viernes, 23 de diciembre de 2016

Los venezolanos, ¿tendremos que esperar tanto para liberarnos?

El Papa Negro se cuadra con la curia venezolana


No hay ideología que valga más que una vida

El llamado Papa Negro o Principal de la Compañía de Jesús a escala global, Arturo Sosa, declaró ayer en rueda de prensa desde el Colegio San Ignacio de Loyola de Caracas–: El balance social de Venezuela es dramático, angustiante […] no puede dejar a nadie indiferente, a ningún gobierno que no debe anteponer razones ideológicas para atender necesidades. Asimismo, aseveró–: Que no haya votos es lo más preocupante por la ausencia de democracia en Venezuela.
De manera clara y tajante estableció la responsabilidad política de los jesuitas en la crisis de Venezuela: Estamos obligados a buscar caminos democráticos para resolver los problemas del país. La angustia más grande de la Compañía de Jesús es la crisis humanitaria que estamos viviendo en Venezuela […] No es justificable anteponer razones ideológicas ante la vida de la persona humana. Si algo hace falta en el mundo, en su conjunto, es la reconciliación… entre nosotros, con la naturaleza […] En Venezuela no habrá democracia si el sujeto no es el pueblo organizado que trabaje por el bien común. A este sujeto deben responder instituciones que sirvan al pueblo, no que se sirvan del pueblo […] Presionar no significa tirar piedras, ni acudir a la violencia. La venganza nunca es la solución […]  No caigamos en la trampa de pensar que el que critica al gobierno defiende lo que hubo antes.
La opinión del padre Sosa, comparada con la de otras altas autoridades eclesiásticas –incluso con la de sus hermanos jesuitas Ugalde y Virtuoso– es tibia. Pero no hay lugar a dudas de que se alinea con el bloque de la curia venezolano, decididamente enfrentado al régimen narco comunista de Maduro.
Mientras Sosa se expresaba así, entre gallos y madrugada Maduro lanzó una cadena nacional que terminaba con vítores para Fidel, Chávez y eslóganes de Patria o muerte, Hasta la victoria siempre, o comoquiera los hayan parafraseado para el consumo de los imbéciles. El motivo de dicha cadena era anunciar la firma de la renovación de los convenios con Cuba sobre entrega de petróleo y pago de salarios a los espías del G2 y chulos en general incrustados en la educación, registros, notarías y centros de salud que ya no funcionan por falta de equipos y medicamentos.
En otras palabras, mientras el pueblo venezolano pasa la navidad más triste de su vida, con los bolsillos vacíos y, muchas veces, sin un juguete que llevar a su casa o mucho menos un plato navideño para poner sobre la mesa; el bateador designado por el Foro de Sao Paulo se refocila enviándole el raspado de la olla al sátrapa de Cuba.
Si alguien duda de lo anterior, cito sólo algunos precios. El jamón de pierna Plumrose saltó de Bs. 9 mil a Bs. 19 mil el kilo, de la semana pasada a ésta. El queso pecorino Flor de Aragua –para ponérselo a la pasta a falta del parmesano criollo que ya no existe–, de Bs. 5 mil a 18 mil el kilo. El kilogramo de tomate, desde Bs. 1.000 a 2 mil quinientos. Papas y zanahorias, un 200% de incremento. En La Alicantina, cada hayaca cuesta Bs. 8 mil, y el pan de jamón Bs. 10 mil. Los famosos perniles importados aún no han llegado a los barrios, me dicen mis amigos de La Vega, y el lomo de cerdo para hacer guiso de hayaca, barato, se consigue a Bs. 8 mil el kilo. Ya la carne había aumentado entre 7 mil 500 y 8 mil. No sé si serán los precios justos, pero sí los que hay.
Mientras tanto, el reloj avanza de manera implacable, corriendo a favor de los malos, que consiguieron correr la arruga hasta mediados del mes que viene, esperando que Alfredo Serrano, el Jesucristo de la Economía, les provea de otro conejo sacado de la chistera, que digo, milagro.
Me da la impresión de que Venezuela si no se queda empantanada en el Socialismo del Siglo XXI hasta que María Gabriela Chávez sea electa en el 2019, sólo cambiará por un golpe… de suerte. Algo que arranque así como La rebelión de los cipayos.


El fusil cuyos cartuchos, sin ser disparados, desataron una guerra

La Primera Guerra de la Independencia de la India se inició mucho antes de que Gandhi figurara en el mapa. Comenzó con La rebelión de los cipayos, soldados asignados a la Compañía Británica de las Indias Orientales, el 10 de mayo de 1857. Dicha rebelión tuvo diversas causas –religiosas, sociales, políticas y económicas–.
Hacía tiempo que los cipayos acumulaban encono contra la Compañía, principalmente por la discriminación de la cual eran objeto. Tampoco veían con buenos ojos la geofagia de la empresa y la occidentalización que dicha ocupación conllevaba. Otros agravios incluían la ilegalización de ciertas costumbres, tanto hindúes como musulmanas. El sistema judicial era injusto para con los indios. Ante la Cámara de los Comunes en 1856 y 1857, quedó demostrado que los enchufados británicos poseían impunidad al actuar contra los indios.
El detonante de la rebelión fue, sin embargo, un nuevo fusil Enfield modelo 1853, cuyo cartucho estaba recubierto por una membrana engrasada que debía rasgarse con los dientes para poder cargarlo. Se rumoraba que la grasa provenía de vacas o cerdos, algo muy ofensivo tanto los hindúes como para los musulmanes, que consideraban a cualquier producto derivado de la vaca o el cerdo impuro y prohibido por sus principios religiosos. Los británicos alegaron que la grasa era mineral y trataron que los indios prepararan su propia grasa con cera de abeja o aceites vegetales. No obstante el rumor persistió.
El soldado que inició la revuelta, Mangal Pandey (1827-1857), es considerado hoy por los indios como pionero en la lucha por la libertad de su país.
Así ocurrieron las cosas.
El 9 de mayo de 1857, 85 soldados del 3° Regimiento de Caballería Ligera se rehusaron a emplear los cartuchos. Fueron detenidos y sentenciados a 10 años de trabajos forzados, después de despojarles de sus uniformes, humillándolos en público. Al día siguiente, los regimientos 10º y 20º se sublevaron en el Fuerte de Meerut en contra de sus oficiales
Liberaron a los prisioneros, y atacaron los enclaves de la zona, matando a cuanto europeo se les atravesaba por el camino, incluyendo a mujeres y niños, y quemando sus casas.
Los fueron enfrentados por las fuerzas británicas, que en el lugar contaban con el mayor contingente de la India. Con el apoyo de 12 cañones, 2.038 soldados y oficiales británicos pelearon contra 2.357 cipayos, desprovistos de artillería. Los comandantes británicos reaccionaron tardíamente y no pudieron detener a los cipayos, que se dirigieron a Delhi. Tampoco se lo comunicaron a otras guarniciones, bajo el supuesto de que podrían contener el alzamiento ellos mismos.
El 11 de mayo de 1857, los rebeldes llegaron a Nueva Delhi, donde se les incorporaron otros insurgentes, y atacaron y capturaron al Fuerte Rojo, matando a 5 ingleses, entre quienes se hallaban un oficial y dos mujeres. El Fuerte Rojo era la residencia oficial del emperador mogol Bahadur Shah Zafar, y los cipayos le pidieron retomar su trono. Si bien al principio se negó, finalmente accedió y se convirtió en el líder de la rebelión
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La derrota de una guerra justa
Esta rebelión no fue sofocada hasta la caída del reino de Gwalior, el 20 de junio de 1858.
Enojada por el costo económico, político y social de la rebelión cipaya, la Reina Victoria disolvió a la Compañía, encumbrada en el poder desde 1757, tras las sangrientas guerras en Bengala y Punjab. La Corona ordenó igualmente una reorganización total del ejército colonial, el sistema financiero y la administración del país.
La historiografía del Reino Unido ha mantenido tradicionalmente la visión del conflicto como un simple motín militar limitado a una masa de cipayos descontentos y manipulables por rajás locales, negando la existencia de una rebelión india a gran escala. Por otro lado, la historiografía de la India ha sostenido desde 1948 que los Sucesos de 1857 constituyeron una guerra de liberación de la India contra el dominio británico y no una simple rebelión, menos todavía un vulgar motín.
Las causas de la derrota son atribuibles a los siguientes factores;
1.    No hubo una dirección unificada ni un objetivo común
2.    Tampoco había un programa político común. Algunos  pedían el retorno al Imperio mogol, otros pretendían resucitar a la Confederación Marathi; y otros, simplemente, reclamaban que los rajás desposeídos volvieran a ocupar sus tronos
3.    Muy escasas fueron las voces rebeldes en favor de la unificación de la India, la ruptura del yugo colonial o la salida de los ingleses de su nación
4.   Las motivaciones de la rebelión diferían para cada quien: desde los abusivos impuestos y confiscaciones a los agricultores hasta la mera defensa de privilegios de los antiguos dirigentes, estando ausente en el discurso el concepto mismo de una liberación nacional
5.    La rebelión no cubrió todas las regiones de la India, sino sólo a las septentrionales de Uttar Pradesh, Punyab, Bijar y Rayastán. Así, en el centro y sur de la India o estuvieron al margen de la lucha o apoyaron a los británicos.
6.  La Compañía Británica y sus aliados indios lucharon por objetivos congruentes: preservar sus inmensos beneficios económicos y mantener los privilegios de casta de los individuos empoderados.

India tuvo que esperar 90 años después de la rebelión para emanciparse del Imperio británico. Los venezolanos, ¿tendremos que esperar tanto para liberarnos del Foro de Sao Paulo?

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