jueves, 24 de septiembre de 2015

La poceta milagrosa


La Humanidad, partiendo de la nada y con su solo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cuotas de miseria
Groucho Marx

Ser rico es malo, ser pobre es bueno
La deificación de la pobreza y demonización de la riqueza no es algo nuevo en la Iglesia Católica ni una exclusividad del Papa Francisco. Esa actitud donde el Sumo Pontífice menta a San Basilio ---El dinero es el estiércol del demonio---  y frases como la favorita del ex eterno comandante Hugo Chávez ---Primero pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico por las puertas del Cielo--- fueron responsables del cisma cristiano, la Reforma, iniciada en la Alemania del siglo XVI por Martín Lutero, la cual dio origen a varios cultos e Iglesias, agrupados bajo la denominación genérica de protestantismo.
Aunque hay muchas teorías sobre las causas de dicha fractura, la más simple debe ser la correcta: Los creyentes adinerados de Europa Central no deseaban ir al Infierno ni entregar la riqueza acumulada a los pobres para salvar sus almas. No les quedaba, entonces, otra opción que crear cristianismos a la medida. Y así lo hicieron.
El origen supuesto de todos los males
Algunos populistas de buena fe, manifiestan nostalgia por un paraíso, perdido en la noche de los tiempos. Un rayo de esperanza cuya luz, de haberse seguido, les habría llevado a una sociedad más libre, equitativa y justa.
Intentan ubicar el desencuentro, indistintamente, en la multirracial Atenas de Aristóteles, el bosque hechizado de Robin Hood o el politeísta imperio de Moctezuma. Mas no cotejan sus sueños con los aspectos más sórdidos, indignos y miserables de la esclavitud y la servidumbre, o modos de producción atados inexorablemente a la cotidianidad de los griegos, sajones y aborígenes precolombinos.
Al evaluar objetivamente los modus vivendi de estos antiguos pobladores, hay que concluir que, aún la precaria existencia del más desposeído de los indigentes de hoy,  los que militan en la pobreza extrema, resulta todo un lujo en comparación.
Una revolución buena y otra mala
Toneladas de papel se han escrito sobre la Revolución Francesa, a la cual se la considera El paradigma democrático.
Empero, la Revolución Francesa arruinó la producción agropecuaria de Francia, el país con la capa de humus más extensa y profunda del mundo, guillotinó a los más connotados líderes que la promovieron y encumbró a unos psicópatas en el poder ---como Robespierre, Marat y Sade---, quienes mantuvieron un reinado de terror por más de una década.
Aunque con Napoleón Francia se recuperó económicamente, debió esperar más de un siglo para que el eslogan Libertad, igualdad y fraternidad tuviese algún sentido.
Simultáneamente con la Revolución Francesa hubo otra revolución, democrática, pacífica y  progresista, que impulsó, desde finales del Siglo XIX, un mejoramiento exponencial y disruptiva de la Humanidad: la Revolución Industrial.
Antes de la Revolución Industrial, las proteínas eran un privilegio de las clases dominantes; las grasas, el manjar de los guerreros y; los cereales, la dieta obligada del resto de la población. Al poner estos nutrientes al alcance de todos, la leyenda de Matusalén se hizo realidad, pues la esperanza de vida saltó en Inglaterra de 30 a 70 años, ¡hecho inédito que duplicó la longevidad después de casi veinte milenios!
A la Revolución Industrial le debemos conceptos como el sindicalismo, la seguridad social y los derechos humanos, totalmente desconocidos en la historia que la antecedió.
Aunque el primer centenario de la Revolución Industrial no se caracterizó precisamente por la justicia social, no hay evidencias de que, durante el mismo período, la situación del campesinado fuera mejor a la del proletariado.
Al contrario, el siervo de la gleba, anclado al feudalismo, siguió dependiendo de los caprichos de los nobles e interactuando en un entorno brutal donde el aislamiento, la ignorancia y la falta de servicios públicos le obligaban a luchar a brazo partido por su mera subsistencia.
Hubo ciertamente mucho progreso antes de que la máquina de vapor, el acero inoxidable y el combustible fósil, tres de las innovaciones emblemáticas de la Revolución Industrial, cambiaran radicalmente la Historia. Pero el hombre sólo se transformó en un gigante al vincularse con la producción masiva de bienes y la multiplicación de servicios.
La Revolución Industrial transformó a los medios de comunicación social en espacios para el intercambio de información y opinión, y la publicidad se reveló entonces como la herramienta más útil del capitalismo, el eslabón indispensable entre el fabricante y el consumidor. 
Pese a los augurios maltusianos sobre los límites del crecimiento, la población del Siglo XXI pudo incrementarse exponencialmente gracias a una mayor variedad y disponibilidad de productos y servicios.
Aunque las primeras innovaciones y mejoras de la Revolución Industrial parezcan hoy ingenuas, torpes o caricaturescas, forman parte de esa ola gigantesca que deparó analgésicos, antibióticos, anticonceptivos, computadoras, detergentes, fertilizantes, insecticidas y televisores, y millones de artículos adicionales que permiten vivir por más tiempo, con mayor confort.
El espíritu competitivo de la Revolución Industrial acabó también con la impunidad de los fabricantes, al lograr que la calidad de los productos se constituyera en responsabilidad de quienes los anuncian, y no en riesgo de  quienes los adquieren. Si esta sola maravillosa idea de la Revolución Industrial se hubiese homologado a la política, el mundo estaría hoy más cerca del paraíso, pues no existe sanción alguna, ni siquiera un reproche, para quien deje de beber una tercio Polar o rechace comerse una hamburguesa McDonald. Pero sí se castiga hasta con la muerte ---y en Venezuela sobran ejemplos--- la protesta legítima contra un gobierno que traicione, defraude o reprima.
Quienes condenan a la Revolución Industrial, consciente o inconscientemente, invocan un Juicio Final anticipado contra la opinión, expectativa y deseo de vivir más larga, cómoda y sanamente. Quisieran que la mayoría de la población global volviese a la mugre, el hambre y la enfermedad de hace tres siglos; por supuesto, no para las cúpulas donde ellos se sitúan.
Por eso, aman a la francesa y odian a la inglesa. Por eso, el consumismo es satanizado, igualmente, por demócratas y fundamentalistas. 
La revolución de la Abundancia
La población mundial creció de un millardo en 1800 a más de 7 millardos en el 2011. Según estimados de la ONU, cada minuto nacen entre 323 y 358 bebés en todo el globo. Estos datos revelan, a la vez, malas y buenas nuevas.
Comencemos por las malas nuevas.
Conforme a la misma ONU, casi 1.000 millones de personas carecen hoy de alimentación adecuada; 1 de cada 7 adultos y casi 11 millones de niños ---los más vulnerables--- mueren por malnutrición; la cual afecta, asimismo, a 1 de cada 3 niños. La falta de yodo en la dieta infantil causa daño cerebral y retardo mental. La de vitamina A, la defunción prematura de millones de infantes.
Otras amenazas claves que enfrenta el planeta son la contaminación del aire, la impureza del agua y la improductividad de la agricultura y la cría para satisfacer las necesidades crecientes de globalidad.
Las buenas nuevas son que todas estas amenazas, así como otros obstáculos no mencionados, pueden ser resueltas de manera expedita, incruenta y a costos razonables. No se trata de nuevas ideologías ---que han demostrado, históricamente, ser grandes blufs--- si no de nuevas tecnologías.
Julio, con quien he trabajado en varias ocasiones así como lo hago al presente, dice que, académicamente, he dedicado parte de mi existencia a acumular diplomas. No se trata de que quiera conseguir más prestigio o notoriedad; si no de una búsqueda motivada por necesidades puntuales de conocimiento.
Pues bien, el último, de esos títulos lo obtuve, hace ya casi un año, en Singularity University, institución volcada en darle la vuelta a la enseñanza universitaria tradicional creada en el Medioevo, durante el Siglo de la Piedra.
Allí, a la velocidad de la luz, me enteré que significaban y con qué se comían materias como biotecnología, bioinformática, sistemas informáticos. redes y sensores, inteligencia artificial, robótica, manufactura digital, medicina virtual, nano-materiales y nanotecnología.
¿Y para qué quiere un chamo como yo, de 74 abriles, aprender todo ese barraje? ---se preguntará usted---. Porque, mientras el mundo corre velozmente hacia el Reino de la Abundancia, Venezuela retrocede velozmente hacia el Reino de la Escasez. Y, si usted así lo quiere,  puede apearse del burro de la ideología y montarse en el misil de la tecnología.
Para muestras vale un botón.
La poceta milagrosa
Algunos creen que el inventor el inodoro fue Thomas Crapper, fontanero inglés del siglo XIX, pero la verdadera historia realmente comienza m milenios atrás.
En Occidente hubo una tecnología, nunca patentada por su creador, Sir John Harrington, quien fabricó un armario de agua (1596) para su madrina, la Reina Isabel I de Inglaterra.
En Oriente, el excusado se conoció desde 206 ADC, lo cual se supo gracias al descubrimiento de un retrete que data de la Dinastía Han. El cajete chino incluía agua corriente, cuenco de piedra y reposabrazos. Pese a sus 2 mil 400 años de antigüedad,  desperdiciaba tanta agua corriente como los  actuales.
Ahora bien, imagínese inodoros sin infraestructura. Sin tuberías subterráneas, aguas negras bajo el jardín, alcantarillas que se tupen y desbordan.
El milagro lo genera una tecnología de avanzada que pulveriza las heces fecales, y destila la orina, esterilizando los subproductos resultantes. En lugar de pura pérdida, dicho excusado, produce fertilizantes, sal de mesa, agua potable y electricidad, capaz de recargar su celular mientras está sentado en el trono. La poceta milagrosa cuesta US$ 0,05 al día y por hogar. 
Unidos en redes sociales, los excusados del futuro generarán energía para ser revendida  en el mercado, y, si usted esta afiliado a ellas, será de los pioneros en recibir ingresos por hacer pupú. No es una actualización, si no una verdadera revolución, la cual logrará que la expresión comemierda deje de ser peyorativa.
El proyecto de la poceta milagrosa se ha convertido en un objetivo filantrópico para Bill y Melinda Gates. Ocho universidades de EEUU han obtenido de su fundación capital de riesgo para crear la tecnología de la limpieza e higiene personales del Siglo XXI. 
En este estadio, Lowell Wood se involucró en el proceso, aunque su especialidad no sea el saneamiento ambiental. Wood es un astrofísico archiconocido, quien trabaja en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, y cuya experticia se localiza en la fusión nuclear, ingeniería informática, láseres. rayos X, y la famosa Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan para la defensa anti-misilística. 
La idea central del Proyecto Gates ---asevera Wood--- es actualizar un sistema que no ha evolucionado en 130 años, desde la Inglaterra victoriana.
En el mundo emergente, donde la falta de saneamiento ambiental causa millones de millones de muertos, la poceta inteligente salvará innumerables vidas, pero, asimismo, recortará en ¾ partes el valor de la factura del agua, que  corresponde al transporte y tratamiento de aguas negras. Así se matan dos pájaros de un tiro: se elimina la producción de aguas negras y se esterilizan las excretas.
Esto sonará a fantasía, pero en ello no hay magia alguna: Se usa la parte fecal como combustible, y se aplica el calor para destilar la orina, convirtiéndola de nuevo en agua y sólidos---explica Wood. Hay más de un mega julio por día de energía en las heces, suficiente para que la poceta inteligente haga su labor, y sobra un montón de electricidad para recargar celulares y hasta prender algunas bombillas. Disponemos ya de la tecnología, y nuestro mayor desafío es lograr un PVP igual o menor a US$ 0,05 diarios, pues es la cantidad costeable para los usuarios de Tercer Mundo
Pero allí no acaban sus ventajas. 
La poceta inteligente procesa todos los residuos orgánicos, las sobras de la comida, los recortes de jardín; la esterilización de las heces resuelve una enorme porción de la morbilidad global, no se requieren grandes inversiones en infraestructura para su instalación, se eliminan la descargas de aguas negras en mares, lagos y ríos, y, como ya se dijo, hay ahorro espectacular ya que, sólo en EEUU, los sanitarios representan el 31% del consumo total de agua.

Si usted quiere enterarse de otros proyectos para mejorar la calidad y estilo de vida de la población del mundo, abra la Página Web www.coyotenest.com.

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