viernes, 21 de octubre de 2011

Ya no creo en coincidencias

Una celestina de buseta
Ayer, mientras regresaba de mis clases, tuve la oportunidad de escuchar la conversa entre tres damas, sentadas en el asiento trasero de la buseta que nos transportaba.
Pensando que no las oía, o bien por mi edad o bien porque el alienado al volante había puesto, a todo volumen, un infame regatón, las chicas se franquearon ampliamente. Para mí –que aunque soy mayol oigo lo que me llama la atención y discierno entre el mundanal ruido lo que me interesa más- se trató de una especie de voyeurismo auditivo muy interesante, si es que cabe dicha expresión.
La más veterana dijo ser estilista, maquilladora y masajista. Aseguró que una de sus clientes ganaba 30 mil bolívares mensuales como prostituta VIP. Que a ella le habían ofrecido hacer lo mismo, pero que hasta ahí no llegaba porque le temía al castigo divino, pero que sí masturbaba a hombres y mujeres que lo solicitaban –por un extra agregado al servicio ordinario-.
A punte estuve de voltearme y pedirle que no metiera a Dios para dejar de hacer lo que no quería, por motivos que sólo a ella le incumbían. Que para Dios todas sus criaturas eran iguales, y que aún Jesús no había tenido reparos en contar con el apoyo de María Magdalena. Y que, si se lee bien el Nuevo Testamento, Magdalena nunca se arrepintió de el oficio que había ejercido, sino de haber tenido miedo.
Pero, bueno –me dije-: Al fin y al cabo no es problema mío, y si interrumpo me quedo sin el final.
En el trío había una chama de corta edad, 18 abriles creo. Aseveró que no le gustaban los chamos de su edad, porque siempre se había criado entre gente de mayor edad. Que quería empatarse con un viejo de 30 años. ¡Trágame, tierra! Y casarse también, para tener sus hijos.
La tercera era una señora casada. Al principio de su relación, lloraba cuando su galán no la llamaba a la hora convenida. Al presente, no soportaba ni siquiera sentirlo levantarse, orinar y beber agua de madrugada. ¿Qué tal?
La más zorra le recomendaba no separarse, irse de vacaciones a un lugar como La trucha azul, a ver si la relación se enderezaba.
Por sus demás intervenciones dí cuenta que la masajista era una especie de pusher sexual, esto es, de reclutadora de prospectos para la profesión más antigua, pues las invitó a su lugar de labores y prometió enseñarles sus toquecitos magistrales. A la teenager le prometió presentarle a un viejo verde de 67 años que la llevaría a Los Roques o Aruba y le dejaría 4 ó 5 palos -4 ó 5 mil bolívares fuertes, para mis lectores internacionales-. A la cónyuge incordiada, le garantizó una cantidad semejante, a la semana, en sesiones cortas. Y ya lo saben, chicas: ¡Totona lavada, totona nueva!
La cita con el Destino
De repente me vino a la mente el impacto que me había ocasionado, el día anterior, la charla de Antonio Nicolás Briceño Braun sobre el 2012. Y eso que fue la segunda vez que asistí a ella.
Comienza con una cita estupenda de Karl Jung: Sincronismo es una coincidencia significativa de dos o más sucesos en la que está implicada algo más que la probabilidad aleatoria Pese a que dicha coincidencia no se puede ser explicada racionalmente, tiene sentido para el observador objetivo.
Jung fue uno de los creadores de la moderna siquiatría, y vale la pena detenerse en algunos detalles de su extraordinaria biografía para entender más cabalmente el aserto anterior.
Después de romper con Freud, su maestro, Jung definió a la violación y el sadomasoquismo como psicopatías de poder y no de sexualidad.
A tales conclusiones llegó al reflexionar sobre sus experiencias personales –de niño, fue sometido al abuso sexual por su progenitor-, la investigación documental que hizo sobre el Marqués de Sade –político de la nomenclatura francesa durante el régimen del terror revolucionario, finalmente recluido de por vida en el manicomio al ceñirse Bonaparte la corona imperial-, y su fracaso como terapeuta al intentar curar a la madama de un famoso burdel parisino que era sadomasoquista .
Jung determinó que es imposible una relación entre un o una sadomasoquista y alguien que no lo sea, pues a la persona cuerda no le queda otra opción que separarse o matar al psicópata. Asimismo, pensaba que el violador no tiene remedio, y debe ser apartado de la sociedad.
Tras vivir entre cowboys estadounidenses, descubrió que las costumbres sexuales de éstos se asemejaban mucho más a las de los aborígenes del Noreste y los vaqueros mexicanos de la frontera Sureste que a la de los granjeros europeos de quienes descienden. Elaboró la hipótesis de la adaptación sexual al entorno, y, con ella, se anticipó a los experimentos de Ignacio Pavlov, quien los sintetizó así sus resultados: El hombre es el hombre y su medio ambiente.
En su Cita con el Destino, Briceño Braun estructura una enjundiosa presentación audiovisual sobre profecías, catástrofes naturales e hipótesis y teorías científicas que están sincronizadas, según la metodología esbozada por Jung.
El final de los tiempos

Hay una referencia sensacional sacada de un texto sagrado hindú, escrito hace milenios, el Bhagavata-Purana, que anticipa a los seres humanos de los tiempos actuales como codiciosos, despiadados, insaciables: Reinará el engaño, la mentira, la inercia, el sueño, la consternación, la pesadumbre, la turbación, el miedo y la tristeza…
El Bhagavata-Purana también predice la idolatría por la rentabilidad y no la calidad del trabajo, la aparición de jefes que en lugar de proteger espolean a sus súbditos y bajo pretextos despojan de sus propiedades a los mercaderes.
Esta referencia literal del Bhagavata-Purana no sólo es aplicable al régimen actual, su comandante presidente y al soberano pendejo en que ha convertido al bravo pueblo sino, tristemente, ha calado profundamente en mentes sencillas como las de las chamas de la buseta. En este ménagé a trois que es hoy Venezuela, donde fornican hasta la saciedad y por todos sus orificios los antivalores, la corrupción y la violencia, ¿qué de malo puede haber en que tres damas se busquen el resuelve con los suyos?
Otro texto sagrado y antiguo, el budista Anagatayamsa visiona la época terminal como una perturbación el orden natural, donde hombre vivirá una degradación y decadencia moral e intelectual sin precedentes.
Y más recientes pero igualmente milenarios, textos árabes del Califato de Haroún Al Raschid –cuando los islamistas inventaron la notación decimal, la cámara fotográfica y conquistaron Iberia-, la predicción coincide a la perfección con las anteriores:
En los últimos tiempos serás juzgado por las meras apariencias; solo los bienes conferirán rango. Los hombres concentrarán sus intereses en la adquisición y posesión de bienes, aún cuando ello se logre en forma deshonesta. Quien distribuya el dinero dominará a los hombres. El dinero impondrá su tiranía sin moral, sin ética, sin valores que induzcan al crecimiento real del ser humano.
No quiero adentrarme más en los pormenores de la investigación de Briceño Braun y sus resultados. Prefiero recomendarles organizar audiencias, buscar lugares y ponerse en contacto con él a través de su correo electrónico -fundacionamorenaccion@gmail.com- para que, dentro de su agenda puedan disfrutar de la charla.
La mutación que vivimos
Lo que si les adelanto es que el fin de los tiempos no implica la destrucción del planeta y la Humanidad, como aparece en los relatos de ciencia ficción más pesimistas. Lo que significa es un cambio evolutivo en la gente, que ya está ocurriendo sin que siquiera uno se aperciba.
Por ejemplo, tengo una joven amiga llamada Vanessa, nacida en 1989. De acuerdo con el incremento del Factor de Resonancia de Schumann, su ADN comenzó a cambiar desde que estaba gestándose en el vientre de su madre, para adaptarse a una frecuencia de vibración fotónica –la energía solar que todos recibimos- que hasta 1988 fue de 7,8 Hz y ha venido in crescendo hasta hoy donde supera los 12 Hz.
Vanessa es bonita, agradable e inteligente. Estudia Comunicación Social, y trabaja en un Instituto Universitario. Una chama como tantas, diría usted. Pero no es cierto.
Su nuevo ADN le depara dos cambios profundos, uno del cual ella está consciente y otro del cual no, pero que pugna por irrumpir. El primero es el sentido de la vista: goza de una profundidad 20/20 y cada vez ve mejor porque sus ojos tienden a ser como los de los felinos. El segundo, los sueños, donde ve visiones que todavía no sabe descifrar.
¿Qué pasa con los nacidos antes de 1989?
Los violentos se volverán más violentos, lo que explica casos como los genocidios ocurridos en Australia, Dinamarca y, sobre todo, en EEUU, donde individuos considerados normales matan a decenas de semejantes con rifles y otras armas de fuego.
Los miedosos se morirán de miedo, lo cual puede observarse en el incremento global de los decesos por cardiopatías, los cuales representan la primera o segunda causa de mortalidad entre adultos en todos los mundos. Sin descartar que muchos cánceres, especialmente los ventrales, tengan esa misma causa.
Los que crecen ayudando al prójimo se volverán gigantes, y obtendrán su pasaporte y visa para ingresar a los nuevos tiempos.
Si Ud. no cree lo que le digo, asómese al Efecto de Resonancia Schumann en Internet… ¡y asómbrese, como me sucedió a mí, porque Winfried Otto Schumann nada tiene que ver con la música sino con las Matemáticas!
El cambio no sólo en las nuevas y viejas generaciones, sino en el entorno, el planeta y el universo cósmico. En el mismo año en el cual Schumann descubrió su resonancia, 1961, Robert A. Heinlein publicó su extraordinaria novela Forastero en tierra extraña, en la cual analiza el comportamiento de un joven, que sobrevive a la destrucción de la primera colonia terráquea en Marte, es rescatado por una expedición posterior y llega a este planeta con el 100% de su cerebro en pleno funcionamiento –evolución que le permitió subsistir en condiciones inimaginables-.
Muchas de las increíbles transformaciones que vemos en el ahora fueron visualizadas por Heinlein. Y para el protagonista de su novela, extraño no es Marte sino la Tierra. Por lo que decide cambiarla. Impresiona en esta mutación, si mal no recuerdo, la muerte de un líder sanguinario, que llamaba ratas a sus opositores, y, al final, muere en una cloaca, asesinado por dichos roedores. Cualquier parecido con lo que le pasó ayer al mártir Gadafi es sincronismo. Pues ya no creo en coincidencias.

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