miércoles, 28 de diciembre de 2011

Cuando pase lo que ha de pasar


La normalidad absoluta

Esta madrugada. todo regresó a la normalidad absoluta, descripción que hiciera de la situación nacional uno de sus vicedelincuentes hijo ´e putivos. Al menos para mí, que me despertó un zancudo modelo Vampiro, de esos que se dan como monte en el valle de Caracas, y que transmiten todas las enfermedades capaces de ser portadas por tan malhadados insectos.
Tras encontrar la caja con los repelentes, el módulo que los consume y el enchufe donde colocarlo, me dispuse a conciliar el sueño nuevamente, cuando sonó una ráfaga de metralleta. No sé si de AKG, FAL o Escorpión, pero de un arma de fuego automática sí que lo era.
Entonces, a esta hora –cerca de las 4 AM-,me invadió una gran tristeza al recordar lo que me dijeron hace unos días mi hijo y uno de mis sobrinos quienes, como la mayoría de mis familiares jóvenes, decidieron emigrar: que ellos no estaban dispuestos a regresar a Venezuela ni siquiera a vacacionar.
Ambos aducen para sus decisiones la inseguridad reinante en el país, y el no querer ser victimados por el hampa durante un atraco, un secuestro expreso o cualesquiera de las actividades delictivas que aupa, tolera e impulsa el gobierno castrocomunista del Guasón para mantener un estado de sitio factual que impida la movilización masiva y minimice y sectorice la protesta públicas.
Irse y no regresar
El problema no es que Gabriel y Oscar hayan resulto irse y no regresar, como sucedió con la familia del general Carlos Soublette, a quien debemos el mapa de la Capitanía General de Venezuela, del cual Colombia –bajo el gobierno militar de derecha del general Eleazar López Contreras- y Guayana –bajo la dictadura militar marxista-leninista del Comandante-Presidente Esteban- han desaparecido más de 400 mil kilómetros cuadrados, sino que a nosotros, sus antecesores, no nos queda otra que ir a visitarlos donde residen y cuando podemos para abuelear, un verbo que no existe pero propongo se incluya para definir la relación afectiva e interactiva entre los mayores y sus nietos. Y que hay personas, como mi colega y amigo Horacio, cuya hija vive en Australia.
Venezuela y los anti-marielitos
Aquí vale la pena hacer un esfuerzo para entender la estrategia de la horda que nos desgobierna, planificada en La Habana, y que no es otra que una extensión de la política la migración masiva de opositores llevada a cabo por la tiranía cubana durante las décadas de los 60 a los 80 del siglo pasado.
Empero, a diferencia de aquélla, la expatriación venezolana no ha sido, hasta ahora por lo menos, indiscriminada. De Venezuela ha huido el lomito, como se dice popularmente, y sobran ejemplos en las naciones receptoras de los exilados y autoexiliados de acá.
Sólo en Miami, verbigracia, que fue donde anduve abueleando, me enteré personalmente de los éxitos más recientes de tres notables criollos: Eduardo Marturet, director de la Sinfónica de Miami, quien hizo aplaudir a hasta rabiar a su audiencia con la música de Disney en un concierto de Navidad; Ozzie Guillén, quien asistió a la preinauguración del nuevo estadio de béisbol de los Marlins; y Federico Fantes, oftalmólogo del Bascon Palmer Institute, a quien se le considera el investigador y desarrollador de técnicas, hardware y medicamentos más importante a escala global para la prevención y tratamiento del glaucoma.
Tengo la impresión de que a este desgobierno se le fue la mano en este plan de aupar la diáspora venezolana del saber. Se le fue porque, a diferencia de los ñángaras cubanos, los del PSUV son más brutos que policías e ignorantes como ellos solos: Lo que Dios non da, Salamanca non presta. Por lo cual, habrá que confiar en la fertilidad prodigiosa del útero de la patria llamada Venezuela –a secas- genere, en un plazo más bien corto, el talento de reemplazo que se requiere para desmantelar el régimen y reconstruir a la nación cuando pase lo que, inevitablemente, ha de pasar.

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