sábado, 3 de julio de 2010

Comando Kamikaze

El 27 de junio se conmemoró el Día del Periodista, el 23 de junio el del Abogado. Los ponemos así, en una secuencia inversa, tal como aquella copla sevillana que comienza: Los días de Mayo y Abril…
Nunca estuvo la República más necesitada que hoy de abogados y periodistas probos. Empero, los juristas les llevan ventaja a los comunicadores, pues no se obligan a garantizar que verdad esté presente en los alegatos de sus representados, sólo a velar por mejores los intereses de ellos. Una diferencia que se evidencia aún más en el Derecho Penal, aunque es extensiva a todo el ámbito legal, público y privado.
En ambas gestiones, sin embargo, existen muchos factores en común.
Se usan toneladas de papel, y el papel aguanta casi todo lo que le ponen encima. Unos y otros profesionales son o deberían ser letrados para manejar correctamente el idioma. Lo cual en los tiempos que corren no resulta enteramente cierto, pues las notas de prensa y los documentos jurídicos abundan en errores ortográficos, falta de sintaxis y fallas de estilo.
¿Quién tiene la culpa?
En realidad no se trata de alguien sino de algo, y ese algo constituye la sumatoria de múltiples causas, dos de las cuales son más que claras para quienes ejercemos la docencia universitaria: la masificación de las carreras de Comunicación Social y Derecho, y la falta de profesores con experiencia práctica fuera de los campus.
I
Anualmente se producen en Venezuela periodistas y abogados como arroz. Nos referimos a la producción del cereal anterior al régimen del Guasón, pues la actual se importa vencida, vía Cuba, y se cunde de gorgojos en los containers de Prudeval.
Leímos recientemente que hay 16 escuelas de Periodismo en el país. De Derecho no sabemos cuántas, pero sí recordamos que sólo la Santa María tiene 25 mil cursantes.
Para aliviar la demanda, la Central inventó la carrera de Politología, definida por el DRAE como: Disciplina que estudia la política. Al que se gradúa allí le llaman politólogo, y al final no halla cómo ganarse la vida pues, como lo señala el mismo Diccionario, es una persona que profesa la política o tiene especiales conocimiento de ella.
No nos imaginamos que con tal licenciatura en su hoja de vida alguien pueda persuadir a un cazador de talentos para entrevistarlo, a menos que el solicitante requiera, específicamente de un opinante de oficio, tenga necesidad de un portavoz infiltrado en los medios o la petición provenga de una encuestadora. Tampoco creemos que a los sociólogos les hagan mucha gracia los politólogos, pues compiten con ellos en un campo que hasta hace poco fuera de su exclusivo dominio: la habladera de pendejadas.
Pero la UCAB no se queda atrás en distracciones académicas. A quienes no dan la talla en los exámenes de admisión en Comunicación Social, les recomiendan que se paseen uno o dos semestres por Letras, y de allí salten al ansiado Periodismo. Una alternativa que no resulta mala después de todo, pues garantiza al menos que el futuro comunicador leerá los textos que soslayó en Secundaria y se desempeñará correctamente en el uso del español moderno.
A los pichones de periodistas y de de abogados, le sugerimos asimismo que, a falta de la materia Oratoria en sus pensa, opten por el teatro o la locución como extra cátedras para mejorar su entonación, respiración, dicción y gesticulación. Para aprender a hablar, pues, amén de pasarla bien.
II
Cuando estudiábamos Derecho –no se sorprenda, amigo seguidor, también seguimos un año de Historia y otro de Ingeniería a III Nivel, y Comunicación Social, Sexología y Educación Superior como posgrados-, quienes quería ejercer debían trabajar en los tribunales o bufetes. No como pasantes, sino como empleados a medio o tiempo completo.
Así, las teorías del deber se contrastaban con las realidades del ser, y el graduado obtenía una sólida formación que le ayudaba, según su propio talento y esfuerzo, convertirse en émulo de Cicerón.
Por su parte, los docentes no eran teóricos en el significado peyorativo que le dan los estudiantes al término y el cual con ellos compartimos plenamente, sino juristas famosos que reservaban parte de sus agendas para el voluntariado en las aulas. De esta manera se producía una simbiosis admirable, pues el alumno se obligaba a leer y escribir, y el facilitador a mantenerse actualizado.
Sucedía lo mismo en Comunicación Social, donde los maestros eran periodistas o profesionales de alto vuelo. Y los aspirantes venían con un acervo cultural importante, logrado en el muralismo y la prensa liceístas. Por lo general, cuando se diplomaban, acumulaban por estos métodos años de trabajo en salas de redacción y edición de los medios o agencias publicitarias.
Hoy esto no pasa. ¿Por qué? Porque no hay suficientes tribunales, bufetes ni salas de redacción o edición para acoger al alud de jóvenes y adiestrarlos en las funciones, actividades y tareas básica en dos carreras donde lo académico resulta sólo referencial, y muchas veces está totalmente desligado de la cotidianidad.
Además, actualmente se da preferencia a los títulos que la experiencia de los docentes, y se premia con mayores ingresos la posesión de aquellos, olvidándose de que lo que natura non da, Salamanca non presta.

III
Hemos reflexionado mucho sobre estos problemas, y en verdad no pse nos ocurren soluciones simples para resolverlos. Las complejas tampoco nos sirven, pues lo único que logran es enredar más la trama. Lo que sí resulta obvio es que algo hay qué hacer.
No nos cabe duda que desafueros como los cometidos pòr las Tribus de David y Los Enanos, famosas en la IV y V Repúblicas, han podido medrar y posicionarse en Venezuela dada la ignorancia de los jueces penales, a quienes se les nombra sin que siquiera sepan cómo redactar sentencias, labor que les dejan, históricamente, a los representantes de las tribus.
Las Cilias, Luisas y Clodosbaldos sólo son proyecciones de esa misma ignorancia con el agravante de la amoralidad, esta última manifestada como la ausencia total de valores o priorización de la codicia sobre cualquier otra consideración moral, ética o jurídica.
En EEUU, donde por iniciativa patronal se fundó la primera Escuelas de Periodismo del mundo en Columbia University, para atesorar y difundir el know-how de las grandes plumas y fotógrafos de The New York Times, no hay que graduarse de comunicador para ejercer el oficio.
En el Reino Unido, el componente académico del periodismo lo da el posgrado y no el pregrado. Verbigracia, quien aspire a ser corresponsal en Moscú o Praga, deberá licenciarse primero en Lenguas Eslavas y, después, obtener su Especialidad o Maestría en Mass Media.
Los gremios de escritores y artistas de cine se formaron en EEUU sólo después de que la cacería de brujas emprendida por el senador Joseph McCarthy en la década de los cincuenta del siglo pasado, dejara deocupados a más de 30 mil trabajadores del Séptimo Arte. Y el Press Club de Washington no es un sindicato, sino una asociación para elevar la calidad informativa, especialmente la del quehacer político.
Los abogados egresados de los colleges estadounidenses, aunque posean diplomas de los lomitos –Ivy League- , tienen que superar exámenes nada fáciles ante sus colegios regionales antes de ejercer su profesión.
En las universidades de la Unión Europea se estudia reducir de diez a ocho semestres la duración de las carreras como Derecho y Comunicación, para poner el énfasis en los posgrados.
IV
Volviendo a la anterior preocupación, ¿qué hacer en Venezuela?
Sobre el Derecho, parafraseamos a Emeterio Gómez cuando destaca que nada se puede hacer para enmendar la crisis económica, porque la Economía sólo funciona en el capitalismo. El Derecho sólo opera en la democracia, en los regímenes totalitarios se convierte en su antónimo, torcido.
Para la Comunicación Social habrá también hay que esperar, pues la aplanadora propagandística del Guasón supera la de los llamados medios independientes en una proporción de 21 mil a uno, según lo reporta recientemente Henry Ramos Allup.
Por eso, hacemos una rogatoria a todos los ciudadanos de segunda que todavía no hemos llegado al el status quo de habitantes, base de la pirámide social que define a quienes sólo son tomados en cuenta cada diez años para fines censales. Especialmente a nuestro amigo Fausto Massó, quien denomina Comando Kamikaze a los que no creemos en la salida electoral como opción única para liberarnos del Guasón., recordándole, además de la pluralidad del pensamiento democrático, aquélla famosa sentencia de Churchill: Los enemigos de mis enemigos son mis amigos.

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