miércoles, 14 de octubre de 2020

 Los cárteles en Venezuela


 

Luis García Planchart




Sede de la Real Compañía Guipuzcoana frente al Puerto de La Guaira

 Los vascos, el primer cártel

 

Al estudiar la Historia de la Colonia en Venezuela infiero que la cartelización del país y su aparejada corrupción se inició con la Real Compañía Guipuzcoana (1730–1785), a quien Felipe V le entregó la Capitanía General el monopolio de la Capitanía General de Venezuela para que se cobrara una deuda que la Corona tenía pendiente.

En términos coloquiales, Felipe le regaló un vasto territorio para que los vascos escogieran sus productos, pagaran lo que quisieran por ellos y les exportaran a  España para su venta exclusiva al mayor y detal.

Este cártel fue el modelo de sociedad mercantil del Siglo XVIII hispánico.

Se creó con el capital más elevado de la época, constituyó la compañía anónima que más duró durante el Siglo XVIII, y manejó 150 mil toneladas de mercancías, muy por encima de otros emprendimientos como el de Barcelona, La Habana y Manila, que no fueron más allá de las 6 mil.

Esta modalidad de sociedad no la inventaron los españoles sino los traficantes de esclavos franceses y holandeses, quienes comenzaron con el contrabando de extracción del añil, la melaza y el tabaco barinés, tras dejar sus cargamentos humanos en las Antillas Neerlandesas para que fueran subastados.

El desempeño de los vascos fue rechazado no sólo por los contrabandistas extranjeros, sino por toda Venezuela, con protestas y conspiraciones como las del zambo Andresote (1730–1733), apoyado por hacendados y comerciantes de los valles de Yaracuy y los holandeses; y el Motín de San Felipe (1741), iniciado por el Cabildo, y seguido por las manifestaciones violentas de los granjeros, comerciantes y pisatarios; así como la insurrección de Juan Francisco de León (1749), donde participaron los mestizos, mulatos y libertos, quienes fueron armados por los hacendados de Barlovento. 

La revuelta de Juan Francisco de León obligó a la Corona a tomar cartas en el asunto, no sólo por su naturaleza insurreccional sino porque la Guipuzcoana no le había rendido la debida cuenta de sus ingresos, y, desde 1741, tampoco le había entregado réditos a sus accionistas.

A los directores se les acusó de pagar comisiones por debajo de la mesa, y el Rey le ordenó a una Junta General, convocada al efecto en San Sebastián, que pesquisara estos negocios sucios y aplicara a sus responsables severas medidas.

Empero, Manuel de las Casas, gobernador de la Provincia de Caracas y Juez Arbitrador de la Guipuzcoana, justificó a los corruptos, afirmando que Su Majestad no ignoraba esta deshonestidad, ya que había enviado a los vascos a “hacer la América” con salarios que ni siquiera cubría sus necesidades más elementales, mientras que en las Vascongadas les habían prometido que iban a regresar a España con dos, cuatro y ochocientos mil pesos fuertes. Finalmente, de las Casas declaró que no hallaba cómo resolver esta situación.

El cártel de Euskadi sentó así las bases actuales de nuestra sociedad, al dejar muy claro:

1.    Que nuestra Provincia era una sociedad rentista y monoproductora, en su caso de cacao, que era el fruto de mayor valor;

2.    Que los bienes no suplidos por la Corona, como los esclavos, habría que comprarlos a los contrabandistas;

3.    Que los contrabandistas no sólo introducían recursos inexistentes en el país, sino que extraían otros de gran valor, como el tabaco de Barinas;

4.    Que, si los nativos de esta tierra querían prosperar, no les quedaba otra que apegarse al poder y lamerle las botas al chivo que más meara, para que éste se dignara a compartir con él las sobras de su festín.

 

El Cártel Petrolero



 

 

Logotipo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo

El segundo cártel que dominó a Venezuela fue el petrolero.

Aunque la que ya era República, Venezuela se libró del influjo de las petroleras mientras  éstas se despedazaban entre sí por la conquista de mercados.  Gracias a lo cual dispusimos de una larga  y aparente independencia, matizada por  hechos como los que un venezolano no podía hacerse rico sin tener que aceitar a los funcionarios; y que la competencia despiadada entre las petroleras  cometiera atroces delitos para preservar sus intereses, como el magnicidio del Teniente Coronel Carlos Delgado Chalbaud, Presidente de la Junta de Gobierno (13 de Noviembre de 1950), a manos de conspiradores patrocinados por la Standard Oil Company, que codiciaba  las nuevas concesiones que el Primer Magistrado le entregaría a la Shell para “equilibrar la balanza de nuestra dependencia económica”.[1]

Cuatro años más tarde, en 1956, la Guerra del Sinaí hizo que la Standard Oil y otras petroleras estadounidenses, así como la British Petroleum y la Royal Dutch Shell se cartelizaran. Posteriormente, durante el régimen de libertades que sustituyó a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, los mayores productores de crudo del mundo formaron su propio cártel, la OPEP, y comenzó otra guerra, la de los precios petroleros, que duró hasta fecha muy reciente, cuando el presidente Donald Trump declaró que Estados Unidos se había liberado de su independencia de los combustibles fósiles, y, con ello, del chantaje petrolero.

 

El Cártel de los Soles

 

 

 

Pablo Escobar Gaviria, cuya metodología fue copiada por el Cártel de los Soles

En el ínterin, en Venezuela se mantuvieron incólumes los pilares sobre los cuales se había erigido la Real Compañía Guipuzcoana, y una vez que el Cártel de la OPEP perdió su poder, y el sistema de partidos fue derrocado en vísperas del nuevo milenio por el incruento golpe comicial de Hugo Chávez, surgió el nuevo holding, el Cártel de los Soles, hecho a imagen y semejanza del Cártel de Medellín que liderara Pablo Escobar Gaviria hasta su muerte (1993).

La organización de Escobar Gaviria llegó a manejar el 80% del tráfico mundial de cocaína, hizo que los gobiernos democráticos de Colombia se arrodillaran a sus pies y mató a centenares de colombianos, muchos de ellos víctimas inocentes de su vesania.

El problema del Cartel de los Soles, es que resultó ser aún peor que el de Medellín o cualquiera de los narcocárteles mexicanos…

Porque, pese a todo, Escobar era patriota, y quienes dirigen el Cártel de los Soles entregaron el país, su soberanía y recursos a los cubanos, chinos, rusos, turcos… “a ver, ¿quién da más?”.

Porque nunca Escobar llegó a ser Presidente de Colombia, ni creo que los alguno de los bandidos aztecas llegue a serlo en México.

Porque, en 20 años de predominio del Cártel de los Soles, ha habido 300 mil asesinados violenta e impunemente en Venezuela.

Porque el poder detrás del poder del narcotráfico (me refiero supra cárteles como el Foro de Sao Paulo y el Club de Bildenberg), apoya, directa o indirectamente al Cártel de los Soles, lavando su dinero, fabricando sus precursores y apalancando a los partidos comunistoides empoderados o por empoderarse en fecha próxima.

Porque los estadounidenses se rehúsan a ejercer su rol de gendarmes necesarios del planeta, con lo cual decretaron la prematura muerte del Imperio Americano[2].

Porque el Nuevo Imperio Global, que pudiera ser China, no inspira confianza ni siquiera a sus propios ciudadanos, quienes prefieren poner sus ahorros en dólares.

Porque la pandemia del conavid/19, lo único que ha logrado es domesticar a la raza humana como si fueran canes, y prepararla psicológicamente para la pandemia económica que se nos avecina.

Por eso me temo que los cárteles en Venezuela seguirán vigentes per sécula seculorum.

 

[1] Tal como se afirma en el ensayo “Aves de rapiña sobre Venezuela” (1972), publicado por la Universidad de California, escrito por el Rector de la Universidad Santa María, doctor Juan Bautista Fuenmayor.

[2] Las excusas resultan, en estos casos, absurdas. Pese a que las FFAA de EEUU son mercenarias, los gringos declaran que no quieren ver más muertos y que no están de acuerdo con pelear guerras por países que no son el suyo. ¿Podría alguien imaginar que esta excusa hubiera sido esgrimida cual los imperios Británico, Español o Francés llegaban a su apogeo?