domingo, 18 de diciembre de 2016

Más claro no canta un gallo

Desde el llano adentro vengo
tremoleando este cantar.
Cantaclaro me han llamado,
Cantaclaro me han llamado:
¿Quién se atreve a replicar…?

Rómulo Gallegos: Cantaclaro



El populismo de Nerón y el Socialismo del Siglo XXI

Por populismo se entiende una manera de gobernar que polariza a la gente, suprime los matices de la expresión y prescinde de la dialéctica en la discusión. Lo encabeza un líder carismático, provisto de propuestas igualitarias, las cuales son presentadas en actos discursivos. Hay que que añadirle a este contexto el predominio de los sentimientos primarios sobre la racionalidad y la división de las personas, las ideas y las realidades en buenos y malos.
El término populismo se usa peyorativamente, mas no implica que el régimen político calificado así sea de derecha o izquierda, comunista o fascista, sino que se refiere a otros aspectos como, por ejemplo, la falta de planificación económica.
Los autores ortodoxos sostienen que el populismo surgió en el siglo XIX,  simultáneamente en Rusia y en EEUU. A mi entender, aunque el vocablo como tal sea reciente, el conjunto de actividades que describe es muy antiguo.
En el año 64 DC, durante un verano extraordinariamente seco, Roma fue devastada por un incendio que arrasó gran parte de la capital. Hollywood, siguiendo una denuncia sobre el origen del macro siniestro que la historia nunca ha comprobado, le atribuyó al Emperador Nerón la autoría intelectual del suceso. Le personificó ridículamente vestido, acostado sobre un diván, tocando un laúd y cantando con voz desafinada; mientras, por la ventana del palacio, se colaba el resplandor de las llamas.
Nerón, quien pudiese ser considerado como un pionero del populismo,  deseaba fervientemente el amor su pueblo, por lo cual resulta poco verosímil cargarle el muerto, pues ni siquiera se encontraba en Roma cuando ocurrió el hecho y, según testigos presenciales, al enterarse regresó y se puso al frente de las legiones para sofocar las llamas lo antes posible. Esa inculpación sobre la presunta piromanía de Nerón se acrecienta aún más, dada la relación carismática de la canalla romana –precursora de los camisas negras de Mussolini, los descamisados de Perón o los enfranelados rojos de Chávez– hacia su jefe.
La fecha del siniestro es otro detalle también importante a tomar en cuenta, pues el 19 de julio pudo ser observada la estrella más clara de Oriente en Egipto, una guía para que Julio César estableciera el calendario del cual nos servimos hasta hoy y momento considerado como apocalíptico en la Antigüedad.
Además, en la época de Nerón, existía un gran encono hacia los cristianos, u opositores al régimen –planteado en términos actuales–, a quienes se les tenía como cabezas de turco de todo lo malo que ocurría en el entorno, pues los romanos creían que estaban en conchupancia con los judíos para socavar el Imperio. La clase dominante sospechaba, igualmente, de los seguidores de Jesucristo pues entre sus profecías figuraba la destrucción de Roma.
El populismo de Nerón creció desmesuradamente tras el incendio de Roma, bien fuera éste provocado o casual. Se valió del caso para concentrar aún más el poder en torno a sí mismo, y ejercer despiadadamente la tiranía. Martirizó y ejecutó sin piedad a los cristianos ante cualquier contingencia adversa; como lo harían, siglos después, Hitler con los judíos, Franco con los masones y Maduro con los demócratas .
Como recientemente le recordaba a dos amigos, no soy religioso pero sí creyente. Lo cual implica, como aseguraban los cristianos cátaros, que creo que la vida es el Valle de Lágrimas, mientras que la muerte es el Reino de Dios. Vivir significa, esencialmente, una oportunidad que da el libre albedrío para derrotar el mal que todos llevamos adentro.
Lamentablemente, el Siglo XXI ha vuelto a las andadas, convirtiéndose en un tenebroso regreso al oscurantismo. Sólo basta con enterarse cotidianamente las noticias globales para darnos cuenta de hacia dónde nos lleva la corriente, como acertadamente lo precisa Arturo Pérez Reverte (sic)–: Es esa  guerra mundial, que empezó hace mucho, y en el medio de la cual estamos, aunque los bien pensantes y bien intencionados digan lo contrario. Para ponerlo más simple, una guerra de malos y buenos, azules y rojos, moros y cristianos, aún cuando no todos los moros sean enemigos.
En Iberoamérica la legión de las ánimas en pena la controla el Foro de Sao Paulo, creado por Lula Da Silva al ritmo de la macumba, y explotado por los hermanitos Castro Ruz, que vieron en esa convención aliada con la maldad la oportunidad de continuar su Guerra Tricontinental, humillantemente perdida durante el Siglo XX.

San Juan Pablo II contra la perversión del cristianismo

Juan Pablo II regaña a Ernesto Cardenal, sacerdote y "teólogo" de la Liberación

Aunque el tiranosaurio y babalao mayor, Fidel, afortunadamente pasó el páramo en escarpines, sus pupilos como Maduro, Santos y el incestuoso y pedófilo Daniel Ortega, han impuesto sus mandatos no sólo aprovechándose de las contradicciones políticas de sus propias sociedades, sino gracias al apoyo de movimientos social–confusos como la Teología de la Liberación, una perversión del cristianismo, combatida y execrada por Juan Pablo II en dos documentos claves: Libertatis Nuntius (1984) y Libertatis Conscientia (1986).
En Libertatis Nuntius, San Juan Pablo II critica que la Teología de la Liberación asuma como instrumento analítico al Materialismo Histórico, texto que identifica a la Economía como causa eficiente del devenir histórico y que también afirma que la historia es la historia de la lucha de clases. Además, el Materialismo Histórico sostiene que la verdad no es real, sino que se modela políticamente. Así, el marxismo pretende adueñarse de los Evangelios y la práctica pastoral, desfigurando a la fe católica. A Jesucristo le desestima como hijo encarnado de Dios. quien, con su muerte y resurrección, redime a quienes en él crean, sino que, más bien, le considera un icono útil para luchar contra los opresores, que muere defendiendo a los pobres.
Señala la Teología de la Liberación que la Iglesia debe alinearse en la lucha en favor de los pobres, pues de no hacerlo se estaría comprometiendo con los ricos y poderosos. Que debe cambiar y constituirse en Iglesia del pueblo que nace del pueblo, desconociendo a la jerarquía sacramental, que es su clase dominante y debe por tanto ser eliminada. La fe se reduce a fidelidad a la historia; la esperanza a confianza en el futuro; la caridad al derecho de los pobres.
Los sacramentos son celebraciones populares para anunciar la liberación, formas de adoctrinar al pueblo por medio de homilías, cambios litúrgicos y otras modalidades, para que tomen conciencia de clase y se incorporen a la lucha contra la derecha, los oligarcas, las clases dominante. Así la Iglesia asume el rol frente a los pobres que el partido comunista dice representar respecto al proletariado.
La escatología –o estudio el destino último del ser humano y el universo– es sustituida por el futuro de una sociedad mono–clasista como meta de la liberación en la cual se hará verdad el amor cristiano a todos, la fraternidad universal.
Libertatis Conscientia concluye en que la Teología de la Liberación constituye un peligroso cúmulo de errores y tergiversaciones que la convierten en una completa subversión del cristianismo.
Dichos errores pueden sintetizarse así:
1.    El mayor de ellos está al interpretar al Evangelio a través de la óptica del Materialismo Histórico, pues de esta relación contra natura se deriva una praxis anti espiritual, ya que el marxismo–leninismo niega la prioridad del ser sobre el hacer y, por lo tanto, la existencia de la verdad y el bien en la acción humana, lo cual resulta totalmente falso, por indemostrado e indemostrable  
2.    Aunque pudiera haber guerras justas y existe la legítima defensa, la lucha de clases es un disparate garrafal a todas luces pues contraría a la caridad cristiana y se concibe a dicha conflagración como necesaria, ineludible y constitutiva de la historia, negando el libre albedrío del ser humano y su capacidad para dirigir su decurso mediante esa libertad, con el auxilio  la Providencia Divina
3.    Además de negar verdades fundamentales sobre Cristo, la Iglesia, los Sacramentos, en la práctica, la Teología de la Liberación pretende someter a la Iglesia a una dirección política historicista, absolutamente ajena a su misión sobrenatural y que termina estrellada en una situación humana deplorable, como es el caso del socialismo real, donde la persona no vale nada ni se le reconoce su dignidad como hijo de Dios.
4.    Pudiese existir una verdadera Teología de la Liberación, es decir, una renuncia al pecado y a sus consecuencias espirituales y no sólo materiales. Que afrontara las graves injusticias sufridas por los pueblos del mundo, y reconociese la responsabilidad del cristiano de trabajar para aliviarlas, según la auténtica doctrina social de la Iglesia, la cual se halla fundamentada en las Sagradas Escrituras y las enseñanzas de los Padres.
Por eso no se explica que, mientras Francisco I y Arturo Sosa –Fundador del Centro Gumilla para la Teología de la Liberación en la UCAB– abogan por la paz y el diálogo, como estrategias contra la narco–dictadura castro comunista que hambrea, deja morir de mengua, victimiza y empobrece a más de 30 millones de venezolanos, el resto de la curia nacional y aún sus propios hermanos de la Compañía de Jesús se hayan pronunciado en contra. Al efecto, le dejo, amigo seguidor, muestras de esa afirmación…

La curia venezolana contra el narco régimen de Maduro

Monseñor Ovidio Pérez Morales, ex presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, hizo a mediados de año varias solicitudes a Nicolás Maduro y el Tribunal Supremo de Justicia. Y esto fue lo que dijo el ilustre prelado en su twiter–: Presidente Maduro, su renuncia contribuirá a una transición que pueda sacar a nuestra Venezuela de esta gravísima crisis. ¡Dios le asista! También el obispo le envió un mensaje al TSJ–: Respete al pueblo soberano que eligió a la AN, y no alimente al fundamentalismo socialista inconstitucional del Ejecutivo.
El Padre José Virtuoso, actual rector de la UCAB, dijo que uno de los discursos de Maduro, aquél en el cual aseveraba que la oposición no volvería a Miraflores no con balas ni con votos, era una aberración política. Cerrar el diálogo no favorece a nadie–: declaró en entrevista con César Miguel Rondón. Virtuoso aseveró que, para que el diálogo funcione, es necesario un lenguaje respetuoso y decente–: ¡Ojalá el gobierno lo entienda!.

Larrazábal II

Luis Ugalde, sacerdote jesuita, ex Rector de la UCAB, planteó hace una semana un escenario político de transición, donde recordó lo ocurrido en Venezuela tras el restablecimiento de la democracia en 1958 y el rol que jugó el Almirante Wolfgang Larrazábal en dicho proceso.
Su propuesta, denominada por él mismo como Larrazábal II, fue expuesta, públicamente, en un foro realizado por la Fundación Espacio Abierto que dirige Luis Manuel Esculpi.
Ugalde afirmó–: En el último mes el Ejecutivo ha acentuado su voluntad y carácter dictatorial. Para mí esto es indiscutible. Nuestra Constitución es democrática, y la voluntad y el carácter del gobierno dictatorial. De eso no hay duda alguna, y se han cerrado todas las puertas a una salida electoral, y al indispensable cambio económico-social y político para frenar la desesperante emergencia nacional actual y recuperar el estado de derecho. Larrazábal II, se responsabilizaría del Ejecutivo y la Presidencia y proclamaría un gobierno transitorio de unidad nacional; obligado por la grave y creciente emergencia y dictadura, cerrada a los cambios que la población considera absolutamente necesarios.
Ugalde también se atrevió a formular el hipotético discurso de Larrazábal II al juramentarse en Miraflores: Nos vemos obligados a tomar el poder Ejecutivo ante la gravísima situación de la población: falta de medicinas, comida, seguridad ciudadana, inflación, corrupción y la radical negación del gobierno dictatorial a poner soluciones. Somos un gobierno plural; de salvación nacional, para responder de inmediato a la tragedia humanitaria y recuperar la democracia plural, y establecer las bases y acuerdos sólidos con los empresarios, para impulsar una economía productiva, con compromiso social; con fuerte y sostenida inversión privada nacional e internacional, y unos programas sociales de emergencia inmediata.
Ugalde enunció las 10 medidas básicas que Larrazábal II tendría que adoptar, entre las cuales descuellan elecciones para fines de 2017, liberación de los presos políticos, apertura de los canales para la ayuda humanitaria, reactivación de la productividad privada, institucionalización del país, solicitud de créditos a los organismos multilaterales, unificación de la política cambiaria, recuperación del sector educativo y seguridad ciudadana.
Ugalde solicitó abiertamente el apoyo de las FFAA, para cumplir con los objetivos y las metas del proyecto, puesto que sin los militares no habría vida.
Aseguró que él no era militarista pero que sin resquebrajamiento en el mundo militar y voluntad decidida de restablecer la democracia, sería prácticamente imposible solucionar la problemática nacional, pues el gobierno ha bloqueado todas las salidas democráticas.
Finalizó con dos notas–:
1.    Hay que organizar no sólo elecciones presidenciales, sino regionales y locales. El nuevo gobierno, en su primera alocución, tendría que decir que quedan convocadas las elecciones presidenciales y regionales con  un nuevo CNE.
2.    Hay que elaborar un pacto democrático entre las organizaciones, candidatos y partidos competidores para gobernar después de las elecciones, siguiendo la experiencia que se tuvo con el Pacto de Punto Fijo.
Se mostró en desacuerdo con la realización de una Constituyente, la cual, a su entender, no pasaría de ser un torneo de discursos a lo Escarrá, pues la gravedad de Venezuela no tiene que ver con su Constitución, sino con el Ejecutivo a la hora de ejecutar sus políticas. Que la población no está para escuchar más retórica, llena de buena voluntad; sino que Larrazábal II, una vez en la presidencia de la República, se abra de inmediato para recibir la ayuda humanitaria y social.

Yo creo, amigos, que más claro no canta un gallo….¡y menos una gallina! Conste que no lo digo yo, sino el padre Ugalde.

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