efectivos como los que produjeron las potencias occidentales, especialmente Francia y Estados Unidos. El modelo T-72 –que actualmente está siendo sustituido por la Federación Rusa por el T-90-, nunca ganó guerra alguna, y sólo demostró su eficacia en la represión de las protestas de las naciones sometidas al yugo comunista tras la II Guerra Mundial.
Tampoco en otras áreas destinadas a satisfacer las expectativas, deseos y necesidades del ciudadano común, la URSS creó innovaciones ni mejoró productos o servicios destinados a esos propósitos. Los automóviles, camiones y tractores eran bastante mediocres –si se los comparaba con sus similares del otro lado de la Cortina de Hierro-. La medicina soviética funcionaba en base a viejos códigos y recetas, y jamás obtuvo un palmarés en base a algún descubrimiento para prevenir o curar enfermedades o, simplemente, mejorar la condición de los pacientes.
El ejemplo más patético de la ciencia soviética lo ejemplifica la vida y trabajos de Trofim Denísovich Lysenko ((29/09/1898-20/10/1976), un biólogo que, durante la década de los 30 del siglo XX, lideró una campaña agrícola, conocida como lysenkoismo, la cual contradecía todas las experiencias globales en agricultura y las teorías sobre la evolución de las especies, la genética y el cultivo de los suelos.
Apoyándose sobre el improductivo modo de la propiedad social, en 1927 declaró al periódico oficialista Pravda que había descubierto un método para abonar sin fertilizantes o minerales y demostrado que, en Azerbaiyán, se podían lograr cosechas invernales, reverdeciendo los yermos campos del Transcaucaso para que el ganado no muriese por falta de comida, los campesinos turcos viviesen la temporada fría sin temor al futuro. Peso a lo cual, el experimento no funcionó nunca más.
En lo que sí Lysenko demostró ser genial fue en el manejo de los medios de comunicación. Fue tan exitoso en este aspecto que, entre 1927 y 1964, abundaban las notas, reportajes y entrevistas relativas a sorprendentes e improbables, logros; los cuales eran superados por otros supuestos y rimbombantes descubrimientos. Para la prensa comunista, Lysenko era un científico descalzo o encarnación y representación mágica del campesino soviético. En 1935, Lysenko comenzó a publicar su propia y auto apologética revista, Vernalization, dedicada a fanfarronear sobre sus próximos experimentos, en una mezcla insólita de lamarkismo y formas confusas de darwinismo.
La historia de Lysenko pudiera haber sido muy divertida, de no ser por la fe ciega que Joseph Stalin, Anastas Mikoyan y otros jerarcas del régimen de Moscú pusieron en él; y cuyas consecuencia s fueron el incumplimiento sistemático de las cuotas de producción agropecuaria nacional, la escasez permanente de alimentos para los sectores menos privilegiados y la extensión de estos déficit a países como Ucrania y Polonia, a los cuales la Historia los definía como graneros de Europa.
Este show mediático permanente, acompañado de la ignorancia supina, es lo que parece privar en las decisiones ideológicas con que el régimen chavista maneja al campo venezolano, y que también ha sido responsable de que el país importe hoy el 80% de lo que se come.
Pero los Lykenko de la V República no sólo crecen como arroz en los ministerios de Agricultura y Tierras y Planificación, sino también en los dedicados a la preservación de la salubridad de los venezolanos.
Es el terrible caso de los infaustos Barrio Adentro, que sólo han logrado el colapso total de los hospitales y ambulatorios públicos y tradicionales, así como la emigración de miles de médicos venezolanos, malamente substituidos por galenos cuyos créditos académicos no son reconocidos por ninguna universidad autónoma ni gremio médico en Latinoamérica.
Dado que el despacho que ser ocupa del tema está cubanizado y que la medicina cubana desconoce oficialmente la peligrosidad de la gripe porcina, en Venezuela no hay campañas para prevenir esta pandemia –que si las hay en Argentina, España y México-. Por lo cual ya hay casi un centenar de muertos, el último de ellos, nuestro amigo y compañero profesor Boris Ruiz Medina, cuyo perfil no se correspondía con el arquetipo de riesgo suministrado por la OMS, pero que falleció de ese mal 36 horas más tarde de haber entrado a una clínica privada para chequearse. Y Boris, lamentablemente para sus consternados familiares y amigos, fue la nonagésima segunda víctima en este país de un virus que no es peligroso, según las autoridades correspondientes.
Tampoco en otras áreas destinadas a satisfacer las expectativas, deseos y necesidades del ciudadano común, la URSS creó innovaciones ni mejoró productos o servicios destinados a esos propósitos. Los automóviles, camiones y tractores eran bastante mediocres –si se los comparaba con sus similares del otro lado de la Cortina de Hierro-. La medicina soviética funcionaba en base a viejos códigos y recetas, y jamás obtuvo un palmarés en base a algún descubrimiento para prevenir o curar enfermedades o, simplemente, mejorar la condición de los pacientes.
El ejemplo más patético de la ciencia soviética lo ejemplifica la vida y trabajos de Trofim Denísovich Lysenko ((29/09/1898-20/10/1976), un biólogo que, durante la década de los 30 del siglo XX, lideró una campaña agrícola, conocida como lysenkoismo, la cual contradecía todas las experiencias globales en agricultura y las teorías sobre la evolución de las especies, la genética y el cultivo de los suelos.
Apoyándose sobre el improductivo modo de la propiedad social, en 1927 declaró al periódico oficialista Pravda que había descubierto un método para abonar sin fertilizantes o minerales y demostrado que, en Azerbaiyán, se podían lograr cosechas invernales, reverdeciendo los yermos campos del Transcaucaso para que el ganado no muriese por falta de comida, los campesinos turcos viviesen la temporada fría sin temor al futuro. Peso a lo cual, el experimento no funcionó nunca más.
En lo que sí Lysenko demostró ser genial fue en el manejo de los medios de comunicación. Fue tan exitoso en este aspecto que, entre 1927 y 1964, abundaban las notas, reportajes y entrevistas relativas a sorprendentes e improbables, logros; los cuales eran superados por otros supuestos y rimbombantes descubrimientos. Para la prensa comunista, Lysenko era un científico descalzo o encarnación y representación mágica del campesino soviético. En 1935, Lysenko comenzó a publicar su propia y auto apologética revista, Vernalization, dedicada a fanfarronear sobre sus próximos experimentos, en una mezcla insólita de lamarkismo y formas confusas de darwinismo.
La historia de Lysenko pudiera haber sido muy divertida, de no ser por la fe ciega que Joseph Stalin, Anastas Mikoyan y otros jerarcas del régimen de Moscú pusieron en él; y cuyas consecuencia s fueron el incumplimiento sistemático de las cuotas de producción agropecuaria nacional, la escasez permanente de alimentos para los sectores menos privilegiados y la extensión de estos déficit a países como Ucrania y Polonia, a los cuales la Historia los definía como graneros de Europa.
Este show mediático permanente, acompañado de la ignorancia supina, es lo que parece privar en las decisiones ideológicas con que el régimen chavista maneja al campo venezolano, y que también ha sido responsable de que el país importe hoy el 80% de lo que se come.
Pero los Lykenko de la V República no sólo crecen como arroz en los ministerios de Agricultura y Tierras y Planificación, sino también en los dedicados a la preservación de la salubridad de los venezolanos.
Es el terrible caso de los infaustos Barrio Adentro, que sólo han logrado el colapso total de los hospitales y ambulatorios públicos y tradicionales, así como la emigración de miles de médicos venezolanos, malamente substituidos por galenos cuyos créditos académicos no son reconocidos por ninguna universidad autónoma ni gremio médico en Latinoamérica.
Dado que el despacho que ser ocupa del tema está cubanizado y que la medicina cubana desconoce oficialmente la peligrosidad de la gripe porcina, en Venezuela no hay campañas para prevenir esta pandemia –que si las hay en Argentina, España y México-. Por lo cual ya hay casi un centenar de muertos, el último de ellos, nuestro amigo y compañero profesor Boris Ruiz Medina, cuyo perfil no se correspondía con el arquetipo de riesgo suministrado por la OMS, pero que falleció de ese mal 36 horas más tarde de haber entrado a una clínica privada para chequearse. Y Boris, lamentablemente para sus consternados familiares y amigos, fue la nonagésima segunda víctima en este país de un virus que no es peligroso, según las autoridades correspondientes.
sábado, 17 de octubre de 2009
Boris Ruiz Medina
Ayer murió en Caracas el profesor Boris Ruiz Medina, cuya mejor definición nos la dio una de sus compañeras de trabajo: Era un gran amigo y un perfecto caballero.
Este coriano, de 57 años de edad, fundador del Instituto Universitario de Gerencia y Tecnología, no sólo creía que en la educación se encontraba una de las claves para la redención del pueblo venezolano, sino que a sus contenidos técnicos y científicos había que añadirle condimentos adicionales como el cultivo de las artes, el dominio de la filosofía y el aprendizaje de las normas de convivencia. Además, dado que profesaba sinceramente el catolicismo, la fe cristiana; aunque de este último punto no hacía un estandarte que le pudiera separar de sus innumerables afectos creyentes y descreídos.
Cuando tuvo la oportunidad de trabajar en el Ministerio de Educación, dedicó sus esfuerzos a las nuevas herramientas del entendimiento humano, y creó el Departamento de Medios Audiovisuales. Resulta asombroso que en una Venezuela para entonces próspera y llena de confianza en el futuro, los únicos centros de producción cinematográficos y televisivos con resultados exitosos fuera de las empresas y emisoras exitosas fueran el que fundara Boris y el que había establecido la Shell de Venezuela, hasta su desaparición por causas del adelantamiento de la reversión petrolera o mal llamada nacionalización durante el primer quinquenio de Carlos Andrés Pérez.
Consciente de la imperiosa necesidad de profesores universitarios que la pujante economía demandaría durante los próximos años, Boris se ocupó, además, de acercar la pedagogía actualizada a los egresados con vocación didáctica, desarrollando las primeras extensiones del Componente Docente para la Educación Superior en el país, y formando parte de su personal pionero de facilitadores.
Entonces, como ahora, la mayoría de los profesionales que dictaban cursos de tercer y cuarto nivel se habían formado de manera no muy distinta al sistema medieval desarrollado en Europa, y vivían a espaldas de las tres gigantescas olas que habían aportado el conductismo, el cognitivismo y el constructivismo a los alumnos y maestros del mundo entero. Las mareas habían pasado sobre ellos, y encima de las arena aún húmedas, habían reconstruido las viejas estructuras basándose en lo mal conocido de la subjetividad como regla, la memorización como política y la evaluación unidireccional como estilo, negándole toda posibilidad a lo bueno por conocer existente en las teorías de John Watson, Lev Vygotsky y Jean Piaget. Pero, asimismo, impidiendo que generaciones de graduandos recibieran el beneficio extraordinario de la transferencia del conocimiento, y dejaran de ser como los loros, que sólo repiten lo que se les machaca de forma consuetudinaria.
La pedagogía moderna sólo estaba reservada entonces para quienes egresaban de los institutos y escuelas dedicados a ella. La educación a distancia era mirada con recelo, y a quien se le ocurría una solución creativa para sacar de su estado de analfabetismo funcional u orgánica a las grandes mayorías, como era el caso del doctor Luis Alberto Machado, se les miraba como poco cuerdos o únicamente se destacaban notas amarillistas sobre la fecunda labor que intentaba poner en marcha.
Fíjese usted, amigo lector, que mientras a Machado se le tildaba de loco, la globalidad se expresaba de manera totalmente opuesta: Ofrece el regalo más importante de los países del sur al resto del mundo, desde cuando los árabes los árabes crearon el cero y en la India inventaron el ajedrez (Newsweek); Podríamos casi sostener que estamos asistiendo aquí, a nivel mundial, a una revolución aun más importante que desencadenó el método cartesiano en la Europa del siglo XVII (Lumiere); China apoya la candidatura del Luis Alberto Machado al Premio Nóbel de la Paz (Jian Nan-Xiang,
Ministro de Educación de la República Popular de China).
Conocedor de todo este movimiento renovador y esclarecedor, Boris Ruiz, con su indestructible bonhomía, profunda cultura y dedicación al prójimo, se divertía de lo lindo enseñándole a los ingenieros y abogados –que son los licenciados más obtusos a la hora de adoptar cambios pedagógicos- como aplicar Jean Piaget a la enseñanza de sus fórmulas y procesos.
Tras la vuelta de Venezuela al gobierno militarista, autocrático y –con la innovación en esta oportunidad de un fascismo disfrazado de socialismo anacrónico- Boris se dedicó al proyecto de sus amigos y parientes, el IUGT, del cual fue su primer Coordinador Docente, al estudio del idioma japonés y a dos proyectos que, lamentable, dejó inconclusos: un estudio de grabación de audio y un sistema alterno de radiodifusión.
Esta es, a grandes rasgos, la biografía de un notable venezolano, a quien conocimos de grande, quisimos entrañablemente y nos deja un vacío difícil de llenar. Es la brevísima historia y un sentido obituario para Boris Ruiz Medina.
Este coriano, de 57 años de edad, fundador del Instituto Universitario de Gerencia y Tecnología, no sólo creía que en la educación se encontraba una de las claves para la redención del pueblo venezolano, sino que a sus contenidos técnicos y científicos había que añadirle condimentos adicionales como el cultivo de las artes, el dominio de la filosofía y el aprendizaje de las normas de convivencia. Además, dado que profesaba sinceramente el catolicismo, la fe cristiana; aunque de este último punto no hacía un estandarte que le pudiera separar de sus innumerables afectos creyentes y descreídos.
Cuando tuvo la oportunidad de trabajar en el Ministerio de Educación, dedicó sus esfuerzos a las nuevas herramientas del entendimiento humano, y creó el Departamento de Medios Audiovisuales. Resulta asombroso que en una Venezuela para entonces próspera y llena de confianza en el futuro, los únicos centros de producción cinematográficos y televisivos con resultados exitosos fuera de las empresas y emisoras exitosas fueran el que fundara Boris y el que había establecido la Shell de Venezuela, hasta su desaparición por causas del adelantamiento de la reversión petrolera o mal llamada nacionalización durante el primer quinquenio de Carlos Andrés Pérez.
Consciente de la imperiosa necesidad de profesores universitarios que la pujante economía demandaría durante los próximos años, Boris se ocupó, además, de acercar la pedagogía actualizada a los egresados con vocación didáctica, desarrollando las primeras extensiones del Componente Docente para la Educación Superior en el país, y formando parte de su personal pionero de facilitadores.
Entonces, como ahora, la mayoría de los profesionales que dictaban cursos de tercer y cuarto nivel se habían formado de manera no muy distinta al sistema medieval desarrollado en Europa, y vivían a espaldas de las tres gigantescas olas que habían aportado el conductismo, el cognitivismo y el constructivismo a los alumnos y maestros del mundo entero. Las mareas habían pasado sobre ellos, y encima de las arena aún húmedas, habían reconstruido las viejas estructuras basándose en lo mal conocido de la subjetividad como regla, la memorización como política y la evaluación unidireccional como estilo, negándole toda posibilidad a lo bueno por conocer existente en las teorías de John Watson, Lev Vygotsky y Jean Piaget. Pero, asimismo, impidiendo que generaciones de graduandos recibieran el beneficio extraordinario de la transferencia del conocimiento, y dejaran de ser como los loros, que sólo repiten lo que se les machaca de forma consuetudinaria.
La pedagogía moderna sólo estaba reservada entonces para quienes egresaban de los institutos y escuelas dedicados a ella. La educación a distancia era mirada con recelo, y a quien se le ocurría una solución creativa para sacar de su estado de analfabetismo funcional u orgánica a las grandes mayorías, como era el caso del doctor Luis Alberto Machado, se les miraba como poco cuerdos o únicamente se destacaban notas amarillistas sobre la fecunda labor que intentaba poner en marcha.
Fíjese usted, amigo lector, que mientras a Machado se le tildaba de loco, la globalidad se expresaba de manera totalmente opuesta: Ofrece el regalo más importante de los países del sur al resto del mundo, desde cuando los árabes los árabes crearon el cero y en la India inventaron el ajedrez (Newsweek); Podríamos casi sostener que estamos asistiendo aquí, a nivel mundial, a una revolución aun más importante que desencadenó el método cartesiano en la Europa del siglo XVII (Lumiere); China apoya la candidatura del Luis Alberto Machado al Premio Nóbel de la Paz (Jian Nan-Xiang,
Ministro de Educación de la República Popular de China).
Conocedor de todo este movimiento renovador y esclarecedor, Boris Ruiz, con su indestructible bonhomía, profunda cultura y dedicación al prójimo, se divertía de lo lindo enseñándole a los ingenieros y abogados –que son los licenciados más obtusos a la hora de adoptar cambios pedagógicos- como aplicar Jean Piaget a la enseñanza de sus fórmulas y procesos.
Tras la vuelta de Venezuela al gobierno militarista, autocrático y –con la innovación en esta oportunidad de un fascismo disfrazado de socialismo anacrónico- Boris se dedicó al proyecto de sus amigos y parientes, el IUGT, del cual fue su primer Coordinador Docente, al estudio del idioma japonés y a dos proyectos que, lamentable, dejó inconclusos: un estudio de grabación de audio y un sistema alterno de radiodifusión.
Esta es, a grandes rasgos, la biografía de un notable venezolano, a quien conocimos de grande, quisimos entrañablemente y nos deja un vacío difícil de llenar. Es la brevísima historia y un sentido obituario para Boris Ruiz Medina.
martes, 13 de octubre de 2009
No habrá más victorias de mierda
Conforme a los resultados del referendo consultivo del 2 de diciembre de 2007, el CNE, en su primer y único boletín conocido, reconoció que se había improbado la Reforma Constitucional propuesta por el presidente Hugo Chávez y la Asamblea Nacional, por un 50,7 contra un 49,2 del 90% de los votos escrutados. Reconociendo su derrota, el Jefe de Estado calificó al triunfo opositor de pírrico, chiquitico –en realidad lo llamaría pmás tarde una victoria de mierda- y desde ese mismo instante comenzó a conspirar contra la Constitución, manifestando que no renunciaba a una sola línea de su proyecto.
Cuando llegó a Estados Unidos y se declaró autoexiliado político, Rafael Poleo, editor y propietario de la Revista Zeta y el diario El Nuevo País, declaró al Miami Herald (29/09/09): Chávez ha adulterado todas las elecciones, salvo las de 1998 y 1999. Todas las otras han sido adulteradas. Incluso, en las elecciones presidenciales se han cambiado los votos. Pero hay políticos en la oposición que están pagados, y eso lo sabe todo el mundo. Jefes de partidos y voceros de la mesa de diálogo que se han hecho ricos recibiendo dinero del régimen por debajo de la mesa.
Aunque parezcan contradictorias a simple vista, las afirmaciones de Chávez y Poleo son ciertas. A partir del referendo, Chávez pisó el acelerador a fondo y ha logrado aprobar la mayoría de las normas rechazadas el 2007.
Poleo, por su parte, se refiere a las manipulaciones de la compañía que opera las máquinas automáticas de votación y el resto del hardware electoral en Venezuela, Smarmatic, bajo la lupa del FBI por lo menos desde el 2006, cuando Jorge Rodríguez –actual Alcalde de Libertador- era Presidente del CNE. Ese año, Smarmatic intentó entrar en el mercado comicial de EEUU, y despertó con una reacción violenta entre los medios y la autoridades locales. Otro de los personajes mencionados en esos días era el abogado Moisés Maionica, quien posteriormente se vería involucrado en el caso del maletín de Guido Antonini Wilson, sería capturado, enjuiciado y condenado por un tribunal penal de Florida.
Jorge Massa, uno de los dueños de la firma, presionado por la opinión pública, se vio obligado a declarar ante la prensa quienes poseían el control accionario: Aproximadamente el 97 % de Smartmatic es propiedad de sus cuatro fundadores, Antonio Mugica Rivero (con doble ciudadanía, española y venezolana), Roger Piñate y Alfredo Anzola (ambos venezolanos) y mi persona (con doble ciudadanía, francesa y venezolana).
Tras fracasar en el intento de introducir un caballo de Troya en las votaciones de EEUU –así por lo menos lo reseño la prensa de ese país-, y después de un escándalo que involucraba a Jorge Rodríguez por supuestos gastos pagados durante su estada en un lujoso spa de Florida, sucedió un curioso accidente el cual pocos recuerdan:
El 29 de abril de 2008, Alfredo Anzola Jaumotte, director y fundador de Smarmatic, pereció al estrellarse el avión privado en el cual viajaba hacia el exterior sobre un inmueble ubicado en Catia la Mar. Lo único que se supo al respecto fue que ambos motores del chárter habían fallado momentos después del despegue, y el siniestro había ocurrido al intentar regresar al aeropuerto. Pudo ser posible, pero es altamente improbable dadas las características de la aeronave.
Todo lo anterior es historia, y está a la orden de quien desee investigarlo. Lo que viene a continuación son especulaciones, y trata de responder a la pregunta: ¿Por qué se dio la victoria de mierda?
Partamos de un supuesto, que manejan todos los políticos en Venezuela y también quienes no lo son. En el Registro Electoral Permanente, hay, por lo menos, un 25% de electores virtuales, esto es, sin domicilio conocido. Dichos fantasmas no sólo distorsionan al REP, sino también las proyecciones del censo y los sondeos de opinión pública. Entonces, ninguna encuesta resulta estadísticamente representativa; y sólo la investigación motivacional, en profundidad, puede ser tomada como reflejo serio de la actitud del votante.
Las computadoras capta huellas no sólo sirven para identificar a quienes ejercen su derecho al voto, sino para determinar quienes no lo hacen. Al transmitir en tiempo real, le permiten a una especie de CNE paralelo llenar los cupos vacantes hasta por un 25% a favor del gobierno, lo cual le había asegurado cómodos triunfos hasta el 2-D del 2007. ¿Qué sucedió en tal fecha? Que el sistema de transmisión cuya antena estaba ubicado en la Unefa, en Chuao, colapsó. Se calló, o la callaron. Las laptop se quedaron sin conexión hasta casi el final del proceso, y sólo hubo tejemanejes en las zonas rurales del país, donde no llegaba el sistema Wi-Fi.
Pero eso no volverá a ocurrir de nuevo, porque ahora hay dos sistemas operativos: uno en Fuerte Tiuna y otro cerca de Camatagua.
Si todo lo anterior es verdadero, los dirigentes de la oposición convencional deberían emprender varias acciones: reclamar del CNE los resultados totales del referendo del 2-D, exigir la depuración del REP, consolidar la postura unitaria y elegir a los candidatos para las próximas justas, dejar de infiltrarse en los movimientos de protesta, que son los únicos con que cuenta la sociedad civil para enfrentar al régimen chavista y soñar con un cambio democrático. Porque, si no lo hacen, ya no habrá más victorias de mierda.
Cuando llegó a Estados Unidos y se declaró autoexiliado político, Rafael Poleo, editor y propietario de la Revista Zeta y el diario El Nuevo País, declaró al Miami Herald (29/09/09): Chávez ha adulterado todas las elecciones, salvo las de 1998 y 1999. Todas las otras han sido adulteradas. Incluso, en las elecciones presidenciales se han cambiado los votos. Pero hay políticos en la oposición que están pagados, y eso lo sabe todo el mundo. Jefes de partidos y voceros de la mesa de diálogo que se han hecho ricos recibiendo dinero del régimen por debajo de la mesa.
Aunque parezcan contradictorias a simple vista, las afirmaciones de Chávez y Poleo son ciertas. A partir del referendo, Chávez pisó el acelerador a fondo y ha logrado aprobar la mayoría de las normas rechazadas el 2007.
Poleo, por su parte, se refiere a las manipulaciones de la compañía que opera las máquinas automáticas de votación y el resto del hardware electoral en Venezuela, Smarmatic, bajo la lupa del FBI por lo menos desde el 2006, cuando Jorge Rodríguez –actual Alcalde de Libertador- era Presidente del CNE. Ese año, Smarmatic intentó entrar en el mercado comicial de EEUU, y despertó con una reacción violenta entre los medios y la autoridades locales. Otro de los personajes mencionados en esos días era el abogado Moisés Maionica, quien posteriormente se vería involucrado en el caso del maletín de Guido Antonini Wilson, sería capturado, enjuiciado y condenado por un tribunal penal de Florida.
Jorge Massa, uno de los dueños de la firma, presionado por la opinión pública, se vio obligado a declarar ante la prensa quienes poseían el control accionario: Aproximadamente el 97 % de Smartmatic es propiedad de sus cuatro fundadores, Antonio Mugica Rivero (con doble ciudadanía, española y venezolana), Roger Piñate y Alfredo Anzola (ambos venezolanos) y mi persona (con doble ciudadanía, francesa y venezolana).
Tras fracasar en el intento de introducir un caballo de Troya en las votaciones de EEUU –así por lo menos lo reseño la prensa de ese país-, y después de un escándalo que involucraba a Jorge Rodríguez por supuestos gastos pagados durante su estada en un lujoso spa de Florida, sucedió un curioso accidente el cual pocos recuerdan:
El 29 de abril de 2008, Alfredo Anzola Jaumotte, director y fundador de Smarmatic, pereció al estrellarse el avión privado en el cual viajaba hacia el exterior sobre un inmueble ubicado en Catia la Mar. Lo único que se supo al respecto fue que ambos motores del chárter habían fallado momentos después del despegue, y el siniestro había ocurrido al intentar regresar al aeropuerto. Pudo ser posible, pero es altamente improbable dadas las características de la aeronave.
Todo lo anterior es historia, y está a la orden de quien desee investigarlo. Lo que viene a continuación son especulaciones, y trata de responder a la pregunta: ¿Por qué se dio la victoria de mierda?
Partamos de un supuesto, que manejan todos los políticos en Venezuela y también quienes no lo son. En el Registro Electoral Permanente, hay, por lo menos, un 25% de electores virtuales, esto es, sin domicilio conocido. Dichos fantasmas no sólo distorsionan al REP, sino también las proyecciones del censo y los sondeos de opinión pública. Entonces, ninguna encuesta resulta estadísticamente representativa; y sólo la investigación motivacional, en profundidad, puede ser tomada como reflejo serio de la actitud del votante.
Las computadoras capta huellas no sólo sirven para identificar a quienes ejercen su derecho al voto, sino para determinar quienes no lo hacen. Al transmitir en tiempo real, le permiten a una especie de CNE paralelo llenar los cupos vacantes hasta por un 25% a favor del gobierno, lo cual le había asegurado cómodos triunfos hasta el 2-D del 2007. ¿Qué sucedió en tal fecha? Que el sistema de transmisión cuya antena estaba ubicado en la Unefa, en Chuao, colapsó. Se calló, o la callaron. Las laptop se quedaron sin conexión hasta casi el final del proceso, y sólo hubo tejemanejes en las zonas rurales del país, donde no llegaba el sistema Wi-Fi.
Pero eso no volverá a ocurrir de nuevo, porque ahora hay dos sistemas operativos: uno en Fuerte Tiuna y otro cerca de Camatagua.
Si todo lo anterior es verdadero, los dirigentes de la oposición convencional deberían emprender varias acciones: reclamar del CNE los resultados totales del referendo del 2-D, exigir la depuración del REP, consolidar la postura unitaria y elegir a los candidatos para las próximas justas, dejar de infiltrarse en los movimientos de protesta, que son los únicos con que cuenta la sociedad civil para enfrentar al régimen chavista y soñar con un cambio democrático. Porque, si no lo hacen, ya no habrá más victorias de mierda.
domingo, 11 de octubre de 2009
Los simuladores Schumann
El geofísico germano Winfried Otto Schumann predijo matemáticamente (1952) que nuestro planeta está rodeado de un campo electromagnético vinculante, ubicado entre el suelo y la parte inferior de la ionosfera –a 100 Km por encima de la corteza terrestre-. Dicho campo comprende un conjunto de picos en la banda de frecuencia extra baja (ELF) del espectro radioeléctrico.
El fenómeno se produce porque la porción existente entre la superficie terrestre y la ionosfera actúa como una guía de onda. El espacio limitado del globo terráqueo hace que esta guía opere como una cavidad resonante para las ondas electromagnéticas en la banda ELF. La cavidad se activa siempre, en forma natural, por las tormentas eléctricas, y también, dado que su séptimo sobre tono se ubica aproximadamente en 60 Hz, influyen en él las redes de transmisión de los países donde se consume corriente alterna en ese ciclaje.
La frecuencia más baja, y al mismo tiempo la intensidad más alta, de la Resonancia de Schumann se sitúa en aproximadamente 7,83 Hz. Los sobre tonos detectables se extienden hasta el rango de KHz. Ese campo posee una resonancia más o menos constante del orden de 7,83 pulsaciones por segundo. Funciona como un marcapasos, y es responsable del equilibrio de la biosfera, hábitat común de todas las formas de vida. También se ha comprobado que todos los vertebrados y el cerebro humano están sincronizados en esa misma frecuencia de 7,83 Hz.
Empíricamente se ha detectado que la salud se compromete y deteriora fuera de esta frecuencia biológica natural. Siempre que los astronautas, en razón de los viajes espaciales, se apartaban de la resonancia Schumann, se enfermaban. Pero sometidos a la acción de un simulador Schumann recuperaban su salud. Por millones de años el palpitar del corazón de la Tierra ha tenido esta frecuencia de pulsaciones y la vida se ha desarrollado en un relativo equilibrio ecológico.
Sin embargo, a partir de la década de los años ochenta del siglo pasado,, y de manera acelerada, a partir de los noventa, la frecuencia se disparó de 7,83 a 11 y a 13 Hz. De manera coincidente con esta arritmia del corazón terráqueo, se desencadenaron graves desequilibrios ecológicos: perturbaciones climáticas, mayor actividad volcánica, crecimiento de tensiones y conflictos en el mundo y aumento general de las psicosis las conductas patológicos entre los humanos. La aceleración generalizada perturba también el ciclo temporal de los horarios, pues, a 11 y 13 Hz –en lugar de 7,83- 24 horas se transforman en sólo 16 en promedio. La percepción de que el mundo se mueve con mayor rapidez que antes no es ilusoria, sino que encuentra su base física base real en el desequilibrio de la Resonancia Schumann.
Conforme al principio de la homeóstasis que todo organismo viviente en desequilibrio intenta, por sí mismo, recuperar su equilibrio inicial, eso es exactamente lo que está sucediendo con el globo, el no puede ser considerado exclusivamente como un cascarón sino, antes bien, como un superorganismo vivo. Y, en un plazo no determinado aún, el tiempo recuperará su antiguo diapasón.
Pero al ser humano le corresponde en este proceso telúrico sintonizarse con el biorritmo terrestre, creando simuladores Schumann a granel para recuperar, en primera instancia, la cordura, y en otras instancias la salud y vigor necesarios para emprender desde las más sencillas tareas cotidianas hasta las más excelsas obras del intelecto. Es posible que tales simuladores ya existan, encubiertos bajo las disciplinas como el yoga, la meditación trascendental y el Budismo Zen. O que haya que reinventarlas y potenciarlas desde estas bases o cualesquiera otras conocidas u olvidadas.
Si el hombre no se vacuna contra el desequilibrio de la Resonancia Schumann, esto es, si no toma conciencia y no cambia perceptiva y activamente, los resultados pueden ser desastrosos y caóticos, mucho más profundos en términos de guerras, recesiones económicas, hambrunas, migraciones incontrolables, padecimientos y toda clase de devastaciones naturales que aún resultan inimaginables.
Por eso, frente a todas las perturbaciones socioculturales, sociopolíticas y socioeconómicas que hoy nos agobian, la pregunta no puede ser: ¿Por qué…?, sino, ¿qué puedo hacer para modificarlas…?
Post Data: Gracias a la Fundación Amor en Acción y al Ingeniero José Gómez Oriol por haber despertado nuestro interés sobre el fenómeno de la Resonancia de Schumann-
El fenómeno se produce porque la porción existente entre la superficie terrestre y la ionosfera actúa como una guía de onda. El espacio limitado del globo terráqueo hace que esta guía opere como una cavidad resonante para las ondas electromagnéticas en la banda ELF. La cavidad se activa siempre, en forma natural, por las tormentas eléctricas, y también, dado que su séptimo sobre tono se ubica aproximadamente en 60 Hz, influyen en él las redes de transmisión de los países donde se consume corriente alterna en ese ciclaje.
La frecuencia más baja, y al mismo tiempo la intensidad más alta, de la Resonancia de Schumann se sitúa en aproximadamente 7,83 Hz. Los sobre tonos detectables se extienden hasta el rango de KHz. Ese campo posee una resonancia más o menos constante del orden de 7,83 pulsaciones por segundo. Funciona como un marcapasos, y es responsable del equilibrio de la biosfera, hábitat común de todas las formas de vida. También se ha comprobado que todos los vertebrados y el cerebro humano están sincronizados en esa misma frecuencia de 7,83 Hz.
Empíricamente se ha detectado que la salud se compromete y deteriora fuera de esta frecuencia biológica natural. Siempre que los astronautas, en razón de los viajes espaciales, se apartaban de la resonancia Schumann, se enfermaban. Pero sometidos a la acción de un simulador Schumann recuperaban su salud. Por millones de años el palpitar del corazón de la Tierra ha tenido esta frecuencia de pulsaciones y la vida se ha desarrollado en un relativo equilibrio ecológico.
Sin embargo, a partir de la década de los años ochenta del siglo pasado,, y de manera acelerada, a partir de los noventa, la frecuencia se disparó de 7,83 a 11 y a 13 Hz. De manera coincidente con esta arritmia del corazón terráqueo, se desencadenaron graves desequilibrios ecológicos: perturbaciones climáticas, mayor actividad volcánica, crecimiento de tensiones y conflictos en el mundo y aumento general de las psicosis las conductas patológicos entre los humanos. La aceleración generalizada perturba también el ciclo temporal de los horarios, pues, a 11 y 13 Hz –en lugar de 7,83- 24 horas se transforman en sólo 16 en promedio. La percepción de que el mundo se mueve con mayor rapidez que antes no es ilusoria, sino que encuentra su base física base real en el desequilibrio de la Resonancia Schumann.
Conforme al principio de la homeóstasis que todo organismo viviente en desequilibrio intenta, por sí mismo, recuperar su equilibrio inicial, eso es exactamente lo que está sucediendo con el globo, el no puede ser considerado exclusivamente como un cascarón sino, antes bien, como un superorganismo vivo. Y, en un plazo no determinado aún, el tiempo recuperará su antiguo diapasón.
Pero al ser humano le corresponde en este proceso telúrico sintonizarse con el biorritmo terrestre, creando simuladores Schumann a granel para recuperar, en primera instancia, la cordura, y en otras instancias la salud y vigor necesarios para emprender desde las más sencillas tareas cotidianas hasta las más excelsas obras del intelecto. Es posible que tales simuladores ya existan, encubiertos bajo las disciplinas como el yoga, la meditación trascendental y el Budismo Zen. O que haya que reinventarlas y potenciarlas desde estas bases o cualesquiera otras conocidas u olvidadas.
Si el hombre no se vacuna contra el desequilibrio de la Resonancia Schumann, esto es, si no toma conciencia y no cambia perceptiva y activamente, los resultados pueden ser desastrosos y caóticos, mucho más profundos en términos de guerras, recesiones económicas, hambrunas, migraciones incontrolables, padecimientos y toda clase de devastaciones naturales que aún resultan inimaginables.
Por eso, frente a todas las perturbaciones socioculturales, sociopolíticas y socioeconómicas que hoy nos agobian, la pregunta no puede ser: ¿Por qué…?, sino, ¿qué puedo hacer para modificarlas…?
Post Data: Gracias a la Fundación Amor en Acción y al Ingeniero José Gómez Oriol por haber despertado nuestro interés sobre el fenómeno de la Resonancia de Schumann-
sábado, 10 de octubre de 2009
El oro negro y el oro blanco.
Entre 1982 y 1994, Pablo Escobar Gaviria se convirtió en el zar de la cocaína, amasó una fortuna estimada en más de 10 millardos de dólares, fue electo congresista suplente, asistió como invitado oficial a la toma de posesión de Felipe González en España, ordenó la muerte de más de 4 mil personas y el homicidio del candidato presidencial Luis Carlos Galán.
Durante este desgraciado período, Colombia, en su conjunto, registraba los vaivenes del narcotráfico según las alzas y bajas de la moneda nacional. Si alijos importantes llegaban a sus destinos, coronaban, esto es, el peso se cotizaba mejor frente al dólar. En caso contrario, bajaba en valor al cambio.
La droga había creado una perversa prosperidad, cotidiana y volátil. Los símbolos exteriores de esta riqueza mal habida eran evidentes, desde los carrazos de los involucrados en el comercio vil, hasta propiedades urbanas y vacacionales, cuyos nuevos dueños no habrían podido adquirir antes ni siquiera las chozas donde muchos de ellos habían nacido. La guinda del cóctel la constituía un zoológico de animales exóticos, ubicado en la finca de Escobar Gaviria, a pocos kilómetros de Medellín.
Los gobiernos presididos por Belisario Betancour, y Virgilio Barco fueron, indudablemente, cómplices o colaboradores de la línea de producción y exportación de la coca, pues las taquillas del Banco de Colombia cambiaban libremente los dólares sin restricciones y sin averiguar su procedencia.
Fue la administración de César Gaviria quien resistió el hostigamiento del capo, logró apresarlo por primera vez y, tras su fuga y enconche, le ajustició el 2 de diciembre de 1993.
De esos tiempos, no tan remotos para olvidarlos, sólo quedan malos sabores en Colombia. Contra viento y marea, don Álvaro Uribe Vélez, se las jugó por la ética, dedicándose a combatir el mal en sus raíces más profundas. Que no eran únicamente los forajidos de Escobar Gaviria, sino los autoproclamados apóstoles de la guerrilla castrocomunista, los chicos buenos de las Farc y el ELN, controladores de todas las zonas de producción y refinación cocaleras, y de dos tercios del territorio nacional.
Al asumir la primera magistratura, Uribe Vélez fue recibido a morterazos –cuyos impactos aún podían verse hace un par de años en el Palacio de Nariño-, la narcoguerrilla se había apoderado de las aldeas y caseríos situadas a sólo 4 kilómetros del cerro de Monserrate de Bogotá, los gamines o niños de la calle constituían la materia prima para la formación de los sicariatos de los carteles y las bandas armadas de Tirofijo Marulanda. Los jóvenes colombianos emigraban por millares, a cualquier rincón del mundo donde sus pasaportes recibieran visas.
Hoy la situación ha cambiado. Colombia intenta ser un país decente y bien acogido por la comunidad internacional de inversionistas, tras un esfuerzo poco comprendido afuera y descalificado por los líderes de gobiernos que aspiran heredar los roles protagónicos de los malhechores como Escobar Gaviria y Marulanda. Por eso, consideramos estúpida la prevención con que tratan algunos desafortunados articulistas la posibilidad de una tercera reelección del paisa. Si fuéramos colombianos, votaríamos por él y le ayudaríamos hasta que terminara con la lacra que tanto dolor y miseria trajo a su espléndida república.
Entre los apologistas del reinado del mal que una vez se enseñoreó en el vecino país, se encuentran políticos y boliburgueses del actual régimen chavista venezolano. Los primeros, porque aún creen que los estupefacientes sólo afectan a las naciones centrales y no a las periféricas, y que su efecto ayuda a desmoralizar a los enemigos imperiales. Los segundos, porque quieren hacer dinero, en el menor tiempo posible y sin ninguna consideración sobre los colaterales de sus acciones de pillería.
Las estrategias y patrones de unos y otros son similares, aunque mejorados, de las empleadas en Colombia durante la época del binomio de oro Escobar Gaviria-Marulanda.
Si como venezolano usted posee algo que los chavistas ambicionen –como cuando algún colombiano de fin de siglo tenía algo que los narcoguerrilleros apetecían-, se lo roban a la fuerza o intentan comprárselo a precio vil. No importan las características del bien ni el uso al cual estaba originalmente destinado. El objeto susceptible del arrebatón puede ser de cualquier índole: una finca ganadera súper productiva –para hacerla súper improductiva-, un apartamento de playa –para invadirlo con compañeritos de la base-, una televisora independiente de alta sintonía –para convertirla en emisora apologética del líder máximo que nadie ve-, un instituto educacional eficaz –para transformarlo en escuela de burros, sin techos, sanitarios ni comedor escolar- unos ahorros que depositario cree a salvo hasta que le clonan su tarjeta –por la simple codicia y para repartir los peajes entre las autoridades que protegen el crimen organizado y los compiladores de data-.
Tampoco era diferente el modelo colombiano de disfrazarse como policías y soldados al atracar condominios –modalidad ahora en boga en la urbanizaciones de Caracas- y secuestrar de manera ortodoxa o exprés a ciudadanos cuyo único delito fue alcanzar una prosperidad que la marginalidad imperante envidia, desde que el Presidente afirmó que si él fuera pobre saldría a robar para alimentar a sus hijos.
Un acucioso y brillante investigador venezolano, saca cuentas que no le cuadran sobre la realidad petrolera venezolana- Sus cifras no cubren la boloña de dólares que manejan los mercados cambiarios oficiales y oficiosos. Según él, el descuadre viene del aporte creciente del narcolavado a la economía venezolana, pues la producción y los precios petroleros se mantienes estáticos o en franco descenso.
Hete aquí que, sin querer queriendo, de repente nos hemos sumergido en una inmunda cloaca de la cual Uribe Vélez está sacando a Colombia. Y, a corto plazo, seremos considerados no como un país cuya riqueza se debe al oro negro, sino al oro blanco.
Durante este desgraciado período, Colombia, en su conjunto, registraba los vaivenes del narcotráfico según las alzas y bajas de la moneda nacional. Si alijos importantes llegaban a sus destinos, coronaban, esto es, el peso se cotizaba mejor frente al dólar. En caso contrario, bajaba en valor al cambio.
La droga había creado una perversa prosperidad, cotidiana y volátil. Los símbolos exteriores de esta riqueza mal habida eran evidentes, desde los carrazos de los involucrados en el comercio vil, hasta propiedades urbanas y vacacionales, cuyos nuevos dueños no habrían podido adquirir antes ni siquiera las chozas donde muchos de ellos habían nacido. La guinda del cóctel la constituía un zoológico de animales exóticos, ubicado en la finca de Escobar Gaviria, a pocos kilómetros de Medellín.
Los gobiernos presididos por Belisario Betancour, y Virgilio Barco fueron, indudablemente, cómplices o colaboradores de la línea de producción y exportación de la coca, pues las taquillas del Banco de Colombia cambiaban libremente los dólares sin restricciones y sin averiguar su procedencia.
Fue la administración de César Gaviria quien resistió el hostigamiento del capo, logró apresarlo por primera vez y, tras su fuga y enconche, le ajustició el 2 de diciembre de 1993.
De esos tiempos, no tan remotos para olvidarlos, sólo quedan malos sabores en Colombia. Contra viento y marea, don Álvaro Uribe Vélez, se las jugó por la ética, dedicándose a combatir el mal en sus raíces más profundas. Que no eran únicamente los forajidos de Escobar Gaviria, sino los autoproclamados apóstoles de la guerrilla castrocomunista, los chicos buenos de las Farc y el ELN, controladores de todas las zonas de producción y refinación cocaleras, y de dos tercios del territorio nacional.
Al asumir la primera magistratura, Uribe Vélez fue recibido a morterazos –cuyos impactos aún podían verse hace un par de años en el Palacio de Nariño-, la narcoguerrilla se había apoderado de las aldeas y caseríos situadas a sólo 4 kilómetros del cerro de Monserrate de Bogotá, los gamines o niños de la calle constituían la materia prima para la formación de los sicariatos de los carteles y las bandas armadas de Tirofijo Marulanda. Los jóvenes colombianos emigraban por millares, a cualquier rincón del mundo donde sus pasaportes recibieran visas.
Hoy la situación ha cambiado. Colombia intenta ser un país decente y bien acogido por la comunidad internacional de inversionistas, tras un esfuerzo poco comprendido afuera y descalificado por los líderes de gobiernos que aspiran heredar los roles protagónicos de los malhechores como Escobar Gaviria y Marulanda. Por eso, consideramos estúpida la prevención con que tratan algunos desafortunados articulistas la posibilidad de una tercera reelección del paisa. Si fuéramos colombianos, votaríamos por él y le ayudaríamos hasta que terminara con la lacra que tanto dolor y miseria trajo a su espléndida república.
Entre los apologistas del reinado del mal que una vez se enseñoreó en el vecino país, se encuentran políticos y boliburgueses del actual régimen chavista venezolano. Los primeros, porque aún creen que los estupefacientes sólo afectan a las naciones centrales y no a las periféricas, y que su efecto ayuda a desmoralizar a los enemigos imperiales. Los segundos, porque quieren hacer dinero, en el menor tiempo posible y sin ninguna consideración sobre los colaterales de sus acciones de pillería.
Las estrategias y patrones de unos y otros son similares, aunque mejorados, de las empleadas en Colombia durante la época del binomio de oro Escobar Gaviria-Marulanda.
Si como venezolano usted posee algo que los chavistas ambicionen –como cuando algún colombiano de fin de siglo tenía algo que los narcoguerrilleros apetecían-, se lo roban a la fuerza o intentan comprárselo a precio vil. No importan las características del bien ni el uso al cual estaba originalmente destinado. El objeto susceptible del arrebatón puede ser de cualquier índole: una finca ganadera súper productiva –para hacerla súper improductiva-, un apartamento de playa –para invadirlo con compañeritos de la base-, una televisora independiente de alta sintonía –para convertirla en emisora apologética del líder máximo que nadie ve-, un instituto educacional eficaz –para transformarlo en escuela de burros, sin techos, sanitarios ni comedor escolar- unos ahorros que depositario cree a salvo hasta que le clonan su tarjeta –por la simple codicia y para repartir los peajes entre las autoridades que protegen el crimen organizado y los compiladores de data-.
Tampoco era diferente el modelo colombiano de disfrazarse como policías y soldados al atracar condominios –modalidad ahora en boga en la urbanizaciones de Caracas- y secuestrar de manera ortodoxa o exprés a ciudadanos cuyo único delito fue alcanzar una prosperidad que la marginalidad imperante envidia, desde que el Presidente afirmó que si él fuera pobre saldría a robar para alimentar a sus hijos.
Un acucioso y brillante investigador venezolano, saca cuentas que no le cuadran sobre la realidad petrolera venezolana- Sus cifras no cubren la boloña de dólares que manejan los mercados cambiarios oficiales y oficiosos. Según él, el descuadre viene del aporte creciente del narcolavado a la economía venezolana, pues la producción y los precios petroleros se mantienes estáticos o en franco descenso.
Hete aquí que, sin querer queriendo, de repente nos hemos sumergido en una inmunda cloaca de la cual Uribe Vélez está sacando a Colombia. Y, a corto plazo, seremos considerados no como un país cuya riqueza se debe al oro negro, sino al oro blanco.
martes, 6 de octubre de 2009
La simbología del araguaney, la orquídea y el turpial.
Anduvimos el fin de semana en Acarigua, dictando seminarios de mejoramiento profesional. Años que no viajábamos a esa población interiorana, y mucho menos por carretera, por lo cual la oportunidad sirvió para observar a su gente y al entorno.
La primera diferencia que salta a la vista es en comparación con otra población llanera, San Carlos. Ambas se encuentran cercanas, han padecido gobiernos chavistas desde 1999 y están sometidas a la influencia de dos metrópolis que les quedan a tiro de china, Barquisimeto y Valencia, respectivamente. Ambas sufren de altas temperaturas y de todos los desmanes con que el régimen distingue cotidianamente a los ciudadanos de la República Bolivariana de Venezuela: invasiones urbanas, expropiaciones prediales, hampa desatada, frecuentes cortes de agua y luz, entre otros males mayores y menores.
Aunque Acarigua y San Carlos viven de la agricultura y la cría, la situación de los dos hábitat es absolutamente diferente. San Carlos continúa en la misma condición en la cual la dejamos hace cuatro décadas. No hay hoteles donde valga la pena pernoctar, ni franquicias de comida rápida, ni comercios más avanzados que las quincallas. Si alguien quiere ir al cine, adquirir un libro, vestirse con una buena camisa, no le queda otro remedio que trasladarse a Valencia, por la misma carretera que existía hace 40 años.
Acarigua, sin embargo, pese a tener una mejor y más rápida conexión vial con Barquisimeto, es totalmente distinta. No se entrega, no se resigna y no deja de esforzarse en hacer de su ciudad y medio ambiente mucho más que Tombstone, Arizona, el pueblo que se negó a morir.
La diferencia está en el espíritu de la gente, que por lo demás es muy similar, ya que ni los portugueseños ni los cojedeños son extraterrestres. En Acarigua hay, por lo menos, tres hoteles excelentes, bien provistos y mejor servidos; tres centros comerciales que nada tienen que envidiarle a los de Caracas; restaurantes, discotecas, bancos… al lado de los silos, las concesionarias y talleres de maquinaria agrícola y los proveedores de semillas, fertilizantes e insecticidas. En fin, todo lo que conocemos como civilización.
En Acarigua la gente no se quiere ir, ¿para dónde?, nos preguntan. Un ingeniero, expulsado de Pdvsa después de la zafra maldita del 2003, ha rehecho allí su vida como panadero. Una pareja de jóvenes emprendedores levanta a sus dos hijos haciendo esos helados artesanales que antes saboreaban los caraqueños en Macuto, pero que sólo pueden conseguirse en Italia. Dos gerentes hoteleros nos comentan el orgullo que sienten por la pulcritud que mantienen en su establecimiento y la variedad y calidad de su room-service. Y la inquietud es cómo mejorar la calidad de estos servicios.
Los denominadores comunes en Acarigua son la sed del conocimiento y el afán de innovar y construir, presentes en todos los estratos, edades y manifestaciones. A la política la miran de reojo, no porque no les importe, sino porque guardan sus energías ante los cambios inevitables que habrán de sobrevenir.
Al régimen lo ven como una maldición, pero pasajera. Al fin y al cabo, el llanero está acostumbrado a sobrevivir y proyectarse sobre las mayores penurias: sequías, inundaciones, endemias, abigeatos. Es una forma simple, pero efectiva, de entender e internalizar las leyes de la selección natural: quedan los más listos, los más porfiados, los mejores. Mueren los más ignorantes, los menos voluntariosos, los peores.
A nuestro regreso –al igual que durante la ida- contemplamos los fundos socialistas arrancados al latifundios, que antes eran jardines y ahora son eriales.
Adelantamos y nos adelantan camiones cubiertos con encerados made in Brasil, que ostentan nombres como cooperativas de reparto de alimentos –importados, por supuesto-. Pero en un frigorífico ubicado en Barquisimeto, al cual entramos por curiosidad, la carne que se vende no es la que viene empacada de afuera con nombres extraños, sino la tierna vianda procedente de nuestros campos, y que se nutrió con malojo, paja pará y sorgo. La que siempre comimos con deleite y orgullo, y la que volveremos a consumir en las libres alegrías del futuro.
Para finalizar, hacemos nuestra la recomendación del gerente hotelero que nos hospedó y asistió a los cursos. Así como al que te conté se le ocurrió torcerle el pescuezo al caballo blanco de Bolívar y añadirle una antihistórica octava estrella a la bandera –no fueron ocho sino siete las provincias que unidas decretaron la Independencia-, cuando esta desgracia termine, estaremos obligados a revisar el impacto semiótico de los roles del turpial, la orquídea y el araguaney como símbolos de la fauna y la flora venezolanas.
Al turpial, porque, aún cuando posee fina estampa y canta muy bien, no construye nidos sino que los invade. A la orquídea, flor de innegable belleza, porque es una parásita y vive de los fluidos del tronco donde enraíza. Al araguaney, porque, pese a su espectacular floración y colorido, no da frutos.
La primera diferencia que salta a la vista es en comparación con otra población llanera, San Carlos. Ambas se encuentran cercanas, han padecido gobiernos chavistas desde 1999 y están sometidas a la influencia de dos metrópolis que les quedan a tiro de china, Barquisimeto y Valencia, respectivamente. Ambas sufren de altas temperaturas y de todos los desmanes con que el régimen distingue cotidianamente a los ciudadanos de la República Bolivariana de Venezuela: invasiones urbanas, expropiaciones prediales, hampa desatada, frecuentes cortes de agua y luz, entre otros males mayores y menores.
Aunque Acarigua y San Carlos viven de la agricultura y la cría, la situación de los dos hábitat es absolutamente diferente. San Carlos continúa en la misma condición en la cual la dejamos hace cuatro décadas. No hay hoteles donde valga la pena pernoctar, ni franquicias de comida rápida, ni comercios más avanzados que las quincallas. Si alguien quiere ir al cine, adquirir un libro, vestirse con una buena camisa, no le queda otro remedio que trasladarse a Valencia, por la misma carretera que existía hace 40 años.
Acarigua, sin embargo, pese a tener una mejor y más rápida conexión vial con Barquisimeto, es totalmente distinta. No se entrega, no se resigna y no deja de esforzarse en hacer de su ciudad y medio ambiente mucho más que Tombstone, Arizona, el pueblo que se negó a morir.
La diferencia está en el espíritu de la gente, que por lo demás es muy similar, ya que ni los portugueseños ni los cojedeños son extraterrestres. En Acarigua hay, por lo menos, tres hoteles excelentes, bien provistos y mejor servidos; tres centros comerciales que nada tienen que envidiarle a los de Caracas; restaurantes, discotecas, bancos… al lado de los silos, las concesionarias y talleres de maquinaria agrícola y los proveedores de semillas, fertilizantes e insecticidas. En fin, todo lo que conocemos como civilización.
En Acarigua la gente no se quiere ir, ¿para dónde?, nos preguntan. Un ingeniero, expulsado de Pdvsa después de la zafra maldita del 2003, ha rehecho allí su vida como panadero. Una pareja de jóvenes emprendedores levanta a sus dos hijos haciendo esos helados artesanales que antes saboreaban los caraqueños en Macuto, pero que sólo pueden conseguirse en Italia. Dos gerentes hoteleros nos comentan el orgullo que sienten por la pulcritud que mantienen en su establecimiento y la variedad y calidad de su room-service. Y la inquietud es cómo mejorar la calidad de estos servicios.
Los denominadores comunes en Acarigua son la sed del conocimiento y el afán de innovar y construir, presentes en todos los estratos, edades y manifestaciones. A la política la miran de reojo, no porque no les importe, sino porque guardan sus energías ante los cambios inevitables que habrán de sobrevenir.
Al régimen lo ven como una maldición, pero pasajera. Al fin y al cabo, el llanero está acostumbrado a sobrevivir y proyectarse sobre las mayores penurias: sequías, inundaciones, endemias, abigeatos. Es una forma simple, pero efectiva, de entender e internalizar las leyes de la selección natural: quedan los más listos, los más porfiados, los mejores. Mueren los más ignorantes, los menos voluntariosos, los peores.
A nuestro regreso –al igual que durante la ida- contemplamos los fundos socialistas arrancados al latifundios, que antes eran jardines y ahora son eriales.
Adelantamos y nos adelantan camiones cubiertos con encerados made in Brasil, que ostentan nombres como cooperativas de reparto de alimentos –importados, por supuesto-. Pero en un frigorífico ubicado en Barquisimeto, al cual entramos por curiosidad, la carne que se vende no es la que viene empacada de afuera con nombres extraños, sino la tierna vianda procedente de nuestros campos, y que se nutrió con malojo, paja pará y sorgo. La que siempre comimos con deleite y orgullo, y la que volveremos a consumir en las libres alegrías del futuro.
Para finalizar, hacemos nuestra la recomendación del gerente hotelero que nos hospedó y asistió a los cursos. Así como al que te conté se le ocurrió torcerle el pescuezo al caballo blanco de Bolívar y añadirle una antihistórica octava estrella a la bandera –no fueron ocho sino siete las provincias que unidas decretaron la Independencia-, cuando esta desgracia termine, estaremos obligados a revisar el impacto semiótico de los roles del turpial, la orquídea y el araguaney como símbolos de la fauna y la flora venezolanas.
Al turpial, porque, aún cuando posee fina estampa y canta muy bien, no construye nidos sino que los invade. A la orquídea, flor de innegable belleza, porque es una parásita y vive de los fluidos del tronco donde enraíza. Al araguaney, porque, pese a su espectacular floración y colorido, no da frutos.
martes, 29 de septiembre de 2009
¿Cuánto me costarán esos muertos?
Ayer, cuando el líder estudiantil Julio Rivas, excarcelado horas antes, se incorporaba a la huelga de hambre que se desarrolla actualmente frente a sede de la OEA en Caracas, el gobierno saboteó la información de las emisoras independientes con la transmisión diferida de un acto en honor al señor Muammar Gaddafi, celebrado en la Isla de Margarita.
Además de haber demostrado un pánico cerval ante lo que los manifestantes pudieran haber logrado y, quizás, recordando a ese otro universitario del mismo apellido, Eutimio, ejecutado en la UCV por la policía del general Eleazar López Conteras el 10 de febrero de 1937, y cuya muerte ocasionara una cadena de acontecimientos que terminaron con lo que quedaba del régimen gomecista en 1945; además de miedo, quienes no pudieron ver de manera inmediata lo que sucedía en Las Mercedes, si tuvieron el dudoso privilegio de observar la cara del más viejo de los líderes terroristas levantinos, el señor Gaddafi.
Su semblante es un poema, y revive la genialidad de Charles Chaplin quien, en 1940 y cuando era políticamente incorrecto hacerlo, satirizó al nazismo y al fascismo en el largometraje El gran dictador. Porque aún cuando Chaplin personificó específicamente a Adolf Hitler en su filme, no hay duda de que el rostro del señor Gaddafi se asemeja notablemente al que proyectara ayer la cadena nacional de radio y televisión. Con bigotito recortado, lividez cadavérica y maquillaje blanco, parecido al efecto que lograban las señoras de antes con los llamados polvos de arroz, así lució Charlot en 1940, y así luce el señor Gaddafi en el 2009.
Como muchos venezolanos no recuerdan o no han leído la historia sobre el 10-F de 1937 o la del señor Gaddafi, pudieran considera como irrespetuoso que le llamemos terrorista . Mas tal calificación no es nuestra, sino que deviene de las sentencias de un tribunal inglés y otro germano, los cuales, en 1991 y 2001 respectivamente, determinaron que el gobierno libio era responsable de la voladura de la discoteca La Belle en Berlín (1986) y del Vuelo 103 de Pan Am (1988) sobre la población escocesa de Lockerbie. Dado que en Libia no hay separación de poderes y nada se mueve sin el conocimiento ni consentimiento del señor Gaddafi, a él no lo quedó más remedio que reconocer de hecho su propia complicidad en los sucesos mencionados.
En ambos casos y para lograr que la ONU levantara las sanciones en su contra, el señor Gaddafi indemnizó a los familiares de las víctimas. A los de Berlín, con 35 millones de dólares, a los de Lockerbie con 10 millones per cápita. Lo de Berlín salió más caro, porque únicamente se pagó por ciudadanos no estadounidenses, y los muertos fueron dos soldados de esa nacionalidad y una mujer turca.
El 5 de abril de 1999, el señor Gaddafi entregó a la justicia británica a los autores materiales del atentado terrorista de Lockerbie, el ex agente de inteligencia y ex jefe de seguridad de la aerolínea libia, Ali Mohmed Al Megrahi; y al ex director de esa misma empresa en el Aeropuerto Internacional de Malta, Al Amin Khalifa Fhimah. A Al Megrahi, la condena a cadena perpetua le fue condonada por razones de salud, y acaba de regresar a su país, recibido como héroe nacional.
Todos estos tejemanejes, que el ciudadano de a pie no entiende –ni mucho menos comparten los parientes de los muertos de Lockerbie y los sobrevivientes y familiares de los agredidos en la discoteca berlinesa-, son los que les permiten hoy al señor Gaddafi viajar impunemente de Trípoli a Nueva York y de allí a Porlamar, participar en foros internacionales y ser escuchado y aplaudido por multitudes ignorantes e insensibles en conciertos –otra vez la bailo-terapia como arma política-.
Los tejemanejes, y asimismo, una interpretación jurídicamente sesgada de la reparación económica del daño moral, impuesta a rajatabla, globalmente, por el derecho de los bárbaros que practican los anglosajones, donde, por ejemplo, al ex jugador de fútbol y actor O.J. Simpson un tribunal estadounidense le exculpa del homicidio de su cónyuge, y otro tribunal, esta vez civil, le obliga a pagar daños y perjuicios por ese mismo delito. No hay que ser abogado para concluir que resulta imposible ser culpable e inocente a la vez de un mismo crimen.
De estas contradicciones, obviamente violatorias de los derechos humanos, es que se valen los Gaddafi y Simpson del mundo para liberarse del justo castigo. Por lo cual no sería raro que, en el futuro, Osama Bin Laden pudiera pavonearse, libremente, por esos mundos de Dios. Y es que la pregunta que deben contestarse estos simpáticos personajes antes de cometer sus villanías es muy simple: ¿Cuánto me costarán esos muertos?
Además de haber demostrado un pánico cerval ante lo que los manifestantes pudieran haber logrado y, quizás, recordando a ese otro universitario del mismo apellido, Eutimio, ejecutado en la UCV por la policía del general Eleazar López Conteras el 10 de febrero de 1937, y cuya muerte ocasionara una cadena de acontecimientos que terminaron con lo que quedaba del régimen gomecista en 1945; además de miedo, quienes no pudieron ver de manera inmediata lo que sucedía en Las Mercedes, si tuvieron el dudoso privilegio de observar la cara del más viejo de los líderes terroristas levantinos, el señor Gaddafi.
Su semblante es un poema, y revive la genialidad de Charles Chaplin quien, en 1940 y cuando era políticamente incorrecto hacerlo, satirizó al nazismo y al fascismo en el largometraje El gran dictador. Porque aún cuando Chaplin personificó específicamente a Adolf Hitler en su filme, no hay duda de que el rostro del señor Gaddafi se asemeja notablemente al que proyectara ayer la cadena nacional de radio y televisión. Con bigotito recortado, lividez cadavérica y maquillaje blanco, parecido al efecto que lograban las señoras de antes con los llamados polvos de arroz, así lució Charlot en 1940, y así luce el señor Gaddafi en el 2009.
Como muchos venezolanos no recuerdan o no han leído la historia sobre el 10-F de 1937 o la del señor Gaddafi, pudieran considera como irrespetuoso que le llamemos terrorista . Mas tal calificación no es nuestra, sino que deviene de las sentencias de un tribunal inglés y otro germano, los cuales, en 1991 y 2001 respectivamente, determinaron que el gobierno libio era responsable de la voladura de la discoteca La Belle en Berlín (1986) y del Vuelo 103 de Pan Am (1988) sobre la población escocesa de Lockerbie. Dado que en Libia no hay separación de poderes y nada se mueve sin el conocimiento ni consentimiento del señor Gaddafi, a él no lo quedó más remedio que reconocer de hecho su propia complicidad en los sucesos mencionados.
En ambos casos y para lograr que la ONU levantara las sanciones en su contra, el señor Gaddafi indemnizó a los familiares de las víctimas. A los de Berlín, con 35 millones de dólares, a los de Lockerbie con 10 millones per cápita. Lo de Berlín salió más caro, porque únicamente se pagó por ciudadanos no estadounidenses, y los muertos fueron dos soldados de esa nacionalidad y una mujer turca.
El 5 de abril de 1999, el señor Gaddafi entregó a la justicia británica a los autores materiales del atentado terrorista de Lockerbie, el ex agente de inteligencia y ex jefe de seguridad de la aerolínea libia, Ali Mohmed Al Megrahi; y al ex director de esa misma empresa en el Aeropuerto Internacional de Malta, Al Amin Khalifa Fhimah. A Al Megrahi, la condena a cadena perpetua le fue condonada por razones de salud, y acaba de regresar a su país, recibido como héroe nacional.
Todos estos tejemanejes, que el ciudadano de a pie no entiende –ni mucho menos comparten los parientes de los muertos de Lockerbie y los sobrevivientes y familiares de los agredidos en la discoteca berlinesa-, son los que les permiten hoy al señor Gaddafi viajar impunemente de Trípoli a Nueva York y de allí a Porlamar, participar en foros internacionales y ser escuchado y aplaudido por multitudes ignorantes e insensibles en conciertos –otra vez la bailo-terapia como arma política-.
Los tejemanejes, y asimismo, una interpretación jurídicamente sesgada de la reparación económica del daño moral, impuesta a rajatabla, globalmente, por el derecho de los bárbaros que practican los anglosajones, donde, por ejemplo, al ex jugador de fútbol y actor O.J. Simpson un tribunal estadounidense le exculpa del homicidio de su cónyuge, y otro tribunal, esta vez civil, le obliga a pagar daños y perjuicios por ese mismo delito. No hay que ser abogado para concluir que resulta imposible ser culpable e inocente a la vez de un mismo crimen.
De estas contradicciones, obviamente violatorias de los derechos humanos, es que se valen los Gaddafi y Simpson del mundo para liberarse del justo castigo. Por lo cual no sería raro que, en el futuro, Osama Bin Laden pudiera pavonearse, libremente, por esos mundos de Dios. Y es que la pregunta que deben contestarse estos simpáticos personajes antes de cometer sus villanías es muy simple: ¿Cuánto me costarán esos muertos?
sábado, 26 de septiembre de 2009
La avaricia como brújula
Hace algunos años pesábamos unos 40 kilos más que en la actualidad y nuestras ingesta cotidiana era notablemente mayor. Dado que el resto del sistema circulatorio se hallaba en perfecto estado y por razones aún desconocidas –pero probablemente traumáticas-, una arteria que nutre la extremidad inferior derecha comenzó a cerrarse, y produjo un conato de lo que a se conoce desde tiempos inmemoriales como trombosis.
Anduvimos cojeando más de un mes, calzando chancletas con medias, súper pavoso, pero nos era imposible usar zapatos normales. Consultamos con tres galenos, quienes nos mandaron a hacer cualquier cantidad de exámenes, y sufrimos toda clase de burlas crueles y recomendaciones chimbas de amigos y conocidos, que ubicaban el origen de nuestro infortunio en un estilo de vida poco recomendable pero muy envidiable: gota, ácido úrico y otras impertinencias por el estilo.
Como ni los calmantes prescritos ni la mala o buena voluntad de los relacionados ayudaban, nos encontrábamos al borde de consultar a un sobador o brujo para conseguir alivio. Hasta que, de una manera casi milagrosa, el Destino nos puso en contacto con Enrique Gómez, excelente cardiólogo venezolano graduado en la Escuela Vargas de la UCV y posgraduado en el Instituto Karolinska de Suecia, la misma academia que otorga los premios Nóbel de medicina.
Tras un examen de cabo a rabo –como debe ser, puesto que un galeno manco es digno de toda sospecha-, el doctor Gómez detectó la causa y recetó los medicamentos requeridos, con la advertencia que de no surtir efecto en una semana, habría que pensar en un by-pass, pues la otra alternativa era serruchar el pie derecho. Efectivamente, a los siete días, los remedios actuaron y el pie volvió a recuperar su condición fisiológica, con la poderosa ayuda de mente que estaba aterrada frente alas opciones B y C.
El introito sirve para explicarle a los legos –entre quienes nos incluimos- las extraordinarias similitudes existentes entre la Medicina y la Economía, y que no son meras coincidencias sino procedentes de una misma metodología, el funcionalismo. En ambos casos, los organismos –uno orgánico y el otro social-, son percibidos y estudiados como vivientes, compuestos de partes y estructuras, sometidos a acciones y reacciones funcionales o disfuncionales y a crisis llamadas estructurales y coyunturales. Con la salvedad de que nos referimos a la Macroeconomía, la que inventó John Maynard Keynes, la que salvó al capitalismo en la recesión de los años treinta del siglo pasado, y la está salvando ahora. No a la que practican Jorge Giordani y sus discípulos, la que arruinó a Rusia, Europa Oriental, Cuba, Laos, Corea del Norte y de vaina no se lleva por los palos a China.
Lo malo de la Medicina y la Economía es que ambas ciencias son inexactas. Hoy resulta expulsado del vademécum un medicamento que hasta ayer era considerado como una panacea universal, porque, tras diez años de comercialización, demostró ser más peligroso que mono con hojilla. Hoy el ilustre economista D.F. Maza Zavala demuestra que endeudarse públicamente es bueno y malo, en una intolerable afrenta a la lógica aristotélica donde dos verdades de signo contrario no pueden coexistir: una de ellas tiene que ser falaz.
En fin, como advertía el Premio Nóbel de Literatura George Bernard Shaw, en Economía y Medicina todo es cuestión de ensayos y errores y estadísticas. Estadísticamente hablando –aseveraba el autor de Pigmalión en su Guía política de nuestro tiempo- la apendectomía es una operación menor, de escaso o nulo riesgo para el paciente. Sin embargo, en mi caso y por sus complicaciones colaterales, me costó una postración de casi quince días y demandó una lentísima recuperación. Con lo cual quiero expresar que las verdades estadísticas, sean médicas o económicas, ni me complacen ni me satisfacen.
Contra viento y marea y un cúmulo de malos augurios, provenientes de las trincheras de la izquierda y la derecha retrógradas, las medidas keynesianas adoptadas por el Presidente Barack Obama y otros mandatarios de los países centrales, están sacando de la crisis al modo capitalista de producción, un foso al cual lo condujeron capitostes de malas entrañas y peores intenciones, quienes se jugaron los dineros de los demás como si las bolsas fueran las mesas de los casinos. Todo lo cual sucedió ante la complacencia y cabronería de las autoridades financieras del Primer Mundo.
Por supuesto que, para 1 de cada 5 españoles hoy sin empleo, la situación es poco halagüeña o confortante, pues sus reflexiones no se basan en proyecciones a futuro, sino en la satisfacción de sus necesidades básicas. Pero para ellos hay una esperanza de recuperación, que no la hay para nosotros, inmersos como estamos en un sistema diabólico que agrupa lo peor de dos mundos: el estalinismo como ideología y praxis políticas y la más inicua explotación del hombre por el hombre del capitalismo salvaje.
Al recordar nuestra trombosis, revivimos su proceso de curación y los sacrificios que hicimos para consolidarlo. En primer lugar, pasar hambre, porque 40 kilos no se pierden de un día para otro, o con alguna dieta milagrosa. En segundo lugar, hacer ejercicio –en nuestro caso, caminar-. En tercer lugar, reordenar nuestra vida. Y funcionó, como funcionará la recuperación de la economía global, duélale a quien le duela y pésele a quien le pese.
Ahora bien, lo que no funciona ni funcionará es la economía chavista, porque no tiene ni pies ni cabeza, no hay ninguna buena intención detrás de ella, se basa en la repetición al caletre de propaganda comunista y sólo le sirve a unos cuantos acólitos, cuya brújula es la avaricia, y que nunca soñaron con enriquecerse tan rápida, desmesurada e indebidamente.
Anduvimos cojeando más de un mes, calzando chancletas con medias, súper pavoso, pero nos era imposible usar zapatos normales. Consultamos con tres galenos, quienes nos mandaron a hacer cualquier cantidad de exámenes, y sufrimos toda clase de burlas crueles y recomendaciones chimbas de amigos y conocidos, que ubicaban el origen de nuestro infortunio en un estilo de vida poco recomendable pero muy envidiable: gota, ácido úrico y otras impertinencias por el estilo.
Como ni los calmantes prescritos ni la mala o buena voluntad de los relacionados ayudaban, nos encontrábamos al borde de consultar a un sobador o brujo para conseguir alivio. Hasta que, de una manera casi milagrosa, el Destino nos puso en contacto con Enrique Gómez, excelente cardiólogo venezolano graduado en la Escuela Vargas de la UCV y posgraduado en el Instituto Karolinska de Suecia, la misma academia que otorga los premios Nóbel de medicina.
Tras un examen de cabo a rabo –como debe ser, puesto que un galeno manco es digno de toda sospecha-, el doctor Gómez detectó la causa y recetó los medicamentos requeridos, con la advertencia que de no surtir efecto en una semana, habría que pensar en un by-pass, pues la otra alternativa era serruchar el pie derecho. Efectivamente, a los siete días, los remedios actuaron y el pie volvió a recuperar su condición fisiológica, con la poderosa ayuda de mente que estaba aterrada frente alas opciones B y C.
El introito sirve para explicarle a los legos –entre quienes nos incluimos- las extraordinarias similitudes existentes entre la Medicina y la Economía, y que no son meras coincidencias sino procedentes de una misma metodología, el funcionalismo. En ambos casos, los organismos –uno orgánico y el otro social-, son percibidos y estudiados como vivientes, compuestos de partes y estructuras, sometidos a acciones y reacciones funcionales o disfuncionales y a crisis llamadas estructurales y coyunturales. Con la salvedad de que nos referimos a la Macroeconomía, la que inventó John Maynard Keynes, la que salvó al capitalismo en la recesión de los años treinta del siglo pasado, y la está salvando ahora. No a la que practican Jorge Giordani y sus discípulos, la que arruinó a Rusia, Europa Oriental, Cuba, Laos, Corea del Norte y de vaina no se lleva por los palos a China.
Lo malo de la Medicina y la Economía es que ambas ciencias son inexactas. Hoy resulta expulsado del vademécum un medicamento que hasta ayer era considerado como una panacea universal, porque, tras diez años de comercialización, demostró ser más peligroso que mono con hojilla. Hoy el ilustre economista D.F. Maza Zavala demuestra que endeudarse públicamente es bueno y malo, en una intolerable afrenta a la lógica aristotélica donde dos verdades de signo contrario no pueden coexistir: una de ellas tiene que ser falaz.
En fin, como advertía el Premio Nóbel de Literatura George Bernard Shaw, en Economía y Medicina todo es cuestión de ensayos y errores y estadísticas. Estadísticamente hablando –aseveraba el autor de Pigmalión en su Guía política de nuestro tiempo- la apendectomía es una operación menor, de escaso o nulo riesgo para el paciente. Sin embargo, en mi caso y por sus complicaciones colaterales, me costó una postración de casi quince días y demandó una lentísima recuperación. Con lo cual quiero expresar que las verdades estadísticas, sean médicas o económicas, ni me complacen ni me satisfacen.
Contra viento y marea y un cúmulo de malos augurios, provenientes de las trincheras de la izquierda y la derecha retrógradas, las medidas keynesianas adoptadas por el Presidente Barack Obama y otros mandatarios de los países centrales, están sacando de la crisis al modo capitalista de producción, un foso al cual lo condujeron capitostes de malas entrañas y peores intenciones, quienes se jugaron los dineros de los demás como si las bolsas fueran las mesas de los casinos. Todo lo cual sucedió ante la complacencia y cabronería de las autoridades financieras del Primer Mundo.
Por supuesto que, para 1 de cada 5 españoles hoy sin empleo, la situación es poco halagüeña o confortante, pues sus reflexiones no se basan en proyecciones a futuro, sino en la satisfacción de sus necesidades básicas. Pero para ellos hay una esperanza de recuperación, que no la hay para nosotros, inmersos como estamos en un sistema diabólico que agrupa lo peor de dos mundos: el estalinismo como ideología y praxis políticas y la más inicua explotación del hombre por el hombre del capitalismo salvaje.
Al recordar nuestra trombosis, revivimos su proceso de curación y los sacrificios que hicimos para consolidarlo. En primer lugar, pasar hambre, porque 40 kilos no se pierden de un día para otro, o con alguna dieta milagrosa. En segundo lugar, hacer ejercicio –en nuestro caso, caminar-. En tercer lugar, reordenar nuestra vida. Y funcionó, como funcionará la recuperación de la economía global, duélale a quien le duela y pésele a quien le pese.
Ahora bien, lo que no funciona ni funcionará es la economía chavista, porque no tiene ni pies ni cabeza, no hay ninguna buena intención detrás de ella, se basa en la repetición al caletre de propaganda comunista y sólo le sirve a unos cuantos acólitos, cuya brújula es la avaricia, y que nunca soñaron con enriquecerse tan rápida, desmesurada e indebidamente.
viernes, 25 de septiembre de 2009
Los caballos de Troya
Los partidos de oposición venezolanos, sobre todo aquellos que tienen conexiones internacionales, deberían ser muy cuidadosos con los consultores políticos que, seguramente, vendrán para las próximas jornadas comiciales, si es que las hubiere.
Lo afirmamos responsablemente, pues algunos de ellos, por desconocimiento de nuestra realidad heterodoxa, y otros, pagados por Chávez, que ha resultado un maestro en reclutar una variopinta de extremistas del mundo entero, abiertos o camuflados, debe estar moviéndose en esa dirección desde hace ya bastante tiempo.
La Guerra Civil Española no se inició cuando Francisco Franco se levantó en armas contra el régimen marxista, sino muchos años antes, el 12 de abril de 1931, una fecha aciaga en la historia democrática planetaria, momento en el cual los anarquistas y comunistas manipularon los resultados de una elección municipal y proclamaron un victoria que, pese a ser espúrea, causó la abdicación de Alfonso III, su destierro –del cual no regresaría jamás-, el bochinche republicano, un conflicto que contabilizó más de un millón de muertos, la inmigración de centenares de miles de españoles para sobrevivir a las miserias de la posguerra y la dictadura vitalicia de un Generalísimo por la gracia de Dios.
Pero lo que se movió entonces y lo que se mueve ahora en la Madre Patria es candela pura, electoralmente hablando. El 11 de marzo de 2004, a sólo 72 horas de los comicios nacionales, el terrorismo islámico se convirtió en una fuerza inédita en dicho escenario , logrando que con la masacre de 12-M José Luis Rodríguez Zapatero sobrepasara la barrera de los 18 puntos que le separaban del portavoz del gobierno, hasta el momento ganador en todas las encuestas.
Algún día se sabrá, quizás cuando los actores no estén presentes, como la crónica anunciada de un acto terrorista, con advertencias y evidencias a montón, no se detectó y previno; por qué el gobierno atribuyó el mismo, equivocadamente, a ETA y no a Al Qaeda y por qué muchas pruebas vitales sobre la permanencia de los terroristas islamistas y sus acciones anteriores y posteriores al monstruoso crimen, así como muchas pruebas, fueron desestimadas o se perdieron. Y destacamos que algún día se sabrá, pues nada puede permanecer por siempre oculto, como sucedió años más tarde y cuando nada se podía hacer con el fraude de 1931.
Venezuela tampoco ha estado exenta de esta clase de manipulaciones.
En 1978, el comando de campaña del candidato opositor, Luis Herrera Campins, recibió como regalo la asesoría de David Garth, un estadounidense coordinador de elecciones provinciales y municipales. Golillero como lo son todos los políticos, Herrera Campins se cobijó bajo el manto garthiano, y mandó al carajo a sus colaboradores de siempre, que se había agrupado en una empresa propiedad de su viejo compañero de aula Alberto Betancourt.
Garth se deshizo de las consignas que habían encumbrado a Herrera Campins en el tope de la preferencia –Luis Herrera arregla esto, de Graterolacho; y ¿Dónde están los reales?, nuestra- y se inclinó por un lema vacío de contenidos: ¡Ya basta! Lo que casi le costó el triunfo, de no ser por un incidente fortuito, ocurrido en el populoso barrio de Caucagüita, al cual Pilar Iribarren –fiel amiga y compañera del candidato socialcristiano- le sacó el máximo provecho.
Años después nos enteraríamos que Garth pertenecía al mismo club de Joseph Napolitan, consultor del candidato y partido de gobierno, y que la información sobre el desempeño de ambas campañas se intercambiaba libremente durante sus reuniones celebradas en Nueva York.
La que sí fue clara víctima de estas maquinaciones fue Irene Sáez en 1998, cuando arrancó con una clara ventaja de 30 puntos sobre Hugo Chávez Frías, y que contaba con el apoyo de técnicos electorales españoles. Al igual que Henrique Salas Römer, quien aseguró que su línea estadística de intención de voto iba en ascenso implacable y, al final, se cruzaría y superaría a la de Chávez. Cosa que, por supuesto, no ocurrió, pues a quien Salas le quitó los votos no fue, precisamente, a Chávez sino a Saéz. En esa época, Chávez buscó los consejos de un personaje enigmático, conocido como El Dominicano, que, eventualmente ayudaría a Irene a convertirse en gobernadora de Nueva Esparta. De éste y otros capítulos aquí narrados contamos con amplia data, la cual ponemos a la disposición de los interesados, pero que no copiamos para no extendernos en demasía ni aburrir al resto de los lectores.
Lo que no nos consta pero sí nos produce profunda sospecha son los roles jugados Jimmy Carter y César Gaviria en el ménage electoral venezolano del 2004. Esperamos que, asimismo y en so momento, la verdad será revelada.
Ayer, en una entrevista con Larry King, Chávez demostró que se ha aprendido muy bien las lecciones sobre el manejo de los medios, que se encuentra súper bien asesorado y que cuenta con los servicios de una trasnacional de la comunicación sociopolítica –cuyo nombre Nelson Bocaranda y yo conocemos bien, pero que por prudencia nos lo reservamos-.
Pero es importante que nuestros políticos, sobre todo aquellos que hasta ahora han jugado en las ligas menores o que eran demasiado menores para jugar en liga alguna, sepan cuál es el paradigma de los asesores políticos: There is not a free lunch –Ningún almuerzo es gratis-. Y para que se cuiden de las golillas, pues pueden ser incluso pagadas por el mismo Chávez, para ejecutar su misión de caballos de Troya.
Lo afirmamos responsablemente, pues algunos de ellos, por desconocimiento de nuestra realidad heterodoxa, y otros, pagados por Chávez, que ha resultado un maestro en reclutar una variopinta de extremistas del mundo entero, abiertos o camuflados, debe estar moviéndose en esa dirección desde hace ya bastante tiempo.
La Guerra Civil Española no se inició cuando Francisco Franco se levantó en armas contra el régimen marxista, sino muchos años antes, el 12 de abril de 1931, una fecha aciaga en la historia democrática planetaria, momento en el cual los anarquistas y comunistas manipularon los resultados de una elección municipal y proclamaron un victoria que, pese a ser espúrea, causó la abdicación de Alfonso III, su destierro –del cual no regresaría jamás-, el bochinche republicano, un conflicto que contabilizó más de un millón de muertos, la inmigración de centenares de miles de españoles para sobrevivir a las miserias de la posguerra y la dictadura vitalicia de un Generalísimo por la gracia de Dios.
Pero lo que se movió entonces y lo que se mueve ahora en la Madre Patria es candela pura, electoralmente hablando. El 11 de marzo de 2004, a sólo 72 horas de los comicios nacionales, el terrorismo islámico se convirtió en una fuerza inédita en dicho escenario , logrando que con la masacre de 12-M José Luis Rodríguez Zapatero sobrepasara la barrera de los 18 puntos que le separaban del portavoz del gobierno, hasta el momento ganador en todas las encuestas.
Algún día se sabrá, quizás cuando los actores no estén presentes, como la crónica anunciada de un acto terrorista, con advertencias y evidencias a montón, no se detectó y previno; por qué el gobierno atribuyó el mismo, equivocadamente, a ETA y no a Al Qaeda y por qué muchas pruebas vitales sobre la permanencia de los terroristas islamistas y sus acciones anteriores y posteriores al monstruoso crimen, así como muchas pruebas, fueron desestimadas o se perdieron. Y destacamos que algún día se sabrá, pues nada puede permanecer por siempre oculto, como sucedió años más tarde y cuando nada se podía hacer con el fraude de 1931.
Venezuela tampoco ha estado exenta de esta clase de manipulaciones.
En 1978, el comando de campaña del candidato opositor, Luis Herrera Campins, recibió como regalo la asesoría de David Garth, un estadounidense coordinador de elecciones provinciales y municipales. Golillero como lo son todos los políticos, Herrera Campins se cobijó bajo el manto garthiano, y mandó al carajo a sus colaboradores de siempre, que se había agrupado en una empresa propiedad de su viejo compañero de aula Alberto Betancourt.
Garth se deshizo de las consignas que habían encumbrado a Herrera Campins en el tope de la preferencia –Luis Herrera arregla esto, de Graterolacho; y ¿Dónde están los reales?, nuestra- y se inclinó por un lema vacío de contenidos: ¡Ya basta! Lo que casi le costó el triunfo, de no ser por un incidente fortuito, ocurrido en el populoso barrio de Caucagüita, al cual Pilar Iribarren –fiel amiga y compañera del candidato socialcristiano- le sacó el máximo provecho.
Años después nos enteraríamos que Garth pertenecía al mismo club de Joseph Napolitan, consultor del candidato y partido de gobierno, y que la información sobre el desempeño de ambas campañas se intercambiaba libremente durante sus reuniones celebradas en Nueva York.
La que sí fue clara víctima de estas maquinaciones fue Irene Sáez en 1998, cuando arrancó con una clara ventaja de 30 puntos sobre Hugo Chávez Frías, y que contaba con el apoyo de técnicos electorales españoles. Al igual que Henrique Salas Römer, quien aseguró que su línea estadística de intención de voto iba en ascenso implacable y, al final, se cruzaría y superaría a la de Chávez. Cosa que, por supuesto, no ocurrió, pues a quien Salas le quitó los votos no fue, precisamente, a Chávez sino a Saéz. En esa época, Chávez buscó los consejos de un personaje enigmático, conocido como El Dominicano, que, eventualmente ayudaría a Irene a convertirse en gobernadora de Nueva Esparta. De éste y otros capítulos aquí narrados contamos con amplia data, la cual ponemos a la disposición de los interesados, pero que no copiamos para no extendernos en demasía ni aburrir al resto de los lectores.
Lo que no nos consta pero sí nos produce profunda sospecha son los roles jugados Jimmy Carter y César Gaviria en el ménage electoral venezolano del 2004. Esperamos que, asimismo y en so momento, la verdad será revelada.
Ayer, en una entrevista con Larry King, Chávez demostró que se ha aprendido muy bien las lecciones sobre el manejo de los medios, que se encuentra súper bien asesorado y que cuenta con los servicios de una trasnacional de la comunicación sociopolítica –cuyo nombre Nelson Bocaranda y yo conocemos bien, pero que por prudencia nos lo reservamos-.
Pero es importante que nuestros políticos, sobre todo aquellos que hasta ahora han jugado en las ligas menores o que eran demasiado menores para jugar en liga alguna, sepan cuál es el paradigma de los asesores políticos: There is not a free lunch –Ningún almuerzo es gratis-. Y para que se cuiden de las golillas, pues pueden ser incluso pagadas por el mismo Chávez, para ejecutar su misión de caballos de Troya.
martes, 22 de septiembre de 2009
El regreso del monstruo de la Laguna Negra.
En 1954 Jack Arnold, basado en el mejoramiento de la Oxberry –un sistema usado inicialmente para producir dibujos animados y que permite tomas cuadro a cuadro- y la cinematografía tridimensional inició una saga de largometrajes cuya primera entrega fue El monstruo de la Laguna Negra. Aunque la trama de esta película de ciencia ficción va desde lo ridículo hasta lo imposible, dada la novedad de los efectos empleados y la convergencia de elementos universalmente presentes en los terroríficos cuentos infantiles y de muertos –ahora rebautizados como leyendas urbanas-, el impacto de este filme fue inmediato a escala global, la taquilla multimillonaria y su éxito originó que el cine se volcara sobre estos temas, antes mala o truculentamente tratados debido a la falta de recursos. Fue lo que sucedería en la década de los ochenta con la computación digital, creada por Steve Jobbs y desarrollada argumentalmente por Arthur C. Clarke, George Lucas y Steven Spilberg.
Con El regreso del Monstruo de la Laguna Negra se cumplió el pronóstico de que nunca segundas partes fueron buenas; y con el capítulo final, El monstruo vengador, la horrorosa criatura pareció enterrarse para siempre en la ciénaga amazónica de la cual salió, pues la tercera parte aún fue peor.
Esta historia, seudo-infantil y matizada por la alharaca del armamentismo latinoamericano y la guerra mediática, se asemeja en su forma al show con el cual Manuel Zelaya y sus financistas mantienen en vilo al pueblo hondureño y a la opinión pública internacional desde hace poco más de tres meses.
Los productores de esta nueva versión del regreso del monstruo no son otros que los miembros originales del Foro de Sao Paulo, cuyo liderazgo original ostentara el entonces líder obrero y ahora presidente de Brasil Luiz Inácio Lula Da Silva. Aunque muchos políticos, especialmente estadounidenses, creen que Lula ya se dejó de eso, lo cierto es que desde las barricadas de la extrema izquierda, jamás se ha levantado una expresión de censura contra el mandatario sudamericano, ya sabe, amigo lector, epítetos como traidor, pitiyanqui, vende patria y otras ternuras que se le endilgan a los camaradas que saltan la talanquera. Pareciera que Lula, en cuya nación sí existen una poderosa oligarquía industrial y un ejército anticomunista, no es que se haya olvidado de eso, sino que lo reserva para cuando las condiciones estén dadas.
Para satisfacer a empresarios y militares, Lula maneja dos estrategias inteligentísimas: la colonización de los países contiguos - al viejo estilo de las factorías, sin transferencia tecnológica-, especialmente de Venezuela, cuyas insensatas políticas han acabado prácticamente con la producción manufacturera y agroindustrial; y el rearme, que incluye la fabricación local de cazabombarderos Rafale y adquisición de helicópteros Cougar y 5 submarinos, uno de ellos propulsado nuclearmente.
Los Rafale y Kfir 10 –estos últimos incorporados a la fuerzas áreas de Colombia y Ecuador- provienen de un tronco común, el Dassault Mirage 5, cuyos diseños fueron plagiados por la inteligencia israelita.
El Kfir 10 está mejor adaptado a los vuelos cortos y la lucha antiguerrillera –prioridad de Israel contra el terrorismo que le rodea-, y el Rafale, destinado a la aviación y la marina francesas, conformado más a la visión del viejo imperio todavía vigente en las academias castrenses galas.
La mayor diferencia entre el Kfir y el Rafale, aunque ninguno de ellos es invisible a los radares como el bombardero estadounidense Steal, es que el primero se ubica en la generación 4 –ubicados en el Siglo XX, al igual que los Sukhoi 30 comprados por Chávez y los tanques T-72- , y el Rafale, junto a las aeronaves de combate judías IAI Lavi y IAI Arie de generación 5 , nacieron con el nuevo milenio.
Lo que no está claro es para qué Brasil necesita un submarino nuclear, un arma estratégica de gran movilidad cuyo objetivo primario es atacar al enemigo con proyectiles convencionales y termonucleares, gracias a su capacidad de permanecer bajo el agua por meses y su desplazamiento casi indetectable por el radar. Los tanques T-72, cuyo formato no ha variado sustancialmente desde 1970, más que para ganar guerras han servido, históricamente, para someter a la insurgencia civil doquiera ésta ha estallado.
Tras la anterior y, a nuestro juicio, necesaria digresión, regresemos al retorno de Mel. En esta anécdota, a quienes se les ha enrollado verdaderamente el trompo es a los internacionalistas. Zelaya declara abiertamente y da instrucciones a sus partidarios desde la Embajada de Brasil –contradiciendo así su calidad de “huésped”-, y el paleontólogo que lo creó en principio y planificó su vuelta al ruedo –Chávez- se regocija más bien de bajo perfil, ya que su sólo nombre produce reacciones adversas entre la mayoría del pueblo hondureño.¿Qué pasará? Nadie lo puede prever con certeza. Lo que sí resulta muy probable es que esta nueva aventura de la vida real termine como acabó la primera, con un fiasco. Y se convierta en una reprise del liberto de El regreso del monstruo de la Laguna Negra.
Con El regreso del Monstruo de la Laguna Negra se cumplió el pronóstico de que nunca segundas partes fueron buenas; y con el capítulo final, El monstruo vengador, la horrorosa criatura pareció enterrarse para siempre en la ciénaga amazónica de la cual salió, pues la tercera parte aún fue peor.
Esta historia, seudo-infantil y matizada por la alharaca del armamentismo latinoamericano y la guerra mediática, se asemeja en su forma al show con el cual Manuel Zelaya y sus financistas mantienen en vilo al pueblo hondureño y a la opinión pública internacional desde hace poco más de tres meses.
Los productores de esta nueva versión del regreso del monstruo no son otros que los miembros originales del Foro de Sao Paulo, cuyo liderazgo original ostentara el entonces líder obrero y ahora presidente de Brasil Luiz Inácio Lula Da Silva. Aunque muchos políticos, especialmente estadounidenses, creen que Lula ya se dejó de eso, lo cierto es que desde las barricadas de la extrema izquierda, jamás se ha levantado una expresión de censura contra el mandatario sudamericano, ya sabe, amigo lector, epítetos como traidor, pitiyanqui, vende patria y otras ternuras que se le endilgan a los camaradas que saltan la talanquera. Pareciera que Lula, en cuya nación sí existen una poderosa oligarquía industrial y un ejército anticomunista, no es que se haya olvidado de eso, sino que lo reserva para cuando las condiciones estén dadas.
Para satisfacer a empresarios y militares, Lula maneja dos estrategias inteligentísimas: la colonización de los países contiguos - al viejo estilo de las factorías, sin transferencia tecnológica-, especialmente de Venezuela, cuyas insensatas políticas han acabado prácticamente con la producción manufacturera y agroindustrial; y el rearme, que incluye la fabricación local de cazabombarderos Rafale y adquisición de helicópteros Cougar y 5 submarinos, uno de ellos propulsado nuclearmente.
Los Rafale y Kfir 10 –estos últimos incorporados a la fuerzas áreas de Colombia y Ecuador- provienen de un tronco común, el Dassault Mirage 5, cuyos diseños fueron plagiados por la inteligencia israelita.
El Kfir 10 está mejor adaptado a los vuelos cortos y la lucha antiguerrillera –prioridad de Israel contra el terrorismo que le rodea-, y el Rafale, destinado a la aviación y la marina francesas, conformado más a la visión del viejo imperio todavía vigente en las academias castrenses galas.
La mayor diferencia entre el Kfir y el Rafale, aunque ninguno de ellos es invisible a los radares como el bombardero estadounidense Steal, es que el primero se ubica en la generación 4 –ubicados en el Siglo XX, al igual que los Sukhoi 30 comprados por Chávez y los tanques T-72- , y el Rafale, junto a las aeronaves de combate judías IAI Lavi y IAI Arie de generación 5 , nacieron con el nuevo milenio.
Lo que no está claro es para qué Brasil necesita un submarino nuclear, un arma estratégica de gran movilidad cuyo objetivo primario es atacar al enemigo con proyectiles convencionales y termonucleares, gracias a su capacidad de permanecer bajo el agua por meses y su desplazamiento casi indetectable por el radar. Los tanques T-72, cuyo formato no ha variado sustancialmente desde 1970, más que para ganar guerras han servido, históricamente, para someter a la insurgencia civil doquiera ésta ha estallado.
Tras la anterior y, a nuestro juicio, necesaria digresión, regresemos al retorno de Mel. En esta anécdota, a quienes se les ha enrollado verdaderamente el trompo es a los internacionalistas. Zelaya declara abiertamente y da instrucciones a sus partidarios desde la Embajada de Brasil –contradiciendo así su calidad de “huésped”-, y el paleontólogo que lo creó en principio y planificó su vuelta al ruedo –Chávez- se regocija más bien de bajo perfil, ya que su sólo nombre produce reacciones adversas entre la mayoría del pueblo hondureño.¿Qué pasará? Nadie lo puede prever con certeza. Lo que sí resulta muy probable es que esta nueva aventura de la vida real termine como acabó la primera, con un fiasco. Y se convierta en una reprise del liberto de El regreso del monstruo de la Laguna Negra.
lunes, 21 de septiembre de 2009
La zona ponzoñosa.
Ayer peleábamos con los supuestos virus de la computador, y decimos supuestos pues, según los expertos, a una Mac no le entran ni coquitos, y mis ordenadores han sido siempre Mac pero en este caso, como lo señalaba Mao Zedong en su Libro Rojo, algo que se parece a una manzana, al acercársela al rostro huele a manzana y al morderla sabe a manzana, debe ser una manzana; así como las impertinencias de nuestro Mac deben ser virus. Ayer veíamos -más bien escuchábamos- un concierto que atrajo a más de 700 mil cubanos a la Plaza de la Revolución, y que fue transmitido en vivo por Globovisión pero no por VTV, quizás porque el tema de la paz está fuera de la agenda de Chávez o porque temía que algún conato de disidencia -que no lo hubo- diese el mal ejemplo a los de acá.
Ayer terminábamos los guiones de unos seminarios que daremos en fecha próxima, y lamentábamos la ausencia de Tony Canale, un extraordinario ingeniero informático, amigo de muchos años que nos enseñó lo poco que sabemos sobre los intríngulis de la computación y quien, seguramente, había podido solucionar el problema que nos angustiaba, de no haber sido porque un infarto fulminante le partió el corazón el lunes pasado.
Ayer, leyendo las notas y los artículos de la prensa y formándonos nuestra propia opinión sobre los justos reclamos de las troyanas –así se llaman ahora más de un millón de venezolanas que han perdido a algún familiar en manos del hampa-, de la división por el miedo y el odio que identifica Carlos Blanco como característica de la sociedad actual, de la definición de Milagros Socorro de Mérida como una isla –aislada del resto del país por la falta de mantemiento de su vialidad y el cierre de su aeropuerto-, de la irracionalidad de los gobiernos de España y Estados Unidos al no permitirle una salida electoral al gobierno hondureño, de las declaraciones de Jimmy Carter que insiste en que el deslizamiento de Chávez hacia la autocracia es culpa de los electores que se abstuvieron de votar en las fraguadas elecciones donde fueron electos los actuales asambleístas; en fin, ayer, con toda esta información y otras penurias menores a cuestas, una frase mágica nos vino a la cabeza, La zona ponzoñosa, el titulo de una novela corta y alucinante, publicada en 1913 por Sir Arthur Conan Doyle, el mismísimo creador del imperecedero personaje Sherlock Holmes.
Conan Doyle, quien estaba ya harto del detective y su carnal, escribió obras que pueden ser consideradas de anticipación, más que de ciencia ficción.
En El mundo perdido, Conan Doyle ubica a sus actores sobre el Macizo Guayanés, y ellos encuentran especimenes desconocidos o que se creían desaparecidos. Aunque la trama se centra en el Reino Animal, que poco abunda en la zona, los naturalistas más reconocidos del mundo convinieron en el decenio de los ochenta del siglo pasado que todavía no habían nacido los investigadores capaces de clasificar la diversidad y amplitud de la flora guayanesa.
Hay que entender que, en 1913, John Watson –el padre de la psicología moderna- ni siquiera había comenzado a experimentar sus teorías conductistas, y que sólo diez años más tarde Segismund Freud –el padre de la psiquiatría moderna- completaría sus trabajos sobre el psicoanálisis. En el universo de Conan Doyle, empero, existían hechos malditos, inclasificables e inexplicables desde toda lógica. Para una mente brillante como la del letrado escocés, sólo quedaba acudir en última instancia al espiritismo, ya que tampoco las religiones oficiales se ocupaban de estos enojosos temas.
Dentro de la circunspección propia de la época, La zona ponzoñosa aborda la locura colectiva que se apodera de una nación o región, y de cómo los amigos de siempre se vuelven irreconciliables enemigos y comienzan a actuar totalmente fuera de control. Este fenómeno se inicia en Sumatra, y se extiende, rápidamente, al resto del orbe. Uno de los afectados, el mismo profesor Challenger que visitara Venezuela, se conciencia sobre el problema y sus devastadores efectos colaterales. Atribuye la causa de los mismos al paso del globo terrestre por un mar de miasmas estelares, cargadas de un tóxico letal que hace que la gente pierda la razón.
Challenger recomienda a sus amigos que conserven la calma y auto supriman las manifestaciones de miedo, pánico y violencia desatadas por el veneno, hasta que la Tierra salga de su órbita de influencia.
Si miramos en profundidad lo que nos sucede actualmente, debemos reconocer que Conan Doyle no se equivocó en sus predicciones generales, ni sobre Guayana ni sobre el mal que nos aqueja. En los detalles, sí lo hizo, porque, aún cuando era muy inteligente carecía del don de la clarividencia. Por tal razón, se enfocó en la fauna y no en la flora del sur del Orinoco. Y en la toxicidad estelar y no en la humana que, como todos sabemos, tiene nombres, apellidos y grado de Comandante en Jefe. Porque no puede haber duda alguna de quién es el causante de que Venezuela navegue ahora por la zona ponzoñosa.
Post Data: En la entrega anterior y en referencia al siniestro ocurrido en Anzoátegui, hablábamos de 10 víctimas fatales –y no de 8, que fueron las que realmente perecieron en el primer momento- y de algunas decenas de afectados. Ayer, desafortunadamente, los fallecidos subieron a 10, y –amigo lector, perdone nuestra equivocación, los intoxicados por el gas cloro superan los 300-. Ayer, alguien asomó tímidamente en la prensa que la responsabilidad de lac seguridad de los cilindros contentivos de este veneno activo es del fabricante y no del transportista. De Pequién, filial de Pdvsa. Y esto también lo señalamos. Así que recibas usted nuestras excusas, y tómelas como fe de erratas.
Ayer terminábamos los guiones de unos seminarios que daremos en fecha próxima, y lamentábamos la ausencia de Tony Canale, un extraordinario ingeniero informático, amigo de muchos años que nos enseñó lo poco que sabemos sobre los intríngulis de la computación y quien, seguramente, había podido solucionar el problema que nos angustiaba, de no haber sido porque un infarto fulminante le partió el corazón el lunes pasado.
Ayer, leyendo las notas y los artículos de la prensa y formándonos nuestra propia opinión sobre los justos reclamos de las troyanas –así se llaman ahora más de un millón de venezolanas que han perdido a algún familiar en manos del hampa-, de la división por el miedo y el odio que identifica Carlos Blanco como característica de la sociedad actual, de la definición de Milagros Socorro de Mérida como una isla –aislada del resto del país por la falta de mantemiento de su vialidad y el cierre de su aeropuerto-, de la irracionalidad de los gobiernos de España y Estados Unidos al no permitirle una salida electoral al gobierno hondureño, de las declaraciones de Jimmy Carter que insiste en que el deslizamiento de Chávez hacia la autocracia es culpa de los electores que se abstuvieron de votar en las fraguadas elecciones donde fueron electos los actuales asambleístas; en fin, ayer, con toda esta información y otras penurias menores a cuestas, una frase mágica nos vino a la cabeza, La zona ponzoñosa, el titulo de una novela corta y alucinante, publicada en 1913 por Sir Arthur Conan Doyle, el mismísimo creador del imperecedero personaje Sherlock Holmes.
Conan Doyle, quien estaba ya harto del detective y su carnal, escribió obras que pueden ser consideradas de anticipación, más que de ciencia ficción.
En El mundo perdido, Conan Doyle ubica a sus actores sobre el Macizo Guayanés, y ellos encuentran especimenes desconocidos o que se creían desaparecidos. Aunque la trama se centra en el Reino Animal, que poco abunda en la zona, los naturalistas más reconocidos del mundo convinieron en el decenio de los ochenta del siglo pasado que todavía no habían nacido los investigadores capaces de clasificar la diversidad y amplitud de la flora guayanesa.
Hay que entender que, en 1913, John Watson –el padre de la psicología moderna- ni siquiera había comenzado a experimentar sus teorías conductistas, y que sólo diez años más tarde Segismund Freud –el padre de la psiquiatría moderna- completaría sus trabajos sobre el psicoanálisis. En el universo de Conan Doyle, empero, existían hechos malditos, inclasificables e inexplicables desde toda lógica. Para una mente brillante como la del letrado escocés, sólo quedaba acudir en última instancia al espiritismo, ya que tampoco las religiones oficiales se ocupaban de estos enojosos temas.
Dentro de la circunspección propia de la época, La zona ponzoñosa aborda la locura colectiva que se apodera de una nación o región, y de cómo los amigos de siempre se vuelven irreconciliables enemigos y comienzan a actuar totalmente fuera de control. Este fenómeno se inicia en Sumatra, y se extiende, rápidamente, al resto del orbe. Uno de los afectados, el mismo profesor Challenger que visitara Venezuela, se conciencia sobre el problema y sus devastadores efectos colaterales. Atribuye la causa de los mismos al paso del globo terrestre por un mar de miasmas estelares, cargadas de un tóxico letal que hace que la gente pierda la razón.
Challenger recomienda a sus amigos que conserven la calma y auto supriman las manifestaciones de miedo, pánico y violencia desatadas por el veneno, hasta que la Tierra salga de su órbita de influencia.
Si miramos en profundidad lo que nos sucede actualmente, debemos reconocer que Conan Doyle no se equivocó en sus predicciones generales, ni sobre Guayana ni sobre el mal que nos aqueja. En los detalles, sí lo hizo, porque, aún cuando era muy inteligente carecía del don de la clarividencia. Por tal razón, se enfocó en la fauna y no en la flora del sur del Orinoco. Y en la toxicidad estelar y no en la humana que, como todos sabemos, tiene nombres, apellidos y grado de Comandante en Jefe. Porque no puede haber duda alguna de quién es el causante de que Venezuela navegue ahora por la zona ponzoñosa.
Post Data: En la entrega anterior y en referencia al siniestro ocurrido en Anzoátegui, hablábamos de 10 víctimas fatales –y no de 8, que fueron las que realmente perecieron en el primer momento- y de algunas decenas de afectados. Ayer, desafortunadamente, los fallecidos subieron a 10, y –amigo lector, perdone nuestra equivocación, los intoxicados por el gas cloro superan los 300-. Ayer, alguien asomó tímidamente en la prensa que la responsabilidad de lac seguridad de los cilindros contentivos de este veneno activo es del fabricante y no del transportista. De Pequién, filial de Pdvsa. Y esto también lo señalamos. Así que recibas usted nuestras excusas, y tómelas como fe de erratas.
jueves, 17 de septiembre de 2009
Gas del bueno
Anteayer murieron 8 ciudadanos de manera horripilante, y 14 o más quedaron gravemente lesionados; todos ellos víctimas del gas del bueno, en este caso, del cloro.
Según relata el ex defensor de los derechos humanos, poeta de la Revolución y gobernador chavista reelecto del Anzoátegui Tarek William Saab, la culpa la tuvo un conductor imprudente quien, con exceso de velocidad, chocó contra el transporte cargado del tóxico letal, e hizo que éste descargara su mortífera carga sobre el pavimento de la inconclusa autopista que une al Estado Anzoátegui con el resto del país en las inmediaciones de la población de Clarines.
El primer magistrado de la entidad oriental, como Poncio Pilatos, se lavó las manos argumentado que dicho cargamento ni siquiera iba destinado a Barcelona, sino a Cumaná. Lo cual es un pretexto que poco conforta a los deudos de las víctimas fatales del siniestro y a los sobrevivientes afectados o, tal vez, minusválidos para el resto de sus existencias, dada la letalidad del elemento dispersado a trocha y mocha en la noche anzoatigüense.
Dado que el hospital de Clarines colapsó –lo cual no es raro en estos tiempos que corren-, hubo que transportar muchos heridos a Barcelona y solicitar oxígeno a Caracas, un gas del malo que escasea de manera notoria en todos los hospitales y dispensarios que dependen del estado fascista sanitario.
Lo importante en las declaraciones de Tarek es que exculpa tanto a Pdvsa –quien sabe con que criterios de caleta y estiba fueron empacados los cilindros mortales en El Tablazo, Estado Zulia, donde el Socialismo del Siglo XXI expropió todo lo expropiable y una legión de militantes del PSUV ocuparon los cargos de los trabajadores altamente capacitados de los antiguos y burgueses contratistas petroleros. Además, se exculpa a sí mismo, ya que durante su continuista gestión administrativa ha sido incapaz de mantener la vialidad anzoatigüense, pese a que cobraba peajes desde la frontera con Miranda, hasta que el que te conté decidió transferir las irresponsabilidades al gobierno omnipotente. Pero eso sucedió hace poco, cuando la jaula de las focas aprobó la Ley respectiva. En otras palabras, que Tarek es responsable de que la Autopista Antonio José de Sucre, en el trayecto que recorre su territorio natal, se haya convertido en una trocha,
Tarek comunicó la lúgubre noticia a través de La Hojilla, un programa de VTV donde se difama impune y diariamente a los escuálidos, o adversarios del gobierno chavista. En ese pasquín televisivo, incluso, se ha dicho que Alberto Federico Ravell, director de Gobovisión, es un gay escandaloso. Lo cual, además de ser falso de toda falsedad, atenta contra la liberación del movimiento de homosexuales y lesbianas que otros altos dirigentes de su partido han propiciado y manifestado públicamente. En nuestro conocimiento personal del susodicho, si de algo no ha pecado Ravell es de mariconería, sino, exactamente, de todo lo contrario.
En fin, que Silva dio la noticia al país; así como un funcionario de Fondicis, disfrazado de Dudamel y con una sintaxis bolivariana, a través de la cual aseveraba que la tierra venezolana no se había abrido en siglos, nos intentaba tranquilizar tras el terremoto del sábado. Y decimos terremoto y no sismo pues, después de 4 grados Richter, los geólogos hablan de terremoto.
En fin, que escribimos esto con ira y poca reflexión, contrariando nuestra propia manera de ser. Lo cual revela nuestra condición humana, y nuestra indeclinable pasión venezolanista. Lo cual no es del todo malo, si lo comparamos con el gas del bueno.
Según relata el ex defensor de los derechos humanos, poeta de la Revolución y gobernador chavista reelecto del Anzoátegui Tarek William Saab, la culpa la tuvo un conductor imprudente quien, con exceso de velocidad, chocó contra el transporte cargado del tóxico letal, e hizo que éste descargara su mortífera carga sobre el pavimento de la inconclusa autopista que une al Estado Anzoátegui con el resto del país en las inmediaciones de la población de Clarines.
El primer magistrado de la entidad oriental, como Poncio Pilatos, se lavó las manos argumentado que dicho cargamento ni siquiera iba destinado a Barcelona, sino a Cumaná. Lo cual es un pretexto que poco conforta a los deudos de las víctimas fatales del siniestro y a los sobrevivientes afectados o, tal vez, minusválidos para el resto de sus existencias, dada la letalidad del elemento dispersado a trocha y mocha en la noche anzoatigüense.
Dado que el hospital de Clarines colapsó –lo cual no es raro en estos tiempos que corren-, hubo que transportar muchos heridos a Barcelona y solicitar oxígeno a Caracas, un gas del malo que escasea de manera notoria en todos los hospitales y dispensarios que dependen del estado fascista sanitario.
Lo importante en las declaraciones de Tarek es que exculpa tanto a Pdvsa –quien sabe con que criterios de caleta y estiba fueron empacados los cilindros mortales en El Tablazo, Estado Zulia, donde el Socialismo del Siglo XXI expropió todo lo expropiable y una legión de militantes del PSUV ocuparon los cargos de los trabajadores altamente capacitados de los antiguos y burgueses contratistas petroleros. Además, se exculpa a sí mismo, ya que durante su continuista gestión administrativa ha sido incapaz de mantener la vialidad anzoatigüense, pese a que cobraba peajes desde la frontera con Miranda, hasta que el que te conté decidió transferir las irresponsabilidades al gobierno omnipotente. Pero eso sucedió hace poco, cuando la jaula de las focas aprobó la Ley respectiva. En otras palabras, que Tarek es responsable de que la Autopista Antonio José de Sucre, en el trayecto que recorre su territorio natal, se haya convertido en una trocha,
Tarek comunicó la lúgubre noticia a través de La Hojilla, un programa de VTV donde se difama impune y diariamente a los escuálidos, o adversarios del gobierno chavista. En ese pasquín televisivo, incluso, se ha dicho que Alberto Federico Ravell, director de Gobovisión, es un gay escandaloso. Lo cual, además de ser falso de toda falsedad, atenta contra la liberación del movimiento de homosexuales y lesbianas que otros altos dirigentes de su partido han propiciado y manifestado públicamente. En nuestro conocimiento personal del susodicho, si de algo no ha pecado Ravell es de mariconería, sino, exactamente, de todo lo contrario.
En fin, que Silva dio la noticia al país; así como un funcionario de Fondicis, disfrazado de Dudamel y con una sintaxis bolivariana, a través de la cual aseveraba que la tierra venezolana no se había abrido en siglos, nos intentaba tranquilizar tras el terremoto del sábado. Y decimos terremoto y no sismo pues, después de 4 grados Richter, los geólogos hablan de terremoto.
En fin, que escribimos esto con ira y poca reflexión, contrariando nuestra propia manera de ser. Lo cual revela nuestra condición humana, y nuestra indeclinable pasión venezolanista. Lo cual no es del todo malo, si lo comparamos con el gas del bueno.
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