martes, 4 de junio de 2013

¿Será que los maracuchos no son tan arrechos?


El occiso de Mi vaquita
La primera vez que visité al Zulia lo hice, acompañando a mi papá, a quien una petrolera lo había invitado para que conociera y reportara sus logros en la explotación del crudo del Lago de Maracaibo.
Volamos en un DC-3 el cual, según nos informara nuestro anfitrión, había pertenecido a uno de los grandes líderes de la II Guerra Mundial, no recuerdo si se trataba de Franklin Roosevelt o Winston Churchill, pues de esa ocasión ha pasado ya mucho tiempo y entonces yo era un niño.
Lo que si se me grabó entonces fue  la aseveración de que los maracuchos eran unos tipos corajudos, capaces de caerse a golpes por un quítame esta paja del hombro. Que una mentada de madre equivalía a dos tiros, y que las infidelidades se pagaban con sangre.
Además, que los caracuchos teníamos que andar con pies de plomo, porque si nos desmandábamos el Zulia se independizaría, y nos íbamos a morir de hambre sin petróleo, carne y lácteos.
Con el correr del tiempo, volví varias veces a Maracaibo. De hecho, tuve dos novias maracuchas y hasta anduve casado –por muy breve tiempo- con una de ellas-.
Me contaron sobre la muerte de un personaje en el restaurante Mi vaquita, a quien habían carajeado de mala manera. Pero era una anécdota repetida, que ya había sucedido previamente en el Club Paraíso de Caracas, y no entre marabinos sino capitalinos.
Otros amigos de la región me hicieron partícipe de varias teorías, la más estrambótica era que el calentamiento global estaba logrando que afloraran las iras dormidas de la población, especialmente en el Zulia, las cuales estallarían a la menor provocación.
El Robespierre que manda en Maracaibo
La verdad es que el gobierno castro comunista del Difunto y el Ilegítimo se han cagado en el Zulia y en los maracuchos como no lo ha hecho ningún otro en la Historia de Venezuela.
Lo último que acaba de hacerles este Maximiliano Robespierre de la dizque revolución bolivariana que funge como su gobernador es ponerles la tarjeta electrónica de racionamiento, inspirada en la cubana pero con el añadido programa Smartmatic de las capta-huellas.
Comparo a Pancho con Robespierre porque el nativo de San Juan de Colón, designado en 1994 por Rafael Caldera al frente de Programa de Alimentación Materno Infantil –desde donde, dicen las malas lenguas, inició sus conexiones con una empresa internacional venezolana, radicada en Panamá y Miami para el lavado no precisamente de sus trapos sucios-, y aspirante en el 2000 a la jefatura de Estado por la oposición, volvió a  saltar la talanquera en el 2005, apoyando al Difunto y reconociendo los errores cometidos. Lo que lo convierte, además de un amoral como lo es JV Súper Estrella, en un personaje cuya ralea se encuentra en la cloaca más honda y putrefacta de la nación.
Otros amigos del Zulia me dicen que la entidad ha tenido mala suerte con sus gobernadores gochos, y me nombran a Néstor Prato
El burro que pasearon por las calles de Maracaibo
Tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, comenzó la cacería de brujas: desde torturadores de la Seguridad Nacional y oficiales de bajo rango, hasta altos funcionarios del gobierno que no pudieron o quisieron expatriarse.
Mas el chivo expiatorio del nuevo gobierno de transición fue, sin duda alguna, el general Néstor Prato, ex gobernador del Zulia.
Prato era hombre de confianza de Pérez Jiménez, e incluso fue Jefe del Estado Mayor en los últimos días de su régimen. Antes del colapso, fue ministro de Educación, lo que generó las mayores y más violentas reacciones en el estudiantado, pues Prato tenía fama de bruto y poco instruido, simplote, no destacado por su labia, y con actitud bastante reservada. Por eso, cuando le detuvieron, los marchistas pasearon a un burro en camión por las principales vías de la capital zuliana, con un cartel que señalaba: Este es el General Prato.
El juicio a Prato fue show mediático, dirigido por el parlamentario regional Gabriel Quintero Luzardo. Frente a la Legislatura se colocaron decenas de altavoces, y miles de curiosos se congregaron para presenciar la interpelación. Activistas socialdemócratas y comunistas azuzaban al pueblo y a los estudiantes para que gritaran consignas contra el general.
Este acto constituyó más una venganza política que un juicio. Reiteradas eran las vejaciones en contra el militar, al que ni siquiera le permitían defenderse. En un momento los insultos pasaron a ser contra la propia institución militar, aun cuando ella jugara un papel determinante en el derrocamiento de Pérez Jiménez.
¿Qué más te puede pasar que ya no te haya pasado?
Si a ver vamos, a Prato lo impuso Pérez Jiménez al Zulia. En cambio, por Pancho, los zulianos han votado 2 veces. En las últimas, las elecciones regionales de 2012, Pancho obtuvo casi el 53% de los votos. ¿O es que hubo fraude? Y, si lo hubo, ¿por qué no salieron a la calle a formar un peo? ¿Y por qué se calaron el racionamiento o chip de la gasolina? ¿Y se van a dejar meter hasta los tequeteques el chip de la comida? ¿O será que los maracuchos no son tan arrechos como ellos creen?

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