martes, 25 de diciembre de 2012

Idiocracia


La anticipación del futuro que vive Venezuela
Idiocracy (Idiocracia) es un film estrenado el 2006 y dirigido por Mike Judge, donde se visualiza a la sociedad estadounidense dentro de medio milenio.
Pese a que está catalogada como comedia y película de ciencia ficción, constituye en verdad una sátira política muy aguda, pues concibe al futuro como la extrapolación e híper valoración de una tendencia actual, definida por José Ortega y Gasset como La rebelión de las masas.
Idiocracy presenta un país cuyos ciudadanos se volvieron idiotas, carecen de  curiosidad intelectual y son insensibles ante la responsabilidad colectiva, justicia y derechos humanos.
A pesar de un mediocre éxito taquillero, la película se transformó en objeto de culto, entendiendo como tal un un grupo de seguidores, focalizado en un área específica de la cultura. En este caso, tanto a Idiocracy como a su director,  contenido, roles y protagonistas.
Cuando el culto se vuelve negocio
El componente común de los cultores es el vínculo afectivo con el fetiche de su adoración, así como la interacción con otros fanáticos, hasta construir comunidades que pueden llegar a ser muy numerosas, pues. En un momento, comienzan a operar en el sentimiento de pertinencia y la espiral de las ideas; fenómeno que conocen y del cual se benefician los consultores políticos, mercadotécnicos y publicistas en las comunicaciones integradas.
Algunos  iniciadores de estos procesos los abandonan y emprenden otras búsqueda, cuando los mismos de masifican.
Las clases dominantes huyen de las comunidades de cultos porque les temen, y creen que pueden desplazarles del poder. Lo que de hecho a veces pasa, y puede volver a ocurrir. Otras veces, las desprecian por considerarlas subproductos de la cultura underground, donde quienes prevalecen son los tierrúos; olvidándose de que a ellos todavía les quedan los callos que forman las alpargatas, y un poco de fango debajo de las uñas.
El mundo feliz de las oposición y el chavismo
Pero regresando a Idiocracy, la importancia que tiene su argumento para cualquier docente y, en general, para cualquier venezolano que realmente ame a su país, sus costumbres y su Historia, es que entre el gobierno comunista y la oposición colaboracionista nos están convirtiendo en esa caricatura de nación que Judge plantea para EEUU; donde los campos están yermos porque los riegan con Gatorade, el canal de mayor audiencia se especializa en la masturbación, el largometraje que rompe récords de asistencia se  intitula Culos y, finalmente, el Presidente de EEUU es afro-descendiente, va al Congreso con una metralleta para imponer el orden y promete cosas que nunca cumple.
¿Por qué asevero que Venezuela se ha idiotizado? Porque aún personas supuestamente inteligentes y preparadas, como Simón Bocanegra, persisten en inculpar a los que no piensan como él, que actúa como vocero de la MUD, de las derrotas del 8-0 y e 16-D. Porque su periódico tiene el tupé de echarle la culpa de lo sucedido en las regionales a la clase media, que se fue de vacaciones. Desde el 1º de diciembre no había cupo para el Interior en autobuses cuyos pasajeros son, en su mayoría, de los estratos populares; y, ayer 24 de diciembre,  una larga cola esperaba en Caracas para adquirir boletos en el último ejecutivo de Liberty Express, con destino a Barranquilla y Cartagena. Siguiendo este razonamiento, Bocanegra podría afirmar que la oligarquía colombiana también vacaciona en bus.
Además, Bocanegra acusa a personas como yo de hablar paja. Y pregunta que quién consiguió los reales para pagar las campañas, poner los testigos y organizar a los electores de oposición.
Me adhiero a los “habladores de paja”
Bueno, si hablar paja es aseverar que la MUD le hizo el juego a la dictadura chavista al legitimar al Iluminado y a su séquito para que sigan robando, destruyendo y entregando el país a potencias extranjeras; no sólo admito el pecado, sino que me enorgullezco de él.
LA MUD convenció a los electores  que el  proceso comicial era transparente, que no había posibilidad de fraude y que los votos estaban blindados. Para mí, en vista de los resultados, eran mentiras podridas, y si los dirigentes las creyeron, bien gafos que son.
Ahora predican, en contra de toda regla de marketing electoral –y con el apoyo de gente como Bocanegra-, al sobre el notable crecimiento del voto opositor, como si los comicios fuesen un campeonato de fútbol, donde un segundo lugar no es tan malo.
Menos mal que, al lado de quienes persisten el error, otras voces se levantan ahora y reconocen su equivocación. Escribidores que también votaron en ambos eventos, como Carlos Blanco y Elías Pino Iturrieta, quienes en sus más recientes columnas denominan como  vergonzosas palizas las que sufrió el elector no chavista en octubre y diciembre.
Blanco y Pino sugieren como causa de las catástrofes la pésima estrategia de atraer al chavista light, quien, ni bolsa que fuera y ante la igualdad de las ofertas de los candidatos, prefirió quedarse con el malo conocido que con el bueno por conocer.
Blanco y Pino dejan muy claro que hay dos países, uno de idiotas, ignorantes o que se hacen los bobos por conveniencia, se ponen la camisa roja y repiten las huevonadas del maximalismo –las mismas que promovían Simón y sus compañeritos durante los 60 y 70 del siglo pasado-; y otro que quiere deshacerse de los pranes, los oficiales narcos, las Farc, los cubanos, los iraníes y cuanto bicho malo ha caído aquí por invitación o deslave.
Un país que quiere trabajar, no canonjías. Que quiere seguridad personal y jurídica. Que quiere democracia, separación de poderes, alternancia en los funcionarios por elección.  Que sueña con ser libre, próspero y culto. Rodeado de gente que le ayude, codo a codo. en el esfuerzo de hacer reverdecer a Venezuela. Y crear una sociedad completamente opuesta a la Idiocracia propuesta y casi lograda por el chavismo.
PS: Un mejor año para todos.

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