martes, 29 de septiembre de 2020

  




El Patíbulo Mediático

 

Luis García Planchart



 

Dadas la anarquía y el caos desatados por la pandemia, llega un momento en el cual quienes escribimos, o bien porque les pagan por hacerlo o bien porque lo hacemos por amor al arte, nos toca concentrarnos en lo que sabemos y dejarle a los demás el manejo de sus experticias. Lo cual no quiere decir que los comunicadores no podamos difundir los hallazgos y sucesos habidos en cualquier rincón del planeta; todo lo contrario, es parte del oficio. Pero sí tenemos que actuar éticamente, como lo prescribe el manual de Columbia University, confirmando al menos con una fuente, dando las dos versiones sobre el mismo tema y respondiendo a las preguntas qué, cómo, cuándo, dónde, a quién, por qué y para qué.

 

Lo digo, porque algunos colegas, que tienen bozales de arepa o se creen dueños de la verdad , se han convertido en relés de mitos y leyendas, elaborados con la peor fe en  los laboratorios globales de guerra sucia.

 

Y ya que la pandemia, desde el punto de vista mediático, es a mi entender una guerra, y bien sucia, por cierto, “la verdad es su primera víctima”. Esta frase memorable fue acuñada por dos personas, el senador estadounidense Hiram Johnson (1917), y al parlamentario británico Arthur Ponsonby en su libro de: Falsehood in Wartime – Propaganda Lies of the First World War -–“Falsedad en tiempos de guerra – Mentiras propagandísticas de la I Guerra Mundial – (1928).

 

Ponsonby cita casos concretos de las añagazas bélicas como una supuesta fábrica de cadáveres de los cuales se extraían aceites de los soldados muertos, una niña francesa violada por 100 soldados germanos, un combatiente canadiense crucificado, los pormenores del hundimiento del vapor “Lusitania” por actos terroristas y más de treinta fake news, combinadas con las mentiras de los gobiernos y parlamentos europeos, sus informes manipulados, los tratados por debajo de la mesa, las fotografías manipuladas y un sinfín de otros trucos, algunos de ellos bien palurdos, pero con la fuerza suficiente para producir la ira de las masas. Así el autor demuestra cómo los políticos y periodistas integran una santa alianza que obliga a la gente a pensar cómo ellos quieren que lo hagan.

 

Una versión transnacional y transcultural de las fake news

 

En la actualidad, la mayoría de los medios de los países democráticos fijaron sus líneas editoriales en pro del socialismo.

 

En la Unión Europea y Estados Unidos, a los políticos de derecha, o simplemente, de centro, se lesniega el acceso a los espacios más visible, se les descalifica o, simplemente, se soslaya lo que ellos digan y contradiga la “historia oficial”, que hace tiempo dejó de ser nacional, y que ahora es trasnacional y transcultural.

 

A Donald Trump, por ejemplo, su versión sobre quien fabricó y esparció el coronavirus le ha valido cualquier cantidad de ataques de personas que nunca fueron periodistas, pero sí son sociales y pantalleros, y se han colocado al tope de la pirámide informativa, casi siempre sin saberse expresar y hasta desconociendo lo que dicen tan alegremente.

 

La verdad objetiva es que Trump, al referirse al covid/19 como “virus chino” tiene toda la razón”.


Copio en su haber el pensamiento de Peter H. Diaminds, ingeniero espacial y aeronaítico y médico cirujano, graduado en MIT y Harvard, así como fundador y CEO de al menos cinco grandes emprendimientos en Silicon Valley:  "Hay una nueva generación de biohackers que utilizarán la ingeniería genética para iniciar empresas asombrosas"dice Andrew Hessel, copresidente de Biotecnología de la Singularity University y un elocuente defensor del movimiento DIY-bio de hoy. “Al mismo tiempo, sin embargo, a medida que la tecnología se vuelve más fácil de usar y más barata de acceder, los ataques biológicos y los piratas informáticos son inevitables”.

 

Las afirmaciones de Diaimins fueron publicadas en el 2016. Hoy, la tecnología para el bioterrorismo es mucho más barata. Las máquinas de secuenciación y síntesis de ADN están al alcance de cualquiera que pargar por un carro de segunda mano. Además, algunas secuencias de nucleótidos son muy contagiosas y mortales, como los del Ébola y la influenza de 1918, que mató a más de 50 millones en todo el mundo, y que ahora  se ofrecen online.

 

 “El cosmólogo y astrónomo británico Lord Martin Rees cree que el peligro es tan grave que en 2002 hizo una apuesta de 1.000 dólares con la revista Wired de que para el año 2020, un caso de error biológico o terror biológico habrá matado a un millón de personas", citaba hace cuatro años Diaminds.

 

Por su parte el Dr. Larry Brilliant, quien dirigió el equipo de investiagadores que erradicó exitosamente la viruela y quien ahora dirige el Fondo de Amenazas Mundial, enfocado en las pandemias y el bioterrorismo, resumió sus temores el Wall Street Journal (2015): "La ingeniería genética de los virus es mucho menos compleja y mucho menos costosa que la secuencia del ADN humano. Las armas bioterroristas son baratas y no necesitan de laboratorios enormes ni apoyo gubernamental. Son las armas de destrucción masiva de los pobres". Brilliant creía en la inmediatez de un ataque bioterrorista, proveniente de los gobiernos totalitarios de Asia o de los narcocárteles mexicanos.

 

El pánico mediático

 

Los terroristas ni siquiera tienen que crear un virus para causar un daño terrible: “El frenesí mediático generalizado en torno al virus H1N2/Influenza, aterrorizó en tal grado al público 2009 que indujoa las farmacéuticas a desperdiciara miles de millones fanricando vacuna, las cuales a la larga resultaron ineficaces. El miedo y la ignorancia pueden conducir a respuestas sociales reactivas y disruptivas con consecuencias en el mundo real, aunque el agenteque las provoca no sea tan dañino, ya que solo la amenaza biológica puede conducor a catástrofe económica, social y psicológica colectiva”.

 

Pareciera ser que, en el caso de covid/19, sus autores no sólo lo crearon, sino que también lo esparcieron y desarrollaron la histeria a través de la hegemonía mediática que poseen en el mundo entero, desde las naciones–estado donde no hay prensa libre sino propaganda política, hasta los medios cuyas líneas editoriales trazan sus dueños o concesionarios, o escriben los fablistanes sembrados como topos por el poder detrás del poder.

 

¿Cuál es la verdadera pandemia?

 

Se ha dicho que alimentar a los hambrientos es el objetivo doble  de la justicia social y la caridad cristiana. Pero, aparentemente, los cristianos y los socialistas vienen fracasando miserablemente,  pues, según las Naciones Unidas, 925 millones de personas carecen actualmente de un mínimo ingreso para comer. 

 

Si se comparan las cifras de la mortalidad por mengua con las del coronavirus, que alcanzará a poco más del millón a finales del presente año, la diferencia resulta abisal.

 

Si en el mundo 1 de cada 7 personas se muere de hambre,  la pandemia no es el coronavirus sino el hambre. Cada año mueren 10,9 millones de niños, la mitad por problemas relacionados con la desnutrición. En los países en desarrollo, 1 de cada 3 niños presenta retraso en el crecimiento como resultado de la falta de ingesta de alimentos.

 

La deficiencia de yodo es la causa principal de retraso mental y daño cerebral; la falta de Vitamina A, mata a un millón de bebés anualmente. Y aquí es donde estamos hoy, ahora mismo, antes de que la población mundial aumente en miles de millones, antes de que el calentamiento global reduzca las tierras cultivables, antes –es decir– que un problema ya inauditable se convierta en inmanejable. Y, por supuesto, estas son las verdades políticamente incorrectas, las que nadie quiere oir y las cuales son decapitadas diariamente en el patíbulo mediático.

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

Opinatico sin oficio: La xenofobia bolivarianaLuis García Planchart(Com...

Opinatico sin oficio: La xenofobia bolivarianaLuis García Planchart
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: La xenofobia bolivariana Luis García Planchart (Comentarios sobre, “La mala imagen de Venezuela”, artículo de Gloria Cuenca publicado en “El...

La xenofobia bolivariana

Luis García Planchart


(Comentarios sobre, “La mala imagen de Venezuela”, artículo de Gloria Cuenca publicado en “El Pitazo”)


Hola, Gloria:


No puede entenderse la idiosincrasia de un país si sólo se la conoce al vuelo o sin  salpimentarla con un poco de antropología

Dice Rafael mi hermano que, “Colombia es un rompecabezas regional, a cuyas piezas sólo las une su odio común contra Bogotá”, y esto resulta más que cierto.


En el bockbuster Netflix, "El robo del siglo", se evidencian como en ninguno los regionalismo en Colombia. Además de su excelente narrativa, es una excelsa pieza de antropología.

Si vas a Valledupar, la tierra del vallenato, nada hay más parecido a un venezolano que la gente de allá.

Si visitas Villavicencio, la única diferencia entre su joropo y el nuestro es que los lugareños añaden al trío "arpa, maracas y buche”, la guitarra.

Sin dejar a un lado a Cartagena y sus aledaños, cuyas cachifas han demostrado su mimetización total con Caracas; ni la las riberas norsantanderiano y tachirense, donde las únicas diferencias de gran gochilandia son palabras como “almacén” por “tienda” i “vestido” por “flux”.

Bogotá es súper bolivariana

Aún así, en esa Colombia híper regionalizada, Bogotá es súper bolivariana.

No como aquí, donde le pusimos Bolívar a la moneda nacional, para devaluarla en porcentajes a los cuales jamás se llegó en la Alemania pre nazi con el Reich Mark, y que se considera como una de las causas que ocasionó la victoria comicial de Hitler en 1933, y la II Guerra Mundial, a partir de 1939.

En Caracas, Bolívar sólo ha servido para que Chávez profanara su tumba y le robara un hueso, al cual le incrustó una “pepa ‘e zamuro” para prevenirse del mal de ojo, y, asimismo, para que todos los tiranos y dictadorzuelos que hemos sufrido hablan más paja que la que pudieran yantarse todos los Plateros del mundo

En cambio, en Bogotá, Bolívar es venerado.

Su plaza es la más extensa dedicada al Libertador en el mundo entero.



Plaza Bolívar de Bogotá, la mayor del mundo


Está rodeada de los edificios públicos más importantes de la ciudad, y tanto la vivienda que ocupó en la capital de Colombia como la de San Pedro Alejandrino, al piedemonte de la Sierra Nevada de Santa Marta, son mantenidas con exquisito cuidado.

Sus guías turísticos cuentan la historia tal como aconteció, y no como la tergiversa el imbécil que me tocó cuando visité la casa natal en Caracas, hace un par de años, quien quiso hacerme creer que Bolívar había sido pionero del comunismo, casa de la cual se robaron la verdadera espada de Bolívar. 

En Bogotá conocí al presidente de la Sociedad Bolivariana, y me admiré por su empeño en contarle a los universitarios y a los escolares la trascendencia de Bolívar en la emancipación de su país, al punto que, el año pasado, hubo más estudiantes bogotanos que fueron a revivir las hazañas del Pantano de Vargas que los que visitaron las playas del Caribe.

A Perú no lo liberaron Bolívar ni San Martín

A Perú no lo liberó Bolívar, sino mi ascendiente, el general Antonio José de Sucre, tras una negociación del Libertador con San Martín, patrocinada por la francmasonería.

San Martín estaba ya "hasta las pelotas de guerrear", como se lo confesó a uno de sus biógrafos, y, en realidad desconocía cómo hacerlo en Los Andes, ya que sus batallas (desde que comenzó como oficial en Noráfrica contra los bereberes) habían sido en plano.

Bolívar tuvo que quedarse en Ecuador, buscando el dinero que el Congreso de Colombia, el cual presidía, le negaba para armar y alimentar a sus ejércitos, y de erradicar de Pasto al último bastión realista.

Las xenofobias andinas son “regionofobias”

Además, los oficiales peruanos jugaban apostaban a ganador, y esperaban ver a quien, finalmente, sentaría sus reales en el Palacio del Virrey de Lima. Aunque la Plaza Bolívar limeña no es tan grande como la de Bogotá, tampoco es más pequeña que la Plaza de San Martín. Y ambas se comunican por un bello paseo, los jirones, donde están las casas coloniales y los balcones más hermosos del Perú. 



El Jirón Junín y los balcones de Lima


Ecuador es casi tan regionalista como Colombia. Las expresiones, "¡Serrano hijo´e puta!" y "¡Guayaco, negro e´mierda!"; no denotan, precisamente, una gran tolerancia, sino que expresan absoluta xenofobia. No sólo Manuelita Sanz era quiteña, sino que el general Juan José Flórez, quien separó a Ecuador de la Gran Colombia, y que fuera su primero, quinto y séptimo presidente (por elecciones o cualquiera de los procedimientos que entonces se aplicaran allá), nació en Puerto Cabello, en Venezuela.

Tampoco los panameños ni son ni parecen ser angelitos caídos del Cielo. En Congreso Anfictiónico realizado en Panamá, a finales del Siglo XUX, sólo sirvió para que los políticos hablaran huevadas, y nada de lo que Bolívar soñaba siquiera quedara en el tapete.

Cuando uno repasa la historia, querida hermana Gloria, se da cuenta que esas famosas reuniones, seminarios y convenciones sólo permiten ganar tiempo y pasarla bien a sus asistentes, como ocurre con lasque fueron  entabladas por la supuesta oposición venezolana  para sacar a Maduro.

La xenofobia actual de nuestros vecinos andinos se corresponde con la migración masiva e inesperada de venezolanos, dispuestos en su mayoría a hacer los trabajos que los lugareños no saben o quieren hacer (como, por ejemplo, recoger los cadáveres de los muertos por covid/19 en Guayaquil y enterrarlos en una fosa común).Y también a la inmunda propaganda anti-migratoria y difamatoria de los miembros del foropaulismo internacional, cocinada en los laboratorios de guerra sucia de Buenos Aires, Caracas, La Habana y Madrid por los demonios del narcoterrorismo y la narco político.

Un beso, TQM.