jueves, 11 de agosto de 2016

El punto 30

Así como hay una tormenta perfecta, existe un punto de ignición perfecto, que se conoce con el número 30. Se da cuando la atmósfera contiene menos del 30% de humedad, la temperatura supera los 30 grados Celsius y el viento sopla a más de 30 Km /hora. La probabilidad de incendios forestales, al llegar al punto 30, supera el 70%. Y eso es, precisamente, lo que está ocurriendo en dos de las más hermosas islas del Atlántico Norte: La Palma y Madeira.
En la Palma, la superficie afectada por fuego que la tiene en ascuas desdec3 de agosto ha superado las 4 mil 800 hectáreas, lo que equivale al 6,8% de la superficie total de la isla, según la consejera de Política Territorial, Sostenibilidad y Seguridad del Gobierno de Canarias, Nieves Lady Barreto.
En Madeira la situación es más grave, ya que hay 13 frentes flamígeros abierto, algunos incluso en el área urbana de Funchal, capital de la Isla. Al menos tres personas murieron, hay un total de 300 heridos hospitalizados, varios desaparecidos y miles de refugiados, muchos de quienes son turistas.
Este punto 30, de origen climático, se aplica asimismo a la sociopolítica. Se refiere en ésta a la reactividad social y se da cuando un gobierno tiene menos del 30% del apoyo popular –según la última entrega de Venebarómetro, el régimen venezolano sólo alcanza al 11,1% en esta categoría–, más del 30% de los ciudadanos están dispuestos a desconocer al mandatario –conforme a la misma fuente, la cifra va por 34,3%– y menos del 30% apoya al sistema –el porcentaje correspondiente sólo llega al 20,2%–.
¿Qué sucede en una país cuando se llega al Punto 30? Lo mismo que pasa en un territorio, se desatan los incendios incontrolables; en el caso de un pueblo, sociales.
Creo que Venezuela llegó a ese llegadero.
El revocatorio es irrelevante
Después de un triunfo impecable en diciembre del 2015, a la MUD pareciera haberle ocurrido lo que al cazador que, muerto el tigre se asustó del cuero.
Tras haber analizado varias encuestas como la antes citada y dialogado con sus coordinadores, pienso que, a estas alturas, el revocatorio es irrelevante. Es irrelevante porque que tiene muy poco peso dentro en el actual contexto. Por que tiene escasa o ninguna probabilidad para cambiar el decurso de los acontecimientos que ya están irrevocablemente en marcha.
Al principio, los asambleístas se propusieron una solución constitucional, electoral, pacífica y democrática para sacar a Maduro. Por que lo de diciembre no fue para empoderar a Ramos Allup, Capriles o Borges, si no la manifestación multitudinaria de rechazo frontal a la dictadura de Maduro. El mensaje fue muy claro entonces y está más claro ahora. En este preciso momento, el pueblo más que revocatorio, regionales o presidenciales, lo que se quiere es salir de Maduro. A cualquier costo.
El votante no desea mantener el sistema, si no voltearlo patas arriba. No quiere a los enchufados de la IV República ni a los de la V República, si no que aspira a  gente fresca y nueva. De esos que se han fogueado en las manifestaciones de 2014, de quienes están subsumidos en La Tumba, versión caraqueña de La Fortaleza, hecha bajo los mismos principios y con la misma autoría del Comandante en Jefe del Ejército de Ocupación Nacional, General Ramiro Valdés.
Si antes hubo ira, que se quería evitar, hoy hay reactividad social, en focos concentrados, como cuando comenzaron los fuegos de La Palma y Madeira. Se manifiesta, de manera cotidiana, en los saqueos generalizados y enfrentamientos del pueblo contra las FFAA, como ocurrió el 1º de julio en Tucupita; el linchamiento de malandros, como pasó el 16 de mayo en Puerto Ordaz, donde los vecinos ejecutaron a batazos a tres antisociales que robaban las baterías de sus vehículos; y el desacato a las autoridades, como sucedió con el incremento unilateral de las tarifas de los celulares, que dejó a la mayoría de los usuarios en blanco a finales del mes de julio y que, frente a la carta de Cercotel desautorizando estos los aumentos, la respuesta de la telefónicas fue: O pagas, o te quedas sin servicio.

Las falacias del castrismo
Entre la pusilánime oficialidad venezolana que le sigue como oveja al matadero, Raúl Castro ha sembrado la idea que el Ejército Cubano es invencible. Se trata de una falacia más del comunismo internacional.
El 10 de mayo de 1967 el Ejército Cubano, bajo la dirección del venezolano Fernando Soto Rojas, alias Comandante Ramírez, desembarcó el balneario Machurucuto del estado Miranda. En las primeras de cambio, las FFAA de Venezuela capturaron a dos miembros de Ejército Cubano en fragrante  delito al desembarcar a guerrilleros entrenados en La Habana. Un oficial cubano murió durante la fallida operación. Otros cubanos capturados en la misma –Manuel Gil Castellanos y Pedro Cabrera Torres– fueron interrogados por la inteligencia militar y firmaron confesiones publicadas por la prensa nacional.
El día 15 de mayo de ese mismo año, se reunieron en Miraflores el presidente Raúl Leoni y los dirigentes Reinaldo Leandro Mora, Ignacio Iribarren Borges, Gonzalo Barrios, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Jóvito Villalba, Jaime Lusinchi, Manuel Mantilla, Pedro París Montesinos, Raúl Nass, David Morales Bello y los generales Ramón F. Gómez y Martín Márquez Añez. Todos ellos acordaron, por unanimidad, denunciar a Cuba por intervención y agresión militar contra Venezuela. Al final se llegó por consenso a solicitar una reunión de la OEA según los artículos 39 y 40 de su Carta; e, igualmente, a hacer llegar la denuncia ante las Naciones Unidas.
Sobre este suceso, Márquez Añez les recomendó a los políticos–: Los generales comprendemos que los medios de acción diplomáticos son limitados. Pero en alguna forma deben ustedes demostrar que se está defendiendo lo que el poeta llama “el sagrado suelo de la patria”. Así lo siente el pueblo. Y hay subalternos nuestros que no tolerarían que sus superiores, responsables de la defensa nacional, tuviesen una actitud pasiva.
A partir esa humillante derrota, los Castro Ruz tragaron grueso, y decidieron vengarse del pueblo venezolano y su dirigencia, un proceso de larga duración que ha llegado al presente con la desinstitucionalización democrática del país y la destrucción de su aparato productivo.
La degradación del venezolano como pueblo, se está logrando con esas largas colas para comprar comida y medicamentos. Al igual que Stalin, Hitler o Pol Pot, manipular las necesidades básicas de la Pirámide de Maslow es la manera más abyecta, pero también más eficaz, para que el oprimido le lama las botas las botas al opresor. Hoy no tenemos qué comer, con qué curarnos y la oposición está exilada, al servicio de del régimen o detenida; pues frente a una dictadura de esta calaña no puede hablarse de oposición, sino de resistencia. Por eso, afirmar que no hay fuerza para hacer más de lo que se está haciendo es una estupidez.
Todos fuimos culpables de que Chávez llegara al poder. Quien rechace su responsabilidad en esta tragedia, que siga callado, pero que no se las eche de inocente o intente ocultar su estigma bajo el inmaculado manto de una vestal. Pero sólo quienes ven como única salida la solución constitucional, electoral, pacífica y democrática para sacar a Maduro, son culpables de que su régimen nefasto se mantenga en el poder.

A los judíos del gueto de Varsovia les tomó diez años reaccionar contra el oprobioso y  macabro final que les esperaba en los campos de exterminio. A los chilenos, diecisiete salir de Pinochet. ¿Cuánto tiempo habrá que esperar para que Venezuela reaccione y comprenda que llegamos al Punto 30?

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