sábado, 7 de diciembre de 2013

El mundo llora su muerte, mas celebra su vida


 Lo esencial de un hombre de moral y luces
“Education is the most powerful weapon which you can use to change the world” (La educación es el arma más poderosa con la cual usted puede cambiar el mundo). Esta frase es de Nelson Mandela quien, con voluntad, persistencia y ejemplo, borró el incierto destino que su país llevaba, tras décadas de confrontación sin fin y una lucha de clases en su más nefasto nivel de polaridad. Añadió en el contexto del citado pensamiento: La educación constituye, asimismo, el gran motor del desarrollo personal [] Lo que diferencia y realza a una persona de otra es lo que hace con lo que nace, no lo que se le da.
Entre 1975 y 1990, Fidel Castro envió más de 350 mil soldados al sur de África para combatir el apartheid. En la región murieron más de 2 mil cubanos, y muchos otros regresaron a casa infectados con el virus del sida. Fue una tragedia que levantó mucha roncha internacionalmente, pues a los seropositivos cubanos los encerraron en una suerte de lazareto, como hacían con los leprosos hasta que aparecieron las vacunas y los antibióticos, para que no contaminaran al resto de la población,
En julio de 2010, Castro envió una misiva a Mandela, en los siguientes términos:
Viejo y prestigioso amigo, cuánto me place verte convertido y reconocido por todas las instituciones políticas del mundo como símbolo de la libertad, la justicia y la dignidad humana. Te convirtieron en trabajador forzado en las canteras, como hicieron con Martí cuando tenía 17 años. Sólo estuve en la prisión política menos de dos años, pero fue tiempo suficiente para comprender lo que significan 27 en las soledades de una prisión, separado de familiares y amigos.
En los años finales de tu martirio, tu Patria, bajo la tiranía del apartheid, fue convertida después de la Batalla de Cuito Cuanavale en instrumento de la guerra contra los combatientes internacionalistas cubanos y angolanos que avanzaban sobre la ocupada Namibia. Nadie podía ocultarte las noticias de la solidaridad que el pueblo, bajo tu guía, despertaba entre todas las personas honestas de la tierra.
FC: A ver si lo convenzo de que me dé oro y diamantes...
NM: ¿Creerá Fidel que soy pendejo...?
Lo cierto es que, tras haber sido excarcelado Mandela en 1990 por el Presidente Frederick Willem de Klerk (galardonado después con los premios de La Paz Félix Houphouët-Boigny en 1991, Príncipe de Asturias en 1992 y Nobel de la Paz en 1993), Castro intentó cobrarle a Sudáfrica los favores recibidos, favores que en verdad eran pagos de sangre hechos por Cuba a la URSS por combatir en el Continente Negro, tras la estrepitosa derrota el Ejército Rojo en Afganistán. O sea, que el súper cabrón de América trataba de obtener dobles canonjías por idénticos servicios.
En 1994, cuando Castro visitó a Madiva en Johannesburgo, volvió a tocar el tema en cuestión. Le sugirió volverse autoritario y adoptar la ideología socialista para acelerar el desarrollo de Sudáfrica.
Aspiraba el tirano caribeño hacerse con el botín de empresa De Beers Mining Company, fundada por Cecil Rhodes y Charles Rudd en 1880, y que llegó a manejar en algún momento casi el 90% de la producción y distribución mundial de oro y diamantes.
Empero, el gran líder que fallecido antier, con esa exquisita cortesía que siempre fue su gran virtud, lo mandó a freír espárragos. Con esta actitud, mató la estrategia tricontinental, y las guerra de baja intensidad en curso devinieron en movimientos independentistas -como ocurrió en Argelia e Indochina-, en algunas circunstancias, o en despiadadas dictaduras como las de Pol Pot, en otras; mas siempre alejadas de la inspiración y control soviéticos. Allí comenzó la recaída del cáncer comunista, que resurgiría como metástasis en el denominado Foro de Sao Paulo.
El apóstol del diálogo
Es interesante observar las primeras reacciones e interpretaciones mediáticas sobre la vida y logros de Nelson Mandela. Comenzaré por las mías.
A Mandela lo posiciono al nivel de Teresa de Calcuta, Mahomas Gandhi, Jesús de Nazaret y el Príncipe Krishnamurti (Buda); personajes que han cumplido cabalmente sus propósitos de vida y, al morir, se han integrado al nirvana -estado de liberación del sufrimiento (dukkha) y la reencarnación-.
Muchos periodistas que se quedan en la superficialidad de su biografía, le han comenzado a llamar El apóstol del diálogo.
La verdad es que el diálogo fue en Mandela un componente más en su capacidad de transmitir conocimientos -ejerció la docencia aún en la cantera-presidio en la cual vivió más de un cuarto de siglo condenado por el apartheid a trabajos forzados y a perder la vista-, persuadir, negociar y concertar.
Esto fue lo que realmente pasó en Sudáfrica, cuando blancos y negros,
ricos y pobres, renunciaron a la confrontación
La verdad es que el diálogo sólo apareció en Mandela tras haber fundado el brazo guerrero de su Partido, el Congreso Negro Africano, y haber aprendido en el exilio a manejar las armas.
La verdad es que ningún cambio importante llega con la sola plática. Y mucho menos con la habladera de paja típica de los aspirantes a líderes de Venezuela.
La revolución de Mandela
Los cambios o transformaciones radicales sobre el pasado inmediato producidos simultáneamente en distintos ámbitos -social, económico, cultural, religioso-, tienen consecuencias trascendentales y suelen percibirse como súbitos y violentos, pues son rupturas del orden establecido. Nacen a consecuencia de procesos históricos y construcciones colectivas. La ciencia de la historia los llama revoluciones, a lasa cuales agrupa en tres grandes categorías: políticas, sociales y económicas.
Revoluciones políticas son aquéllas en la cuales se reemplazan a los gobiernos o se modifica la totalidad del sistema. Las relaciones sociales -como las de propiedad-, empero, se mantienen inalterables. Un ejemplo de este tipo de revoluciones fueron las europeas de 1848, cuando hubo manifestaciones populares cuyas réplicas se extendieron al resto del continente con gran rapidez. Habría que añadir a ellas otras de gran calado histórico como, por ejemplo, la De los Claveles, que estalló en Portugal en 1974, y acabó con la dictadura más longeva de Europa.
Revoluciones sociales, en cambio, son transformaciones de las relaciones e interacciones sociales cotidianas, dentro de un espacio territorial liberado, ya sea una ciudad o país. Las revoluciones sociales sí alteran las relaciones de propiedad y trascienden la política, como la Revolución Francesa de 1789 y la Soviética de 1917.
En el caso de la Francesa, iniciada con la proclamación del Tercer Estado por Asamblea Nacional y finalizada con el golpe de Napoleón en 1799, a ésta la desató el descontento de las clases populares, el empoderamiento de una burguesía que cada vez ganaba más peso, la crisis económica y una monarquía autoritaria; unidos a las ideas de los enciclopedistas con miles de nuevos seguidores.
Las revoluciones económicas implican cambios drásticos en los modos de producción, distribución y consumo de bienes y servicios. El término generalmente se aplica a la tecnología, como ocurrió en la  Revolución Industrial, que inició una nueva era gracias a innovaciones y mejoras en la generación de energía, maquinarias y medios de transporte, entre otros.
La de Mandela fue, por tanto, una Revolución política, proyectada dentro del marco de la democracia, la igualdad ante la Ley de todos los sudafricanos, la adopción del inglés como idioma oficial de la nación, la alternancia de los funcionarios electos comicialmente y otras normas cuestionadas en pañises como Venezuela,
Por esa razón, el mundo llora a Mandela, pero también celebra el legado de su vida.

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